Historia

TUBINGA, ANTIGUA ESCUELA DE

La antigua escuela de Tubinga, importante en la teología protestante de los siglos XVIII y XIX por su concepto de "sobrenaturalismo bíblico", debió su surgimiento a Gottlob Christian Storr (nacido en Stuttgart el 10 de septiembre de 1746 y muerto allí el 17 de enero de 1805).

Gottlob Christian Storr
Gottlob Christian Storr
Gottlob Christian Storr
Fue educado en Tubinga (1763-68), donde se dedicó exclusivamente al estudio del Nuevo Testamento y en 1769-71 hizo un viaje por Alemania, Holanda, Inglaterra y Francia, estudiando y realizando investigaciones en las bibliotecas de Leiden, Oxford y París. Al regresar a Tubinga incorporó sus resultados en su Observationes super Novi Testamenti versionibus Syriacis (1772) y Dissertatio de evangeliis Arabicis (1775), siendo la segunda su alocución inaugural como profesor asociado de filosofía. Fue trasladado a la facultad teológica en 1777, convirtiéndose en el cuarto profesor de teología, superintendente y pastor de la ciudad en 1780 y en profesor titular, segundo superintendente del seminario teológico y tercer predicador matutino en 1786; fue concejal consistorial y principal capellán de la corte en Stuttgart, 1797-1805. Caracterizado por una agudeza inusual, poder de combinación y energía incansable, aunque falto de imaginación y talento especulativo, adquirió una educación exhaustiva y profundo saber. A esto se unía una distinguida personalidad de piadosa rectitud y sinceridad moral, suavizada con una encantadora gentileza y humanidad, ganándose la estima de amigos y adversarios igualmente. No obstante, a sus sermones (3 volúmenes, Stuttgart, 1806-10) le faltaba calidez y profundidad de sentimiento, siendo secos, prosaicos, didácticos y casi totalmente construidos de pasajes bíblicos. La atención que demandaban se puede explicar sólo por la consideración hacia su venerable y sincera personalidad.

