Historia
VESTIDURAS E INSIGNIAS ECLESIÁSTICAS
- Introducción
- En la Iglesia católica. Vestiduras ordinarias
- En la Iglesia griega
- En las iglesias protestantes

Las vestiduras y adornos clericales de uso católico son casi totalmente de origen antiguo y secular. Durante mucho tiempo se consideró que su fundamento histórico estaba en la adoración del Antiguo Testamento, pero investigaciones más exhaustivas mostraron un origen diferente; no obstante, este hecho no abrogó enteramente el simbolismo asociado a la indumentaria eclesiástica. La Iglesia antes del tiempo de Constantino no conocía distinción entre la indumentaria secular y la religiosa, aunque puede entenderse que la segunda era dignificada y rica, lo que se demuestra por las representaciones en las catacumbas. Pero el crecimiento de la autoridad del clero, dentro y fuera de la Iglesia, el aumento de la estima por la liturgia y su progresivo desarrollo, y la continua especialización de la indumentaria oficial, se combinaron en favor del uso de materiales más ricos y variados que denotaran la diferencia de rango entre el clero, como la que se notaba entre los oficiales seculares; todavía no se trataba de una cuestión sobre una clase distintiva. La indumentaria eclesiástica se hizo peculiar en un sentido estricto cuando, bajo la influencia de la emigración de las tribus germánicas, las costumbres así como las formas del mundo antiguo desaparecieron y la indumentaria medieval, más conveniente, la sustituyó, mientras que la Iglesia, y durante un periodo más o menos largo, las clases superiores y los altos oficiales también, se aferraron a las formas romanas o griegas. Bajo la influencia del descubrimiento por los liturgistas de una supuesta relación de la costumbre litúrgica con la adoración del Antiguo Testamento y después por el efecto de la costumbre y las modas de comienzos de la Edad Media, se inició un desarrollo que no acabó con el uso tradicional, sino que lo transformó más o menos. Sin embargo, la historia de las vestiduras eclesiásticas en la Edad Media no muestra gruesas divisiones. El periodo del Renacimiento y del rococó, por otro lado, afirmó fuertemente su peculiar gusto. En la Iglesia griega el movimiento fue mucho menos marcado. Las iglesias evangélicas rompieron con el tipo de vestidura que expresaba el carácter sacerdotal y jerárquico del clero, encontrando un sustituto modesto. En este terreno los monumentos son una guía más segura para la investigación que las fuentes literarias. Pero una cronología positiva no puede, en muchos casos, fijarse para la evolución histórica, lo que se explica porque esta evolución no siguió en todas partes las mismas líneas.
Vestiduras ordinarias.
Un punto de partida se encuentra en las vestiduras del sacerdote en la celebración de la misa. El proceso de vestirse la ropa tiene lugar según unas normas eclesiásticas en un orden establecido:
El amito (amictus, humerale, más raramente superhumerale) es una tela de lino rectangular (de 80 centímetros de largo por 60 de ancho) que se coloca alrededor del cuello, donde se ata con un cordón. Originalmente servía para cubrir la cabeza del sacerdote; actualmente sólo unas pocas órdenes lo llevan sobre la cabeza al ir y volver del altar. La existencia del amito se puede probar sólo desde mediados del siglo VIII y es probablemente referible a algunas ceremonias sacerdotales antiguas. Su referencia al efod del Antiguo Testamento es puramente arbitraria, al igual que la interpretación simbólica (fe) de escritores litúrgicos; el intento de explicarlo como un pañuelo al cuello para proteger la indumentaria sobrepuesta de la transpiración es insatisfactorio. En tanto el amito iba puesto sobre la cabeza o incluso sobre las otras vestiduras, podía mostrar el bordado u otra ornamentación, pero gradualmente quedó escondido bajo las otras vestiduras, por lo que actualmente sólo lleva una cruz; cuando el sacerdote se lo pone lo besa.

del vestido por Albert Racinet
El cíngulo (cingulum, cinctorium, balteus) es necesario para sujetar e alba. Se prefiere el lino, pero no se excluyen la lana y la seda. En la Edad Media el cíngulo levaba a veces una espléndida ornamentación en el alto clero, estando ricamente adornado con oro, plata y piedras preciosas.

Museo Lázaro Galdiano, Madrid.

