Historia

UNIVERSALES

Universales es el término que en epistemología (estudio de la naturaleza, origen y límites del conocimiento humano) y lógica indica una cualidad o propiedad que cada miembro individual de una clase de cosas debe poseer, si la misma palabra general se aplica a todos los miembros de esa clase. Por ejemplo, la cualidad de lo rojizo (un universal) la poseen todos los objetos rojos (que son particulares). Pero ¿existe lo "rojizo" aparte de las cosas rojas particulares? En un sentido sí, porque, como un particular, "rojizo" tiene un nombre que es un sustantivo. Pero en otros sentidos los universales son bastante diferentes a los particulares. Por ejemplo, lo rojizo, a distinción de los objetos rojos, no puede cogerse, y lo primario, al revés que los números primos, no puede multiplicarse. Entonces ¿existen los universales? Esta pregunta se ha debatido desde el tiempo de Platón.

El debate sobre los universales arranca de la antigua teoría griega de las formas o las ideas, a las que Platón atribuyó existencia real, distinta de sus manifestaciones en los objetos individuales; él pensó que la belleza ideal debe existir antes de su manifestación misma, que es imperfecta, en ciertas cosas reconocidas como bellas. Aristóteles fue menos concluyente, argumentando que las formas o universales existen sólo "en" los particulares, en los que son discernidos. Aunque tanto Platón como Aristóteles eran realistas al sostener que los universales son reales, había una diferencia entre ellos, resumida posteriormente en las frases universalia ante rem (la creencia de Platón en los "universales antes de las cosas") y universalia in re (la creencia de Aristóteles en los "universales en las cosas").

Los teólogos escolásticos de la Edad Media fueron influenciados por un lado por la identificación agustiniana de las formas platónicas con los arquetipos en la mente de Dios y por otro lado por una referencia de Boecio en su comentario al Isagoge de Porfirio a las cuestiones de "si género y especie son sustancias o simplemente están en la mente; si son sustancias corpóreas o incorpóreas y si están separadas de las cosas percibidas por los sentidos o puestas en ellas." La posición platónico-agustiniana, o realista extrema, está recogida en las obras del pseudo-Dionisio, Escoto Erígena, Anselmo, William de Champeaux y Gilbert de la Porrée. La posición aristotélica, o realismo moderado, se aprecia en los escritos de Alberto Magno y Tomás de Aquino.

La oposición minoritaria medieval al realismo concedió existencia a los universales sólo como conceptos mentales. Los argumentos conceptualistas los defendieron Roscelino, Abelardo y Guillermo de Occam; pero Roscelino y Occam fueron tan rígidos que sus antagonistas igualaron su conceptualismo con el nominalismo (esto es, que los universales son meramente palabras o nombres arbitrariamente aplicados a cosas similares por conveniencia). Sin embargo, los modernos estudiosos dudan que hubiera nominalistas medievales, pues el nominalismo extremo no puede explicar la percepción que el hombre hace de las similitudes.

No obstante, en el siglo XVII el filósofo materialista Thomas Hobbes defendió un nominalismo moderado basado en la estrecha relación entre pensamiento y lenguaje. Filósofos posteriores, divididos entre los que sostenían la validez de la ontología (teoría del ser) y los preocupados sólo con la lógica y el análisis lingüístico, desplazaron el perenne debate sobre los universales a los campos de la epistemología apenas explorados por los escolásticos. Por tanto, formas modificadas de las cuatro ideas: Platónica, aristotélica, conceptualista y nominalista, todavía son defendidas.