Historia
TRINIDAD, DOCTRINA DE LA
- La Deidad de Jesucristo
- La persona del Espíritu Santo
- Dios el Padre
- Sugerencias de la Trinidad en el Antiguo Testamento
- Evidencias de la Trinidad en el Nuevo Testamento
- Asociación de las tres personas
- Formulación de la doctrina
- Exposición de la doctrina
- Unidad en Trinidad
- El énfasis oriental en las tres personas
- Trinidad en unidad
- Hacia un establecimiento de la doctrina
- Cuestión de terminología
- La terminología oriental
- La terminología occidental
- Hacia un entendimiento mutuo
- Errores modernos

La Deidad de Jesucristo.
Vamos a seguir los pasos que los evangelios relatan sobre la gradual conciencia de los discípulos hacia Jesús. Sin duda algo especial tuvo que haber para que se sintieran atraídos por la llamada de aquel rabí. El evangelio de Mateo relata la admiración de la gente y la primera indicación de que alguien muy especial estaba allí: "Y los hombres se maravillaron diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?" (Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Quién es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?[…]Mateo 8:27). El hecho de estar, día tras día, oyendo y viendo sus palabras y señales iba acrecentando en ellos la conciencia de que lo que Jesús decía ser tenía fundamento. Más tarde, en Entonces los que estaban en la barca le adoraron, diciendo: En verdad eres Hijo de Dios.[…]Mateo 14:33, esos mismos discípulos lo adoran y confiesan como Hijo de Dios tras el prodigio que Jesús ha realizado ante sus ojos; sin embargo, el momento clave está en la confesión de Pedro, que está hecha, no tras un milagro, cuando es fácil sentirse arrebatado de admiración, sino en un instante de normalidad: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente"; esa declaración es sobre la que Cristo edificará su Iglesia y tal conocimiento de la persona de Jesús no viene por "carne ni sangre". El principio sobre el cual descansa la Deidad de Jesús es que la filiación supone comunidad de naturaleza, y por lo tanto, igualdad de esencia.
Seis días después de la confesión de Pedro, Jesús se transfigura y muestra por unos instantes lo que su humanidad velaba; en ese momento, el Padre da testimonio del Hijo: "Este es mi Hijo amado." (Mientras estaba aún hablando, he aquí, una nube luminosa los cubrió; y una voz salió de la nube, diciendo: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; a El oíd.[…]Mateo 17:5). Tras altibajos de ignorancia y fe en los discípulos, no será hasta la rsurrección, cuando pueden verlo y tocarlo, que se cercioren de que siendo todavía humano, lo sobrehumano es ahora más tangible que nunca antes, por lo que el apóstol Juan pudo decir: "Y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre." (Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.[…]Juan 1:14). Ellos le conocieron como al resplandor de la gloria de Dios y la imagen misma de su sustancia (El es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,[…]Hebreos 1:3) y estaban convencidos de que en él habitaba la plenitud de la Deidad (Porque toda la plenitud de la Deidad reside corporalmente en El,[…]Colosenses 2:9). Se habían persuadido de que el que había visto a Jesús había visto al Padre (Jesús le dijo*: ¿Tanto tiempo he estado con vosotros, y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"?[…]Juan 14:9). Ahora bien ¿cómo es posible que judíos monoteístas creyeran en la Deidad de Jesús? Había una dificultad añadida además: Jesús era humano en el más literal sentido de la palabra: nacido de mujer, creciendo, comiendo, llorando, durmiendo... etc., ¿cómo, pues, conciliar su humanidad y su Deidad?. Ellos no intentaron dar respuesta a eso. Su tiempo estaba tan lleno de experiencia sublime que hasta que las aguas no se aquietaron y vino la levadura del error, no se hizo necesaria la articulación de la doctrina.
La persona del Espíritu Santo.
