Historia
TEOSOFÍA
- El universo
- El hombre
- Reencarnación
- Karma
- Liberación
- Sociedad Teosófica en América
- La Fraternidad Universal y Sociedad Teosófica
- Valoración

papel, de Francisek Kupka.
Museo Nacional de Arte Moderno, París
De esa única existencia procede periódicamente el universo entero, manifestando los dos aspectos de espíritu y materia, vida y forma, positivo y negativo, "los dos polos de la naturaleza entre los cuales el universo oscila." Esos dos aspectos están inseparablemente unidos, por lo que toda materia está dotada de vida y toda vida procura expresarse por medio de la forma. Siendo toda vida fundamentalmente una con la vida de la Existencia Suprema, contiene en germen todas las características de su fuente, siendo la evolución sólo el desarrollo de esas potencialidades divinas expresadas por las condiciones provistas en los diversos reinos de la naturaleza. El universo visible es sólo una pequeña parte de este campo de la evolución. Tal como el éter interpenetra lo sólido más denso, así la materia, todavía más sutilmente, interpenetra el éter y esos diferentes grados de materia constituyen siete regiones distintas, como los siete grandes planos del universo. El físico es el más denso; el siguiente es el denominado astral. Y, todavía más sutil que el astral es el plano mental. Los cuatro planos espirituales más elevados no son más que meros nombres para todos, salvo para los iniciados y adeptos. Estando así preparados los materiales, la vida divina inicia la evolución de la conciencia, construyendo formas sobre los diversos planos, pasando lentamente a través de los reinos elementales, mineral, vegetal y animal, y alcanzando finalmente la autoconciencia e individualización, cuando pasa a la etapa humana.
El hombre.
El hombre, siendo parte de un todo, está también evolucionando hacia la manifestación perfecta de las características divinas latentes en él. Sin embargo, esa perfección no sólo implica la obtención de la santidad, sino también la posesión del poder divino y del conocimiento total del universo, visible e invisible. Así como necesita un cuerpo físico para trabajar en el plano físico, también necesita cuerpos para sus planos más elevados, para conocerlos, siendo la organización de tales cuerpos el objetivo en el que los hombres están implicados conscientemente, en los miembros más avanzados de la raza, pero inconscientemente en la vasta mayoría. El cuerpo físico, pues, no es el único que el hombre usa, incluso durante su vida física. En conexión e interpenetrándolo, tal como los planos del universo se interpenetran entre sí, tiene un cuerpo astral, por medio del cual siente y desea y un cuerpo mental por medio del cual piensa. Los más elevados cuatro cuerpos espirituales están todavía desorganizados en la etapa presente de la evolución, salvo raros casos. Pero los tres mencionados ya están desarrollados y constituyen los instrumentos de trabajo normales del hombre. Esto no significa que los cuerpos extraños y mentales no estén todavía organizados como para tomar conocimiento directo de los planos a los cuales pertenecen por constitución; pero en la mayoría trabajan sólo en relación con el cuerpo físico. No obstante, algunos individuos han desarrollado los sentidos pertenecientes a los cuerpos más elevados. Los fenómenos de clarividencia, telepatía, sueños proféticos, etc., son meras manifestaciones de la actividad de esos sentidos más elevados. Son desconfiables al principio, igual que la visión de un niño, pero pueden ser desarrollados y entrenados, hasta que los mundos más sutiles aparecen como un libro abierto delante del hombre. Esto constituye la evolución de la forma, que procede pari passu con la evolución de la conciencia, cuya actividad en los cuerpos menos sutiles puede ser denominada alma. Al crecer el alma en poder, amor y sabiduría necesita una forma mejor en la cual manifestarse a sí misma, así la forma crece en perfección, convirtiéndose en un mejor instrumento para el alma. Aquí evoluciona de nuevo junto a los dos polos del universo, la vida y la forma, el espíritu y la materia.
Reencarnación.
