Historia
THORN, CONFERENCIA DE
Tras los preliminares formales, los reformados el 1 de septiembre elaboraron una confesión general de fe; en el mismo día los católicos siguieron su ejemplo, y después habían presentado su confesión a los luteranos el 7 de septiembre, respondiendo éstos con una réplica que esencialmente se refería a la Confesión de Augsburgo. Tras eso seguiría una detallada presentación de la doctrina de las diferentes facciones. Tal documento fue presentado primero por los católicos el 13 de septiembre, repitiendo simplemente las enseñanzas del concilio de Trento con adiciones plenamente ultramontanas sobre el poder del papa. Los reformados presentaron su doctrina, una declaración que posteriormente obtuvo gran fama con el nombre de Declaratio Thoruniensis, o más exactamente Specialior declaratio doctrinæ ecclesiarum Reformatorum Catholicæ de præcipuis fidei controversiis. Los luteranos presentaron su Kurzer Inbegriff der Lehre der augsburgischen Konfession. Los católicos estaban tan irritados por el documento luterano como lo habían estado con el reformado, por lo que rehusaron recibirlo y mucho menos permitieron su lectura, teniendo que retirarse de la presidencia el gran canciller Ossolinski. El conde Johann Lesczinski, su sucesor, favoreció a su facción y señaló el 25 de septiembre que no se había hecho progreso por las divagaciones sobre las instrucciones del rey. Para explicarlo llamó al jesuita Schönhof, quien intentó intimidar a los protestantes. La tercera sesión pública, el 26 de septiembre, se pasó en un debate recriminatorio. La cuarta, el 3 de octubre, continuó en la misma manera, pero más enérgicamente por parte de los protestantes, quienes estimaban al presidente como defensor de la facción católica. Los muchos discursos que se pronunciaron terminaron en ataques personales. Las alusiones a Carlos V y al elector de Sajonia provocaron el orgullo nacional de los polacos y sus representantes laicos rechazaron hablar salvo en lengua polaca. Al adherirse los protestantes firmemente a sus exigencias, Schönhof se escabulló haciendo un viaje para ver al rey, de quien obtuvo una "declaración de su voluntad tocante a la instrucción para la conferencia de Thorn", concediendo todo lo que los católicos habían exigido. El rey mandaba que las declaraciones de los luteranos y reformados fueran recibidas después de haber sido purgadas de lo ofensivo y superfluo y que la conferencia quedara restringida a sus representantes, las cabezas presidenciales de las partes y a dos portavoces, el escriba y siete oyentes, por cada facción. Los luteranos enviaron a Guldenstern y los reformados a su confidente Rey al rey, para presentar la situación desde el punto de vista de los evangélicos. Sin embargo, los católicos llegaron un día antes, el 16 de octubre y se unieron a Schönhof el 18. El rey, procurando mostrar una actitud de equidad, tuvo las dos posiciones protestantes de doctrina sometidas por escrito y citó a los tres representantes el 20 de octubre, pidiéndoles que sus primeras instrucciones fueran ejecutadas; en las réplicas escritas a los luteranos y reformados se les pedía que demostraran su obediencia eliminando de su posición doctrinal las tesis disputadas para ser consideradas posteriormente. Al regreso de los diputados el 23 de octubre los evangélicos se alegraron de la libertad de conciencia garantizada por el rey en sus dominios, pero rehusaron revisar sus presentaciones doctrinales, según exigían los católicos. Durante noviembre los reformados se pusieron en contacto en conferencias privadas con los católicos, suscitando la sospecha de los luteranos, que quedaron excluidos. Estas conferencias, aunque no tuvieron resultado, demostraron que los católicos querían dar la impresión de que estaban dispuestos a conferenciar en base a consideraciones materiales sobre la regla de fe. La conferencia terminó bruscamente. Los luteranos se retrasaron unos días para elaborar 50 quejas por su trato y una revisión del protocolo como debería haber sido desde su punto de vista. La conferencia fue un fracaso. En Polonia la mayoría de los evangélicos no le dio su aprobación y en Alemania el resultado fue el enconamiento de los luteranos contra los reformados, siendo el resultado las controversias sincretistas.