Historia

TRULLO, SÍNODOS DE

Sínodos de Trullo es el nombre de los sínodos celebrados en los años 680 y 692 en la sala del palacio imperial en Constantinopla, que tenía un techo oval, de ahí el nombre (griego, latín, troullos, troulla). El primero de ellos, el sexto concilio ecuménico, fue convocado por el emperador Constantino Pogonato y en 18 sesiones acometió las controversias levantadas por los monotelitas. El segundo sínodo fue convocado por Justiniano II para completar y formar un concilio de los dos ecuménicos de 553 y 680. Emitió 102 cánones, algunos de los cuales suscitaron el antagonismo de la Iglesia occidental. Ignoraban casi enteramente los sínodos occidentales, despreciando de esta manera todos los decretos de los papas. El canon decimotercero sancionaba el matrimonio del clero. El canon 36º, aunque situaba al patriarca de Constantinopla después del papa, le hacía igual en poderes y privilegios. El canon 55º repetía la tradición oriental de ayunar los sábados en Cuaresma; el 67º prohibía comer sangre o animales ahogados y el 82º prohibía el uso de ciertas pinturas de Cristo como cordero de Dios, particularmente aquellas en las que Juan el Bautista estaba también representado. Aunque los delegados del papa Sergio I firmaron los cánones del sínodo, cuando Justiniano exigió la firma de Sergio I, él rechazó los cánones del sínodo porque la autoridad de Roma había quedado lesionada. Sin embargo, la Iglesia católica nunca ha hecho un pronunciamiento definitivo. Adriano I en el año 785 habló como si los aprobara, pero Juan VIII (872-882), aunque no rechazó específicamente ningún canon, declinó aprobar cualquiera que fuera contrario a los antiguos cánones, los decretos papales o la buena moral. La Iglesia griega, por otro lado, ha reconocido siempre en los cánones de Trullo las medidas válidas de un concilio ecuménico.

El siguiente texto es el canon 1 del concilio Quinisexto:

'[...] Reconocemos como inspiradas por el Espíritu Santo, las piadosas voces de los ciento sesenta y cinco Santos Padres reunidos en esta ciudad imperial en época de nuestro Emperador Justiniano de sagrada memoria [...]; allí se anatematizó a Teodoro de Mopsuestia (el maestro de Nestorio), y a Orígenes, y a Dídimo y a Evagrio [...] Es más, condenaron todo aquello que Teodoreto había escrito contra la verdadera fe y contra los doce anatemas del santo Cirilo, y la carta que se decía había escrito Ibas.
Estamos de acuerdo en mantener inalterada la profesión de fe declarada en el sexto concilio [ecuménico], que se reunió en esta ciudad imperial en la época de Constantino, nuestro emperador, de sagrada memoria. Esta fe recibió la mayor confirmación, ya que el piadoso emperador ratificó lo que fue escrito para seguridad de las futuras generaciones. Ese concilio determinó que debemos afirmar que en la Encarnación de Jesucristo, nuestro verdadero Dios, hay dos voluntades y dos operaciones naturales, y que debemos condenar con una justa sentencia a aquellos que alteraron la verdadera doctrina enseñando al pueblo que en Nuestro Señor Jesucristo no había más que una voluntad y una operación (energeia); entre ellos Teodoro de Fara, Ciro de Alejandría, Honorio de Roma, Sergio, Pirro, Pedro y Pablo, que fueron obispos de esta ciudad santificada por Dios; y Macario, que fue obispo de Antioquía, y Esteban, que fue su discípulo, y Policronio, privándoles a todos ellos de la comunión con el Cuerpo de Cristo, Nuestro Señor.'