Historia
TEOLOGÍA CIENTÍFICA
- Historia de la idea. Uso antiguo y significado del término
- Teología británica y americana. Tres divisiones
Uso antiguo y significado del término.
El nombre e incluso la noción de teología, en cierta medida, retrocede al uso científico de los griegos. En la Iglesia aparece en los apologistas. Tomada de la ciencia griega pronto tuvo características propias. En la Metafísica de Aristóteles (VI., i. 19, comp. XI., vii. 15) se distingue en tres ramas de filosofía teórica: matemática, física y teológica. En Clemente de Alejandría la expresión "metafísica" se identifica con la idea de teología concebida por Aristóteles (Strom. i. 28). Éste razonó la doctrina de Dios entre las cuestiones de la filosofía fundamental: "Los términos theologos, theologein (theologia) tienen en Aristóteles... el significado concreto... de narrativas poéticas (míticas) de los dioses (Göttersage), correspondiéndose con las expresiones mythologos, mythologia, mythologein." (Natorp, en Philosophische Monatshefte, no. xxv, 1888); de este modo era una etapa pre-científica de reflexión sobre esas cosas. Según Natorp, la stoa fue la creadora de la idea de una ciencia de la teología. Con la teología de los poetas vino su interpretación filosófica (física) como teología filosófica. El neoplatonismo, de importancia para la teología del cristianismo, fue el primero en insertar la filosofía platónica y aristotélica en la teología. Desde el principio el neoplatonismo desarrolló la idea del mundo sobre el fundamento de nociones religiosas en forma filosófica y con métodos filosóficos. Sin embargo, antes del escolasticismo hubo sólo movimientos sdecundarios gobernados por el neoplatonismo. Era común incluso en el siglo quinto designar a los antiguos poetas (Orfeo, Hesiodo, Musieus, Homero) teólogos. Atenágoras distingue entre una sabiduría "mundana" y otra "teológica" (Suppl., x). Para Clemente de Alejandría la "filosofía que es realmente filosofía" es idéntica con la "verdadera teología" (Strom., v. 9). Agustín habla de una "teología natural", esto es, especialmente en distinción a la mitología (La ciudad de Dios, viii. 1). Para la reflexión cristiana, los hombres de la Biblia ocuparon el lugar de los "poetas" y asumieron el rol de "teólogos." Para Filón, Moisés fue el teólogo por excelencia. Cuán antiguo es ese título en lo que respecta a Juan, a quien se le denominó el "teólogo", no es seguro (comp. G. A. Deissmann, Licht von Osten, páginas 252-253, Tubinga, 1908). La antigua ciencia alegórica eclesiástica de la Biblia influenciada por Filón pertenece con los antiguos mitos (estoicos) a lo que los teólogos de un tiempo anterior usaron. La teología de los filósofos se convirtió en el fundamento de los apologistas. Si los apologistas o los gnósticos han de ser estimados como los creadores de una peculiar teología cristiana se puede decidir por el hecho de que los segundos la elaboraron a partir de su mitología especulativa.
Desarrollo hasta el siglo XIX.
Harnack indica repetidamente con justicia (comp. Dogmengeschichte, 123 y sig., Friburgo, 1898) que el establecimiento de una doctrina religiosa específica es un singular y sorprendente acto de la comunidad cristiana. En la consideración de Justino el predicado theos que pertenece a Jesús como Mesías (Dialogue 5, 6) es el fundamento para esa doctrina religiosa que se convierte en el centro religioso de la dogmática cristiana, completándose en la doctrina de la Trinidad que en la Iglesia antigua recibió el título de theologia en el sentido restringido. Con ello vino como un segundo fundamento de la doctrina cristiana la encarnación del Logos para la redención del hombre. Sin embargo, en la Iglesia antigua el término "teología" no fue usado como es costumbre actual para designar toda doctrina cristiana. En la Edad Media sacra doctrina fue el nombre para la doctrina en conjunto; theologia fue el término para la doctrina de Dios en el sentido estrecho. Gradualmente el título "teología" llegó a incluir el conjunto de disciplinas que están en alguna manera relacionadas con Dios. La Reforma no produjo discusión sobre la idea científica o el alcance de la teología. Dándose por sentado que la doctrina estaba elaborada de fuentes legítimas y rectamente definida, quedaba sólo preguntarse lo que la doctrina significaba y no significaba para la fe, pero eso no fue condensado en una teología. En el tiempo de la consolidación de la doctrina evangélica en una ortodoxia, se reprodujo esencialmente en otra tendencia lo que la Edad Media ya había elaborado en las universidades (comp. E. Troeltsch, Vernunft und Offenbarung bei Johann Gerhard und Melanchthon, Gotinga, 1891; E. Weber, Die philosophische Scholastik des deutschen Protestantismus im Zeitalter der Orthodoxie, Leipzig, 1907; O. Hitachi, Dogmengeschichte des Protestantismus, volumen i, Leipzig, 1908).
