Historia

TRASCENDENTALISMO EN NUEVA INGLATERRA

Trascendentalismo en Nueva Inglaterra es el nombre de la fuerte reacción que tuvo lugar, hacia finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, contra el materialismo.

El caminante sobre la niebla, de Caspar David Friedrich (Kunsthalle, Hamburgo)
El caminante sobre la niebla, de Caspar David
Friedrich (Kunsthalle, Hamburgo)
Trasfondo filosófico.
Voltaire llevó de Londres a París las ideas de Hume. Desde París fueron con él a la corte de Federico, rey de Prusia, convirtiéndose en principios rectores del pensamiento. Kant las sometió a profundo análisis en su famosa Crítica de la razón pura, convirtiéndose en dirigente de una gran reforma filosófica. El materialismo entonces no echó raíces en la mente alemana. Los grandes nombres del idealismo alemán fueron Kant, Fichte, Schelling y Hegel; y la secuencia de su doctrina, hasta donde puede ser trasmitida en unas pocas palabras, es como sigue: Kant sondeó las profundidades de la mente humana; Fichte impartió realidad a la idea de persona; Schelling combinó lo interior y lo exterior al suponer un Absoluto, que él llamó razón; Hegel transformó lo que para él era la razón insustancial en un ser, completando, como pretendió, las "categorías" fundamentales de Kant. La palabra "trascendentalismo" es de origen kantiano. Significa aquello que es válido más allá de la experiencia de los sentidos, aunque está presente para el conocimiento de la mente. Describe una forma de idealismo. Según el parecer de James Hutchison Stirling: "La filosofía trascendental es una filosofía de la razón especulativa meramente pura, pues toda moral práctica, en tanto involucra motivo, está referida al sentimiento y el sentimiento es siempre de origen empírico." Y de nuevo: "Yo llamo trascendental a todo conocimiento que está ocupado no tanto con objetos como con los procesos por los cuales llegamos a conocerlos, en tanto ese proceso tiene un elemento a priori. Un sistema de tales elementos sería una filosofía trascendental." En Francia, el materialismo estuvo representado por Condillac, Cabanis (autor del dicho de que "los pensamientos secretos del cerebro, como el hígado, segregan bilis") y otros; el idealismo por Marie de Beran, Destutt de Tracy, Cousin, Jouffroy y otros. En Inglaterra, para no hacer mención de los poetas que son siempre idealistas, Coleridge reflejó a Schelling y Carlyle a Goethe y Richter. Las Aids to Reflection and Friend de Carlyle fueron reimpresas enseguida en América. Los escritos de Carlyle (producidos desde 1827 en adelante), Signs of the Times, Characteristics, posteriormente, Sartor Resartus, fueron ávidamente leídos en ediciones americanas. Hasta este extremo, el trascendentalismo fue de extracción extranjera, una invasión del intelecto alemán.

Movimientos preparatorios.
Sin embargo, sería un serio e imperdonable error "contemplar el movimiento trascendental como una simple importación del exterior, una servil imitación de las ideas inglesas, francesas o alemanas. Estaba en última instancia alejado de esto y lleno de la savia de una espontaneidad y frescura propia... nueve de cada diez de los primeros trascendentalistas se rozaron, aunque ligeramente, con Kant, Fichte, Goethe, Schleiermacher, Schelling; pero fue polen fructífero que ellos portaron por el contacto y mediante sus propias mentes quedó vitalmente impregnado." El movimiento en su conjunto fue una explosión espiritual, un sentido vital de novedad, un renacimiento local en Nueva Inglaterra, cuyas raíces retrocedieron al pasado, pero sus flores se abrieron con una riqueza y una fresca exhuberancia, tal como no era posible en otra parte que en las orillas del nuevo mundo. El terreno para ello había sido cuidadosamente preparado. El materialismo era extraño en Nueva Inglaterra, a veces implícitamente, a veces por declaración formal. El unitarismo, del que el trascendentalismo fue una rama, si no verdaderamente un brote, era en sí mismo una protesta, sobre la base del sentido común, contra la "ortodoxia" y el "evangelicalismo" y quedó infectado por la metafísica de John Locke. Era un sistema de racionalismo prosaico, crítico no imaginativo. Su enseñanza, como la mayoría de la enseñanza religiosa del momento, era formal y su adoración con el tiempo se convirtió en mortecina. Era, en lo principal, un sistema negativo: su forma mecánica, sus creencias tradicionales, sus asociaciones convencionales. Los viejos, como Channing y Lowell, retuvieron los sentimientos de piedad que ellos habían aportado desde la fe que habían dejado, pero el nuevo movimiento había comenzado a perder algo de su entusiasmo original. Mientras tanto un espíritu de individualismo estaba en el ambiente, desembocando ocasionalmente en el deísmo e incluso en el ateísmo. En 1832 Abner Kneeland fundó The Investigator; en 1836 fue encausado por blasfemia. Había un interés general en la clarividencia, el hipnotismo y doctrinas semejantes. Ya en 1824 F. H. Hedge, un ministro unitario, levantó la bandera de la revuelta (en The Christian Examiner de noviembre) contra el materialismo implicado en la frenología, que incluso entonces estaba apoderándose de la mente pública. Las exposiciones de Gall se pusieron de moda. Las conferencias populares de Spurzheim eran seguidas por multitudes. Posteriormente, el libro de Combe, Constitution of Man, fue saludado como un evangelio. La regeneración por lo material fue proclamada en el nombre de Graham. Toda clase de medicamentos se suponía que hacían la obra del Espíritu Santo.

