Historia

TETRAPOLITANA, CONFESIÓN

Confesión Tetrapolitana es la confesión presentada por las cuatro ciudades de Estrasburgo, Constanza, Memmingen y Lindau a la dieta de Augsburgo, siendo propiamente hablando la primera confesión de la Iglesia reformada.

Portada de la edición de la Confesión Tetrapolitanaeditada por Bucero en 1531
Portada de la edición de la Confesión Tetrapolitana
editada por Bucero en 1531
La convocatoria de la dieta por el emperador en Augsburgo el 8 de abril de 1530, anunciando una discusión abierta y reconciliación final, aunque halló recelos en la alta Alemania, donde a los delegados se les aconsejó que trabajaran más bien por un futuro concilio general, sin embargo animó a la Sajonia electoral y varias ciudades imperiales en Alemania meridional a preparar argumentos en defensa de sus creencias y formas respectivas. El 26 de abril Wolfgang Capito estaba trabajando en Estrasburgo. Sin embargo, las instrucciones de los delegados, Johannes Sturm y Matthis Pfarrer, pretendían dos cosas: evitar la desunión de los Estados protestantes y el examen del significado de las doctrinas. Cuando llegaron a Augsburgo esta política demostró ser inviable, porque los 404 artículos de Johann Eck incluían a la facción de Estrasburgo en su ataque y porque había un número de teólogos luteranos que se mantuvieron distantes; en la alocución inaugural se exigió a cada parte la presentación escrita de una defensa en latín y alemán. Una y otra vez los delegados volvieron a Estrasburgo en busca de teólogos, pero al no haber invitación o libertad de tránsito segura, el consejo dudó si enviar a Martín Bucero y Capito por temor a que fueran arrestados. Los dos llegaron el 23 y 26 de junio, aunque durante tres semanas demoraron su aparición pública. Ya era seguro que los príncipes no admitirían a las ciudades que disintieran, por la doctrina del sacramento, suscribir la Confesión de Augsburgo y solo por el sacrifico de los disidentes sobre el sacramento esperaba Melanchthon salvar la causa de los evangélicos, ya que era conocido que el emperador no sometería la presencia corporal en la eucaristía a cuestionamiento. Simultáneamente con la llegada de Bucero el landgrave Felipe de Hesse, a pesar de los escrúpulos sobre el artículo del sacramento, firmó la confesión sajona. Los teólogos de Estrasburgo, por tanto, tenían que apresurarse a preparar su propia confesión. En esencia se aproximó todo lo que pudo a la confesión de los príncipes. Por tanto, en el artículo sobre el sacramento se declara que 'el Señor en este sacramento, de acuerdo a su Palabra, da a sus seguidores su verdadero cuerpo y verdadera sangre para comer y beber, para la nutrición de sus almas y para vida eterna, para que puedan permanecer en él y él en ellos.' La influencia de Zwinglio aparece en los veintitrés artículos en el lugar prominente dado al principio bíblico, seguido por Cristo y su gracia como principal contenido y medida crítica de toda tradición eclesiástica. Zwingliano es también el énfasis sobre la Iglesia invisible como 'esposa de Cristo'. Los sacramentos son llamados así no solo porque son señales visibles de gracia, sino también porque son actos de homenaje a Cristo; de ahí que haya un acento contrario al de la Confesión de Augsburgo, viii. Se rechaza el uso de imágenes, aunque 'en sí mismas, cuando no son honradas ni adoradas, no son objetables'. La denuncia de abusos es más severa que en la Confesión de los príncipes, siendo denominada la misa 'un horrible mercado' y una 'abominación insoportable'.

Mientras los teólogos estaban ocupados, los delegados se preocupaban de inducir a otras ciudades a que firmaran, aunque con poco éxito. Solo Constanza, Memmingen y Lindau se declararon dispuestas si el artículo sobre el sacramento quedaba abreviado. Tras un segundo esfuerzo infructuoso para presentar la Confesión en presencia del emperador, fue recibida por su canciller el 9 de julio. El emperador demandó a continuación (14 de julio) que todas las ciudades protestantes declararan su fe, con el resultado de que, además de Nuremberg y Reutlingen, también Heilbronn, Kempten y Windsheim se unieron a la Confesión sajona. Los adherentes de la Tetrapolitana, más aislados ahora, alegaron correctamente que se sentían presionados a un reconocimiento más positivo de la idea zwingliana del sacramento, de ahí que no hicieron declaraciones añadidas, refiriendo que su declaración no era ni luterana ni zwingliana, sino en obediencia al mandato de Cristo según la Escritura. Durante un tiempo considerable escucharon solo rumores inciertos sobre la recepción de su documento. Evidentemente el emperador estaba jugando arbitrariamente contra ellos para ganarse a los Estados luteranos. Sin embargo, el primer decreto (22 de septiembre) favoreciendo el común consejo y causa común contra los que no sostenían la presencia corporal en el sacramento y contra los anabaptistas, fue rechazado por los Estados luteranos con la expresada esperanza de que los primeros podrían ser reconciliados con las iglesias cristianas. Esta referencia tenía en mente, indudablemente, los esfuerzos pendientes de Bucero y Capito para unir a Lutero y Zwinglio. El 13 de octubre la facción de Estrasburgo se aventuró a solicitar a los sajones su admisión en la Liga evangélica, no siendo recibidos favorablemente. Mientras tanto, la Confesión Tetrapolitana había sido sometida al comité de teólogos que ya estaban ocupados con una refutación de la confesión sajona. La refutación preparada por Eck, Johannes Faber y Johannes Cochlaeus estuvo en las manos del emperador el 10 de agosto. En la refutación de la Tetrapolitana hay menos citación monótona de la tradición que contra la sajona y más referencias a citas bíblicas, en consonancia con el principio zwingliano bíblico. El tono es muy severo y, sin garantías, se hace alusión a fábulas de burla sobre la hostia, contra las cuales Sturm replicó con una breve y digna exoneración. Las cuatro ciudades declararon (30 de octubre) que estaban abiertas a convicción mediante un concilio general, según la divina Escritura y para lo demás declaraban su lealtad. Esta firmeza dejó perplejo al emperador. Nada quedaba sino ignorar a las ciudades hasta que la dieta fuera prorrogada. El decreto del emperador se volvió más duro contra las 'ciudades zwinglianas' que contra los luteranos y las amenazó con severas medidas por el grave error contra el sacramento y contra las imágenes. Naturalmente las cuatro ciudades rechazaron el decreto, pero tenían todas las razones para estrechar relaciones con los luteranos. Estuvieron presentes en Esmalcalda y sus firmas aparecen en el documento de la Liga de 27 de febrero de 1531. De esta manera la Tetrapolitana fue puesta aparte. Los suizos, quienes eran presentados como un puente hacia los luteranos, no cambiaron su clara doctrina sobre el sacramento por vagas palabras. La Confesión de la Liga era la Augustana, quedando secundaria la Tetrapolitana, que en sustancia era la misma y la facción de Estrasburgo admitió en la dieta de Schweinfurt, en 1532, que reconocían la Augustana como suya, aunque no estaban dispuestos a abandonar la suya propia.

Poco después de la lectura de la refutación, los delegados de Estrasburgo consiguieron una copia tomada secretamente y Bucero se puso a trabajar para preparar una apología, que, con la confesión, fue publicada Bekandtnuss der vier Frey- und Reichstatt (Estrasburgo, 1531; Zweibrucken, 1604). En 1531 apareció en Estrasburgo una traducción latina de la Tetrapolitana.