Doctrina de Storr.
La ascensión de Storr a la facultad marcó el comienzo de una nueva época en la historia de la teología de Tubinga. La ortodoxia luterana establecida allí a finales del siglo XVI había mantenido un dominio ininterrumpido. La iglesia de Württemberg había permanecido fiel a su tendencia bíblica, su posición pacificadora esencialmente y su deseo de unir la teoría teológica con la religión práctica, tendencia que se debió especialmente a la influencia de Johann Brenz. En las controversias de los siglo XVI y XVII los teólogos de Tubinga se habían alineado con la Fórmula de Concordia, sin renunciar a su posición bíblico-práctica. A principios del siglo XVIII el canciller de la universidad, J. W. Jäger (1702-20), basándose en el método de Johannes Cocceius, procuró introducir un sistema de mayor vitalidad, siendo sus esfuerzos llevados más adelante por C. M. Pfaff y C. E. Weismann, tendiendo Pfaff hacia la escuela de Georg Calixto y Weismann hacia la de Spener y J. A. Bengel. No obstante, ni la escuela de Bengel ni la filosofía de Wolff pudieron introducir una nueva fase de la teología en Tubinga, aunque el primero le impartió su tranquilo estímulo bíblico. Mientras tanto, en la segunda mitad del siglo XVIII, la Ilustración comenzó a atacar a todo el cristianismo positivo. Se hacía necesario ganar una posición que retuviera los elementos inalienables de las antiguas verdades, a la vez que se cambiaban sus formas para ajustarse a las nuevas influencias autoritativas. Tal fue el objetivo que Storr deseó y procuró cumplir. Abandonando la subestructura ortodoxa, estimó que era posible un fundamento seguro para la teología científica y dogmática sobre la sola autoridad de la revelación divina, tal como está contenida en la Biblia, intentando derivar la verdad cristiana de esa fuente por la exégesis gramatical e histórica y por la lógica sistemática. Procuró primero demostrar la autenticidad e integridad de los escritos del Nuevo Testamento mediante evidencias históricas y la credibilidad de los autores por su relación con los sucesos relatados, por sus puntos de vista característicos identificados en los escritos y por la inevitable influencia controladora de partidarios y oponentes. Esas Escrituras autenticadas proporcionan como resultado que recaiga sobre Cristo, en el sentido más elevado, la autoridad de un embajador divino, sustentada por su perfecto pensamiento y conducta ética, pero particularmente por los milagros divinos. De esta autoridad se sigue en orden la verdad de su doctrina, la autoridad de los apóstoles y la verdad de su enseñanza, la inspiración de los escritos apostólicos, y, finalmente, el reconocimiento de la inspiración del Antiguo Testamento, ya que éste está atestiguado por hombres divinamente acreditados. Esta posición de Storr se distinguía de la ortodoxia porque sustituía la inspiración de las Escrituras por la autoridad de Jesús y sus apóstoles, porque hacía de la Escritura la única fuente, incluso el manual, de enseñanza cristiana y porque derivaba no sólo la "fe humana" sino indirectamente también la "fe divina" de la deducción histórica empírica, mientras que dudaba en atribuir la virtud de la evidencia al "testimonio del Espíritu Santo." De la Ilustración difiere claramente por la manera en la que empleó las pruebas históricas y lógicas al servicio del principio de autoridad. Tras el establecimiento de la autoridad de Cristo y la Biblia, no necesitaba prueba interna añadida de la verdad cristiana a partir de la razón o la experiencia. Pretendiendo tratar también razonablemente en la autoridad atestiguada de la Escritura lo que la razón es incapaz por sí misma de establecer sobre la naturaleza del caso, Storr profesa de esta manera un principio meramente formal de autoridad, el sobrenaturalismo de la verdad cristiana, y un uso puramente instrumental de la razón. Este sistema lo desarrolló admirablemente en Annotationes theologicæ ad philosophicam Kantii de religione doctrinam (Tubinga, 1793; traducción alemana, 1794), en el que mantenía que quien rechaza dar crédito a autoridades que tienen la ventaja de recibir experiencias especiales, meramente porque sus enseñanzas no se pueden deducir sin ayuda de la razón, abandona el punto de vista de la verdadera crítica. Al contrario, tales testimonios deberían ser considerados seriamente, tan pronto como su eficacia moral queda firmemente establecida. Con respecto a lo segundo, la fe cristiana histórica indudablemente sobrepasaba a la pálida y vacía creencia de la razón pura. Storr también empleó el postulado de Kant de una armonía necesaria entre virtud y felicidad, para justificar la unión del Nuevo Testamento de religión y moralidad.

Crítica de la doctrina de Storr; obras.
Storr no concedía lugar alguno a la influencia de ninguna filosofía, cualquiera que fuese, sobre el contenido de la fe cristiana. Según él, la dogmática y la ética tienen simplemente que combinar los resultados de la exégesis, lo cual era el resultado en gran medida, como F. C. Baur señaló, de una serie artificial de pasajes de todas las partes del Antiguo y Nuevo Testamento, sin contemplar la evolución genética de la verdad bíblica. Para él no hay escritos del canon sino sólo pasajes sin discriminación de valor, lo que se debe a que el principio de unidad no es una autoridad orgánica sino formal. Sobre la doctrina del pecado y la gracia el resultado de su obra parece ser una simplificación semipelagiana y moderada del dogma, no satisfaciendo ni el interés religioso profundo ni el científico. De esta manera rebaja la fe de la receptividad otorgada divinamente por la gracia regeneradora a una relación moral humana autónoma, considerando al Espíritu Santo un mero factor de ayuda que completa la actividad humana. Sobre la expiación basó la remisión del castigo sólo en la obediencia pasiva de Cristo, aceptando incuestionablemente la equivalencia formal de la pasión de Cristo con los pecados del mundo y deduciendo de la obediencia activa del Salvador sólo los resultados positivos de su exaltación y la beatificación de sus hermanos. En su cristología profesó estar de acuerdo con la ortodoxia sobre la vida de Cristo, pero evitó la communicatio idiomatum, perdiendo de esta manera la verdadera encarnación del Logos y tal vez aproximándose inconscientemente a una idea sociniana de la persona de Cristo. El sistema dogmático de Storr está expuesto especialmente en su última obra importante Doctrinæ Christianæ pars theoreticae sacris litteris repetita (1793; traducción alemana ampliada por K. C. Flatt, Stuttgart, 1803), que disfrutó de gran reconocimiento oficial en Württemberg. En exégesis combatió la hipótesis de la acomodación, presentada por J. S. Semler y A. Teller. Sus principales obras críticas y exegéticas son Neue Apologie der Offenbarung Johannis (Tubina, 1783); Zweck der evangelischen Geschichte und der Briefe Johannis (1786), un estudio agudo y de largo alcance en relación con los evangelios sinópticos, por el cual, según Baur, el estudio crítico del cuarto evangelio recibió gran avance y Erläuterung an die Hebräer (1789), que contiene un tratamiento del propósito de la muerte de Jesús.