Tres divisiones.
En Gran Bretaña y América la teología protestante siguió el programa de la Reforma, tanto en su punto de vista como en su orden de temas. Las tres grandes divisiones doctrinales han sido la calvinista, arminiana y sociniana. No importa a qué escuela de filosofía pertenecieran los teólogos, nunca dudaron que la metafísica era una criada válida para la teología. Para los calvinistas y arminianos las Escrituras eran la fuente suprema de autoridad doctrinal y sus principios de interpretación concordaban. Una autoridad secundaria, a veces a escasa distancia de la primera, fue atribuida a los credos y los grandes nombres. Entre los primeros socinianos las Escrituras fueron aceptadas como autoritativas, estando la diferencia entre ellos y los calvinistas y arminianos en el método de interpretación; sin embargo, gradualmente las ideas trinitarias y otras tradicionales llegaron a ser estimadas como extra-bíblicas, poniéndose gran confianza en la razón como fuente independiente de la verdad religiosa. Durante el siglo XVIII la distinción previa entre socinianismo y arminianismo se oscureció y las nociones socinianas aparecieron bajo el nombre general de "arminianismo." Durante el siglo XIX fueron de nuevo diferenciados, quedando los socinianos gradualmente identificados con unitarios y universalistas, volviendo los arminianos a las filas evangélicas bajo la dirección especialmente de la Iglesia metodista y convirtiéndose en una poderosa levadura incluso en organismos calvinistas.
Dos características generales de la teología inglesa y americana han de hacerse notar: Primero, la falta de una sistematización exhaustiva o un desarrollo estricto de la doctrina a partir de un principio ideal. Esto se debe en parte a un interés práctico; la mente anglosajona se cuida menos de la consistencia teórica absoluta que del valor pragmático de las ideas. Segundo, las contribuciones más vividas e influyentes a la teología no han sido representaciones sistemáticas de teólogos sino sugerencias incorporadas en la discusión de asuntos particulares (comp. las obras de F. W. Robertson, Horace Bushnell, Henry Drummond, John Fiske y Joseph LeConte).
Tendencias en dogmática.
Muchos intentos se han hecho para unir lo antiguo y lo nuevo en diversas proporciones en una presentación. Algunos han continuado firmemente las sendas tradicionales, haciendo las menos concesiones posibles al pensamiento moderno y con sólo un interés polémico en sus conclusiones (C. Hodge, Systematic Theology, Filadelfia, 1865; W. G. T. Shedd, Dogmatic Theology, Nueva York, 1888). Otros, aunque dando un asentimiento modificado a la evolución, a la suficiencia pero no a la infalibilidad inerrante de las Escrituras y de alguna forma de inmanencia divina, todavía representan esencialmente las posiciones tradicionales (comp. J. Orr, The Christian View of God and the World, Nueva York, 1893; H. C. Sheldon, System of Christian Doctrine, ib. 1903; J. A. Beet, A Manual of Theology, Londres, 1906; M. S. Terry, Biblical Dogmatics, Nueva York, 1907; A. H. Strong, Systematic Theology, Filadelfia, 1907-08). Por otro lado, han aparecido varias tendencias que proponen modificaciones en los modos tradicionales de concebir las realidades de la fe cristiana.
(1) Un fundamento cristocéntrico para la teología ha sido defendido desde dos puntos de vista, bien constituyendo a Cristo como el corazón y principio controlador de la interpretación (defendido pero no elaborado por H. B. Smith, System of Christian Doctrine, Nueva York, 1890,y por L. F. Stearns, Present Day Theology, ib. 1893), o sobre la conciencia de Cristo como norma de construcción teológica (A. M. Fairbairn, The Place of Christ in Modern Theology, Nueva York, 1803; W. N. Clarke, An Outline of Christian Theology, ib. 1898; idem, The Use of the Scriptures in Theology, ib. 1905).
(2) Una reconstrucción de la teología surge del trasfondo ritschliano y tiene por objetivo inmediato una renovada evaluación de la fe, especialmente en lo que afecta al lado histórico y social (H. C. King, Reconstruction in Theology, Nueva York, 1901; idem, Theology and the Social Consciousness, ib. 1902).
