Historia
WAHABITAS
Ibn Saoud se interesó por el movimiento, convirtiéndose en el patrocinador del fundador de la secta y al poner sus armas en defensa de la propaganda religiosa cosechó su recompensa con la fundación de un reino que durante un tiempo cubrió Arabia central. Su hijo, quien le sucedió en 1765, asumió los títulos de imán y sultán. El progreso de las conquistas fue de la mano con la predicación durante medio siglo. En 1804 La Meca y Medina estaban en manos de los wahabitas y las peregrinaciones a esos lugares quedaron permitidas sólo a los adherentes de la secta. Esto era un desafío directo a la Puerta Sublime y además provocó la animosidad de todo el mundo musulmán. A consecuencia el gobierno turco confió el debilitamiento del poder wahabita al egipcio Mehemet Alí. Las operaciones de piratería por parte de algunos wahabitas provocaron también la intervención del gobierno británico en la región del Golfo Pérsico en 1810 y 1819. Las campañas duraron 11 años y no fue hasta 1818 que el poder político de los wahabitas se desintegró. Lo remoto de Nejd, foco del sentimiento wahabita, permitió hacia 1840 un renacimiento, aunque a mucha menor escala.
La pugna esencial de los wahabitas, aparte de los puntos mencionados antes contenidos en la predicación del fundador, es el rechazo a las decisiones jurídicas hechas por los grupos ortodoxos y también del ijma, salvo el incorporado en los acuerdos de los "compañeros" del profeta. El resultado es que cada musulmán tiene el deber y privilegio de construir su propia doctrina del Corán y de la tradición, en su forma más estricta. Como exégetas los wahabitas son extremadamente literalistas. La influencia de la secta se extendió ampliamente e incluso en la India ha tenido sus efectos.