Museo Lázaro Galdiano, Madrid.

del vestido por Albert Racinet

Museo de la catedral de Toledo
La dalmática se introdujo desde Dalmacia y recuerda a la túnica, aunque era más elaborada; fue muy favorecida por las clases elevadas. Cuando dejó de ser de uso general, a comienzos de la Edad Media, la Iglesia la retuvo como vestidura para los diáconos y obispos especialmente, a quienes quedó confiando su uso finalmente. Las mangas y la prenda misma se acortaron y los lados se recortaron más y más. Por otro lado, las tiras se cosieron (clavi), permaneciendo el color (blanco). Especialmente la dalmática episcopal fue objeto en ocasiones de costosa artesanía.
La túnica (tunicella), asignada al subdiácono, difiere poco de la dalmática.

por el Greco. Iglesia de Santo Tomé, Toledo
El bonete (birretum) que se usaba para proteger la cabeza, que era especialmente sensible por la tonsura, era al principio pequeño y suave, haciéndose más grande a partir del siglo XV, cuando se le dio la actual forma rígida, de cuatro puntas.
Vestiduras e insignias especiales.
El atuendo pontifical de los obispos incluye las vestiduras ya mencionadas. Las órdenes superiores tienen las siguientes vestiduras e insignias:
Los zapatos y medias episcopales. Al principio de la Edad Media los zapatos (sandalia, calceamenta) era parte del atuendo litúrgico general; desde el siglo X o XI los zapatos (caligae) combinados con las medias, de lino y después de seda, son prerrogativa de los obispos. El color usual es el violeta.
Los guantes (chirotecæ, manicæ) no se ha demostrado que estuvieran en uso antes del siglo XII; hasta el XIV fueron de seda blanca o roja, tras lo cual aparece el color litúrgico El más antiguo y característico ornamento es el circulus aureus sobre la parte superior de la palma, un disco de metal bordado en oro, con una figura (cordero, cruz, etc.) y piedras preciosas. Desde el siglo XVI entró en uso el guante tejido y la forma fue como la de los guantes de vestir.

El anillo (annulus episcopalis) se puede demostrar que estuvo entre las insignias episcopales desde un periodo antiguo. En la misa, el obispo lo lleva sobre el guante pontifical en el dedo anular de la mano derecha. Otros clérigos dignatarios que tienen el privilegio de llevar anillo, deben quitárselo en esta ocasión. Según la norma, este anillo debe consistir de un simple aro de oro con una sola piedra, aunque se encuentran numerosos especímenes ricamente elaborados.
El racional (rationale; comp. Pondrás en el pectoral del juicio el Urim y el Tumim, y estarán sobre el corazón de Aarón cuando entre a la presencia del SEÑOR; y Aarón llevará continuamente el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante del SEÑOR.[…]Éxodo 28:30) es una tela ligera sobre los hombros de varias formas, elaborada de varias tiras de material, ornamentada con láminas huecas sobre los hombros o el pecho o sobre hombros y pecho, concedido por el papa a obispos individuales como distinción especial. Se lleva encima de la casulla y solamente en la misa pontifical. No se puede determinar si está modelado según una indumentaria antigua; sin embargo, es seguro que el pectoral y el efod del sumo sacerdote en el Antiguo Testamento fueron factores en su evolución.
La cruz pectoral (crux pectoralis), que surgió de la costumbre de portar una cruz sobre el pecho, que según una opinión común adquirió un peculiar poder profiláctico como una reliquia, quedó restringida a los obispos en la Edad Media, que empleaban esta cruz, incluso aparte de las ceremonias eclesiásticas, como insignia de su dignidad. El material es oro.

Museo Episcopal de Vic, Barcelona
El pallium consiste de una banda de lana de ocho centímetros de anchura entretejida con seis cruces negras de seda; rodea los hombros, cayendo una banda sobre el pecho y la otra sobre la espalda; anillas de oro la sujetan a la vestidura inferior. Es llevado regularmente sólo por el papa, primados, patriarcas y arzobispos sobre la casulla, aunque ciertos obispos especialmente privilegiados también lo llevan. Son tejidos por las monjas en S. Agnese cerca de Roma, suponiéndose que reciben una consagración especial al ser depositados en la tumba de San Pedro.
El mantelete es una indumentaria episcopal que llevan los obispos cuando salen de su propia jurisdicción, para cubrir el roquete, que es un símobolo de autoridad episcopal. Los dignatarios citados también disfrutan del privilegio de llevar una cruz delante de ellos (crux archiepiscopalis), estando el lado del crucifijo vuelto hacia ellos.
La mozetta es la indumentaria usual de un obispo cuando no realiza funciones sagradas. Es una capa corta, abierta en el frente pero susceptible de ser abotonada sobre el pecho, teniendo una pequeña capucha detrás. Puede ser llevada por el papa, cardenales, obispos, abades y otros a quienes sea permitido por costumbre o privilegio papal, así como por los canónigos en Inglaterra. Se lleva sobre el roquete, pero cuando el prelados está fuera de su jurisdicción, la lleva sobre el mantelete o no la lleva. Los cardenales llevan esta vestidura y el roquete sólo en las iglesias de las que toman su título, excepto en Roma durante una vacante papal o en un cónclave. El papa tiene cinco de esas vestiduras. Desde las primeras vísperas de la Ascensión durante la época calurosa lleva una de rojo satén salvo en vigilias u ocasiones penitenciales, cuando el material es de sarga roja o de barragán rojo. El resto del año el material es rojo aterciopelado, salvo en ocasiones penitenciales, cuando el material es de lana roja; pero desde el Sábado Santo hasta el sábado después de Pascua la mozeta es de damasco blanco. Los cardenales tienen cuatro mozetas, de seda púrpura o roja, seda violeta, seda rosada y seda sarga. Los cardenales se distinguen por indumentarias púrpura y con tocado y bordes planos anchos de los que penden, por ambos lados, tiras con borlas. La costumbre propia del papa es la episcopal, aunque está en parte más ricamente elaborada y difiere en algunos aspectos. Por ejemplo, en lugar del báculo, lleva una cruz con dos o tres brazos.