Sólo diez días después de haber visto a Jesús ascender al cielo vino el Espíritu Santo sobre ellos profundizando así la experiencia y el misterio. Cuando todavía estaba reciente y fresca la presencia de Jesús entre ellos, la presencia del otro Consolador trajo, de una manera nueva, la realidad de la permanencia de Cristo en su Iglesia. Antes de morir, Jesús había dicho a sus discípulos que les enviaría "otro Consolador" de parte del Padre para que estuviera con ellos para siempre. Cuando esto sucedió en 1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar. 2 De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa donde estaban sentados, 3 y se les aparecieron lenguas como de fuego q[…]Hechos 2, Pedro, de una manera que no era por carne ni sangre, resumió la experiencia con estas palabras: "Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís" (Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.[…]Hechos 2:33). La experiencia del Espíritu Santo trae en la naciente comunidad un renovado sentir de la presencia de Jesús, de su cercanía a los suyos, de modo que ellos no se sienten huérfanos, por lo que Pedro pudo decir a Eneas: "Eneas, Jesucristo te sana" (Y Pedro le dijo: Eneas, Jesucristo te sana; levántate y haz tu cama. Y al instante se levantó.[…]Hechos 9:34). En laspáginas del Nuevo Testamento queda clara la personalidad del Espíritu Santo, especialmente en los capítulos 14 y 16 del evangelio de Juan. La tercera persona había sido revelada y Jesús les había preparado para ello (18 No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. 20 En ese día conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. […]Juan 14:18,20). Ellos podían haberse quedado confundidos en el intento de construir una doctrina que se correspondiera con la realidad, pero en lugar de eso estaban tan cautivados con la presencia real de Jesús en su medio y con la proclamación del mensaje, que la doctrina podía esperar.
Dios el Padre.
¿Por qué la doctrina de la Trinidad era un problema tan arduo para las mentes de los primeros cristianos? Hemos de recordar que todos ellos eran judíos, enseñados en la constante repetición de la Shemá: "Oye Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es." (Escucha, oh Israel, el SEÑOR es nuestro Dios, el SEÑOR uno es.[…]Deuteronomio 6:4). Para un judío la Deidad del Señor Jesús, que él afirmó y que el Padre respaldó en su bautismo y en la transfiguración, era algo particularmente difícil de aceptar; y eso sin contar con el problema añadido del Espíritu Santo. Verdaderamente, un conocimiento tal no podía venir por "carne y sangre" (Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.[…]Mateo 16:17). Por lo tanto, no es sorprendente que la doctrina de la Trinidad sea exclusivamente cristiana y uno de sus rasgos principales que la distinguen de todos los demás sistemas de fe.
Sugerencias de la Trinidad en el Antiguo Testamento.
Ya hemos visto que no es hasta el Nuevo Testamento, debido a la encarnación del Verbo y la habitación del Espíritu Santo en la Iglesia, que la realidad de la Trinidad no se hace claramente palpable, y ello en la medida en que la obra de redención es manifiesta. Sin embargo, ya en el Antiguo Testamento hay ciertas referencias a una pluralidad en la unidad de Dios, como en Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra.[…]Génesis 1:26, en el relato de la creación del hombre o en Vamos, bajemos y allí confundamos su lengua, para que nadie entienda el lenguaje del otro.[…]Génesis 11:7, en el del juicio de Babel. Hay otros pasajes en los que Dios habla de Dios; estos pasajes son de capital importancia, pues en ellos encontramos a Dios y a Dios, a Jehová y a Jehová, pero en variación de funciones, lo cual sienta las bases de una unidad de esencia, que se aprecia en el uso del mismo nombre (Dios, Jehová) y al mismo tiempo de distinciones personales, que se manifiestan en funciones distintas, (Entonces el SEÑOR hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego, de parte del SEÑOR desde los cielos;[…]Génesis 19:24; 6 Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de equidad es el cetro de tu reino. 7 Has amado la justicia y aborrecido la iniquidad; por tanto Dios, tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros. […]Salmos 45:6-7; 12 Oyeme, Jacob, Israel a quien llamé: Yo soy, yo soy el primero y también soy el último. 13 Ciertamente mi mano fundó la tierra, y mi diestra extendió los cielos; cuando los llamo, comparecen juntos. 14 Congregaos, todos vosotros, y escuchad. ¿Quién[…]Isaías 48:12-16; Pero me compadeceré de la casa de Judá y los salvaré por el SEÑOR su Dios; y no los salvaré con arco, ni con espada, ni con batalla, ni con caballos ni jinetes.[…]Oseas 1:7; 8 Porque así dice el SEÑOR de los ejércitos, cuya gloria me ha enviado contra las naciones que os despojaron, porque el que os toca, toca la niña de su ojo: 9 He aquí, alzaré mi mano contra ellas, y serán despojo para sus esclavos. Entonces sabréis q[…]Zacarías 2:8-11). Al ángel de Jehová por un lado se le identifica con Jehová y por otro se le distingue de él (7 Y el ángel del SEÑOR la encontró junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente en el camino de Shur, 8 y le dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde has venido y a dónde vas? Y ella le respondió: Huyo de la presencia de mi señora Sarai[…]Génesis 16:7-13; 2 Y se le apareció el ángel del SEÑOR en una llama de fuego, en medio de una zarza; y Moisés miró, y he aquí, la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. 3 Entonces dijo Moisés: Me acercaré ahora para ver esta maravilla: por qué la zarza no s[…]Éxodo 3:2-6; 12 Y el ángel del SEÑOR se le apareció, y le dijo: El SEÑOR está contigo, valiente guerrero. 13 Entonces Gedeón le respondió: Ah señor mío, si el SEÑOR está con nosotros, ¿por qué nos ha ocurrido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas que nue[…]Jueces 6:12-22; 13:21-22). En 1 ¿No clama la sabiduría, y levanta su voz la prudencia? 2 En la cima de las alturas, junto al camino, donde cruzan las sendas, se coloca; 3 junto a las puertas, a la salida de la ciudad, en el umbral de las puertas, da voces: 4 Oh hombres, a vosotro[…]Proverbios 8, se sientan las bases de la eternidad del Verbo, de su origen no creado y de su participación en la creación (22 El SEÑOR me poseyó al principio de su camino, antes de sus obras de tiempos pasados. 23 Desde la eternidad fui establecida, desde el principio, desde los orígenes de la tierra. 24 Cuando no había abismos fui engendrada, cuando no había manantiales[…]Proverbios 8:22-30).
