Historia

WENDOS, CONVERSIÓN DE LOS

Conversión de los wendos es el proceso de la obra misionera cristiana entre dicho pueblo, el cual está estrechamente asociado con la historia política alemana y tiene que ver con el período desde finales del siglo VIII hasta comienzos del siglo XIII. El poder de resistencia de esas tribus a la influencia de los germanos es un elemento esencial en esta historia. Los wendos meridionales de las fronteras turingias del imperio alemán ofrecieron poca resistencia al avance de los alemanes, pero los wendos septentrionales de Brandeburgo y Mecklenburgo continuaron su batalla por la libertad durante siglos, hasta que los remanentes supervivientes fueron sometidos. El progreso de la misión cristiana en el sur y en el norte fue por tanto diferente; en un caso se alcanzaron notables logros, seguidos por reveses completos, hasta que los supervivientes fueron obligados a someterse al cristianismo. Tres regiones en las cuales el movimiento fue llevado a cabo muestran pronunciadas diversidades en el curso de los acontecimientos: Mecklenburgo-Brandeburgo, el distrito Sorbio y Pomerania-Polonia. La historia en el primero es la más dramática.

Mapa del imperio germánico (911-1024)
Mapa del imperio germánico (911-1024)
Carlomagno no se ocupó de la conversión de los wendos, pero bajo Ansgar los niños wendos fueron rescatados de los comerciantes de esclavos para educarlos como misioneros a su pueblo. A pesar del bautismo de un príncipe obotrita, Sclaomir (821), no se obtuvieron resultados y los wendos se retiraron de su alianza con el imperio. Bajo Otón I se hizo un intento para avanzar desde Hamburgo por el oeste y Magdeburgo por el este, donde estaban situados los obispados de Havelberg y Brandeburgo, fundado en 938. Para los wendos occidentales se creó un obispado separado en Aldenburgo (Oldenburgo en Holstein) en 968. Las condiciones fueron más favorables en Oldenburgo, la tierra de los obotritas, porque el distrito estaba bajo mando unificado. Havelberg y Brandeburgo tuvieron que ver con los fieros leutizi. La derrota de Otón II en Cortona deshizo toda la obra. Pronto se mostró la debilidad del imperio, destruyendo los wendos en el año 983 todas las huellas de cristianismo desde Brandeburgo a Oldenburgo, quedando los tres obispados prácticamente destruidos. Bajo el primer rey sajón, Enrique II, los asuntos no mejoraron. Las series de obispos en Oldenburgo permanecieron nominalmente ininterrumpidas y los príncipes obotritas Uto y Ratibor consintieron ser bautizados, pero el pueblo permaneció igual. Un ermitaño llamado Gunther intentó en 1017 trabajar entre los leutizi, pero regresó enseguida a Bohemia.

Este período infructuoso fue seguido por el destacado episodio con Godescalco. Era hijo de Uto y acometió la cristianización sistemática del pueblo, con la ayuda de los condes sajones y especialmente del arzobispo Adalberto de Hamburgo-Bremen. Su éxito fue sólo superficial. Al perder el arzobispo el favor imperial y entrar en disensiones con los sajones, los wendos se levantaron, causando una masacre de cristianos en Lenz en la que Godescalco cayó (1066), destruyendo toda huella de cristianismo. De los tres obispados: Oldenburgo, Mecklenburgo y Raztzeburgo, sólo quedaron los nombres. Una causa que contribuyó a esta calamidad fue principalmente el poco tacto del príncipe en apoyar a los misioneros que eran extranjeros y no querían aprender la lengua del pueblo, de manera que el príncipe tuvo que ser su traductor. Un resultado del levantamiento fue que la conversión pacífica de los wendos cesó, siendo ahora aniquilación la palabra determinante. Las condiciones no mejoraron cuando en 1067 el obispo Burchard de Halberstadt destruyó el principal santuario de los leutizi y el caballo sagrado de Radigast en Halberstadt. La actividad misionera fue reanudada cuando Kruto, el sucesor de Godescalco, fue asesinado por Enrique, el hijo de Godescalco, quien con ayuda sajona se hizo con el poder. Enrique procedió más cautamente que su padre, aunque él era cristiano y tuvo una iglesia en Altlübeck, la única en Mecklenburgo. Constantes guerras con amenazas externas le impidieron llevar a cabo sus planes. Su asesinato en 1127 hizo que la obra misionera cesara de nuevo. Bajo el poderoso Niklot la tierra de Mecklenburgo cayó de nuevo en el paganismo. Los wendos encontraron en la piratería, que habían aprendido de los daneses, una ocupación más atractiva que la agricultura o la cría de ganado. De nuevo se demostraba que lo que se necesitaba para la seguridad del reino era o bien la conversión total de los wendos o su aniquilación. Éste fue el lema de la cruzada sajona de 1127. El conde Adolfo de Holstein-Schauenburg y Enrique de Badewide lograron arrancar Wagrien y Polabia (Holstein oriental y Lauenburgo) de los wendos, siendo la primera completamente devastada y eliminada su población wenda. Los colonos alemanes tomaron su lugar, a cuyo cuidado espiritual el anciano Vicelino dedicó sus últimos días.

