Historia
VOTOS

El voto positivo, como en los casos mostrados, puede suponer asuntos y circunstancias muy variados. La forma más común es una ofrenda definida prometida por un beneficio definido. En el caso de Jefté fue un sacrifico humano por una victoria sobre el enemigo; usualmente era algún otro propósito o servicio. La forma más severa de voto era el anatema. A veces, particularmente en los Salmos, el voto de sacrificio es descriptivo del agradecimiento del piadoso por la respuesta a su oración.
Al tener los votos un contenido religioso es natural que estuvieran sujetos a regulaciones religiosas, como en el Pentateuco (Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:[…]Levítico 22:17 y sig.; Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo:[…]Números 15:1 y sig.; comp. 'Y cuando el príncipe ofrezca una ofrenda voluntaria, un holocausto u ofrendas de paz como ofrenda voluntaria al SEÑOR, le abrirán la puerta que da al oriente, y ofrecerá su holocausto y sus ofrendas de paz como lo hace en el día de reposo. Luego sal[…]Ezequiel 46:12; especialmente 1 El SEÑOR habló a Moisés, diciendo: 2 Habla a los hijos de Israel y diles: "Cuando un hombre haga un voto difícil de cumplir, él será evaluado según tu valuación de personas pertenecientes al SEÑOR. 3 "Si tu valuación es de varón de veinte hasta ses[…]Levítico 27 y 1 Entonces Moisés habló a los jefes de las tribus de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que el SEÑOR ha ordenado. 2 Si un hombre hace un voto al SEÑOR, o hace un juramento para imponerse una obligación, no faltará a su palabra; hará conforme a[…]Números 30). Había provisión para poder redimir el objeto prometido, en el caso de que su uso estuviera prohibido por la legislación, de acuerdo a una tarifa estipulada. Tales casos surgen del voto de una casa o campo que en el año del jubileo volvería a su dueño original o su heredero y de bestias o personas inmundas. 1 Entonces Moisés habló a los jefes de las tribus de los hijos de Israel, diciendo: Esto es lo que el SEÑOR ha ordenado. 2 Si un hombre hace un voto al SEÑOR, o hace un juramento para imponerse una obligación, no faltará a su palabra; hará conforme a[…]Números 30 prescribe la anulación o la sanción por silencio del padre o marido del voto de una hija o mujer.
La promesa de un voto no se considera en la ley religiosa un deber religioso (comp. Sin embargo, si te abstienes de hacer un voto, no sería pecado en ti.[…]Deuteronomio 23:22 y sig.). Pero se repite la advertencia de que una vez hecho ha de ser cumplido. Para los votos no cumplidos se establece una pena en "O si alguien, sin pensar, jura con sus labios hacer mal o hacer bien, en cualquier asunto que el hombre hable sin pensar con juramento, sin darse cuenta, y luego llega a saber lo, será culpable de cualquiera de estas cosas.[…]Levítico 5:4 y sig., pero compárese lo que dice Cuando haces un voto a Dios, no tardes en cumplirlo, porque El no se deleita en los necios. El voto que haces, cúmplelo.[…]Eclesiastés 5:4 y sig. El Nuevo Testamento no tiene una alta norma ética sobre la materia (aunque compárese Pero vosotros decís: "Cualquiera que diga a su padre o a su madre: 'Es ofrenda a Dios todo lo mío con que pudieras ser ayudado',[…]Mateo 15:5), ya que no considera los casos en los que la realización de un voto entra en conflicto con deberes más elevados.
Ideas básicas.
Conectada con la idea de un Dios personal que tiene relación con sus criaturas está la noción de los servicios y ofrendas que se le pueden ofrecer y por tanto también con los actos religiosos por los que ellas le prometen ciertos servicios. Esta es la noción más general de un voto religioso (comp. la corta definición de Tomás de Aquino, "una promesa hecha a Dios"). En un sentido más reducido la palabra transmite la idea de la promesa de algo que el prometedor no debe estrictamente a Dios o que no está obligado a dar o realizar. El impulso para hacer tal promesa puede proceder del deseo de mostrar gratitud y devoción a Dios al ofrecerle algo de especial valor; o puede concebirse como un medio de avanzar en la comunión con Dios y en el alcance de la perfección; o sin esos motivos religiosos definidos, se puede ofrecer cediendo alguna clase de derecho a recibir un favor deseado a cambio.
Indicaciones del Nuevo Testamento.