Evidencias de la Trinidad en el Nuevo Testamento.
Ya hemos rastreado algunas de las sugerencias que en el Antiguo Testamento hay sobre la Trinidad; con ellas solamente no se puede sostener tal doctrina, pero sí hay un germen de ello; ahora, en el Nuevo Testamento veremos que esta verdad está firmemente sustentada. Ya hemos visto que la Iglesia se vio compelida a formular una doctrina sobre la Trinidad sobre la base de la Deidad de Jesús y la persona del Espíritu Santo. Los apóstoles estaban persuadidos de que al ver a Jesús habían visto al Padre y tras su ascensión, su presencia fue renovada por el Espíritu Santo. Así pues, es natural que Pablo, antes de que la doctrina fuera formulada invoque una bendición trinitaria en uno de los textos más antiguos del Nuevo Testamento: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén." (La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.[…]2 Corintios 13:14). Otra "fórmula" trinitaria la hallamos en Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,[…]Mateo 28:19 para ser usada en el bautismo: "Bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo." El bautismo es el acto de consagración del creyente a Dios y aquí podemos ver una indicación clara que apunta a una doctrina trinitaria y a la actuación de la Trinidad en la vida del creyente.
Asociación de las tres personas.
Además de estas "fórmulas", hay numerosos ejemplos en el Nuevo Testamento donde las tres personas están en estrecha asociación entre sí. Por ejemplo, en el bautismo de Jesús se oye la voz del Padre, al tiempo que el Espíritu Santo viene sobre él (Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron, y él vio al Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre El.[…]Mateo 3:16 17). Hablando de los dones del Espíritu nótese la función de cada una de las personas mencionadas en 4 Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. 5 Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. 6 Y hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas en todos. […]1 Corintios 12:4-6, y en según el previo conocimiento de Dios Padre, por la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre: Que la gracia y la paz os sean multiplicadas.[…]1 Pedro 1:2 hallamos otra vez la estrecha conexión entre Padre, Hijo y Espíritu Santo en la obra de redención. Sobre este asunto el pasaje más debatido está en Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra:[…]1 Juan 5:7 "Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno." Este pasaje, que no se halla en los manuscritos griegos, es citado sin embargo por Ireneo, Tertuliano, Cipriano y Agustín, además de estar contenido en la versión siríaca Peshitta y en la Vetus Latina. Por todo el Nuevo Testamento vemos la revelación de las tres personas y su orden de aparición, aun siendo las tres eternas, bastante claramente: el Padre envía al Hijo al mundo (Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna.[…]Juan 3:16; Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley,[…]Gálatas 4:4; Y de nuevo, cuando trae al Primogénito al mundo, dice: Y ADORENLE TODOS LOS ANGELES DE DIOS.[…]Hebreos 1:6; En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de El.[…]1 Juan 4:9, etc.) y ambos, Padre e Hijo, envían al Espíritu Santo (Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, El os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho.[…]Juan 14:26; 15:26; 16:7; Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre![…]Gálatas 4:6). Vemos al Padre dirigiéndose al Hijo (y vino una voz de los cielos, que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.[…]Marcos 1:11; y el Espíritu Santo descendió sobre El en forma corporal, como una paloma, y vino una voz del cielo, que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.[…]Lucas 3:22), al Hijo dirigiéndose al Padre (25 En aquel tiempo, hablando Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños. 26 Sí, Padre, porque así fue de tu agrado. […]Mateo 11:25,26; 26:39; Entonces quitaron la piedra. Jesús alzó los ojos a lo alto, y dijo: Padre, te doy gracias porque me has oído.[…]Juan 11:41) y al Espíritu Santo orando a Dios en los corazones de los creyentes (Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles;[…]Romanos 8:26). Poniendo toda esta evidencia en conjunto, debemos pues confesar que no hay una formulación dogmática de la Trinidad en el Nuevo Testamento, pero por implicación está presente por todas partes.
