Historia

TÚNICA SAGRADA

Túnica sagrada es la antigua tela preservada en Tréveris y reverenciada por ser la "túnica sin costura" de Entonces los soldados, cuando crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos e hicieron cuatro partes, una parte para cada soldado. Y tomaron también la túnica; y la túnica era sin costura, tejida en una sola pieza.[…]Juan 19:23. Esta túnica fue estimada por los Padres de la Iglesia después de Tertuliano como símbolo de la Iglesia indivisible, pero creían que había desaparecido. La huella más antigua de la creencia de que la túnica había sido, al menos parcialmente, preservada ocurre en una biografía árabe del monje egipcio Shenute de Atripe († 451); pero el auténtico desarrollo de la tradición es medieval. La leyenda asume dos formas principales, según sea la túnica gris o marrón; la primera es la más antigua. Según ella, Cristo llevó en su crucifixión una "túnica sin costura" gris, que su madre le había tejido en su infancia y que creció con su estatura. Tras la crucifixión Herodes se la dio a un judío, quien incapaz de borrar las manchas de sangre, la arrojó al mar donde se la tragó una ballena. Mientras tanto Orendel o Arundel, hijo del rey cristiano Eygel de Tréveris, había naufragado cerca de Tierra Santa, viéndose obligado a entrar al servicio de un pescador. Los dos capturaron la ballena y por 30 monedas de oro, la suma por la que Judas había traicionado a Cristo, y que la Virgen había enviado a Orendel, el príncipe compró la túnica, que le hizo invulnerable e invencible. Orendel llegó a ser rey de Jerusalén. En obediencia a una revelación angélica, regresó a Tréveris y rescató a su padre de sus enemigos, pero pronto se vio obligado a ir a Tierra Santa para luchar por el Santo Sepulcro. Al mandato de un ángel, dejó la túnica en Tréveris. Otra versión de este tipo de la leyenda hace al emperador Constantino tomar el lugar de Orendel, mientras que el judío es representado por Pilato hasta que Verónica revela al emperador el medio de obtener la túnica.

En la segunda recensión de la leyenda, que gradualmente se convirtió en la oficial en Tréveris, el elemento caballeresco es reemplazado por figuras clericales. A este ciclo, que probablemente es de origen posterior que el descrito antes y desarrollado después de los siglos XI y XII, pertenece la tradición de que la túnica fue llevada a Tréveris por una dama cristiana, quien la había recibido de un judío en pago por un año de salario. En otra recensión la emperatriz Elena envía o da la túnica a Tréveris y un obispo, Agricio, la recibe o trasmite. A principios del siglo XII el abad Teofried de Echternach, cuando escribe al arzobispo Bruno de Tréveris, aunque menciona una túnica, la describe habiendo sido llevada desde Safed, en Tierra Santa, a Jerusalén, donde había permanecido. Después de 1132, sin embargo, la túnica de Tréveris fue frecuentemente mencionada como una reliquia genuina.

Además de Tréveris y Safed se dice que otros lugares tienen la túnica, como Galatea, cerca de Constantinopla, Santiago de Compostela, San Juan de Letrán en Roma y un monasterio franciscano en Friuli. Hay no menos de veinte túnicas rivales a la de Tréveris, siendo la más importante la de Argenteuil, cerca de París, que puede jactarse en su favor de un breve de Gregorio XVI (22 de agosto de 1843). La túnica de Tréveris fue objeto por primera vez de veneración pública y peregrinación en 1502. Luego fue exhibida frecuentemente, especialmente en 1511 (cuando León X emitió una bula defendiendo su autenticidad), 1531, 1545, etc., provocando la ira de Lutero. Fue mostrada de nuevo en el siglo XVII, particularmente en 1653, pero las invasiones francesas del siglo XVIII obligaron a llevarla durante un tiempo considerable a Ehrenbreitstein y en 1792 a Augsburgo, donde permaneció hasta 1810, cuando fue devuelta a Tréveris y venerada por más de 200.000 peregrinos. En 1824 fue exhibida por el obispo Arnoldi y venerada por más de 1 millón de personas, informándose de muchas curaciones milagrosas. La oposición a esto desembocó en el movimiento católico alemán de Ronge y Czerski. A pesar de los ataques sobre la autenticidad de la reliquia, incluyendo más o menos el escepticismo de algunos católicos, el obispo Korum, con la sanción de León XIII, la mostró en 1891, siendo venerada por casi 2 millones de peregrinos.