Historia

VÍRGENES SUBREPTICIAS

Vírgenes subrepticias (syneisaktoi) es el nombre dado a ascetas femeninas que vivieron junto con hombres, aunque ambos habían tomado el voto de celibato con sincero interés. Es un apodo que surgió relativamente tarde, cuando la práctica fue condenada y ha tenido no poca influencia en confundir las opiniones sobre esta forma de ascetismo. La práctica fue ampliamente prevaleciente en toda la antigüedad cristiana. En Antioquía, Pablo de Samosata tenía varias jóvenes en su entorno (Eusebio, Hist. eccl., VII, xxx. 12 y sig.). En tiempo de Cipriano vírgenes dedicadas moraban con confesores, clérigos y laicos. El riguroso Tertuliano aconsejó que los cristianos harían bien en tener en sus casas una o más viudas "como consortes espirituales, hermosas por la fe, investidas por la pobreza y selladas por la edad" y señaló que "tener varias de tales esposas es agradable a Dios" (Exhortación a la castidad, xii; Monogamia, xvi). Entre los herejes los jefes de los valentinianos vivían con "hermanas" (Ireneo, Hær., I, vi. 3); el montanista Alejandro estuvo comprometido en matrimonio espiritual con una profetisa (Eusebio, Hist., eccl., V, xviii. 6 y sig.) y el marcionita Apeles tuvo dos esposas espirituales, una de ellas la profetisa Filomena (Tertuliano, Præscriptione, xxx). Este matrimonio espiritual, surgiendo de motivos ascéticos, tuvo su lugar en el monasticismo en el que retuvo su forma original, incluso hasta la Edad Media. En el desierto, donde el monje y sus compañeros moraban en reclusión, las mujeres frecuentemente se convertían en sus servidoras. No obstante, no debe olvidarse que el motivo que impulsó a ambos al desierto era un ideal ascético común. En la antigua Iglesia irlandesa, la organización del mismo fue edificada sobre el ascetismo, donde a hombres y mujeres de distinción les era permitido participar en funciones eclesiásticas. En el claustro, monjes y monjas vivieron juntos hasta el año 543 (Haddan y Stubbs, Councils, ii. 2, p. 292). Cuando los misioneros irlandeses llegaron a Armórica los obispos galos hallaron especialmente censurable que fueran acompañados por mujeres, que como los hombres ejercían funciones sacramentales. Una nueva forma de matrimonio espiritual se desarrolló a medida que personas acaudaladas en las grandes ciudades entraban en la Iglesia. Viudas y doncellas ricas despreciaban el matrimonio, pero para obtener un dueño sobre sus casas y pertenencias se unían en matrimonio espiritual con sacerdotes o monjes. Esta variante no siempre desembocó en resultados óptimos; la mujer retenía tanto la posesión de su propiedad como la reputación de castidad. No importa cuán seriamente el ascetismo y el lazo del alma fuera tomado, el clérigo no podía escapar del compromiso y su posición variaba desde administrador o capellán hasta amante espiritual. Este fue el papel ejercido por los abades franceses en los siglos XVII y XVIII.

En el tiempo de Crisóstomo el abuso era predominante en Constantinopla e igualmente en la Galia según Jerónimo (Epist., cxvii). Mejor conocido es el matrimonio espiritual del clero. Siendo menospreciado el matrimonio y exigiéndose al clero que llevara una vida espiritual, el celibato se convirtió en la norma siendo el resultado el matrimonio espiritual. La pureza del motivo original gradualmente declinó. La esposa espiritual se convirtió en una mera ama de casa, sospechosa de ser una amante, llegando a ser llamada mulier extranea, recibiendo el mismo reconocimiento que una criada, por lo que los sínodos españoles hacia el año 600 ordenaron que fueran vendidas como esclavas y las ganancias dadas a los pobres (por ejemplo, sínodo de Toledo, 589, capítulo cinco). Gregorio IX, prohibió el concubinato clerical. Igualmente en el oriente las syneisaktos fueron estimadas como poco más que amas de casa del clero en el siglo XII. Las exigencias prácticas habían reemplazado al ideal común antiguo. El motivo original de cohabitación fue el resultado natural de dos tendencias opuestas en la cristiandad antigua: el amor fraternal que promovía la vida en común y la lucha ascética en la relación sexual y la renuncia al matrimonio por ser sensual. La inconsistencia del ideal social de vida comunitaria con otro que incrementaba la distancia entre hombre y mujer resultó en esta combinación antinatural de ascetismo y amor fraternal, como una forma de cohabitación que en su momento de entusiasmo espiritual fracasó en prever su caída. Naturalmente al principio los cristianos de posiciones elevadas, tales como profetas, obispos y confesores vivieron en matrimonio espiritual. Las "esposas espirituales" eran aquellas que, como "esposas de Cristo", disfrutaban especialmente de consideración honorable, como las viudas, vírgenes y profetisas. La opinión de la Iglesia tocante a la institución al principio fue favorable, pero cambió y comenzando con los sínodos de Elvira, Ancira y el concilio de Nicea en el siglo cuarto, los edictos contra la cohabitación con subrepticias no cesaron. En caso de desobediencia el clero era corregido o destituido y los monjes y laicos recibieron duras reprimendas. El cambio de actitud por parte de la Iglesia se originó por su rápido crecimiento en los primeros tres siglos y la absorción de elementos que minaban la austeridad contra los pecados carnales. Los matrimonios espirituales tolerables en pequeñas comunidades no pudieron ser confiados a sociedades mayores de elementos mixtos y el crecimiento en la dureza de las prohibiciones demostró su obstinada resistencia a ser liquidado. Sobre la antigüedad en el tiempo de los matrimonios espirituales la primera mención se halla en el Pastor de Hermas (Visiones, I, i. 1; Similitudes, ix. 11, 3, 7; x. 3,). El pasaje de 36 Pero si alguno cree que no está obrando correctamente con respecto a su hija virgen, si ella es de edad madura, y si es necesario que así se haga, que haga lo que quiera, no peca; que se case. 37 Pero el que está firme en su corazón, y sin presión[…]1 Corintios 7:36-38 ha sido interpretado en conexión con el matrimonio espiritual (E. Grabe). En De vita contemplativa, una obra genuina de Filón se hace referencia a los therapeutæ de Egipto, que repudiaron el matrimonio y la relación sexual y habitaron juntos en comunidad ascética como los posteriores ascetas cristianos, salvo que el elemento del amor fraternal estaba ausente. Ha de concluirse que el matrimonio espiritual pertenece, en la etapa antigua del cristianismo, a un esfuerzo ascético para reemplazar el matrimonio con el amor fraternal y no fue un producto del celibato clerical y monástico.

El siguiente texto describe la crítica de Jerónimo hacia los 'matrimonios espirituales":

'Vergüenza me da hablar de ello: la cosa es lamentable, pero verdadera. ¿Por dónde se ha metido en las iglesias la pestilencia de las agapetas? ¿De dónde viene ese nombre de esposas sin que medie casamiento? O mejor, ¿de dónde viene esa nueva clase de concubinas? Añadiré más: ¿De dónde esas rameras de un solo hombre? Conviven en la misma casa, en la misma alcoba, a veces se acuestan también en una sola cama, y si pensamos algo, nos llaman suspicaces. El hermano abandona a su hermana virgen, la virgen desprecia a su hermano célibe, y fingiendo abrazar la misma profesión, buscan el consuelo espiritual de los extraños para poder tener en casa comercio carnal.'
(Ep. 22,14. Trad. de J. B. Valero, volumen I, p. 219).