Aunque el Antiguo Testamento considera los votos, bajo ciertas condiciones, parte natural de la vida religiosa, no dice nada que sea decisivo para la ética cristiana; tampoco el Nuevo Testamento contiene ninguna enseñanza positiva sobre el asunto. De los labios de Cristo sólo hay una dura palabra para quienes dedican al servicio del templo lo que deberían poner a disposición de sus padres (Porque Dios dijo: "HONRA A tu PADRE Y A tu MADRE," y: "QUIEN HABLE MAL DE su PADRE O DE su MADRE, QUE MUERA."[…]Mateo 15:4; Porque Moisés dijo: "HONRA A TU PADRE Y A TU MADRE"; y: "EL QUE HABLE MAL DE su PADRE O DE su MADRE, QUE MUERA;"[…]Marcos 7:10). Las epístolas guardan silencio en cuanto a los votos. En 23 Por tanto, haz esto que te decimos: Tenemos cuatro hombres que han hecho un voto; 24 tómalos y purifícate junto con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza; y todos sabrán que no hay nada cierto en lo que se les ha dicho acerca de t[…]Hechos 21:23-26 señala que Pablo en una ocasión tomó parte en el cumplimiento de un voto hecho por ciertos hermanos de linaje hebreo; pero las circunstancias no permiten que tal voto se convierta en una recomendación para otros cristianos, ya que lo que Pablo hizo procedió del cuidado amoroso por los hermanos, no de una convicción intrínseca sobre el valor del voto. La referencia a un voto en Y Pablo, después de quedarse muchos días más, se despidió de los hermanos y se embarcó hacia Siria, y con él iban Priscila y Aquila. Y en Cencrea se hizo cortar el cabello, porque tenía hecho un voto.[…]Hechos 18:18 es oscura. En cualquier caso no era un voto nazareo como se prescribía en el Antiguo Testamento, ya que el mismo sólo podía realizarse en Jerusalén, sino meramente un voto privado. Es posible, si la persona en cuestión fuera Pablo y no, como el orden de las palabras sugeriría, Aquila, que sintió la necesidad, entre los severos conflictos que le asediaban en Corinto, de entregarse más a Dios mediante una expresión externa análoga a la de los nazareos; pero nada más se puede deducir de este pasaje que este significado puramente simbólico. 1 Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una propiedad, 2 y se quedó con parte del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo la otra parte, la puso a los pies de los apóstoles. 3 Mas Pedro dijo: Ananías, ¿por qué ha lle[…]Hechos 5:1-4 no se puede citar a este respecto, ya que nada se dice de que Ananías hubiera hecho un voto.
Las ideas sobre la cuestión se deben formar de los principios universales de la ética cristiana en el Nuevo Testamento y atestiguados por la conciencia cristiana. La idea de una ofrenda que el alma piadosa se siente obligada a consagrar a Dios pertenece a la misma esencia del cristianismo. Pero esta ofrenda es nada menos que la persona, vida y voluntad entera (11 Así también vosotros, consideraos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. 13 ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre lo[…]Romanos 6:11,13; 7:4; Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.[…]Gálatas 2:20; De manera que nosotros de ahora en adelante ya no conocemos a nadie según la carne; aunque hemos conocido a Cristo según la carne, sin embargo, ahora ya no le conocemos así.[…]2 Corintios 5:16). Esta auto-dedicación a Dios tiene lugar en el bautismo, junto con la recepción de la gracia divina y la entrada a una nueva vida. La promesa hecha entonces (y en la confirmación) se puede justamente considerar un voto en el usual sentido del término, pero nada se promete que no sea ya obligatorio. Está justificado al ser la expresión formal del impulso interno evocado por el llamamiento de la redención (Nosotros amamos, porque El nos amó primero.[…]1 Juan 4:19; Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.[…]Romanos 8:14 y sig.).
Ética del voto.
El desarrollo individual concreto de la vida moral conduce a la noción de varios propósitos especiales de promesa solemne y a la de votos especiales. Se pueden distinguir dos clases de deberes y promesas: (1) los deberes éticos generales impuestos por la comunidad y aceptados por el individuo y (2) actos o modos especiales de conducta ética que el individuo se impone, ya sea para progresar en la vida espiritual o para expresar un sentido particular de obligación hacia Dios. La primera clase de deberes está impuesta por la Iglesia y el Estado, así como por asociaciones voluntarias, exigiéndose promesa solemne de sus miembros. Pero los tales (como el voto matrimonial) difícilmente entran dentro de la definición, al ser hechos a la comunidad más que a Dios. En cuando a la segunda clase un examen sobre los principios éticos aprobados mostrará que un cristiano puede, de su propio libre impulso, prometer a Dios ciertos actos especiales o maneras de vida que no son de obligación universal, sean divinos o humanos. En los tales se deben preservar los límites lógicos de libertad y obligación en su debida proporción, siendo verdad que tales promesas están implícitas en el voto general o bautismal de amar y servir a Dios con todo el corazón. Debe recordarse también que toda acción está condicionada por una variedad de circunstancias objetivas y subjetivas que pueden alterarse de tiempo en tiempo. Lo que ahora parece un deber positivo puede algún día ser sustituido por otro más exigente, debiéndose seguir el llamamiento más elevado. Puede haber casos en los que un cristiano evangélico puede hacer un voto de permanecer soltero; pero si lo hace incondicionalmente debe estar absolutamente seguro de que nunca se verá en una posición en la que sería mejor para él estar casado. Un voto incondicional de esa clase se puede considerar una tentación a Dios, sin promesa de bendición a su vez; lo mismo se puede decir de la promesa exigida por las sociedades de abstinencia total. Si la expresión formal de la determinación se convierte en una carga para la conciencia, expone al alma a un peligro adicional; en tal caso los votos especiales y formales se exigirán sólo raramente y bajo circunstancias extraordinarias en la vida cristiana evangélica. En la mayoría de los casos su lugar será sustituido mejor por un sincero deseo de poner ante Dios los impulsos de la devoción, con una oración para ser guardado en el propósito. Por supuesto, cualquier imposición civil para la observancia de los votos debe excluirse; en casos donde la relación con una asociación u otra persona se confirme por medio de un voto dirigido a Dios, se respetarán los principios que gobiernan todos los contratos, mientras que la obligación tomada ante los ojos de Dios se dejará a la conciencia del individuo.

