Historia

VÁNDALOS

Vándalos es el nombre de un pueblo de origen teutón distinguido en la historia secular por sus grandes migraciones desde el nordeste al sur de Europa y luego al extremo sudoccidental del mundo romano y en la historia de la Iglesia por su extrema tenacidad en el arrianismo. En el tiempo de Plinio el Viejo y Tácito los vándalos estaban asentados entre el Elba y el Vístula, pero hacia el período de la gran Guerra Marcomaníaca (166-181) habían alcanzado el territorio representado por la actual Silesia. Un siglo más tarde Aureliano vio necesario proteger el Danubio medio contra ellos, pero hacia el año 330 ante la fuerte presión de sus vecinos septentrionales recibieron protección de Constantino el Grande en Panonia, aunque siendo obligados a reconocer la soberanía romana. Hacia el año 407 los vándalos, junto con los alanos caucasianos y una tribu suaba dejaron Panonia y tras arrasar la Galia buscaron nuevas tierras en España, donde se asentaron primero en el norte, en Galicia (409-423) y luego en el sur, en la Bética, la moderna Andalucía (423-429). Su cristianismo arriano lo recibieron del emperador Valente.

En el año 429 Genserico, rey vándalo desde el 427, desembarcó con unos 80.000 seguidores, de los cuales 50.000 eran guerreros, en la costa septentrional de África. El reino vándalo se data apropiadamente desde el 19 de octubre de 439, cuando despreciando los términos de la paz hecha en Hippo Regius el 11 de febrero de 435, Genserico atacó y saqueó Cartago, a la que hizo su capital. Desde 440 hasta 475 recorrió la costa mediterránea casi anualmente y en junio de 455 atacó Roma misma. Gobernó África septentrional desde Mauritania hasta Cirene y también Córcega, Cerdeña, las islas Baleares y parte de Sicilia.

Mapa de las invasiones bárbaras
Mapa de las invasiones bárbaras

El reino vándalo africano, aislado en el extremo sur del mundo antiguo, sufrió más que cualquier otro dominio teutón arriano en el Mediterráneo por una doble antítesis interna: nacional y religiosa. En su nuevo hogar Genserico encontró dos estados gobernantes: la nobleza eclesiástica, u obispos, y los nobles seculares, o possessores. Ambos fueron sistemáticamente aplastados como principales soportes del poder católico, aunque cuando, en señal de lealtad, el rey vándalo demandó el rebautismo arriano y disciplinó a los católicos leales, la persecución fue más política que religiosa. Por otro lado, cuando entró en mejores relaciones con las dos divisiones del Imperio romano, fue indulgente hacia sus súbditos ortodoxos y en una ocasión el obispo africano Víctor de Cartenna pudo presentarle una refutación desapasionada del arrianismo sin malas consecuencias. El 25 de enero de 477 el anciano rey vándalo murió en paz con todos sus enemigos. Salvo por sus persecuciones religiosas, Genserico fue un gobernante con un alto grado del sentido de Estado y su integridad y pureza personales fueron irreprochables. La mancha de inmoralidad alegada contra él por Sidonio Apolinar (Panegyricus, v. 327 y sig.) está refutada por la actividad de su vida, pues hasta 474 él dirigió casi todas sus expediciones en persona. Estuvo igualmente dispuesto a reconocer la nobleza en otros; entre sus actos de tolerancia hacia sus súbditos ortodoxos se puede mencionar su permiso, a solicitud de Valentiniano III, para que los católicos de Cartago eligieran a Deogracias como obispo, tras haber sido asolada su comunidad durante años (24 de octubre de 454).

Mapa de los reinos bárbaros
Genserico fue sucedido por su indigno hijo, Hunerico (477-484), quien al principio toleró a los católicos e incluso les permitió escoger a Eugenio como obispo de Cartago en 481, sólo para perseguirlos con crueldad creciente tras el año 482. Guntamundo (484-496) toleró a los católicos y su sucesor Trasamundo (496-523) se contentó con condenar a los obispos más importantes. Hilderico (523-529) el hijo de Hunerico y la princesa romana occidental Eudocia, les otorgaron absoluta libertad religiosa. Los sínodos católicos en suelo africano fueron los de Junca (523), Sufes (524) y Cartago mismo (525). La política de Hilderico al aliarse con los bizantinos, gobernados entonces por Justiniano, que le separó de sus aliados naturales los ostrogodos, provocó su caída. Su anciano primo, Gelimer (o Geilamir), un ferviente arriano, le destronó y ejecutó en 533-534. Gelimer sucumbió ante Belisario en Decimum y Tricameron convirtiéndose el norte de África con las islas, bajo el nombre de Exarcado de Cartago, en una provincia bizantina hasta que cayó presa del islam en el año 709. El último rey vándalo, de carácter romántico, recibió ricas posesiones en Galicia, donde se le impidió aceptar el rango patricio, el más alto honor que Bizancio podía otorgar, al no estar dispuesto a abandonar la fe arriana.

De las vecinas tribus moras Genserico recibió su denominado testamento o ley de sucesión, por el que el hijo no seguiría regularmente al padre, siendo el heredero al trono en cada caso el descendiente mayor en línea directa de Genserico mismo. El propósito, al igual que en la norma correspondiente de los turcos, fue prevenir la degeneración del tronco gobernante, pero en ambos pueblos demostró ser infructífera.