La escuela de Storr; J. F. Flatt.
La escuela de Storr, en el sentido más estrecho, estaba compuesta por J. F. Flatt, F. S. Süskind y K. G. Flatt, por todos sus alumnos inmediatos y sucesores y en parte por sus colegas en la facultad teológica. Johann Friedrich Flatt (nacido en Tubinga el 20 de febrero de 1759 y muerto allí el 24 de noviembre de 1891), fue educado en Tubinga y designado profesor de filosofía en 1785, siendo un entusiasta kantiano. Trasladado a la facultad teológica en 1792, enseñó principalmente sobre ética cristiana, y, además, sobre exégesis, apologética, teología práctica, y, durante un breve período, 1798, sobre dogmática. Desde 1796 editó Magazin für Dogmatik und Moral. Se publicó Vorlesungen über Christliche Moral (Tubinga, 1823), así como sus clases sobre las cartas de Pablo (1820 y sig.). Las contribuciones teológicas fueron, De deitate Christi (Gotinga, 1788), un valioso tratado, y Beiträge zur christlichen Dogmatik und Moral (Tubinga, 1792).

F. G. Süskind; K. C. Flatt.
Friedrich Gottlieb Sökind (nacido en Neustadt-on-the-Linde el 17 de febrero de 1767 y muerto en Stuttgart el 12 de noviembre de 1829), fue educado en Tubinga (1783-88), sucediendo a Storr como profesor de dogmática (1798) y en 1805 como principal capellán de la corte y concejal consistorial en Stuttgart, donde fue designado director del consejo para la educación superior en 1814. Como teólogo abordó la solución de los problemas básicos de la apologética dogmática, mediante la aplicación de la filosofía y la exégesis. Se opuso firmemente a la filosofía contemporánea de la religión expuesta por Kant, Fichte y Schelling, entrando finalmente hasta cierto punto en acuerdo con la teología de Schleiermacher. Fue eminentemente el dialéctico de la antigua escuela de Tubinga, pero estuvo enteramente falto del poder especulativo para captar la unidad orgánica del punto de vista de una idea suprema. En su última posición oficial su resolución "categórica y dictatorial" a veces provocó problemas, especialmente como redactor de la impopular liturgia de Württenmberg de 1809, aunque fue un hombre de la mayor integridad y mucho más exigente consigo mismo que con otros. Fue director de Magazin de Flatt (1803-12), donde aparecieron muchos de sus artículos apologéticos y polémicos. Karl Christian Flatt (nacido en Stuttgart el 18 de agosto de 1772 y muerto el 20 de noviembre de 1843), hermano menor de Johann Friedrich, fue educado en Tubinga, viajando luego extensamente por Alemania y residiendo durante algún tiempo en Gotinga. Durante este período se dedicó a la filosofía kantiana, exponiendo el resultado en Philosophisch-exegetische Untersuchungen über die Lehre von der Versöhnung des Menschen mit Gott (2 partes, Gotinga y Stuttgart, 1797-98), en el que mostraba que la doctrina de la expiación resultante del sistema de Kant, por el que el perdón de pecados está determinado por el grado de mejora moral, es no sólo la única razonable, sino la única basada en el Nuevo Testamento. Esta idea le impidió ser profesor de teología en Tubinga en 1804, supuestamente por exigencia de Storr. Sus ideas aparecieron en artículos esporádicos en Magazin de Flatt. Con su llamada a Stuttgart como predicador y concejal consistorial supremo en 1812 y con su nombramiento como director de educación superior en 1829 (que desempeñó con la superintendencia general de Ulm), cesó su actividad literaria.

