Historia

WITTENBERG, CONCORDIA DE

Concordia de Wittenberg es el nombre de un intento en el siglo XVI para un acuerdo sobre la Cena entre los sajones de la alta Alemania y Suiza.

Martín Bucero
Martín Bucero
Esfuerzos de Bucero.
La historia preliminar, hasta el otoño de 1529, es la de la Conferencia de Marburgo. Ésta más bien ahondó los prejuicios y sacó a luz la diversidad de puntos de vista que pavimentó el camino para el acuerdo. La dieta de Esmalcalda hacia finales de 1529 desembocó en una completa ruptura con la Alemania meridional. Un renovado intento de reconciliación en la dieta de Nuremberg (1530) fracasó a causa de la actitud del consejo de la ciudad, por lo que no se estimó posible un acuerdo. Cada Estado se acercó a la dieta de Augsburgo armado con su propia justificación y, como se ha demostrado, el plan sajón contemplaba desde el principio una confesión especial en el sentido más estrecho. El elector y sus teólogos tenían en mente presentar sus asuntos domésticos eclesiásticos y su lealtad en la luz más favorable, y, en la renuncia específica de la enseñanza zwingliana, hacer su propia apelación al emperador como protector de la doctrina pura y de la paz religiosa. Aunque bajo la presión de las circunstancias y la influencia de Felipe de Hesse, apoyado por Hesse, Lüneburg, Brandeburgo, Anhalt, Nuremberg y Reutlingen, el preámbulo de Melanchthon a la "Apología Sajona" fue dejado un lado y la rigidez estricta contra los sacramentarios quedó mitigada, la aversión a Zwinglio y a los alemanes meridionales permaneció siendo la misma. Melanchthon aprovechó cada oportunidad en público y cartas privadas para avisar contra la denominada herejía y su supuesta connivencia contra el emperador aumentó la ansiedad, la cual no debe ser considerada en la misma categoría que la de los alemanes meridionales y Zwinglio. Al contrario, a los delegados de Estrasburgo en la dieta de Augsburgo les había sido ordenado que subrayaran que la diferencia sobre la doctrina de la Cena no debería ser razón para una separación entre los evangélicos. Sintiendo la necesidad de ayuda de sus propios predicadores, se aseguraron la presencia de Martín Bucero y Wolfgang Capito, de lo que una consecuencia fue la Confesión Tetrapolitana. Bucero hizo de la armonización de las partes el propósito de su vida. Se rechazó una conferencia con Melanchthon. Johann Brenz accedió primero a una disputa con el contingente de Estrasburgo, que insistió en que la diferencia era sólo de palabras. Bucero intentó aclarar lo mismo en una conferencia con el canciller sajón Brück y posteriormente en dos cartas, que fueron entregadas a Melanchthon, quien finalmente accedió a una correspondencia (25 de julio), con el resultado de que rechazó el inicio del encuentro de Estrasburgo, con la acusación de que hacían una "simulación" al afirmar la presencia real y luego modificarla con la adición "por la contemplación de la fe." En cualquier caso Bucero finalmente (después del 22 de agosto) trajo el asunto a una conferencia con Melanchthon. El resultado fue que Bucero consideró por su parte que estaba de acuerdo con Melanchthon y escribió a tal efecto, aunque Melanchthon le aconsejó que transmitiera sus ideas en la forma de artículos a Lutero y él mismo informó a Lutero de que "Bucero desea acceder a nuestra opinión" y que mantenía que el cuerpo de Cristo está realmente presente en el pan por la consagración. Ante las proposiciones que le fueron transmitidas, Lutero replicó a Melanchthon (11 de septiembre) desde Coburgo que no replicaría a Bucero. No fueron más animadores los informes de Capito, que habían sido enviados como proposiciones de compromiso a Basilea y Zurich. A pesar de las dificultades, los de Estrasburgo resolvieron enviar a Bucero ante Lutero, quien le recibió cordialmente en Coburgo (25 de septiembre). Pero Lutero rechazó que él y sus asociados hubieran siempre enseñado lo que Bucero explicaba ahora en su doctrina y éste no pudo inducir a Lutero a que firmara los artículos propuestos. Sin embargo, Lutero alentaba la esperanza y Bucero partió, tras dos días, muy animado, pasando de camino por Nuremberg, donde tuvo una consulta amistosa con Melanchthon y Andreas Osiander, hacia las ciudades de la alta Alemania en interés de la concordia. Allí su acercamiento amigable y elocuencia vencieron toda vacilación. Incluso se logró el asentimiento de Zwinglio, a la fórmula: "El cuerpo real de Cristo se ofrece verdaderamente."

