Historia

TE DEUM

Te Deum es el título del denominado himno ambrosiano, tomado de las palabras iniciales: Te Deum laudamus (Dios, te alabamos).

Himno
Este himno ha sido contemplado desde tiempos antiguos como expresión clásica de la fe cristiana y puesto a la par con las confesiones litúrgicas. En los himnarios romanos lleva la designación: 'Himno en honor de la Santa Trinidad' e 'Himno de San Ambrosio y San Agustín', el primero en referencia a su contenido y el segundo con la leyenda de que, en el momento del bautismo de Agustín, Ambrosio entonó el himno y lo cantó alternativamente con Agustín. Que ambos fueran los creadores del himno, en el sentido de la leyenda, inspirados por el importante momento y que lo improvisaran, no se puede sostener, aunque es posible que el recuerdo de un suceso real en tal ocasión memorable perdurara, especialmente si era un himno nuevo para la comunidad, habiendo sido tomado prestado por Ambrosio de la Iglesia oriental y usado por primera vez en público en tal ocasión.

El himno en su forma presente no es original y tampoco estrictamente una creación uniforme. Los versos 1-21 están compuestos en una prosa rítmica y los otros versos en prosa ordinaria (Lejay, en Revue Critique, 1893, i. 192). Los versos 1-21 son, por tanto, probablemente de fecha más antigua que el resto. No es, por tanto, un error considerar esos versos fuente del Te Deum, que luego aparecen como un salmo con una antífona en la forma siguiente:

1. Te deum laudamus te dominum confitemur
2. Te aeternum patrem omnis terra veneratur
3. Tibi omnes angeli Tibi caeli et universae potestates
4. Tibi cherubim et seraphim incessabili voce proclamant
5. Sanctus sanctus sanctus dominus deus sabaoth
6. Pleni sunt celi et terra maiestatis gloriae tuae
7. Te gloriosus apostolorum chorus
8. Te prophetarum laudabilis numerus
9. Te martyrum candidatus laudat exercitus
10. Te per orbem terrarum sancta confitetur ecclesia
11. Patrem inmense maiestatis
12. Venerandum tuum verum unicum filium
13. Sanctum quoque paraclytum spiritum
14. Tu rex gloriae christe
15. Tu patris sempiternus es filius
16. Tu ad liberandum suscepisti hominem non horruisti virginis uterum
17. Tu devicto mortis aculeo aperuisti credentibus regna caelorum
18. Tu ad dexteram dei sedes in gloria patris
19. Iudex crederis esse venturus
20. Te ergo quaesumus tuis famulis subveni quos pretioso sanguine redemisti
21. Aeterna fac cum sanctis tuis gloria munerari
22. Salvum fac populum tuum domine et benedic hereditati tuae
23. Et rege eos et extolle illos usque in aeternum
24. Per singulos dies benedicimus te
25. Et laudamus nomen tuum in saeculum et in saeculum saeculi
26. Dignare domine die isto, sine peccato nos custodire
27. Miserere nostri domine miserere nostri
28. Fiat misericordia tua domine super nos quemadmodum speravimus in te
29. In te domine speravi non confundar in aeternum.
Los versos 22 hasta el final derivan de la Biblia (No escondas tu rostro de mí; no rechaces con ira a tu siervo; tú has sido mi ayuda. No me abandones ni me desampares, oh Dios de mi salvación.[…]Salmos 27:9; 145:2; 123:3a; 33:22; 31:2a), creyendo Dom Potier que esos versos eran originalmente una especie de preces en los maitines, tal como son recitados en el oficio romano en prima y completas y que solo posteriormente fueron incorporados en el Te Deum (Der gregorianische Choral, p. 229, Tournai, 1881). Si la melodía de las palabras: Aeterna fac cum sanctis tuis gloria munerari, y las del final: In te Domine, está tomada de un introito de una antigua misa griega de Dionisio el Areopagita, que ha sido cantada hasta tiempos recientes en Saint Denis cerca de París durante la octava por la fiesta del santo, a las palabras: Kyrie theos basileu ouranie pater pantokrator, sería natural buscar el origen del Te Deum en la Iglesia ortodoxa, aunque no se haya encontrado ningún himno en lengua griega que pueda determinarse como original griego del Te Deum latino. Las versiones griegas mencionadas en Julian Hymnology, páginas 1125 y sig.) son evidentemente traducciones al griego del ya existente himno latino, hechas al principio del siglo VI. Es posible que pueda haber estado presente en la mente del poeta Prudencio en su Apotheosis, líneas 1019-20, donde relaciona los verbos suscipcre, liberare y horrere precisamente en la misma manera que en el verso 16 del himno. Si las palabras de Cipriano de Cartago (De mortalitate, xxvi): Illic apostolorum gloriosus chorus, illic prophetarum exultantium numerus, illic martyrium innumirabilis numerus, tienen una alusión intencional o sin intención a los versos 7-9, debe ser que la forma original del himno era familiar ya en el siglo III. Pudo ser un salmo de acción de gracias que guiaba a los rebién bautizados del bautismo a la comunión. Nicetas de Remesiana y Ambrosio de Milán pueden compartir el honor de la adaptación litúrgica y la introducción del himno.

