Historia
VALTELINA, REFORMA Y CONTRARREFORMA EN
La Valtelina, o valle alto del Adda en Italia septentrional, fue una posición codiciada ya desde antiguo. En 774 Carlomagno la otorgó al monasterio de Saint Denis en París, pero al poco tiempo era objeto de contienda entre los obispos de Como y Chur, cuyas diócesis eran limítrofes. El de Como ya tenía propiedades en Valtelina y en 1006 recibió de Enrique II la mitad del territorio; por tanto, en 1190, reclamó la soberanía temporal, sometiendo quince años más tarde a Bormio. Sin embargo, en 1336 Bormio recuperó la posesión de Chur, pero en 1350 fue tomada por Visconti y permaneció como parte de Milán hasta 1512. En 1404, el fugitivo Mastino Visconti entregó la Valtelina a la diócesis de Chur. En las luchas por el ducado de Milán los aliados expulsaron a los franceses de la Valtelina en 1512, quedándose como conquistadores hasta 1797, salvo por un corto tiempo tras la "masacre de la Valtelina". Eclesiásticamente la Valtelina permaneció dependiente del obispo de Como, que estaba originalmente bajo la jurisdicción del arzobispo de Aquileya y posteriormente bajo la del arzobispo de Milán. El obispo de Chur (puesto bajo el arzobispo de Maguncia en 843), por tanto, tenía poco poder en la Valtelina, aunque durante un tiempo tras 1530 se le concedió una pensión anual por su pérdida de jurisdicción.
La Reforma.
La Valtelina recibió la "nueva doctrina" de la jurisdicción del sur, por lo que permaneció libre de las influencias teutónicas de la Reforma procedentes de Zurich. En los Grisones, de los que la Valtelina entonces formaba parte, la reforma social y religiosa fue realizada bajo la influencia de los Artículos Ilanz de 1524 y 1526, otorgando la dieta de 1526 en Davos libertad religiosa para todos, menos para los anabaptistas. Los protestantes italianos, expulsados del país por el comienzo de la Contrarreforma, se beneficiaron de su tolerancia, estableciéndose en grandes números en el valle del Adda y en otras partes, aprovechando muchos la ocasión de su asilo para emprender la batalla contra la Iglesia católica. Tras 1523, en manera semejante, un número de valdenses y otros protestantes huyeron de Milán a la Valtelina, pero fueron expulsados por los aliados a solicitud de los habitantes. La Reforma y la Contrarreforma se sucedieron rápidamente en la Valtelina. En la segunda década del siglo XVI había oficiales con tendencias protestantes allí, aunque el gran movimiento protestante no tuvo lugar hasta después de la publicación de la bula Licet ab initio en 1542. La corriente de fugitivos a los valles réticos incluyó a muchos espíritus inquietos que perturbaron las condiciones políticas y religiosas. En 1529 un predicador italiano fue llevado de la Valtelina a Ilanz para examinar sus enseñanzas y en 1544 dos monjes calabreses, Francesco y Hieronimo, fueron expulsados de la Engadina por sus doctrinas anabaptistas. Chiavenna fue el hogar del napolitano Camillo Renato, un anti-paidobaptista antitrinitario y de Laelio Socino, hasta que un orden eclesiástico hizo imposible quedarse a los adherentes de doctrinas heterodoxas. Un tal Tiziano fue expulsado por antitrinitarismo y anti-paidobaptismo, a pesar de su retractación, y el ex-monje Franciscus Niger de Bassano no quedó libre de sospecha, aunque estaba en estrecha armonía con la posición de los reformadores de Zurich. Niger era también un anti-paidobaptista antitrinitario. Por otro lado, hubo entre los fugitivos italianos muchos de incuestionable posición a los ojos de los dirigentes de la Reforma rética. Al principio a los refugiados italianos en la Valtelina se les permitió sólo residir allí, no predicar. Sin embargo, en 1538 se les otorgó también ese privilegio y en 1544 se mostró un favor adicional a los maestros y predicadores protestantes, aunque era necesario todavía guardarse contra las doctrinas erróneas. Los grisones, que eran