Formulación de la doctrina.
La necesidad de formular lo que Jesús había enseñado sobre las distinciones dentro de la Deidad y de delinearlo en una doctrina coherente, se debió a la obligación de defender la fe en la Deidad de Cristo y a las presiones externas. Ya Ireneo, Orígenes y Tertuliano pusieron las bases para la formulación de la doctrina, pero fue sobre todo Atanasio el que más trabajó para su formulación final. En efecto, en el Nicea del año 325 fue declarada doctrina ortodoxa y derrotada, por tanto, la facción arriana. Tras Atanasio, fueron los Padres capadocios y más tarde Agustín de Hipona, quienes terminaron de definir la doctrina. La posición de Atanasio acerca de la Deidad de Cristo giraba en torno a la naturaleza de nuestra salvación. Él argumentaba que a menos que el Redentor fuera Dios mismo, no podría unirnos con Dios. Si él fuera Dios simplemente por participación de ciertos atributos o adopción y no por comunidad substancial con el Padre, entonces nuestra salvación no sería obra de Dios exclusiva y directamente, sino obra de una criatura. Si el Hijo, como afirmaba Arrio, era una criatura, no podría nunca unirnos con Dios, y por tanto salvarnos. La salvación es una obra demasiado formidable y gloriosa para que una criatura, por más exaltada que sea, la realice; incluso si eso fuera posible, redundaría en la gloria de alguien que no es Dios.
Exposición de la doctrina.
Al tratar de definir la doctrina, tropezamos con que las palabras no pueden contenerla y resultan inadecuadas para ello. Tomemos, por ejemplo, el término "persona"; este vocablo era para los latinos todo ente que según la ley romana tenía personalidad jurídica, ya fuera individuo o no; pero este mismo vocablo para nosotros es algo diferente. Para nosotros designa un individuo y al trasladar este concepto a Dios sería una aberración decir que hay tres individuos o seres individuales en Dios. Agustín de Hipona hace al respecto la siguiente atinada reflexión: "Cuando se nos pregunta qué son estos o estas tres, nos afanamos por encontrar un nombre genérico o específico que abrace a los tres, y nada se le ocurre al alma, porque la excelencia infinita de la divinidad trasciende la facultad del lenguaje." (La Trinidad VII,4,7). En el ser de Dios no hay tres individuos, sino tres distinciones personales dentro de la divina esencia; ahora bien, cada una de esas distinciones personales tiene su realidad y algo propio que la distingue de las otras dos: en el Padre es la paternidad, en el Hijo la filiación y en el Espíritu Santo la procesión. Salvo estas propiedades personales, que son incomunicables, cada uno tiene exactamente lo mismo que tiene el otro, de manera que en cada una de esas distinciones personales tenemos a Dios al completo. Cuando decimos que Dios es uno, decimos que su existencia no está dividida en tres partes; él es uno en esencia, personalidad y voluntad. Cuando decimos que Dios es trino manifestamos que hay en él una trinidad de "personas" o subsistencias. Más aún, las subsistencias de las tres personas están marcadas por un cierto orden de relación: el Padre es la fuente y origen de las otras dos divinas personas, el Hijo es engendrado eternamente del Padre y el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo. Y ambas cosas, la unidad y la trinidad, han de contemplarse simultáneamente para no deshacer las personas borrando su nota característica y tampoco dividir la esencia haciendo así tres dioses. La definición trinitaria de Nicea, posteriormente pulida en Constantinopla, es la siguiente:
"Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creemos en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos; Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado; de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creemos en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre [y del Hijo], que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creemos en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén."
(Credo Niceno Constantinopolitano)
"Todo el que quiera salvarse debe, ante todo, sostener la fe católica: quien no la guardare íntegra y pura perecerá, sin duda, para siempre. He aquí la fe católica: veneramos a un Dios en la Trinidad y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas, sin dividir la sustancia: una es, en efecto, la persona del Padre, otra la del Hijo, otra la del Espíritu Santo; pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo tienen una misma divinidad, una gloria igual y una misma eterna majestad. Cual es el Padre, tal es el Hijo, tal es el Espíritu Santo; increado es el Padre, increado es el Hijo, increado el Espíritu Santo; inmenso es el Padre, inmenso es el Hijo, inmenso es el Espíritu Santo; eterno es el Padre, eterno es el Hijo, eterno es el Espíritu Santo, y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno, ni tampoco tres increados, ni tres inmensos, sino un increado y un inmenso.