Este desdoblamiento de los poderes del hombre es lento y gradual; de ahí la necesidad de encarnaciones repetidas, siendo cada vida en la tierra una escuela. Al morir, el hombre deja su cuerpo físico y, revestido de sus sutiles cuerpos, vive una vida de purificación, descanso y felicidad, rica y plena en proporción a la etapa evolutiva que acaba de terminar. Éste es el momento cuando asimila las experiencias de esa vida, cambiándolas en facultades. Al ser hecha esta obra, deja uno tras otro sus gastados cuerpos astral y mental y, finalmente, tras haber disfrutado de toda la felicidad a la cual sus logros le dan derecho, se reviste de nuevos cuerpos y vuelve a la tierra para acometer la obra donde la dejó, siendo cada vida un progreso respecto a la presente. El hecho de que el hombre no recuerde sus pasadas encarnaciones no es prueba contra esa realidad, porque la memoria de esas vidas, almacenada en el alma y el cerebro, que pertenece a la encarnación presente, no puede guardar el registro de experiencias por las que nunca pasó. Pero el hombre está tan absorto por los intereses y ambiciones terrenales que se identifica con el cuerpo y no tiene tiempo para escuchar la "pequeña voz" dentro. Tan pronto vuelve su atención hacia dentro y se conoce a sí mismo como el alma, entonces su largo pasado se desenvolverá ante su visión, como ha ocurrido en el caso de los sabios de todos los tiempos. Pero incluso en la presente etapa el pasado se muestra en las facultades acumuladas y poderes del hombre y en la voz de la conciencia, que no es sino el esfuerzo del alma para guiar su naturaleza inferior hacia lo superior.
Karma.
La evolución funciona bajo una ley tan inerrante como cualquier ley científica establecida, la del karma, o ley de causa y efecto. Cada acción, cada deseo, cada pensamiento produce su resultado con certeza infalible. "Todo lo que el hombre siembra, eso también segará." Esto hace la perfección posible, pues el conocimiento es poder y cuando el hombre conoce la ley y trabaja con ella puede producir cualquier resultado que escoja, convirtiéndose en dueño de su destino. El pensamiento es el factor más potente en la creación de las causas. Cada pensamiento afecta al cuerpo mental para bien o para mal y como las facultades mentales son los poderes del alma trabajando en el cuerpo mental, la mentalidad mostrada en cualquier vida es el resultado del pensamiento repetido en las vidas pasadas. De ahí que el espléndido aparato mental de los hombres de genio no sea más que un don gratuito, pero debido al duro trabajo del pasado. El pensamiento es también el padre de la acción y sus sutiles vibraciones, viajando por el espacio, afectan a otros, despertando similares pensamientos en las mentes sintonizadas en la misma onda. Los pensamientos por tanto impulsan a otros hombres a la acción, en la cual el pensador tiene su cuota de responsabilidad. Como los pensamientos tienen que ver con el cuerpo mental, también los deseos tienen que ver con el cuerpo astral y también influyen en otros por sus vibraciones de largo alcance. Al controlar sus deseos, purificarlos y volverse de ellos hacia las cosas espirituales, el hombre regirá su cuerpo astral y se elevará por encima de sus instintos animales. Las acciones, hablando ampliamente, determinan el entorno físico futuro, ese entorno es favorable o desfavorable, de acuerdo a como el hombre haya hecho a otros felices o infelices. La reencarnación y el karma explican la injusticia en este mundo, las diferencias mentales y morales entre los hombres y la desigualdad de condiciones mentales, morales y físicas en las cuales los hombres son puestos.
Liberación.
Pero llegará un tiempo cuando el hombre, habiendo alcanzado la plena perfección obtenible en la etapa humana, no necesitará más experiencias terrenales y pasará a las esferas de utilidad cuya gloria está más allá de lo que podemos pensar. Una de las misiones de la teosofía es proclamar de nuevo la posibilidad de caminar por "el antiguo sendero estrecho" que guía a la liberación, pues el hombre no necesita volver a la tierra a menos que lo escoja para permanecer y ayudar a avanzar a sus hermanos, los miembros menos desarrollados de la humanidad para que alcancen ese nivel y desde su morada vienen de tiempo en tiempo los grandes fundadores de las religiones, los maestros espirituales de la raza. Esta fuente común explica la unidad de fundamento en todas las enseñanzas de las religiones; sólo varía la forma según las necesidades de los tiempos y los pueblos. Ahora, como en tiempos antiguos, esos hermanos mayores están dispuestos a aceptar como discípulos a los que poseen las necesarias cualificaciones. Esas cualificaciones son: una convicción de lo efímero de los objetivos meramente terrenales, una indiferencia perfecta hacia el fruto de las propias acciones; un control perfecto de mente y conducta; tolerancia; resistencia; confianza en el maestro y en sí mismo; equilibrio y deseo de liberación. Pero su motivo al buscar la liberación debe ser un intenso deseo de ayudar a la humanidad, porque sólo cuando este olvido completo de sí mismo se alcanza, pueden los poderes del hombre ser desarrollados con seguridad. Hasta donde el egoísmo acecha en su corazón, hay un peligro de que se convierta en maldición para la raza, en lugar de ser el bienhechor que debería ser.