principalmente protestantes, apoyaron la Reforma en la Valtelina por razones políticas. El resultado fue el antagonismo religioso, uniéndose los católicos de la Valtelina, los que habían permanecido fieles a la antigua fe y los que habían sido devueltos a ella por los jesuitas, con los otros católicos de Suiza, y éstos a su vez con Austria y Milán. El enfrentamiento político y religioso entre la Valtelina y lo Grisones se intensificó continuamente. La Valtelina, que había dado la bienvenida a los grisones en 1512, fue ahora oprimida por ellos y los derechos religiosos de los católicos fueron severamente recortados. En 1551 se rumoreaba que Austria y España planeaban invadir la región, pero Mauricio de Sajonia vino en ayuda de los protestantes, quienes, cuatro meses después del tratado de Passau, recibieron un nuevo edicto de tolerancia, a pesar de las protestas del papa y España. Al año siguiente, para frenar la recrudescencia de doctrinas perturbadoras, el sínodo adoptó la Confessio Rhætica, que fue aceptada por los italianos en 1553. El papa, ayudado por Austria y España, procuró convencer a los Grisones para que se consintiera la introducción de la Inquisición en la Valtelina, pero, al fracasar su intento, envió a los capuchinos, mientras que los oficiales de la Inquisición estaban siempre atentos en la frontera milanesa. En 1557 se renovó el edicto de igual tolerancia para protestantes y católicos en la Valtelina, una vez que los jesuitas se hubieron firmemente establecido en el distrito a finales de la quinta década.

Sin embargo, el factor más poderoso para aplastar al protestantismo en este distrito fue el gran arzobispo de Milán, Carlo Borromeo, mientras que los peligros externos que enfrentaban los seguidores de la nueva doctrina se complicaron por las disputas doctrinales internas. En 1564 Felipe II demandó infructuosamente a los Grisones que entregaran a los herejes protestantes y en 1579 Borromeo estableció en Milán el Collegium Helveticum, principalmente para proporcionar sacerdotes para la Valtelina, por lo cual los Grisones renovaron su exclusión de sacerdotes extranjeros. Otra poderosa fuerza en la reorganización de la Iglesia católica fue la reanudación de las visitaciones eclesiásticas, interrumpidas desde 1532. Giovanni Francesco Bonhomini hizo dos visitaciones en 1578 y Borromeo mismo una. Nueve años después Feliciano Ninguarda, obispo de Como, hizo una visitación más extensa, dado que, como nativo de la Valtelina, los Grisones no podían prohibirle el ejercicio de la actividad en el valle del Adda. Además, en 1639, el capítulo de Milán otorgó al obispo de Como poderes plenipotenciarios para las visitaciones eclesiásticas y para la ejecución de las bulas papales. Estrechamente asociada con la Reforma y Contrarreforma estuvieron los destinos de la escuela fundada por los Grisones para la educación de protestantes y católicos (en principio, la primera escuela de este carácter) en Sondrio, aunque la oposición milanesa forzó su transferencia a Chur en 1585. En 1584 se planeó desde Milán una incursión armada para la destrucción de los protestantes en la Valtelina y su escuela, pero fue delatada y fracasó. Sin embargo, en 1621, los españoles invadieron la región, matando a 600 protestantes (la llamada "masacre de la Valtelina"), suprimiéndose de un golpe la escuela y el dominio de los grisones suizos. Durante 19 años éstos lucharon en vano para recuperar sus súbditos, pero en 1639 la Valtelina pasó al control del capítulo de Milán, que prohibió todo ejercicio de la fe protestante. Todo esfuerzo, incluso con la ayuda de Inglaterra y Prusia, para procurar la mitigación fue en vano. Un alivio temporal procedió del edicto de tolerancia de José II, pero en 1796 Napoleón entró en Milán y al año siguiente hizo a la Valtelina parte de la república Cisalpina, cuyo destino desde ese tiempo ha sido el de la Italia septentrional.