Vagantes (clerici vagantes o vagi) es el término aplicado en el antiguo derecho canónico a los clérigos que llevaban una vida ambulante, ya fuera porque no tenían beneficio o porque habían dejado la iglesia a la que estaban asignados.
Un trago felizYa en los siglos V y VI se tomaron medidas contra ellos, como cuando el concilio de Calcedonia prohibió la ordenación sin asignación a una iglesia específica o cuando el concilio de Valence (¿524?) amenazó a los vagantes con la excomunión, un castigo extendido por el sínodo de Arlés (524) a quienes les dieran protección. No obstante, los vagantes todavía florecieron y frecuentemente ayudaron a los obispos y otro clero en el desempeño de sus deberes o convirtiéndose en capellanes en los castillos de los caballeros, haciendo de su profesión un comercio e interfiriendo en las condiciones y ministraciones del clero regular. En 789 Carlomagno renovó los mandatos de Calcedonia, prohibiendo también la recepción de cualquier clérigo que no tuviera cartas de su obispo. Pero incluso esas medidas fracasaron y en el siglo IX varios sínodos (como Maguncia, 847, y Pavía, 845-50) procuraron frenar a los vagantes y sus esfuerzos para tomar posesión de los beneficios ya concedidos a otros, mientras que tales prelados como Agobardo de Lyón, en su De privilegio et jure sacerdotii, también se opusieron a ellos. En el siglo XII Gerhoh de Reichersberg se quejó de ellos en Liber de simonia, pero las cosas empeoraron en el siglo siguiente, cuando los sínodos de Maguncia (1261), Aschaffenburg (1292), Tréveris (1310) y St. Pölten (1284) se declararon contra los vagantes, mientras que en Baviera fueron expresamente excluidos de las paces de los reyes de 1244, 1281 y 1300.
Juglares y trovadores ante el emperador alemán. Manuscrito iluminado Manessa Codex, c. 1300.
Un tipo peculiar de vagantes surgió en Francia en el siglo XII, difundiéndose posteriormente por Inglaterra y Alemania. Fueron los juglares itinerantes, la mayoría estudiantes disolutos o clero errante, llamados primero clerici vagantes o ribaldi ("pillos") y posteriormente, tras principios del siglo XIII, probablemente conocidos como goliardi o goliardenses, términos que aparentemente significaban "hijos de Goliat", es decir, "hijos de los gigantes." Fueron maestros de las artes poéticas, pero muchos concilios de los siglos XIII y XIV procuraron restringir los excesos de los goliardos. Esas medidas parecen haber suprimido prácticamente a los goliardos en Francia a finales del siglo XIII, pero en Alemania sobrevivieron hasta finales del XV bajo varios nombres. Hugo de Trimberg dedicó un capítulo especial de su Renner a los ribaldi y otros vagantes, mientras que en Inglaterra, Chaucer aludió a ellos en términos poco favorecedores.