(3) Entre los intentos para relacionar la teología con una experiencia religiosa vital, interpretada a través de su historia tanto en las Escrituras como en la Iglesia se pueden mencionar, G. B. Stevens, The Christian Doctrine of Salvation (Nueva York, 1905); F. Curtis, The Christian Faith, Personally Given in a System of Doctrine (ib. 1905); C. A. Beckwith, Realities of Christian Theology (Boston, 1906); W. A. Brown, Christian Theology in Outline (Nueva York, 1906). Este método encuentra en la experiencia su fuente inmediata de teología y en la historia la forma que esa experiencia ha tomado en su desarrollo racional y por tanto dedica particular atención a esos dos aspectos de la vida.
(4) En la doctrina de la inmanencia de Dios yace el fundamento para varias discusiones en teología, como por ejemplo, R. J. Campbell, The New Theology (Londres, 1907) y Sir Oliver Lodge, The Substance of Faith Allied with Science (ib. 1907). La idea es la de un monismo esencialmente panteísta, caracterizado por dos importantes tendencias: una, que elimina el hecho del pecado y la otra un énfasis firme en el aspecto social del cristianismo. Los intentos de ajustar las afirmaciones del monismo con las demandas éticas de la conciencia han sido hechas por J. Caird, An Introduction to the Philosophy of Religion (Londres, 1880), por J. Royce, The World and the Individual (volumen ii, Boston, 1901) y por B. P. Bowne, Theism (ib. 1902) y The Immanence of God (Londres, 1905; comp. GOD, IV).
(5) La evolución ha sido aceptada por bastantes teólogos como el método general de Dios en su acción cósmica. Algunos han descrito el propósito redentor de esa forma hasta aislarlo de la uniforme actividad de Dios en la creación (comp. C. Hodge, ut sup.); otros, como W. N. Clarke y A. H. Strong, han admitido la evolución pero con reservas; mientras que otros la han adoptado como el modo constante de obrar de Dios, no sólo en la creación y la providencia sino también en la redención y han hecho de la misma la clave para toda su presentación (L. Abbott, The Theology of an Evolutionist, Boston, 1897; E. Griffith Jones, Ascent through Christ, Londres, 1901).
(6) La psicología ocupa un lugar más definido e influyente en la teología que en ningún periodo anterior. Aunque Agustín y Edwards tuvieron una percepción inigualable de la naturaleza y obras de la conciencia religiosa y se expresaron con una sutileza y fuerza nunca superada, no obstante al ocuparse la teología con el lado humano de la gracia divina, se ha visto obligada a hacer un mayor uso de la psicología en su discusión del hombre y el pecado, de la persona y obra de Cristo, de la conversión y santificación, del castigo futuro y no menos de todo en su determinación del carácter de Dios.
(7) La denominada "teología positiva" tiene como nota clave la "primacía de lo dado." Hay un contenido objetivo de revelación. Cristo estaba en relación con Dios según él y sus discípulos pensaron que debía estar. En él, en su cruz, Dios redimió al mundo. Esta acción no fue solamente una influencia salvadora sino un hecho salvador; cambió la relación de Dios con los hombres objetivamente y de una vez por todas. Este hecho es creativo de la experiencia cristiana. Sin embargo, no está mediado por la Biblia como autoritativa, ni está asegurado por la crítica histórica. Una experiencia actual que envuelve lo sobrenatural ofrece una firme base para la existencia de lo sobrenatural en los tiempos del Nuevo Testamento y en el Nuevo Testamento mismo. Con referencia a este evangelio objetivo la fe no es algo que el cristiano comparte con Cristo en imitación de él, sino que está dirigida a él como el único en quien la revelación objetiva se centró y fue declarada (comp. D. S. Cairns, Christianity in the Modern World, Nueva York, 1906; P. T. Forsyth, Positive Preaching and the Modern Mind, ib. 1907, S. Mathews, The Church and the Changing Order, ib. 1907; R. Seeberg, The Fundamental Truths of the Christian Religion, Londres, 1908).
(8) La teología "crítica" busca la revelación de Dios en el proceso ordenado del mundo natural y en la conciencia racional. Lo sobrenatural es lo natural contemplado desde su base causativa divina; lo natural es el método regular de la actividad de Dios. De ahí que no surja conflicto entre la idea científica y la religiosa del mundo. La apologética tradicional en defensa de los milagros es por tanto innecesaria; la verdadera apologética es la adaptabilidad actual del cristianismo a las necesidades sociales del hombre. La redención vaciada de su contenido milagroso es una emancipación ética. El poder de la cruz descansa en su capacidad para avivar en el alma de los hombres un espíritu de sacrificio y servicio como el de Jesús (comp. G. B. Foster, The Finality of the Christian Religion, Chicago, 1906).