Historia
TUMULTOS, CONSEJO DE LOS

Las primeras víctimas del Consejo de los Tumultos fueron dignatarios que, en 1566 solicitaron a Margarita de Parma, predecesora del duque de Alba, una relajación de la persecución religiosa contra los protestantes. Tras el ilegal arresto de dos dignatarios, los condes de Egmont y Horn, ejecutados después, miles de nobles y calvinistas huyeron, regresando en 1568 como los "pordioseros" (geuzen), constituyendo las "tropas de choque" de soldados rasos de los Países Bajos contra España (1568-1609). Las pertenencias y propiedades de los condenados por el Consejo eran confiscados e iban a parar al tesoro del gobierno central. El Consejo celebraba sesión generalmente por la mañana y por la tarde, a la que con frecuencia asistía el duque por espacio de siete horas diarias. Desde el punto de vista jurídico, estos procedimientos eran una mera farsa. Los acusados eran condenados en montón con vituperable ligereza y de un extremo a otro de los Países Bajos se levantaron hogueras y patíbulos, funcionando el hacha del verdugo sin cesar, hasta que todo el país quedó empapado de sangre.
El duque de Alba usó el Consejo para intimidar a la ciudadanía, especialmente a los gobiernos urbanos y provinciales, para que aceptaran su plan de un impuesto del diez por ciento de las ventas que daría independencia financiera al gobierno central y quebraría el particularismo de los Países Bajos. Aunque fue anunciado en marzo de 1569, la medida no entró en efecto hasta 1571, causando un descontento general; todos los oficiales locales y provinciales que obstaculizaron el impuesto fueron arrestados, torturados y encarcelados. Una amnistía general, que excluía a los rebeldes más celosos, se promulgó en 1570, pero la propuesta del diez por ciento había unido a católicos y calvinistas contra España, dando oxígeno a la rebelión. El Consejo de los Tumultos desapareció con la partida del duque de Alba, quien dejó los Países Bajos en 1573. Al año siguiente fue abolido.