Ralph Waldo Emerson
Ralph Waldo Emerson
El "Club Trascendental".
En esta coyuntura, el idealismo apareció en forma de protesta contra la desviación del tiempo haca el animalismo y el externarlismo. El terreno estaba preparado por los místicos ortodoxos, quienes proclamaban "la vida de Dios en el alma del hombre"; por el espiritualismo enseñado por Jonathan Edwards; por los reformadores cuáqueros, con su doctrina sobre la suficiente "luz interior"; por las tradiciones de Abby Hutchinson, Mary Dwyer y los apóstoles de la libertad del alma. No es que las posiciones tomadas por esos hombres y mujeres fueran las mismas que las asumidas por los trascendentalistas. En verdad eran muy diferentes, de hecho precisamente opuestas; pues todos ellos reconocían alguna autoridad sobrenatural, mientras que los trascendentalistas como clase eran puros "intuicionalistas", creyentes en la inspiración del alma individual; pero ellos buscaban sólo resultados evidentes, desechando creencias adyacentes. Los dirigentes eran jóvenes, casi sin excepción, educados para el ministerio, unitarios, miembros de la mejor clase de la sociedad, oradores y conversadores elocuentes, eruditos, hombres de cultura liberal, directos en la declaración de sus opiniones. De ellos Ralph Waldo Emerson era el principal, el más seráfico y persuasivo, el más inflexible, también, en su acción eclesiástica. Dimitió de su cargo como ministro unitario en 1832, a causa de escrúpulos sobre el "servicio de comunión" que él estimaba un rito espiritual y estaba dispuesto a que continuara como tal, pero no como una ordenanza impuesta por la Iglesia o la Escritura. Posteriormente no quiso hacer oración pública, salvo cuando así lo dispuso, retirado del púlpito totalmente, e hizo de la plataforma secular su única elevación visible por encima de la multitud; una elevación no de autoridad, sino de conveniencia. Unos pocos jóvenes se le unieron. En septiembre de 1836, en la celebración del 200 aniversario de la fundación de Harvard College, cuatro personas, Emerson, Hedge, Ripley y Putnam se congregaron en Cambridge, y, tras discutir la situación teológica y eclesiástica, acordaron convocar un encuentro de unos pocos del mismo sentir, con la idea de fortalecerse mutuamente en su oposición al antiguo camino y ver lo que podía ser hecho para inaugurar uno mejor. En un encuentro preliminar en la casa de George Ripley, en Boston, estuvieron presentes Emerson, Hedge, Alcott, Bartol, Brownson y Bartlett (un joven tutor en Cambridge). Entonces se resolvió, a sugestión de Emerson, celebrar una convención en su casa en Concord durante el mismo mes de septiembre. Se enviaron invitaciones a tantos como se suponía que estaban en simpatía con los objetivos del encuentro. Vinieron de quince a veinte, entre ellos William Henry Channing, John Sullivan Dwight, James Freeman Clarke, Ephraim Peabody, Chandler Robbins, George P. Bradford, Mrs. Samuel Ripley, Margaret Fuller, Elizabeth Peabody y tal vez Theodore Parker. Los conversos Francis y Caleb Stetson fueron los únicos hombres de la antigua generación que tomaron un interés práctico en el movimiento. Channing simpatizaba con sus objetivos generales, pero no tomó parte activa en ese tiempo. Sus contemporáneos o no aparecieron o inmediatamente se retiraron. El público tuvo conocimiento de la reunión de Concord y dio a la pequeña comunidad el nombre de "Trascendental Club", aunque la razón no es fácil de descubrir, pues no eran un club en ningún sentido de la palabra. No había organización, no había oficiales, no había tiempo ni lugar señalado para las reuniones, tampoco había temas para discusión, de hecho no parece que hubiera buenas razones para denominarlo "trascendental", a menos que se supusiera que el término portaba el ridículo o el oprobio. Las reuniones eran irregulares y arregladas apresuradamente. En 10 años hubo solo unas pocas convocatorias. Algunos miembros se quedaron en la Iglesia, intentando combinar las ideas trascendentales con las formas eclesiásticas; otros dejaron la Iglesia por otros llamamientos. Cada uno siguió la dirección de su disposición individual. El breve Dial y el más breve Massachusetts Quarterly fueron resultados del espíritu "trascendental".

