Historia
TEOLÓGICA, EDUCACIÓN
Etapa antigua.
El ascenso de la educación teológica en la Iglesia antigua fue lento, pero antes del siglo segundo los debates con los gnósticos y filósofos paganos hicieron evidente que los dirigentes cristianos debían estar bien preparados en teología e interpretación. Las escuelas catequéticas se convirtieron en los semilleros de cristianos convertidos y seminarios para el clero. La más antigua y prominente fue la de Alejandría. Panteno fue su primer maestro conocido (c. 180) y la escuela se hizo famosa con Clemente y Orígenes. Éste comenzó otra escuela en Cesarea. Antioquía tuvo su escuela hacia el año 290, donde algunos de los más ilustres de los Padres de la Iglesia recibieron su preparación. Cirilo de Jerusalén ha dejado un tratado sobre la instrucción catequética que le hizo famoso como maestro. Otras renombradas escuelas del tiempo fueron Edesa y Nisibis en el este y el Patriarchum en Roma en el oeste. El germen de las escuelas episcopales para clérigos también se encuentra en la instrucción dada por presbíteros u obispos a jóvenes prometedores. Otro medio de la preparación clerical regular estuvo relacionado con el surgimiento de las órdenes clericales en el siglo tercero, por el que las órdenes inferiores eran escuelas de preparación para las superiores. Zósimo (Epist., xi) exigió cinco años para las órdenes menores, cuatro para los subdiáconos y cinco para los diáconos y la Iglesia africana, siguiendo a Cipriano (Epist., xxix), no permitía que alguien de un orden entrara en otro sin examen. La preparación práctica proporcionada de este modo fue complementada, indudablemente en una fecha anterior, por la diatribe, o relación personal con el obispo para la instrucción del clero. Hacia finales del siglo cuarto esa práctica se había organizado más decididamente, especialmente en África, donde, con la ayuda del monasticismo, Agustín formó una especie de escuela clerical, aunque ideada para la perfección del clero ya oficiante más que para la preparación de candidatos para el sacerdocio. La escuela de Agustín fue modelo para las escuelas de sus alumnos, los obispos Alipio de Tagaste, Evodio de Uzalia, Profuturo de Cirta, Severo de Mileve y Urbano de Sicca, así como para instituciones similares en España y la Galia meridional en los siglos quinto y sexto, tales como Lérins y Arlés.
Edad Media.
Los desórdenes de los siglos cuarto y quinto alteraron muchas costumbres establecidas. Los estudiantes teológicos de la Edad Media dependían para su educación de las escuelas monásticas y episcopales. Casiodoro en Italia, Casiano y otros en la Galia y fundadores desconocidos en Inglaterra e Irlanda establecieron escuelas monásticas en los siglos quinto y sexto; la orden benedictina hizo famosas escuelas tales como Saint-Gallen y Bobbio en el continente e Iona y Lindisfarne en Gran Bretaña y los misioneros del período, tanto ingleses como sajones, realizaron para el saber mediante la fundación de monasterios lo que los modernos misioneros alcanzan por la fundación de escuelas. Se hizo costumbre que cada catedral tuviera su iglesia episcopal y en 814 esto era una norma. La educación estuvo en declive en los siglos séptimo y octavo, pero Carlomagno estimuló las escuelas episcopales y monásticas y en su propio palacio estableció una escuela que inspiró otras. Las escuelas episcopales de Orleáns y Reims se hicieron famosas en el siglo noveno. En el siglo décimo Lieja fue la escuela más renombrada; en el siglo XI Le Bec en Normandía mantuvo esa posición. En tales escuelas los grandes eruditos de ese tiempo, tales como Alcuino, Beda, Lanfranco y Anselmo estudiaron y enseñaron. Ninguna de esas instituciones hizo más que dar instrucción elemental; la educación superior, cuando había alguna, era dirigida a las Escrituras y los Padres. Muchos alumnos eran tan pobres que se vieron obligados a recibir ayuda. La tendencia racionalista estimuló el saber en el siglo XII y resultó en las disputas de los escolásticos y la fundación de las universidades. Las escuelas teológicas fueron parte del sistema universitario del siglo XIII. Las universidades surgieron independientemente de las escuelas monásticas y catedralicias, pero al convertirse en centros de todo el saber, las facultades teológicas tomaron su lugar en ellas además de las facultades de medicina y derecho. Varias de las más grandes universidades, como París y Oxford, eran renombradas por su instrucción teológica. En París en el siglo XII se exigían 10 años para completar el curso teológico. La interpretación bíblica y dogmática constituía la mayoría de la instrucción y los métodos usados incluían las lecturas y disputaciones. Entre otras famosas escuelas teológicas fundadas antes de 1500 estuvieron Roma (1303), Praga (1347), Padua (1363), Erfurt (1379), Heidelberg (1385), Leipzig (1409), Lovaina (1431), Friburgo (1457) y Tubinga (1477). Las órdenes monásticas rivalizaron en su deseo por el saber y muchos príncipes y ciudades concedieron ciertos beneficios, dependiendo de la posesión de grados académicos. De ahí que, aunque los oficios más elevados estaban ocupados por la influencia del favor personal o el dinero, los principales oficiales y consejeros de obispos y otros prelados eran principalmente hombres preparados en teología y derecho canónico. Los intentos de rectificar la tendencia de abandonar los requerimientos prácticos del cuidado pastoral por la absorción en los estudios escolásticos teóricos aparece en las ayudas homiléticas y compendios para el sacramento de la confesión y en obras tales sobre teología pastoral como la Manipulus curatorum de Guido de Monte Rotherii (escrita en 1330) y los escritos de Ulrich Surgant de Basilea (hacia 1500). En los siglos XV y XVI, por la influencia del humanismo, la educación teológica recibió nueva vida y el estudio de la Biblia suplantó al escolasticismo.