Igualmente omnipotente es el Padre, omnipotente es el Hijo, omnipotente es el Espíritu Santo y, sin embargo, no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente. Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es el Espíritu Santo y, sin embargo no son tres Dioses, sino un solo Dios. Así el Padre es Señor, el Hijo es Señor, el Espíritu Santo es Señor y, sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor.
Porque así como la verdad cristiana nos obliga a confesar que cada una de las tres personas en particular es Dios y Señor, así la religión católica nos prohíbe decir que hay tres dioses o tres señores.
El Padre por nadie ha sido hecho; no ha sido creado, ni engendrado; el Hijo proviene únicamente del Padre, no ha sido hecho ni creado, sino engendrado; el Espíritu Santo proviene del Padre y del Hijo, no ha sido hecho, ni creado, ni engendrado, sino que procede. Hay, por consiguiente, un solo Padre, no tres Padres; un solo Hijo, no tres Hijos, un solo Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos. Y en esta Trinidad nadie es antes o después, nadie es mayor o menor, sino que las tres personas son igualmente eternas y del mismo modo iguales, de suerte que en todo, como ya se ha dicho antes, hay que venerar la Unidad en la Trinidad y la Trinidad en la Unidad. El que quiera, pues, ser salvo debe creer todo esto acerca de la Trinidad."
(Símbolo de Atanasio)
Unidad en Trinidad.
Hablando a "grosso modo" el pensamiento sobre la Trinidad se desarrolló en dos vertientes en la Iglesia antigua: uno en el lado oriental y otro en el occidental. El lado oriental era predominantemente griego en lengua y cultura, mientras que el occidental era latino. En la Iglesia oriental vieron la distinción de las tres personas más claramente que en Occidente y por tanto la pregunta que tenían que responderse era: ¿Cómo tres pueden ser uno? En la Iglesia occidental dominaba la idea de la unidad de Dios y por tanto la pregunta que tenían que responder era: ¿Cómo puede uno ser tres?.
El énfasis oriental en las tres personas.
En la parte griega del Imperio romano floreció una ciudad como foco y centro del saber: Alejandría; allí se formó una de las escuelas teológicas que más importancia habrían de tener en la historia de la Iglesia. El fundador de esta escuela fue Panteno, a quien algunos de sus sucesores sobrepasaron en talla e influencia tocante a la doctrina de la Trinidad. Tras Panteno, el director de esta escuela fue Clemente de Alejandría quien habló del Hijo como el Logos, es decir, el Verbo o Sabiduría, por medio del cual el Padre podía ser conocido. El Logos era inseparable del Padre y era la revelación de la mente del Padre. Clemente habló de una mutua inhabitación: el Hijo estaba en el Padre y el Padre en el Hijo. De manera similar, pero menos detallada, describió al Espíritu Santo como luz de luz. Pero en su pensamiento no encontramos palabras técnicas para los tres ni hace mención de "personas". Un alumno de Clemente fue Orígenes quien a la muerte de aquél se hizo cargo de la escuela de Alejandría. Para responder a la pregunta: ¿Cómo tres pueden ser uno? enseñó que hay una jerarquía en las personas: el Hijo está subordinado al Padre en cuanto a la esencia, y el Espíritu Santo está subordinado al Hijo. Al hacer esto dio el primer paso para preparar lo que Arrio más tarde enseñaría.
"Nosotros, que creemos al Salvador cuando dice: 'El Padre, que me ha enviado, es mayor que yo', y por esta misma razón no permite que se le aplique el apelativo de 'bueno' en su sentido de pleno, verdadero y perfecto, sino que lo atribuye al Padre... nosotros decimos que el Salvador y el Espíritu Santo están muy por encima de todas las cosas creadas, con una superioridad absoluta, sin comparación posible; pero decimos también que el Padre está por encima de ellos tanto o más de lo que ellos están por encima de las criaturas más perfectas."