La "atmósfera de reforma".
En el tiempo cuando el movimiento trascendental estuvo en su apogeo la atmósfera de Nueva Inglaterra estaba llena de proyectos de reforma. Todo lo que tuviera que ver sobre innovaciones acerca de arreglos sociales existentes tenía sus defensores, periódicos, reuniones, convenciones. La temperancia, la no resistencia, los derechos de las mujeres, el anti-esclavismo, la paz, reclamaban la atención de aquellos preocupados por el progreso de la humanidad. Algunos de sus proyectos eran visionarios, agrestes y, en los ojos de algunos observadores, grotescos. No es improbable que debieran su origen al mismo impulso que produjo el trascendentalismo, aunque la relación histórica y lógica no ha sido descubierta. Que una gran parte del ridículo que fue arrojado sobre los trascendentalistas se debió a su afiliación con esos asuntos iconoclastas es más que probable. Ni fue tal presunción irrazonable, pues los trascendentalistas no se tomaron la molestia de corregir la impresión, sino más bien la estimularon. La conferencia de Emerson sobre Man the Reformer fue una elocuente acusación contra la sociedad. "Un día todos los hombres serán amantes" escribió "y todas las calamidades serán disueltas en el resplandor universal." En su conferencia sobre The Times, pronunciada el mismo año (1841), dijo:

"Esos reformadores son nuestros contemporáneos; son nosotros mismos, nuestra propia luz y percepción y conciencia; ellos sólo nombran la relación que subsiste entre nosotros y las viciosas instituciones que van a rectificar... las reformas tienen su alto origen en un ideal de justicia, pero no retienen la pureza de una idea... el movimiento reformista es sagrado en su origen; en su arreglo y detalles es tímido y profano. Esos benefactores esperan levantar al hombre mediante la mejora de sus circunstancias; por la combinación de lo que está muerto, esperan hacer algo vivo. Pero es en vano. Sólo por nuevas infusiones del espíritu por el cual está hecho y dirigido, puede ser rehecho y reforzado."
Relación con las reformas y la religión.
Los trascendentalistas en virtud de los mismos principios que sustentan su filosofía, y como las citas previas indican, estaban interesados en reformas de toda clase. Muchos de ellos eran abolicionistas, muchos de ellos eran sufragistas femeninos y todos eran pensadores radicales en una dirección u otra. Por el lado práctico el movimiento tomó interés en la comunidad Brook Farm, donde se hizo un valiente y sacrificado intento de poner en práctica los principios de una fraternidad social. George Ripley, quien había estado al cargo de una parroquia unitaria, era el espíritu dirigente. Channing estaba profundamente interesado, y sus esperanzas, aunque no eran extravagantes, eran muy altas. Nathaniel Hawthorne fue miembro de la comunidad durante un tiempo. Sin embargo, descubrió que el alma del hombre puede quedar "enterrada bajo una pala de estiércol igual que bajo un montón de dinero." Al abandonar la comunidad se preguntó: "¿Merece la pena que gaste cinco preciosos meses en dar forraje a vacas y caballos?". En religión el trascendentalista típico puede ser un teísta sublimado; siempre fue un idealista y esencialmente un místico. No creía en ninguna autoridad espiritual, salvo la de su propia alma. Era humanitario y optimista. Su fe no miraba hacia atrás; su esencia era la aspiración, no la contrición. Tenía una fe viva y brillante en la realidad de la percepción espiritual. "Todos son capaces de detectar lo sobrenatural", escribió Orestes Brownson, "porque todos tienen lo sobrenatural en ellos mismos." Lo divino estaba por todas partes. La "inmanencia de Dios" no era una doctrina; era una realidad. "Decidme, hermanos ¿qué somos? Espíritus sumergidos en un mar de Deidad." Así escribió un menor, aunque ferviente, poeta de la fe trascendentalista. Por tanto, se sigue que el creyente trascendentalista estaba impreso con la gloria de la vida, sus privilegios y su belleza. Muy destacada era su confianza en la naturaleza, en los poderes y capacidades naturales, en los resultados de la obediencia para la ley natural, en la espontaneidad, impulso, desarrollo y crecimiento. Era proverbial su amor por la infancia, las flores y el paisaje. Emerson denominó al trascendentalismo "los saturnales o excesos de la fe." Pero la fe estaba en la naturaleza humana como una posible realización de lo divino. Era un nuevo y gozoso nacimiento del espíritu. No estrictamente "doctrina razonada", sino más bien un "fermento espiritual", una obra de misticismo, que halló expresión en lo social, intelectual, estético y principalmente en canales religiosos.

Influencia del trascendentalismo.
El movimiento, según T. W. Higginson, proporcionó una "atmósfera social ardiente, efusiva. Fue un período valiente, fresco, brillante, juvenil, esperanzador y quienes fueron sus hijos deben siempre regocijarse de que nacieron antes que pereciera... a su inmediata descendencia legó un brillo y un gozo que han sido de duración permanente." Salvo por algunas extravagancias locales e incidentales, la influencia del movimiento fue noble, inspiradora y bella y el idealismo, que era su esencia, es el fundamento de toda creencia espiritual humanista. Como una forma de la gran escuela intuitiva de filosofía, ha tenido, tal vez, sus mejores días; pero sus elementos serán vitales en otras creencias, que perdurarán cuando haya sido olvidado.