Escuelas monásticas.
Esas instituciones, de cuyos cursos, organización e historia poco se sabe, deben haber variado grandemente según las condiciones locales, siendo en gran parte destruidas por las invasiones de los bárbaros. Sin embargo, un cambio radical se produjo mediante los monasterios, ya sea primordialmente por los benedictinos o por Casiodoro, cuando los claustros comenzaron a considerar parte de su deber la preparación de candidatos para la Iglesia, comenzando la fundación de escuelas monásticas para muchachos. Aunque comienzos esporádicos puede haber habido aquí y allá, especialmente porque la recepción de oblatos, o niños llevados a los monasterios a tierna edad, presuponía la preparación religiosa, las primeras huellas ciertas de escuelas monásticas sistemáticas se encuentran en la Iglesia inglesa, de donde Bonifacio y Alcuino trasladaron la idea a Alemania y Francia, dirigiendo de este modo a Carlomagno, hacia 790, a emitir su Constitutio de scholis per singula episcopia et monasteria instituendis. La instrucción comenzaba con el Salterio, que había que memorizar, el Credo de los Apóstoles y el Padrenuestro. Luego seguía el credo atanasiano, el exorcismo, el oficio penitencial, etc., así como los evangeliarios y las homilías para domingos y días festivos. La instrucción en la lectura fue complementada por un conocimiento de la Escritura, música eclesiástica, cálculo de las festividades religiosas y gramática latina. Los más avanzados estudiaban la Regula pastoralis de Gregorio Magno, el De officiis ecclesiasticis de Isidoro y la epístola pastoral de Gelasio, exigiéndose también a los canónigos estudiar la Regula de vita canonica y a los monjes la regla benedictina. Tal fue la preparación principal eclesiástica, que podía adquirirse, si fuera necesario, en las escuelas parroquiales. Los que deseaban ampliar el conocimiento podían estudiar las "siete artes liberales", que estaban divididas en el trivium de gramática (incluyendo la lectura de los "Dísticos" de Catón y los poemas de Virgilio y Ovidio o de los cristianos Juvenco y Sedulio), la retórica (basada principalmente en la obra de Cicerón, De inventione, pero poco usada salvo en derecho) y la dialéctica; y en el quadrivium de aritmética (incluyendo el conocimiento del calendario eclesiástico), geometría (que ahora se denominaría más bien geografía), música y astronomía (a veces incluyendo las propiedades místicas de los números). Junto a esas artes, que individualmente eran reconocidas no cristianas salvo en lo que directamente tocaban a la teología, estaban los estudios patrísticos, canónicos y (sobre todo) exegéticos, Agustín, los Canones conciliorum, siendo ampliamente leído el Decreta pontificum.
Renacimiento y Reforma.