Cruzada alemana contra los wendos
Cruzada alemana contra los wendos
Cuando Bernardo de Clairvaux estaba predicando una cruzada a Tierra Santa, los sajones replicaron que ellos tenían bastantes paganos en casa. Por lo tanto Bernardo comenzó a predicar con entusiasmo la cruzada contra los wendos. Niklot había estado viviendo en paz con los príncipes germanos. Adolfo de Holstein acordándose de la alianza entre él y Niklot se excusó por lo que éste atacó y capturó Lübeck. Por lo tanto la campaña comenzada por los cruzados acabó en un desastre. Los nobles alemanes se contentaron finalmente con hacer una paz vergonzosa con Niklot, bajo el acuerdo de permitir a su pueblo que se bautizara si lo deseaba. Enrique León vio más ganancias para sí en los wendos como paganos, pues así recibiría el tributo que iría a parar a la Iglesia. Tras recibir el derecho de investidura para la tierra de los wendos, cambió su política y designó a los prebostes Evermod para Ratzeburgo, Gerold para Oldenburgo y Berno para Mecklenburgo (1155). Berno se convirtió en el Bonifacio de la tierra wenda de Mecklenburgo. De hecho, él tuvo poco éxito ante la heroica muerte de Niklot en 1160. El hijo de Niklot, Pribislaw, fue bautizado y la cristianización del país siguió rápidamente. Sin embargo, esto se debió a la práctica extinción de la población wenda original. Los colonos alemanes habían tomado su lugar. Los wendos de Mecklenburgo habían desafiado la conversión durante 400 años y habían desaparecido sin ser un pueblo que abrazara el cristianismo.

Los sorbios, en la frontera meridional del imperio alemán, tuvieron una historia diferente. Ya en el año 782 se narra una guerra de los sorbios, calificada de "levantamiento", lo que muestra su sujeción anterior al imperio. Vivían con los alemanes en los valles de Turingia y eran tenidos por cristianos en el tiempo de Carlomagno. Los avances cruzando el Saale fueron iniciados por el conde Otóon de Sajonia y enérgicamente continuados por su hijo Enrique I. Los daleminzianos, vecinos de los sorbios, fueron sometidos en el año 928. El emperador Otón I acometió la primera obra misionera entre los wendos meridionales. Meissen, Zeitz y Merseburg fueron hechos obispados sufragáneos de Mardeburgo en tierra wenda. Los primeros obispos, Burkhard, Hugo y Boso fueron consagrados por el arzobispo Adalberto en 968. Esos wendos meridionales se aferraron tenazmente a su lengua y religión nacional, siendo el progreso del cristianismo favorecido por la inmigración de alemanes. A finales de siglo había varias iglesias, siendo las más antiguas las de Zeitz y Bosan. En el siglo XII las ciudades episcopales se habían convertido en alemanas y tenían iglesias, así como varias ciudades fortificadas, pero la masa de la población se aferraba al paganismo, aunque sus santuarios e ídolos de adoración pública habían sido destruidos. La gradual disminución de la población wenda y la creciente inmigración de alemanes finalmente produjo la asimilación de los wendos restantes, que fue completada en algunas partes del país sólo a finales del siglo XIV.

En Polonia, el conde Miseco aceptó el cristianismo en el siglo X. Un obispado polaco fue fundado en el año 968 (Posen, bajo Magdeburgo), aunque la población polaca durante un tiempo permaneció más pagana que cristiana. Otón III estableció el arzobispado de Gnesen, mientras Boleslao Chrabry, el conquistador de Pomerania, estableció el obispado de Kolberg, con un obispo alemán, Reinberg. Tras su muerte Pomerania recayó, pues durante un tiempo estuvo bajo dominio danés, y tras mediados del siglo XI se convirtió en un reino pagano independiente. En el año 1119 cayó de nuevo en manos de los polacos. Incluso en ese tiempo el príncipe Wratislaw, su esposa y algunos de los nobles eran cristianos, como lo era una parte de la población en las ciudades de Pomerania. En 1120 el paganismo se estaba desintegrando, lo que explica su súbito hundimiento cuando Boleslao III conquistó a los pomeranios y les hizo aceptar el cristianismo como una de las condiciones de paz.