La idea católica sobre esta materia es totalmente diferente. Distingue entre los deberes a los que el cristiano ordinario está obligado y otra clase de deberes más elevados, impuestos no por mandato divino sino por un "consejo evangélico", cuya no observancia en sí no es pecado, pero cuya realización proporciona una recompensa especial y mayor perfección. Esos consejos cubren especialmente la pobreza voluntaria, la obediencia y el celibato, estando relacionados con la doctrina de la supererogación. Los teólogos católicos dividen los votos en personales y reales, concerniendo los segundos a la propiedad y dándole a los primeros el lugar más importante. Un voto puede ser de por vida o por tiempo definido. Puede ser solemne (públicamente pronunciado ante la Iglesia y aceptado por ella, como en el caso de los votos monásticos y del voto tácito del celibato hecho en la ordenación al subdiaconado) o simple. Los antiguos teólogos católicos intentaron demostrar la existencia de un precedente para los votos en la práctica de los apóstoles y de la iglesia madre en Jerusalén, especialmente en su comunidad de bienes. Es posible remontar los votos cristianos, en el sentido de promesas voluntarias, hasta donde se puede remontar la doctrina de las obras supererogatorias, lo que ya se detecta en el Pastor de Hermas. La determinación, equivalente a un voto, para un celibato perpetuo ocurre primero entre las mujeres (como en las Constituciones Apostólicas, iii. 2 y 4; Ignacio, Ad Polycarpum, v). La historia del desarrollo posterior es la del monasticismo en general. A la doctrina de las obras supererogatorias, en la que descansa este sistema de votos, se adhirió el cristianismo organizado, emprendiendo la regulación e imposición de los votos y su observancia, trayendo finalmente incluso los votos simples o privados a su jurisdicción. En la práctica católica actual se pueden conseguir dispensas de los votos otorgadas solo por el papa en cinco casos, en otros por el obispo. La Iglesia católica no permite votos que perjudiquen los derechos de un tercero o los hechos por menores de edad sin el consentimiento de sus padres. Procura imponer la observancia del voto por la fuerza, especialmente en el caso de los votos monásticos, empleando la ayuda del poder secular cuando es posible.
Idea evangélica.
La idea medieval de los votos, representada principalmente por Tomás de Aquino, fue combatida incluso antes de la Reforma por Johann Pupper Goch en De libertate Christiana (probablemente 1473) y Dialogus, manteniendo que Dios no ha dado más que una ley y propuesto sólo una clase de perfección para todos los cristianos. Lutero tomó esta posición sobre el carácter incluyente del voto bautismal, respecto al cual los otros votos eran despectivos. Carlstadt fue el primero en defender la liberación de los monjes de sus votos; pero Lutero acabó por ir a la raíz del asunto y declarar los votos monásticos no solamente inválidos sino pecaminosos e idolátricos (comp. De votis monasticis, 1522). Estaba dispuesto a tolerar los votos especiales, en el sentido expuesto en la primera parte de este artículo, aunque los tenía en poca estima. La Confesión y Apología de Augsburgo y los Artículos de Esmalcalda se declararon en contra de los votos monásticos. Aunque Calvino puso al voto bautismal por encima de todos y afirmó la libertad cristiana contra la noción católica de los votos, insistió, no obstante, en la utilidad de los votos especiales voluntarios, por los que un cristiano puede en ocasiones reforzar la debilidad de su voluntad o expresar en una manera señalada su gratitud a Dios. Algunos teólogos luteranos, como Chemnitz y J. Gerhard, se han apoyado en esta idea mucho más que Lutero mismo; pero a través de toda su diversidad en detalle, los maestros religiosos y éticos del lado protestante se han adherido más o menos a la línea general de argumentación brevemente bosquejada al comienzo de este artículo.