Historia

WILDENSPUCH, CRUCIFIXIÓN DE

Crucifixión de Wildenspuch es el nombre de un suceso acaecido en la aldea de Wildenspuch, cantón de Zurich, el 15 de marzo de 1823. El hecho es parcialmente explicable por el fervor religioso bastante extendido en Europa por una serie de acontecimientos, como las guerras napoleónicas, las guerras alemanas de independencia, los efectos destructivos de la Revolución Francesa, los años de hambre de 1816-1817 y la celebración de la Reforma, que en la región citada tuvo lugar en 1819. Una especie de avivamiento, potenciado por violentas convulsiones físicas y otros fenómenos semejantes, envolvió al distrito y suscitó singulares experiencias, desembocando en creencias extrañas en varios casos.

En la aldea de Wildenspuch, consistente de unas veinte casas, vivía una familia agrícola acomodada apellidada Peter, compuesta del padre, la madre, un hijo y cinco hijas, una de las cuales se casó con un zapatero y agricultor llamado Johannes Moser, de la localidad vecina de Oerlingen. La más joven de las hijas era Margareta, nacida en 1794, especialmente dotada mental y espiritualmente y muy precoz desde temprana edad. Se convirtió en la favorita de la familia y del vecindario, esperándose de ella que fuera algo extraordinario. Sin embargo, sufría de tisis crónica, pareciendo destinada a una muerte prematura. Pero un día durante su enfermedad, mientras estaba en la viña de su padre, tuvo una visión de un ángel que le mostró una hierba en un lugar a una hora de distancia de su hogar que la curaría. Encontró la hierba, la coció como una infusión y se la bebió, siendo sanada. En agradecimiento se entregó a Dios, juntándose con personas piadosas y asistiendo con su cuñado Moser a las asambleas de los Hermanos Herrnhut, comenzando a predicar e imaginando que tenía batallas con el diablo y con malos espíritus. Conoció a Barbara Juliana von Krüdener, estando acomapñada por su cuñado y sus hermanas Elizabeth y Susanna, llegando a la convicción de que los acontecimientos de la época presagiaban el inminente fin del mundo.

Una nueva influencia sobre ella en este tiempo fue la de Jakob Ganz, un hombre de baja extracción y moderada capacidad, vicario de Embrach en el cantón de Zurich y predicador del tipo de avivamiento. Había elaborado la teoría de que para obtener la bendición no es necesario ningún cambio real en la vida, pues simplemente lo que hace falta es un desarrollo de lo bueno que hay en el hombre en estado latente y que no se ha perdido. Su lema era: No Cristo por nosotros, sino Cristo en nosotros. La Iglesia era el Anticristo, ya que Cristo no ha resucitado en ella. En cada cristiano, Cristo debe luchar contra Satanás, sufrir, morir y resucitar de nuevo. Bajo esta influencia Margareta abandonó la asociación de los Hermanos y predicó en su hogar. En una visión se halló ante el trono de Dios, vio allí al Padre y al Espíritu rodeados de los ángeles, patriarcas, Elías y los apóstoles; pero el Hijo no estaba allí y Dios le dijo que el Hijo tenía que vivir, sufrir, morir y morar en ella; también vio el infierno, donde contempló a miles de almas desgraciadas a quien ella iba a salvar. Por medio de Ganz, un melancólico zapatero llamado Morf, casado y padre, fue emplazado a recibir en su casa a Margareta y su hermana Elizabeth, permaneciendo allí inactivas año y medio, mientras que a Morf se le reveló que con Margareta disfrutaría de un amor espiritual y sería transportado al cielo. Las dos hermanas regresaron a su hogar el 11 de enero de 1823, una vez que Margareta hubo dado a luz la noche anterior a una hija tenida con Morf, nacimiento que Margareta denominó obra de Dios y totalmente inesperado para ella. Declaró que debía prepararse para el gran suceso que iba a suceder, por lo que no recibió más visitas, quedándose en su casa inactiva. El 13 de marzo convocó a sus contactos para luchar contra el diablo por la salvación de muchas almas perdidas. Desde la mañana hasta la noche golpearon las paredes y el suelo de la casa, gritando contra el diablo; al día siguiente hicieron lo mismo, hasta que la casa se resintió, cayéndose algunas partes e interviniendo la policía. Al día siguiente Margareta declaró que para completar la victoria debía derramarse sangre, obteniendo de su hermana la disposición a morir, golpeándola a continuación hasta que la mató. Luego declaró que al tercer día la levantaría de la muerte. La revelación final fue que Margareta misma debía morir, mandando a la sirvienta de la casa que la golpeara, lo que hizo con un cuchillo en el cuello y la frente; Margareta recogió la sangre en un tazón con las palabras: Ahora las almas se salvarán y Satanás será vencido. Luego mandó a la doncella que la crucificara y cuando ésta objetó, le preguntó si no estaba dispuesta a hacer la obra de Dios para impedir que las almas permanecieran condenadas. Se echó sobre la cama, clavando la sirvienta los clavos en los pies, manos, codos y pecho, no dando Margareta ninguna señal de sufrimiento y prometiendo levantarse al tercer día. El final llegó cuando le clavó un cuchillo en la cabeza. Hasta el martes siguiente todos esperaron la prometida resurrección, cuando el padre informó de la muerte, siendo detenidos todos los implicados. Las autoridades hicieron una investigación exhaustiva, castigando a los participantes con sentencias de cárcel desde seis meses a dieciséis años y derribando la casa con el mandato de que el lugar permaneciera inhabitado.

Este suceso fue ampliamente debatido y atribuido a varias causas, incluyendo vanagloria, orgullo espiritual y semejantes. Otros lo achacan a la constitución débil e histérica de una muchacha con una mente extraordinariamente activa, que la excitación religiosa del momento llevó a nociones insólitas; el efecto de mezclar sus propias experiencias con la doctrina de Ganz, junto con el efecto de su predicación y el sometimiento a su dirección por parte del grupo que la seguía, explican el proceso por el que Margareta Peter acabó de mala manera. Pero no hay que dejar a un lado la influencia demoníaca en todo el asunto. Ha de añadirse que los participantes en los sucesos recibieron sus sentencias y castigos como si fueran mártires.