Historia
TESTAMENTUM DOMINI NOSTRI JESU CHRISTI
El contenido está ordenado en tres partes, vagamente relacionadas; un apocalipsis, i.3-14; directrices sobre la construcción de iglesias. i. 19; y un orden eclesiástico, especificando los deberes del clero y el laicado, i.20-ii.25. Se añade una larga liturgia con instrucciones para la consagración de obispos. Hay otras partes litúrgicas, por ejemplo i.32,34-35. Destacables son los cánones sobre las viudas, i.40-43; hay clérigos femeninas, por encima de las diaconisas. Las fuentes de la obra son tan variadas como sus partes. El Apocalipsis sin duda es una; los capítulos xix-xxii se corresponden a los capítulos xxxv-xxxviii de la Didascalia árabe, aunque el Testamento es probablemente la fuente prioritaria. Desde i.20 hay tanto parecido con el orden eclesiástico egipcio que esta parte principal se puede considerar una elaboración de la misma. Aquí y allí se encuentran analogías con las Constituciones Apostólicas y los "Cánones de Hipólito", señalando T. Zahn acuerdos verbales con las oraciones de los "Hechos de Pedro" gnósticos. Esas deslavazadas partes se mantienen unidas por la ficción literaria, a la que la obra debe su nombre. Tras la resurrección, Cristo aparece a los apóstoles, les imparte el Espíritu Santo y a solicitud de Pedro y Juan les da una descripción del fin, esto es del Apocalipsis (i.1-15). Juan, Pedro y Mateo escribieron el Nuevo Testamento y lo enviaron al mundo por medio de Dositeo (tal vez Erasto de Aristarco), Silas, Magno (tal vez Manaén) y Aquila. El autor no se complica para sustentar la ficción. En la forma del Testamento de Cristo se puede estimar como la culminación de la ficción apostólica que asocia los órdenes eclesiásticos al principio. En la convicción de que los órdenes eclesiásticos se derivaron de la tradición apostólica, todos los libros sobre el asunto desde la Didaché fueron atribuidos a los apóstoles. La ficción aumenta en el Orden Eclesiástico Apostólico y las Constituciones Apostólicas, donde cada apóstol por turno da sus directrices verbalmente; finalmente, en el Testamentum todo es puesto en labios de Cristo mismo. Esta forma quedó facilitada por la introducción apocalíptica. Incluso las alocuciones escatológicas de Macabeos xiii.5 y sig., el Apocalipsis y el Apocalipsis de Pedro se presentan como palabras de Jesús. No hay duda de que la falsificación fue aceptada generalmente en buena fe. El apocalipsis parece haberse originado en Siria, ya que (i.10) está a la cabeza de las tierras que sufrirán del Anticristo. Zahn sugiere que se pudo haber originado en una iglesia separatista, teniendo en mente a los audianos; A. Baumstark la atribuye a los monofisitas; A. Harnack y P. Drews la refieren a Egipto, ya que las fórmulas y usos son egipcios. El tiempo de su producción se asume como mucho que fue en el siglo quinto; está citada en la "Teosofía" de Aristócrito a finales del siglo quinto, como obra pseudo-epigráfica.