Historia

TUMULTOS, CONSEJO DE LOS

Consejo de los Tumultos, popularmente conocido como Tribunal de la Sangre, es el nombre del tribunal especial establecido en los Países Bajos (1567-74) por el duque de Alba, que comenzó un reino de terror contra cualquier sospechoso de herejía y rebelión.

Entrada del duque de Alba en Bruselas. Grabado de la época
Entrada del duque de Alba en Bruselas. Grabado de la época
La expedición del duqe en los Países Bajos a la cabeza de un gran ejército en el verano de 1567 había sido ocasionada por un estallido violento e iconoclasta de la creciente minoría calvinista. El tribunal, que estaba compuesto de dignatarios holandeses leales y oficales españoles (que lo controloban), condenó a miles a la muerte o la cárcel sin el debido procedimiento legal. El propósito del tribunal, además de imponer el catolicismo, era acabar con el particularismo de los Países Bajos procedente de sus tradicionales privilegios, derechos y costumbres, que eran un impedimento para el absolutismo de Felipe II de España. Este tribunal tenía una autoridad superior a la de todos los demás tribunales de las provincias, aun a la del Consejo de Estado, a pesar de ser una institución absolutamente irregular, creada por una arbitraria disposición del duque y carecer de estado legal. Sus miembros no tenían título ni nombramiento alguno del rey, ni aun siquiera un despacho firmado por el capitán general. El duque era su presidente y se reservaba en todos los casos el fallo definitivo.

Las primeras víctimas del Consejo de los Tumultos fueron dignatarios que, en 1566 solicitaron a Margarita de Parma, predecesora del duque de Alba, una relajación de la persecución religiosa contra los protestantes. Tras el ilegal arresto de dos dignatarios, los condes de Egmont y Horn, ejecutados después, miles de nobles y calvinistas huyeron, regresando en 1568 como los "pordioseros" (geuzen), constituyendo las "tropas de choque" de soldados rasos de los Países Bajos contra España (1568-1609). Las pertenencias y propiedades de los condenados por el Consejo eran confiscados e iban a parar al tesoro del gobierno central. El Consejo celebraba sesión generalmente por la mañana y por la tarde, a la que con frecuencia asistía el duque por espacio de siete horas diarias. Desde el punto de vista jurídico, estos procedimientos eran una mera farsa. Los acusados eran condenados en montón con vituperable ligereza y de un extremo a otro de los Países Bajos se levantaron hogueras y patíbulos, funcionando el hacha del verdugo sin cesar, hasta que todo el país quedó empapado de sangre.

El duque de Alba usó el Consejo para intimidar a la ciudadanía, especialmente a los gobiernos urbanos y provinciales, para que aceptaran su plan de un impuesto del diez por ciento de las ventas que daría independencia financiera al gobierno central y quebraría el particularismo de los Países Bajos. Aunque fue anunciado en marzo de 1569, la medida no entró en efecto hasta 1571, causando un descontento general; todos los oficiales locales y provinciales que obstaculizaron el impuesto fueron arrestados, torturados y encarcelados. Una amnistía general, que excluía a los rebeldes más celosos, se promulgó en 1570, pero la propuesta del diez por ciento había unido a católicos y calvinistas contra España, dando oxígeno a la rebelión. El Consejo de los Tumultos desapareció con la partida del duque de Alba, quien dejó los Países Bajos en 1573. Al año siguiente fue abolido.