Fórmula de Bucero.
Al regresar a su hogar, lleno de euforia, camino de Basilea, donde se encontró con la simpatía de Ecolampadio, se propuso elaborar una fórmula satisfactoria para ambas partes. De esta forma se originó un documento de concordia en la forma de carta al duque Ernesto de Lüneburg, que señalaba, tras reafirmar que la lucha era de palabras, que el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de Cristo están verdaderamente presentes en la Cena, ofrecidos con las palabras del Señor y el sacramento y que el ministro no entregaba nada sino el servicio externo de la palabra y la señal, siendo dada por Dios sólo la bendición interior y el pan del cielo, lo cual es lo único vital. Mientras tanto, Zwinglio había empezado a sospechar y objetar personalmente contra la fórmula sobre la base de que el pueblo sencillo concebiría la expresión "verdadero cuerpo de Cristo" siempre "como si comiera el cuerpo y lo masticara con los dientes, como Lutero enseñó." Sin embargo, él no objetaría a la transmisión del documento al duque Ernesto, reservándose, en caso de alegación, el privilegio de referirse a la declaración hecha. Apoyándose en esto y en vista del respaldo a su carta presentada por el consejo de Estrasburgo (31 de diciembre de 1530), aunque se dirigió una copia de alguna manera alterada de la confesión al elector de Sajonia, Bucero no sólo asumió el apoyo de los suizos sino que también acometió su defensa. Lutero, quien recibió la fórmula del elector (21 de enero de 1531), excluyó a los suizos y a los alemanes meridionales de su réplica a Bucero, expresó su alegría ante el acuerdo, pero se asombró por la duda de si admitir que los incrédulos también comen el cuerpo, un punto en el que él permanecía firme. Sin embargo, esperó guía divina añadida, sin dar por hecho un completo y sólido acuerdo. Aunque no hubo acuerdo, sin embargo, se logró una cierta tregua, siendo un resultado la admisión de los adherentes de la Tetrapolitana a la Liga de Esmalcalda. Un intento, durante los primeros meses de la Liga, para una unión con los suizos fracasó. Sin embargo, la facción de Wittenberg esperaba más de los de Estrasburgo, que a causa de la perturbación suiza interna y por razones políticas comenzaron a gravitar más hacia el norte. En las ciudades de la alta Alemania la obra de conciliación en las manos del incansable Bucero estaba haciendo notables progresos, salvo en que fue de alguna manera neutralizada por el severo juicio de Lutero sobre la muerte de Zwinglio. Esta catástrofe en Suiza dejó a Bucero las manos libres y su influencia sobre los principales teólogos eclesiásticos de Alemania meridional, tras la muerte de Ecolampadio, fue creciendo notoriamente. Un paso añadido fue la suscripción de la Confesión de Augsburgo en la dieta de Schweinfurt (1532) por parte de los representantes de la alta Alemania. Melanchthon, retirando gradualmente su desconfianza hacia Bucero, se aproximó más y más hacia su proyecto como se muestra por sus comunicados desde abril de 1531 y su expresado deseo para un encuentro en octubre de 1533. Fruto de este encuentro fue el proyecto de Bucero para una nueva conferencia general que diera resolución pública y formal a la reconciliación, que parecía ahora estar prácticamente lograda. Prometedores resultados parecían estar a la mano ante la fuerte inclinación hacia la armonía en Suiza, por el acuerdo del alemán meridional Ambrosius Blaurer en Stuttgart para una fórmula que declarara la presencia real según la sustancia y por la adopción de la Confesión y Apología de Augsburgo, gracias a los esfuerzos de Bucero.

Encuentro en Cassel.
En vista de la exclusión de los sacramentarios por la Paz de Kadan, Felipe de Hesse invitó a Bucero y Melanchthon a una consulta el 27 de diciembre de 1534. Bucero obtuvo el consenso de los predicadores alemanes meridionales reunidos en Constanza (15 de diciembre), que, sin embargo, para su decepción, Zurich y otras ciudades suizas evitaron, tras presentar una confesión de comunión previamente acordada. La propia idea de Melanchthon expresada a Felipe era que el cuerpo y sangre de Cristo estaban verdadera y no figurativamente presentes con el pan y el vino y que los pensamientos dictados por la razón tenían que ser dejados a un lado, pero las instrucciones de Lutero fueron presentadas en forma estricta y crasa en el Bekenntniss vom Abendmahl (1528) mismo. Él se posicionó, en contra del pretexto favorito de Bucero sobre una mala interpretación de palabras, al definir la fuerte antítesis existente entre el cuerpo real al que él y sus colegas se adherían y el pan como mero signo o señal, como él alegaba que era sostenido por los oponentes, manteniendo que hacer un compromiso iba contra la conciencia. Más aún, se reafirmó en que se ofrecía, comía y masticaba con los dientes el cuerpo real, lo cual era su posición absolutamente inalterable. La reconciliación era imposible. Contra la rigidez de Lutero protestó Bucero formalmente, pues su declaración de mutua mala interpretación era sincera, ya que él no intentaba hacer ningún compromiso sino exponer los puntos sostenidos en común por ambas partes y para el resto extendió la discusión hábilmente en términos del Bekenntniss de Lutero, accediendo a que podría incluso asumir la declaración de Lutero de masticar el cuerpo. En lugar de la profesión de los alemanes meridionales anunció que el cuerpo es esencial y verdaderamente recibido; que el pan y el vino son sólo signos (signa exhibitiva), con los que el cuerpo y la sangre se ofrecen simultáneamente y son recibidos y que el pan y el cuerpo no están unidos por una mezcla de sustancias, sino por una "conjunción sacramental".

