Historia

TRITEÍSTAS, CONTROVERSIAS

Controversia triteísta es el nombre de la disputa del siglo VI que enfatizó tanto las tres personas de la Trinidad que perdió de vista su unidad. Su historia está estrechamente relacionada con la del aristotelismo en la Iglesia y consecuentemente con la del escolasticismo. Los apologistas del siglo segundo en sus ingenuas presentaciones de la fe no fueron conscientes de la inconsistencia interior de la doctrina. Además dependían esencialmente del estoicismo y el platonismo, los cuales eran especulativos y no rígidamente lógicos. Los primeros en reconocer la contradicción entre el monoteísmo y la Trinidad fueron los monarquianos, procediendo la escuela modalista de la lógica estoica y la dinámica de la dialéctica aristotélica. En los siguientes siglos el problema de la reconciliación de trinitarismo y monoteísmo quedó a un lado, porque la Trinidad se consideró un misterio a ser reverenciado en silencio y sólo analizado hasta donde fuera necesario para refutar a los herejes y a causa del disminuido interés en el monoteísmo del siglo cuarto (tal vez por la entrada de ciertos conceptos paganos en la Iglesia). Hombres como Atanasio y Basilio el Grande abiertamente señalaron que la doctrina cristiana de la Trinidad era la correcta entre los extremos del monoteísmo de los judíos (y los sabelianos) y el politeísmo de los paganos. Por tanto está claro que ni siquiera los seguidores sospechosos de los monarquianos dinámicos, los arrianos (también aristotélicos), se adhirieron al monoteísmo estricto. Para ellos Jesús era un hombre exaltado por Dios, un héroe o semidiós. La oscuridad mística que veló la doctrina comenzó a levantarse con el surgimiento de la rígida lógica aristotélica en el siglo sexto. Los monjes de Scitia, principalmente Leoncio de Bizancio, intentaron reconciliar, con la ayuda de la lógica aristotélica, la idea alejandrina de las actas de Calcedonia con el occidente. En ese tiempo la filosofía aristotélica dirigió la controversia triteísta bajo Justiniano I (527-565) y Justino (565-578). La aplicación de la lógica aristotélica puede llevar bien al monarquianismo o al triteísmo, según la presuposición subjetiva tomada. Una característica del tiempo de Justiniano es la preferencia por la segunda alternativa.

Los orígenes del triteísmo yacen totalmente en la oscuridad. Abulfaraj señala como primer triteísta a Juan Askusnages. Las fuentes griegas, por otro lado, señalan a Juan Filopón como hereje triteísta. En todos los aspectos, el triteísmo surgió y se desarrolló dentro del monofisismo. Juan expuso su doctrina de la Trinidad principalmente en su "Árbitro; o sobre la unidad", confesando expresamente su base aristotélica e identificando la hypostasis y el peripatético átomon. Según él, hay muchos hombres cada uno con su propia "esencia" pero "por su forma común todo los hombres son uno", por lo que en este sentido todos ellos tienen la misma "esencia." En forma similar él concibió la relación de las tres personas de la Trinidad, introduciendo una teoría totalmente nueva e identificando hasta cierto punto "esencia" ["naturaleza"] e "hipóstasis", al asumir que cada "hipóstasis" debe tener una "naturaleza" propia y viceversa. De ahí concluyó lo absurdo del duofisismo, ya que si Jesús tuvo dos "naturalezas" debe también tener dos "hipóstasis." Pronto surgieron las facciones entre los triteístas, principalmente por la enseñanza de Juan de que el cuerpo terrenal no fue elevado al estado incorruptible, sino que recibió otro cuerpo en su lugar. Aquellos de los triteístas que se oponían a esta doctrina los dirigía Conon de Tarso. No menos divididos en facciones estaban los antagonistas de los triteístas. Entre ellos estuvieron los petriani, que contendían porque las hipóstasis denotaban las "propiedades sin esencia"; los condobauditas; los agnoitas; los paulianistas, los angelitas y los damianitas (seguidores de Damián de Alejandría), que enseñaban que ni el Padre, ni el Hijo, ni el Espíritu eran Dios en su propia naturaleza, sino sólo en tanto compartían inseparablemente la común Deidad inherente, que, común a las tres "hipóstasis", era Dios en esencia y naturaleza (de ahí llamados tedraditas); y los niobitas que sostenían que tras la unión de las naturalezas en Cristo no hubo diferencia añadida. La controversia triteísta se puede dar por terminada con las invasiones de los persas y árabes en Egipto, tierra que parece haber sido su centro.

La penetración del aristotelismo en el oeste y el surgimiento del escolasticismo llevó a otra controversia triteísta aunque más restringida. El nominalista Roscelino declaró que o bien el Padre, Hijo y Espíritu Santo eran tres res, o bien que el Padre y el Espíritu Santo se habían encarnado con el Hijo, siendo lo primero lo más probable. En 1092 Roscelino fue obligado, por un sínodo celebrado en Soissons, a retractarse y cuando repitió sus ideas, Anselmo de Canterbury lo refutó en su De fide trinitatis et de incarnatione verbi contra blasphemias Rucelini. En tiempos posteriores la filosofía cartesiana llevó a algunos a ideas triteístas, tales como las de William Sherlock y Pierre Faydit de París († 1709). Heinrich Nicolai de Danzig († 1660), el racionalista Anton Oehmbs († 1809) y el católico Anton Günther († 1863) fueron acusados de triteísmo.