Toulouse es el nombre de una importante ciudad del sur de Francia y sede de varios
sínodos. La antigua Tolosa fue la capital sagrada de los tectosages, siendo conquistada por los romanos en 106 a. C.; fue la capital de los
visigodos, 419-507; quedó bajo el poder de los
francos en 507, pero después recuperó su independencia; fue un condado de príncipes hereditarios, 778-1271, disfrutando de prosperidad hasta las guerras contra los
albigenses, tras las cuales quedó unida a Francia en 1271; quedó bajo la influencia de la
Inquisición y posteriormente se hizo notoria por su intolerancia, en agudo contraste con su actitud anterior. Su
universidad, fundada en 1229, es, después de la de París, la más antigua de Francia. Es también sede de un arzobispado. Por sugerencia de Luis, se convocó un sínodo en Toulouse en 829, pero los decretos se han perdido. Otro se celebró en 883 para arreglar las quejas que los judíos habían hecho a
Carlos el Gordo por los abusos cometidos por el
clero y el
laicado. Otro en 1056, convocado por el
papa Víctor II, consistió de 18 obispos y aprobó 13 cánones prohibiendo la
simonía, insistiendo en la norma del
celibato y fijando la edad de ordenación para las órdenes
sacerdotales a los 30 años y para los
diáconos a los 25. El sínodo de 1118 trató con el inicio de una
cruzada contra los musulmanes en España. El sínodo de 1119, que el papa
Calixto II presidió en persona, reiteró las leyes contra la simonía, confirmó el derecho de los
obispos a los
diezmos y en tres de los diez cánones quedaron
anatematizados los maestros de falsa doctrina. El sínodo de 1160, en el que los reyes de Francia e Inglaterra, cien obispos y
abades y
legados del papa
Alejandro III y su rival Víctor III estuvieron presentes, declaró papa a Alejandro y pronunció la
excomunión contra Víctor. El sínodo de 1219 prohibió la concesión de oficios a los
cátaros y prohibió todo trabajo en
festividades eclesiásticas que fueron mencionadas por nombre.
El sínodo de 1229, en el pontificado de Gregorio IX es importante. Obligó a arzobispos y obispos, o sacerdotes, y a dos o tres laicos, a comprometerse mediante juramento para buscar herejes y llevarlos a castigo. La casa de un hereje había de ser destruida. Los herejes penitentes estarían obligados a llevar una cruz en su lado derecho e izquierdo y no podían recibir un oficio hasta que el papa o su legado dieran testimonio de la pureza de su fe. A todos los hombres de más de 14 años y todas las mujeres de más de 12, se les exigía negar toda relación con la herejía y los herejes. Este juramento había de ser repetido cada dos años. A los laicos también se les prohibió la posesión del Antiguo y Nuevo Testamento y la supresión de las traducciones vernáculas fue especialmente recomendada. En 1590 un sínodo bajo el arzobispo Francisco II de Joyeuse declaró los decretos tridentinos vinculantes y acometió varios asuntos, tales como reliquias, consagración de Iglesias, oratorios y la administración de hospitales. En 1850 se celebró un sínodo provincial bajo la presidencia del arzobispo d'Astros, que se declaró contra las tendencias del pensamiento moderno, el indiferentismo y el socialismo.