Historia

VIÁTICO

Viático es el nombre de la comunión administrada a los que están en peligro de muerte, significando el término literalmente "provisión para un viaje", que es la traducción del griego ephodion.

Viático, por Leonardo Alenza, Museo del Prado, Madrid, España
Viático, por Leonardo Alenza.
Museo del Prado, Madrid, España
En tiempos antiguos se usó para la provisión espiritual para los dos grandes viajes en la vida y la muerte: El bautismo y la última comunión, siendo empleada la palabra en el primer sentido por Basilio el Grande (Hom., xiii) y Gregorio de Nacianzo (Oratio, xl. 11). Sin embargo, mucho antes la palabra quedó restringida a la última comunión. Por ejemplo, el canon decimotercero del primer concilio de Nicea (325) declara que "sobre la partida, la antigua ley canónica todavía está en mantenimiento, entendiendo, que si alguien está para morir no debe ser privado del último y más indispensable viático. Pero si alguno es restaurado a la salud de nuevo habiendo recibido la comunión cuando su vida estaba en peligro, que permanezca entre aquellos que comunican en oraciones solo. Pero en general en el caso de cualquier persona moribunda que solicite recibir la eucaristía, el obispo, tras hacer examen, se lo dará." El viático es mencionado repetidamente en sínodos posteriores (por ejemplo, los cánones del sínodo de Cartago del año 398,76-77; Orange [441], canon tres; Vaison [442], canon dos; Agde [506], canon 15; Gerunda [517], canon nueve y Toledo [675], canon 11). El modo más antiguo de administración era evidentemente en ambas especies o si la condición del enfermo lo requería, sólo el pan o el vino podían ser dados. En otras palabras, el método de administración era similar a los modos en los que comulgaban aquellos que estaban sanos.

El requerimiento ordinario de ayuno para la comunión se dispensaba en la recepción del viático, que es dado antes del sacramento de la extremaunción, aunque en la Edad Media el orden contrario era el observado. Al igual que la extremaunción, puede ser dado más de una vez y si hay recuperación del receptor ha de asistir a misa cuanto antes. El ministro es el párroco o alguien delegado por él, aunque en caso de súbito accidente lo administra el sacerdote más cercano. En tiempos antiguos no era éste el caso, pues durante las persecuciones fue administrado incluso por laicos (Eusebio, Hist. eccl., iv.44). León IV (847-855) expresamente prohíbe a los sacerdotes enviarlo por laicos o mujeres (Mansi, Concilia, xiv. 891), mientras que el sínodo de Ansa (994) no permite sino a los sacerdotes darlo.

Los elementos administrados en el viático son usualmente reservados tras la misa. Son llevados por el sacerdote, portando una estola púrpura, al lugar donde el enfermo o herido está y si es posible lo confiesa, con la absolución ordinaria. Hay también varios versículos de responsos, con un número de breves oraciones; pero la forma especial del rito es la sentencia: "Recibe, hermano, el viático del cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo; que te preserve del maligno y te lleve a vida eterna. Amén."

En la Iglesia anglicana el viático, aunque no se menciona bajo ese nombre, está prácticamente implicado en los oficios de la visitación de los enfermos y comunión de los enfermos y sobre ello realmente se centró, en gran parte, la larga lucha dentro de esta Iglesia sobre la reserva del sacramento. Al contrario que en el uso romano, sin embargo, el orden regular para la celebración de la eucaristía es seguido en general con alteraciones sólo en tanto son apropiadas a las condiciones especiales que naturalmente prevalecen en la comunión del enfermo. Hay también en los oficios anglicanos, desde el primer Libro de Oración a los usos modernos inglés y americano, una norma especial estipulando que si, por cualquier razón válida, el enfermo fuera incapaz de recibirlo físicamente, lo recibe; si poseyendo verdadera penitencia y fe, recibe los elementos "de forma provechosa para la salud de su alma, aunque no reciba el sacramento con su boca."