Revisión crítica de la escuela.
Esos tres teólogos, en los pasos de Storr, se propusieron extraer de la filosofía del periodo concesiones en favor de su propia teoría de la revelación. Para lo concebible de la revelación, que según ellos consiste en la comunicación de verdades elevadas, apelaron a los límites de la razón humana, justificando la fe en la revelación por su valor para el avance de la moralidad. Esta apologética era inadecuada para explicar toda la profundidad del prevaleciente abismo o para hacer justicia al peso y peculiaridad de la convicción cristiana. Su bienintencionada y no escasa aguda defensa se vio impedida en su avance por su concepción sin vitalidad de Dios, y, como consecuencia, por la externalidad de su teoría de la revelación. Otro impedimento fue la absorbente relación de su propio método de demostración con el motivo directriz del modo racionalista de pensamiento que estaba atacando, lo que sólo podía desembocar en un resultado: el racionalismo, en medida creciente, de su propio dogma. La crítica y exégesis bíblica de la escuela de Storr, en manera semejante, fue esencialmente la de su maestro, una batalla contra la hipótesis de la acomodación, contra la derivación de las verdades fundamentales cristianas a partir de las ideas contemporáneas y contra los ataques sobre la autenticidad de los evangelios.

Ernst Gottlieb Bengel
Ernst Gottlieb Bengel
E. G. Bengel.
Menos íntimamente relacionado con esta escuela estuvo Ernst Gottlieb Bengel (nacido en Zavelstein, a 37 kilómetros al sudoeste de Stuttgart, el 3 de noviembre de 1769 y muerto en Tubinga el 28 de marzo de 1826), nieto del famoso Johann Albrecht Bengel. Fue profesor de teología en Tubinga en 1806 y prelado en 1820, representando principalmente a la teología histórica. Incluso más que el resto de la escuela, Bengel se aproximó al socinianismo, un resultado fruto de la relación interior del punto de vista dogmático, especialmente porque también la apologética sobrenaturalista puso el énfasis en la credibilidad de los autores bíblicos y en el carácter puramente sobrenatural de la revelación impartida a través de ellos. Procuró profundizar y complementar con la filosofía kantiana el racionalismo práctico del socinianismo, cuyo fundamento ético había adoptado más plenamente que los demás miembros de la escuela. Por tanto, el sistema dogmático de Bengel ha de caracterizarse como sobrenaturalismo racional, reconociendo en la revelación una corroboración sobrenatural y una representación de la verdad racional así como una cierta amplificación. Todo esto está mejor expuesto en las disertaciones sobre el desarrollo de la creencia en la inmortalidad y la relación de la revelación con ella (comp. Opuscula academica, Hamburgo, 1834; también Reden über Religion und Offenbarung, Tubinga, 1831). Igualmente fue característico su pelagianismo, por el que sostenía que la divergencia entre protestantismo y catolicismo sobre la justificación es mera cuestión de palabras, mientras que el concepto de fe lo trasladaba al de la mejora moral y cambio de disposición (Archiv für die Theologie, I, ii. 469, el diario que sucedió a Magazin de Flatt en 1816, publicado por Bengel, 1816-26, y renombrado Neues Archiv, 1822). Obstinado en su posición, Bengel mantuvo a raya toda influencia filosófica regeneradora, teniendo en cuenta a Schleiermacher sólo para reprocharle su "misticismo y panteísmo" y suprimir la desviación de su colega G. F. Bockshammer (1784-1822). Pudo mantener esta preeminencia dominante al satisfacer a la facción racionalista, disfrazando, bajo el obvio ataque contra el racionalismo, un compromiso virtual material con ella, y, por otro lado, al conciliar la idea bíblica positiva mediante el encumbramiento del sobrenaturalismo. Su imponente personalidad en el aula de clase y su poderío al frente de la universidad le añaden peso, por lo que su súbita muerte se consideró una pérdida irreparable. Otros teólogos de Tubinga y Württemberg, principalmente J. C. F. Steudel († 1837), C. F. Schmid († 1852) y C. B. Klaiber († 1836), aunque claramente representaban la influencia de la antigua escuela de Tubinga, sin embargo manifiestan tal diversidad respecto a las ideas originales, especialmente al estar afectadas por la teología de Schleiermacher, que apenas pueden ser catalogados con esa escuela. Tras su desaparición, la escuela revivió de nuevo y continuó, en un cierto sentido, por el teólogo bíblico independiente J. T. Beck y sus seguidores.