Finalmente se puede hacer alusión brevemente al peine litúrgico, que el sacerdote usa para arreglarse el cabello antes de la celebración de la misa. También se le otorga al obispo en su consagración como propiedad personal, encontrándose en tumbas de obispos. La mayoría son de marfil, a veces ricamente tallados. La antigüedad cristiana nada sabe de este objeto.
La historia de las vestiduras litúrgicas y clericales en la Iglesia griega no registran grandes cambios. Los resultados a los que se llegaron a finales de la antigüedad cristiana fueron poco enriquecidos, lo cual se corresponde con el carácter conservador de la Iglesia griega. No obstante, es evidente que en el curso de la Edad Media se hicieron notar ligeras influencias nativas. La relación o correspondencia entre las dos Iglesias se puede explicar por el origen común de las vestiduras clericales.

El sticharion, una indumentaria suelta, larga y blanca de seda bordada en oro, que se corresponde al alba o a la dalmática de los católicos. El zone, un cinturón para ceñir el sticharion, ornamentado más ricamente que en el oeste; el epimanikia, guantes, que sirven para sujetar el sticharion a las muñecas; el peritrachelion (epitrachelion), una banda de seda, ornamentada con cruces doradas, que rodea el cuello, con sus flecos colgando hasta los pies; es la estola de los latinos y como ella de origen antiguo; para la epitrachelion del diácono, se empleó la palabra latina helenizada orarium.
El phelonion, la vestidura de la misa, tiene el mismo origen que la casulla, aunque ha retenido su forma más antigua. Con una sencilla abertura para la cabeza, se dobla sobre el cuerpo. Está hecha comúnmente de seda, ricamente bordada con cruces y está sujeta al cambio litúrgico de color. El hypogonation, una casaca de forma cuadrada con una cruz o imagen sagrada de ornamento, se lleva en el lado izquierdo, siendo sólo una distinción honoraria y no perteneciente a la costumbre eclesiástica.
Las vestiduras de los obispos eran las mismas, pero peculiar a ellos era el omophorion, el pallium griego, bastante similar al latino y el angular hypogonation, llevado sobre el lado derecho. El origen del segundo, que los obispos reciben en la consagración, es dudoso. El pecho del obispo va decorado con una valiosa cruz y con un medallón que lleva una imagen sagrada (panagia). Su cargo se indica por el báculo (rhabdos) cuyo encorvamiento es hacia arriba. Además, una de las insignias del obispo es la mitra, un tocado bajo que recuerda a una corona. Va cubierta con bordados artísticos, piedras preciosas y ornamentos de oro; por encima se yergue una cruz. Los metropolitanos y patriarcas visten en lugar del phelonion el sakkos, una indumentaria ricamente bordada con amplias mangas. Las vestiduras no litúrgicas de sacerdotes y obispos consisten de un manto largo y negro de muchos pliegues y un tocado cilíndrico, que es más bajo en el caso del clero menor. Desde los obispos a los patriarcas inclusive visten además un largo manto (mandyas) abierto en el frente y sujetado por broches; el borde está adornado con tiras cruzadas y las puntas con piezas de tela coloreada cosida. El patriarca tiene también el derecho a llevar dos cruces; su tocado recuerda a la clase monástica de la que procede. Sobre el mismo lleva un tocado alto, en cuya superficie superior hay una cruz azul brillante.
La Iglesia armenia muestra gran variedad y magnificencia en sus vestiduras ecelsiásticas. La Iglesia copta tiene formas más sencillas (A. J. Butler, The Ancient Coptic Churches of Egypt, 2 volúmenes, Oxford, 1884). Para la Iglesia nestoriana en Siria comp. R. Percy Badger, The Nestorians and their Rituals (Londres, 1852).