(Orígenes, Comentario a Juan)
"El Hijo salió del Padre fuera del tiempo, creado y constituido antes de los siglos, no existía antes de nacer, sino que, nacido fuera del tiempo antes de todas las cosas, recibe el ser él solo del Padre solo. Pero no es eterno, ni coeterno, ni increado juntamente con el Padre... El que no tiene comienzo hizo al Hijo, comienzo de las cosas creadas, y se lo ofreció a sí mismo como Hijo y lo adoptó. Nada tiene propio de Dios según su propia subsistencia, ya que no es igual ni consubstancial con él... es evidente para todos, que lo que ha sido hecho no existía antes de su creación, sino que lo que vino a ser tiene un comienzo de existencia."Pero el obispo Alejandro denunció su pensamiento como herético y ante el cariz que la disputa estaba tomando el emperador Constantino convocó el concilio de Nicea en el año 325 donde las posiciones arrianas fueron derrotadas.
(Arrio, Thalia)
"Arrio y Aquiles... han levantado una oficina para luchar contra Cristo, negando la divinidad de nuestro Salvador y predicando que es igual a todos los demás. Han reunido todos los pasajes que hablan de su plan redentor y de su humillación por causa nuestra, y tratan de deducir de ellos la predicación de su impiedad, rechazando en absoluto los pasajes que afirman su divinidad eterna y su inefable gloria en el Padre."
(Alejandro, Carta a Alejandro de Constantinopla, 1)
"¿Cómo no va a ser una impiedad el decir que la Sabiduría de Dios no existió durante algún tiempo... o que algún tiempo su Verbo estuvo mutilado?... pues quien afirma que el resplandor de la gloria no existía, elimina también la luz original, cuyo resplandor es. Y si la imagen de Dios no existió siempre, es evidente que tampoco existió siempre Aquel cuya imagen es. Además, al decir que no existía el carácter de la subsistencia de Dios, se elimina también a Aquel que se expresa perfectamente en dicha imagen."La persona que iba a ser clave en esa derrota de las posiciones arrianas fue Atanasio. Sufrió el destierro hasta en siete ocasiones de su sede episcopal, pero se mantuvo firme en sus convicciones que finalmente el Concilio de Nicea sancionaría como correctas.
(Op. cit. 7)
"Existe, pues, una Trinidad, santa y completa, de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora; es consistente e indivisible por naturaleza y su actividad es única. El Padre hace todas las cosas por el Verbo en el Espíritu Santo. De esta manera se salva la unidad de la santa Trinidad. Así en la Iglesia se predica un solo Dios, 'que está sobre todos (un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos.[…]Efesios 4:6), por todos y en todos': 'sobre todos', en cuanto Padre, principio y fuente; 'por todos', por el Verbo; 'en todos', en el Espíritu Santo. Es una Trinidad no sólo de nombre y por pura apariencia verbal, sino en verdad y realidad."
(Atanasio, Carta a Serapión 1:28).
"Porque el Hijo está en el Padre, tal como nos ha sido dado saber, porque todo el ser del Hijo es propio de la esencia del Padre, como el resplandor lo es de la luz y el arroyo de la fuente; de suerte que quien ve al Hijo, ve lo que es propio del Padre y sabe que el ser del Hijo, por proceder del Padre, está, por consiguiente, en el Padre. También el Padre está en el Hijo, ya que el Hijo es lo que es propio del Padre, de la misma manera que en el resplandor está el sol, y en la palabra la mente, y en el río la fuente. Así también, quien contempla al Hijo, contempla lo que es propio de la esencia del Padre, y sabe que el Padre está en el Hijo."
(Op. cit.3:3).
Trinidad en unidad.