El Renacimiento y la Reforma tuvieron una gran influencia sobre la educación teológica. El avivamiento del latín y el griego clásico, el nuevo conocimiento del este, especialmente de los semitas y la extensión de las esferas de la ciencia y la filosofía, estimularon y ampliaron la mente de los hombres y cuando el avivamiento espiritual liberó el pensamiento de los canales de la teología de otro tiempo, recibió un nuevo impulso que no ha cesado de dejarse sentir. Una vez que la Iglesia católica se salvó por la Contrarreforma, la educación de su sacerdocio pasó primordialmente a manos de los jesuitas, quienes establecieron numerosos seminarios por toda Europa. Su sistema educativo incluía tanto las facultades teológicas en las universidades como los seminarios teológicos separados. El humanismo alemán se transformó en una reforma espiritual, siendo natural que la mayoría de las universidades alemanas procedieran a enseñar la teología luterana. Melanchthon en Wittenberg imprimió sus ideas sobre toda Alemania. El estudio de la interpretación bíblica en las lenguas originales formó la base de la obra educativa. El tiempo produjo un declive en la espiritualidad y la filosofía asumió un puesto más importante en las universidades. El movimiento pietista y la fundación de la universidad de Halle (1694) fue una protesta contra ello. Desafortunadamente la influencia de los pietistas no estuvo en favor de una teología científica y no es extraño que la reacción contra ellos se fuera al extremo del racionalismo. Gotinga (1731) fue un representante de esta tendencia. La teología del siglo XIX en Alemania quedó dominada por el pensamiento científico moderno. Ferdinand Christian Baur en Tubinga, Eduard Reuss en Estrasburgo y Albrecht Ritschl en Bonn, dejaron su huella sobre la educación teológica de su tiempo. Todos los departamentos de instrucción sintieron la nueva fuerza; la historia eclesiástica hubo de ser reescrita; el dogma había sido totalmente reestructurado. Los estudiantes demandaban constantemente investigación exhaustiva y científica. No solo entre los alemanes tuvo su influencia, sino que en otros países protestantes de Europa y América las ideas y expresiones de las aulas alemanas se abrieron paso. Toda Europa septentrional sintió el impulso del Renacimiento del siglo XV y por todas partes las universidades protestantes en el siglo XVI tenían sus facultades teológicas. Entre las universidades más antiguas están las de Upsala en Suecia (1477), Copenhague en Dinamarca (1479), Basilea en Suiza (1460), Groningen (1614) y Utrecht (1634) en los Países Bajos, Glasgow (1451) y Edimburgo (1583) en Escocia y Oxford y Cambridge en Inglaterra, creándose estas últimas en el siglo XII. La lucha teológica dejó más de una vez su huella sobre su historia. Calvino hizo de Ginebra el centro de la educación protestante francesa; el calvinismo se mantuvo en los Países Bajos en Groningen y Utrecht contra el arminianismo en Leiden; en Escocia, St. Andrews, Glasgow y Aberdeen se aferraron al mismo calvinismo, mientras que Edimburgo se abrió más a influencias liberales. En Inglaterra, Oxford y Cambridge han ofrecido regularmente instrucción teológica, siendo Cambridge más progresista, sintiéndose la influencia del puritanismo y los movimientos racionalistas, mientras que Oxford ha preservado la vía pacífica, poco agitada hasta que comenzó el movimiento tractariano. Además de las universidades, la Iglesia anglicana tiene sus seminarios teológicos. Las iglesias nacionales de la Europa protestante no han hecho provisión para la educación teológica de las iglesias independientes, por lo que han surgido escuelas separadas de acuerdo a la necesidad. Bautistas, metodistas y congregacionales tienen sus propias instituciones en varios países europeos.
Métodos luteranos.
Con el surgimiento de un nuevo sistema eclesiástico tras la Reforma llegó la demanda de que los pastores deberían someterse a un examen para demostrar su idoneidad. De esta manera el luterano Unterricht der Visitatoren (1527), exigía que cada candidato para el ministerio fuera examinado por el superintendente. Sin embargo, esta provisión fue sólo temporal y los artículos de visitación del electorado de Sajonia (1529; 1533) ordenaban que el candidato a pastor fuera examinado por un tribunal, mientras que la Reformatio Wittebergensis (1545) confiaba el examen a la facultad teológica. El orden eclesiástico del electorado de Sajonia (1580) hizo de las principales autoridades eclesiásticas la junta examinadora, un sistema adoptado por la mayoría de las iglesias nacionales luteranas. Tanto Lutero como Melanchthon, hombres de universidad y profesores en ella, deseaban que el clero tuvieron una preparación universitaria. En las primeras décadas de la Reforma esto demostró ser poco práctico, debido a la falta de un suficiente número de candidatos educados para la ordenación, por lo que se hizo necesario emplear a aquellos que poseían pocos logros. De hecho, en el primer periodo el examen parece haber sido esencialmente la imposición de una promesa para predicar la doctrina evangélica pura. Pero la insistencia sobre un clero preparado se hizo cada vez más insistente y en 1544 Leipzig exigió a todos los candidatos para el ministerio estudiar al menos durante un tiempo en una universidad, salvo en casos raros donde se hubiera recibido tal preparación práctica. El menos preparado de la media de los pastores eran los de las escuelas latinas, pero en ellas la instrucción religiosa y teológica fue un importante factor y las clases de los profesores en esas escuelas, que incluso habían sido denominados profesores de teología, gradualmente se desarrollaron en resúmenes de dogmática. De hecho, la dogmática fue el tema dominante en la educación teológica del periodo, incluso con el relativo olvido de la Biblia. Württemberg ocupó una posición distintiva en las tierras luteranas. En 1547 el duque Ulrich, al establecer el "estipendium" en su universidad nacional, concedió el monasterio agustino en Tubinga y el duque Christopher transformó 13 monasterios en escuelas en las que muchachos de 14 o 15 años fueron recibidos tras aprobar el examen necesario en Stuttgart. Eran preparados en los cursos usuales de las escuelas latinas y en rudimentos de griego, familiarizándose completamente con el Nuevo Testamento en traducción latina, siendo introducidos al Salterio y las perícopas y adiestrados en el canto. Luego entraban en una de las cuatro escuelas monásticas de Bebenhausen, Herrenalb, Hirschau y Maulbronn, donde estudiaban además de Antiguo Testamento, dialéctica y retórica. A la edad de 16 años ingresaban en la universidad de Tubinga, pasando por el curso de artes en dos años y en el tercero se dedicaban totalmente a la preparación teológica.