El Te Deum pertenece al servicio de horas; la regla benedictina concluye con el mismo la tercera nocturna todos los domingos y fiestas. En el oficio romano tiene su lugar en los maitines tras la novena lectura, como oración de acción de gracias todos los días en los que la celebración festiva es gozosa y, por lo tanto, todos los domingos (salvo de Septuagésima a Pascua), todas las fiestas octavas y durante el tiempo de Pascua. Además era empleado en ocasiones especiales 'para dar gracias a Dios por su concesión de grandes bendiciones'. En el siglo IX existió una traducción alemana y otra en prosa en 1389 y una en bajo alemán. Las versiones poéticas aparecieron tras el ejemplo de Lutero. La traducción alemana del texto gradualmente desembocó en una transformación en la forma de cántico, siendo suplantadas las otras por el denominado Te Deum alemán: 'Grosser Gott, wir loben Dich,' que ha llegado a ser un cántico popular eclesiástico, hallando su lugar en la Iglesia luterana. El texto es de Ignaz Franz (nacido en Prozau, en el distrito de Frankenstein, el 12 de octubre de 1719 y muerto el 19 de agosto de 1790). Entre las melodías que fueron compuestas para este texto ésa ha permanecido la más popular, apareciendo primero en Viena en 1774 en el Himnario católico. Para Lutero el Te Deum era indispensable, ya que deseaba preservar los maitines y vísperas, siendo el himno de especial valor para él. Las traducciones en prosa como las que Lutero encontró en los himnarios antiguos no le satisficieron, por lo tanto tradujo el himno al alemán, apareciendo su primera versión en el himnario de Klug en 1529, suplantando justamente a las demás, porque 'el original latino fue transformado completamente en un poema alemán por Lutero, tanto en el sentido como en la forma'. La melodía está admirablemente adaptada y el carácter original y forma del himno han sido reverentemente preservados. En la música congregacional de la Iglesia evangélica el 'himno ambrosiano', a pesar de la magistral traducción de Lutero, fue obligado posteriormente a ceder su lugar al himno de Martin Rinckart 'Nun danket alle Gott', como el Te Deum de la Iglesia luterana en Alemania.

El carácter y contenido del Te Deum y más específicamente su uso litúrgico como salmo de acción de gracias fueron factores determinantes en la transformación a la que a veces ha sido sujeto. En esta obra musical el arte, por un lado, se confina en sí mismo para aumentar la brillantez y admiración del canto gregoriano mediante una total armonía y el uso de muchas voces o por la adición de acompañamiento instrumental, para que el canto sea o simplemente adaptado a varias voces o sea el fundamento de una elaborada polifonía sinfónica. Por otro lado, el texto fue tratado enteramente en una manera totalmente independiente y libre y los simples versos y la imaginería que presentan fueron transformados en sentencias bien redondeadas y terminadas. En esta forma el Te Deum se convirtió en una antífona a gran escala, con una variada combinación y graduación de pasajes de solista y coro, siendo también embellecido con todo el espléndido colorido de una magnífica solemnización musical de acción de gracias. En la Iglesia ortodoxa el lugar del Te Deum lo ocupa el hymnos akathistos, es decir, 'himno para cantar de pie', un himno de acción de gracias por la preservación de la ciudad y el Estado de manos de los ávaros (626), dirigido a María, a cuyas súplicas se atribuyó esa preservación.