Tras haber analizado el proceso histórico que siguió la doctrina en el lado oriental, vamos a volvernos hacia el lado occidental, lo cual nos ayudará a equilibrar la balanza. En el lado occidental de la Iglesia se enfatizaba la unidad de Dios. Durante el siglo segundo el gnosticismo hizo peligrar la pureza del pensamiento cristiano al enseñar que Dios estaba tan distante del mundo creado que lo gobernaba a través de unos seres intermedios, los eones, entre él y la creación. Contra esta intromisión, los apologistas cristianos se vieron en la obligación de luchar en defensa de la fe, insistiendo en el gobierno único de Dios sobre la creación. Ireneo de Lyón escribió un tratado titulado "Sobre la monarquía de Dios", el cual como su título indica enfatizaba el gobierno (arque) único (monos) de Dios. Ireneo mantuvo que había un Dios y solamente uno y que los cristianos no tenían que reconocer a ningún otro dios sino a él; esto llegó a ser conocido como monarquianismo. Esta posición era perfectamente ortodoxa y una reacción a la herejía gnóstica, por lo que en sus principios el monarquianismo fue leal a los fundamentos cristianos. Pero una vez que el gnosticismo fue vencido, se aplicó ese mismo principio a la fe cristiana en sí, con lo que los monarquianos comenzaron acusar a los defensores de la Trinidad de predicar tres dioses. Tertuliano dice en sus argumentos contra los monarquianos: "El diablo, quien siempre trata de imitar la verdad, se hizo a sí mismo el campeón de la doctrina de que Dios es uno al patentizar para sí la palabra uno". El monarquianismo se puede dividir en dos variedades: (1) Monarquianismo dinámico (de dynamis -poder-), que su intento de preservar la unidad de Dios negaba la naturaleza divina del Hijo y enseñaba que Jesús obtuvo su divinidad por proceso y desarrollo, lo cual quiere decir que Jesús fue un hombre que llegó a ser Dios. Pablo de Samosata fue uno de los máximos exponentes de esta postura a la que también se conoció con el nombre de adopcionismo. "(Pablo de Samosata) dio el nombre de Padre al Dios que creó todas las cosas; de Hijo, al que era meramente hombre, y el de Espíritu, a la gracia que residía en los apóstoles." En este sistema se mantienen las distinciones personales a costa de romper la unidad de esencia, por eso fue declarado herético. (2) Monarquianismo modalístico, donde se trataba de preservar la unidad borrando la realidad de las distinciones personales en Dios. El máximo adalid de esta corriente era Sabelio; de ahí que este sistema también sea conocido como sabelianismo, aunque otras denominaciones por las que se le conoce son modalismo y patripasianismo. Sabelio enseñaba que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo eran modos, de ahí la palabra modalístico, bajo los que Dios se manifestaba, por tanto las distinciones en la Deidad eran temporales. "...el mismo Padre descendió a la Virgen, nació de ella, sufrió; él fue en realidad Jesucristo." Para Sabelio, Dios hacía lo que puede hacer un actor en escena: realizar diferentes papeles en momentos diferentes, siendo realmente una sola persona. En este sistema, esencia y persona son la misma cosa.
Hacia un establecimiento de la doctrina.
Aunque el monarquianismo fue gradualmente desapareciendo, había reticencias en occidente para admitir la formulación oriental de que en Dios había tres hypostasis, ya que la traducción de la palabra hypostasis al latín era substantia, por lo que veían en el pensamiento oriental una formulación herética. Los latinos habían llegado a aceptar en su terminología que en Dios hay una substantia y tres personas. Fue por medio de Hilario de Poitiers, un occidental que vivió en la parte oriental de la Iglesia, como se solucionó el problema de los malos entendidos. Él pudo aproximarse a la terminología oriental con una mente renovada y pudo interpretar correctamente lo que los orientales querían decir. Basó sus conclusiones sobre la idea de que el Padre engendra al Hijo, de lo cual se deducían dos cosas: que Padre e Hijo eran dos personas distintas, pero la idea de engendrar mostraba también que había una unidad real entre los dos, una identidad de esencia. Padre e Hijo, pues, eran unum (neutro, una cosa), pero no unus (masculino, una persona).
"El Padre ingenerado, ha engendrado de sí antes de todo tiempo al Hijo, no a partir de ninguna materia ya existente, porque todas las cosas han sido hechas por medio del Hijo; no lo ha hecho de la nada, porque ha engendrado al Hijo de sí mismo; tampoco por medio de un parto, porque en Dios no hay nada mudable ni vacío; no como una parte suya que se haya dividido, separado o extendido, puesto que Dios es impasible e incorpóreo... en un modo que no se puede entender ni expresar, antes de todo tiempo y de toda edad, procreó al Unigénito de la sustancia ingenerada que hay en él, y le dio a este Hijo nacido de él, por medio de su amor y de su potencia, todo lo que es Dios. Y así, el Hijo es unigénito, perfecto y eterno del Padre ingenerado, perfecto y eterno."
(Hilario, La Trinidad)
Una de las grandes dificultades en la solución del debate sobre la Trinidad fue la existencia de dos lenguas, dos mentalidades y dos culturas dentro de la Iglesia de aquel tiempo. Los teólogos de la parte oriental del Imperio romano hablaban griego, mientras que los de la parte occidental hablaban latín, con los consiguientes malentendidos y confusiones que ello provocaba.
La terminología oriental.