Iglesia reformada.
Desde el principio los reformados pusieron un énfasis semejante en la educación teológica, convirtiendo Zwinglio el Grossmünsterstift en un seminario teológico y creando su denominada "profecía", por la que esperaba reavivar la institución profética mutua de la Iglesia antigua registrada en 1 Procurad alcanzar el amor; pero también desead ardientemente los dones espirituales, sobre todo que profeticéis. 2 Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios, pues nadie lo entiende, sino que en su espíritu habla misterios. […]1 Corintios 14. Esta "profecía" se convocaba dos veces casi diariamente, presidiendo Zwinglio sobre la interpretación del Antiguo Testamento en la Grossmünsterkirche por la mañana y Myconius sobre la exégesis del Nuevo Testamento en la Frauenmünsterkirche por la tarde, mientras que los canónigos, estudiantes teológicos y todo el clero de la ciudad asistía. Sin embargo, en 1532 se adoptaron normas más estrictas para la educación teológica en Zurich, que servirían como modelo para los reformados en general. La junta examinadora consistía del antistes como presidente, cuatro miembros del consejo, los profesores teológicos y dos pastores, poniendo más énfasis que los luteranos en un conocimiento exhaustivo de la Biblia y siendo decididamente el sistema reformado de preparación más práctico desde el principio.
Efectos del pietismo y racionalismo.
La Guerra de los Treinta Años produjo la anarquía en la educación teológica y las condiciones permanecieron casi incambiables desde el periodo de la Reforma durante el siglo XVII. Pero una vez que se logró la paz, se prestó atención al problema de la preparación del clero. Fue el pietismo quien mayormente insistió en una mejor educación del ministerio, demanda reiterada por Philipp Jacob Spener y desarrollada plenamente por August Hermann Francke en su Idea studiosi theologiæ (Halle, 1712), subrayando la necesidad de un conocimiento del hebreo y el griego para un auténtico entendimiento de la Biblia, dogmática, polémica, símbolos e historia eclesiástica. Sin embargo, lo más importante de todo fue la insistencia en el lado práctico. A consecuencia de las ideas avanzadas, varias iglesias nacionales revisaron su requerimiento de examen, entre ellas Prusia (1718), Sajonia electoral (1732) y Hannover (1735). El examen se hacía al término de la carrera universitaria del estudiante, pudiendo ser realizado por la facultad, el consistorio o un comité especial. Muchas iglesias retuvieron también el examen al entrar el candidato al ministerio, siendo el segundo examen usualmente llevado a cabo por el consistorio. En los requerimientos en Prusia se puede ver el gran énfasis que se puso en el aspecto del conocimiento teológico y la fe personal, así como en la capacidad homilética, pastoral y catequética y en la devoción, siendo el racionalismo igualmente cuidadoso para la preparación de sus ministros. De este modo los requerimientos para los candidatos para el ministerio en Baden-Durlach, elaborados en 1756, imponían no sólo un sermón de prueba, sino también una tesis técnica en latín, además del conocimiento de teología, historia de la Iglesia, lógica, metafísica, filosofía, ética y lenguas. A pesar de esos requerimientos, la educación teológica declinó durante la segunda mitad del siglo XVIII; pero aunque la reacción del racionalismo contra el pietismo contribuyó a este declive, fue el racionalismo quien seriamente trabajó para elevar el nivel del clero.