Sociedad Teosófica en América.
Las enseñanzas no son nuevas; representan un conjunto de tradiciones preservadas desde tiempo inmemorial. La reencarnación fue enseñada en la India y Egipto, en Grecia incluso antes de Pitágoras; se encuentra en las enseñanzas de Platón, Plotino, los gnósticos, los neoplatónicos, Paracelso y Giordano Bruno. Durante la Edad Media hay huellas de la misma que aparecen en la masonería y entre los rosacruces. En tiempos más recientes fue enseñada por Helena Petrovna Blavatsky, quien había sido durante años alumna de maestros orientales. Ayudada por Henry-Steel Olcott, fundó la Sociedad Teosófica en la ciudad de Nueva York el 17 de noviembre de 1875.
Los tres objetivos de la sociedad son: (1) Formar un núcleo de fraternidad universal de la humanidad, sin distinción de razas, credo, sexo, casta o color; (2) estimular el estudio de la religión, filosofía y ciencias comparativas; (3) investigar las inexplicadas leyes de la naturaleza y los poderes latentes en el hombre. La afirmación del primero de estos puntos se exige para ser miembro, siendo el resto opcional. "La sociedad no tiene dogmas o credos, es enteramente no sectaria e incluye en su membresía a seguidores de cualquier fe y de ninguna, exigiendo a cada miembro que tolere las creencias de los otros, como le gustaría que le toleraran las suyas propias." En 1895, William Quan Judge, vicepresidente de la Sociedad, provocó un cisma en el movimiento que resultó en una separación de un gran número de los miembros americanos y algunos europeos. El cuerpo desmembrado pronto se dividió en dos ramas, una de las cuales es conocida como la Fraternidad Universal y Sociedad teosófica. La otra rama, conocida como la Sociedad Teosófica en América, se subdividió de nuevo.
La Fraternidad Universal y Sociedad Teosófica.
El nombre original de la sociedad fundada por Madame Blavatsky en Nueva York, 1875, era Sociedad Teosófica. Aunque no tenía posición oficial, salvo la de secretaria de correspondencia, no obstante poseía la mayor autoridad y era el motor del movimiento. A través de ella las enseñanzas de la teosofía se difundieron por el mundo y sin ella el movimiento no hubiera sido lo que fue. En 1878 visitó Gran Bretaña y la India, fundando en ambos países delegaciones de la sociedad. El cuerpo paterno en Nueva York se convirtió más tarde en la Sociedad Teosófica Aria y ha tenido siempre su sede en América, siendo presidente William Quan Judge hasta su muerte en 1896. En 1888 Madame Blavatsky, entonces en Londres, a sugerencia de Judge, fundó la Escuela Esotérica de Teosofía para estudiantes, de la cual ella dijo que era "el corazón del movimiento teosófico", nombrando ella a Judge como su único representante en América. Esto es sólo una de las evidencias de la estimación que ella tenía por él, una estimación que continuó hasta su muerte en 1891, cuando él se convirtió en su sucesor. Una posterior reorganización de la sociedad adoptada en la convención anual en Chicago, en 1898, tomó el título completo y la organización se transformó en Fraternidad Universal y Sociedad Teosófica. "El propósito principal de esta organización es enseñar la fraternidad, demostrar que tal fraternidad es un hecho de la naturaleza y hacerla un poder vivo en la vida de la humanidad. Los propósitos subsidiarios son: estudiar las antiguas y modernas religiones, la ciencia, la filosofía y el arte; investigar las leyes de la naturaleza y los poderes divinos en el hombre."
Valoración.
La teosofía entra de lleno en los sistemas que el apóstol Pablo definió como 'filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo' (Mirad que nadie os haga cautivos por medio de su filosofía y vanas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los principios elementales del mundo y no según Cristo.[…]Colosenses 2:8). Pero además de ser una fabricación de hombres, no deja de ser también una fabricación de 'espíritus engañadores y doctrinas de demonios' (Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios,[…]1 Timoteo 4:1), que sirven al propósito de perder a sus seguidores en un mundo de tinieblas y confusión, en el que 'Satanás se disfraza como ángel de luz' (Y no es de extrañar, pues aun Satanás se disfraza como ángel de luz.[…]2 Corintios 11:14).