Los tres vocablos griegos principales fueron: ousia, hypostasis y prosopon. En su más amplio sentido ousia e hypostasis significaban lo mismo, ambos se refieren a la esencia o sustrato de una cosa. Ousia en particular significa existencia real, ser actual y proviene del verbo ser. Todo lo que es real tiene ousia, en contraste con las cosas que son sólo aparentes. Hypostasis, en su sentido literal, significa lo que fundamenta algo, la base de la existencia; de ahí que hypostasis fuera el equivalente de ousia para expresar lo esencial de algo. Pero esta palabra también significa la existencia en una forma particular y fue en este último sentido que los teólogos griegos la aplicaron a las distinciones dentro de la Deidad, expresando de esta manera el término persona. La tercera palabra, prosopon, literalmente significa rostro, pero evolucionó en el sentido de manifestar a una persona en un determinado rol o función. Eso significaba, por ejemplo, que podía denotar tanto a una persona como el papel que un actor realizaba en la escena. Este término fue empleado por Sabelio para referirse a las distinciones en Dios, pero a causa de su debilidad inherente fue desechado finalmente. Por lo tanto, la terminología griega definió que en Dios había una ousia y tres hypostasis.
La terminología occidental.
Las dos palabras principales usadas por los latinos fueron substantia y persona. Etimológicamente substantia es la palabra latina equivalente a hypostasis; significa lo que sustenta algo, por lo que es muy cercano a essentia (esencia). Para los teólogos latinos, pues, substantia significaba lo que ousia e hypostasis originalmente denotaban para los griegos. Persona tenía dos significados: (1) el papel que un actor efectúa en una representación o el rol que alguien asume sin importar su duración y (2) el estatus en la sociedad. De esta segunda acepción, provino la idea que significaba al hombre en sí mismo, en tanto es tal o cual persona. De manera que como el prosopon del Nuevo Testamento, persona siempre indica un hombre en circunstancias particulares o en una cierta relación. La forma latina de expresar la Trinidad era decir que en Dios hay una substantia y tres personas.
Hacia un entendimiento mutuo.
Poniendo, pues, juntas las dos formulaciones entenderemos la razón de los malos entendidos que hubo entre las dos ramas de la Iglesia:
Una ousia en tres hypostasis
Una substantia en tres personas
Los griegos, que veían en substantia el equivalente de hypostasis, estaban escandalizados al ver que los latinos decían que en Dios había una substantia. Igualmente los latinos estaban indignados al oír decir a los griegos que había tres hypostasis. Al final, la diferenciación en la terminología llevó a fijar así los conceptos:
Ousia y substantia significaban la esencia o naturaleza de la Trinidad.
Hypostasis y persona expresaban la subsistencia en una forma particular, la manera de ser de cada una de las distinciones personales.
Errores modernos.
Los antiguos errores son la raíz de los nuevos ya que "No hay nada nuevo bajo el sol" (Lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol.[…]Eclesiastés 1:9). Esto es lo que ocurre con las actuales desviaciones de la doctrina en lo que a la Trinidad se refiere. La repetición frecuente de los mismos errores en este campo, es una buena razón para tener claro este asunto.
(1) Unitarios, que niegan la Trinidad y ven en el Padre al único Dios, afirmando que los trinitarios creen en tres dioses. Niegan la divinidad de Cristo y le reducen al mejor de los hombres, mientras que el Espíritu Santo es identificado con Dios mismo, siendo la santa influencia que la mente de Dios ejerce en la mente del hombre. Tienen una fuerte animosidad contra los credos que ellos definen como "cárceles de la mente, obstrucciones a la verdad, desviaciones hacia sutilezas metafísicas e intelectuales.". Un unitario como Herman Randall llegó a decir: "Mi convicción personal es que si todos los credos y dogmas y parafernalia de las iglesias en la cristiandad actual fueran puestos a un lado, no se perdería nada."
(2)Testigos de Jehová, que no están lejos de los unitarios en lo que respecta a su doctrina de la Trinidad. Su conclusión es que tal doctrina tiene una raíz pagana e idólatra -la antigua Babilonia y Egipto-, pero en sus escritos se advierte poco esfuerzo por tratar de comprender la posición cristiana, caricaturizándola deliberadamente.
(3) Trinitarismo económico, es decir una Trinidad meramente "ad extra", que sólo es Trinidad en cuanto se revela así en la obra de redención.
(4) Teología liberal, es un término acuñado para describir una corriente que niega todo lo inexplicable y busca eliminar o racionalizar lo sobrenatural y milagroso. Sobre la Trinidad, su debate se centra en la negación de la Deidad de Cristo como "el mito del Dios encarnado".
Deberíamos pues recordar las palabras de la carta de Judas a los cristianos advirtiéndoles de los peligros de los falsos maestros y animándolos a contender por la fe: "Amados por la gran solicitud que tenía de escribimos acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos." (Judas 3).