Martín Lutero, por Lucas Cranach el Viejo
Martín Lutero, por Lucas Cranach el Viejo
Conferencia en Wittenberg.
En el curso del tiempo creció en Wittenberg un sincero deseo de paz. Lutero llegó a estar satisfecho con las ideas de Bucero. Melanchthon, anhelando la unidad, celebró consultas con los teólogos y especialmente importunó al landgrave Felipe, el padre de la idea, para que no ahorrara esfuerzos. Los rumores del esperado entendimiento comenzaron a agitar a los católicos y a los círculos políticos. El resultado de la conferencia de Cassel así como las declaraciones sin condiciones en la nueva edición de Lutero del ampliado Bekenntniss vom Abendmahl (1535) levantaron mucho resentimiento entre los suizos. Las estrechas relaciones con Augsburgo, a partir de aquí indecisas, asumidas ahora hacia Wittenberg inspiraron en Lutero la esperanza de una rápida consumación de la concordia, por lo que mandó cinco cartas a las ciudades alemanas meridionales para una convocatoria voluntaria en Hesse o Coburgo. En Suiza parecieron señales de un espíritu más conciliador. En una reunión de teólogos en Aarau, donde Basilea y Zurich estuvieron representadas, se adoptó una fórmula en favor de la verdadera manducación del cuerpo en la "mysterious communion" para la salvación del alma y la vida espiritual. En la dieta de Basilea, a la que Bucero logró asistir después de una larga resistencia, se elaboró una fórmula provisional no publicada que no era estrictamente zwingliana. Cuando en la dieta de Esmalcalda, (diciembre de 1535), Württemberg, Augsburgo, Francfort y Kempten hubieron sido recibidos en la Liga, el camino parecía estar pavimentado para el acuerdo con los teólogos sajones. La reunión fue convocada para el 14 de mayo de 1536 en Eisenach. Los suizos, quienes habían decidido en Aarau (30 de abril) no asistir y quedarse con su acuerdo de Basilea, se excusaron por la brevedad del tiempo y la larga distancia. Una gran representación de alemanes meridionales, entre los cuales estaban Bucero y Capito, llegó a Wittenberg el 21 de mayo. Entretanto, Melanchthon estaba acuciado con gran temor de que la sima se ampliara y procuró hasta el último momento frustrar el plan. La noticia de la publicación otra vez de la Expositio fidei de Zwinglio, con una alabanza del autor por H. Bullinger en la introducción y de la correspondencia de Ecolampadio y Zwinglio, con un prefacio por Bucero, hicieron que Lutero igualmente desesperara, por lo que a la llegada de los delegados él, más suspicaz e inflexible que nunca, tomó la actitud de exigir pruebas de lo sincero de sus intenciones. Cuando Lutero se reunió con Bucero y Capito al día siguiente, en presencia de varios de sus propios colegas, y Bucero propuso los modos de proceder y relató sus esfuerzos por la concordia en la doctrina y el orden, Lutero replicó abrupta y enfáticamente que hasta que la unidad fuera alcanzada sobre el sacramento él no trataría ningún otro artículo. Además señaló que las introducciones de Bucero y Bullinger habían acabado con sus esperanzas, ya que con hombres que pensaban de una manera aquí y de otra allá no era posible ningún acuerdo. Lutero exigió de Bucero que renunciara a su antigua doctrina ("sostenemos que no hay nada en los elementos sino pan y vino"); y que reconociera que el cuerpo es comido tanto por los impíos como por los piadosos. Entonces Lutero estaría dispuesto a reconocer que él había sido demasiado duro en sus escritos contra Zwinglio y Ecolampadio. Bucero, tomado por sorpresa, afirmó su inocencia con respecto a esas publicaciones, apeló a sus declaraciones y escritos en cada ocasión en defensa de su sinceridad e insistió que él y sus asociados no aceptaban aquello de lo que Lutero les acusaba, ya que nunca lo habían enseñado, sino que el asunto se limitaba a una representación grotesca fruto de una mala interpretación de las ideas de Lutero. La fe de las iglesias en las ciudades imperiales con respecto a comer con la boca estaba en acuerdo con la enseñanza de Lutero ("el verdadero cuerpo y sangre son expuestos mediante los signos visibles del pan y del vino") y como el impío no los tiene en cuenta, ninguno reconocido como tal sería admitido a la comunión. Su idea, más aún, fue que los impíos recibían sólo los elementos, mientras que aquellos dotados con fe en general, pero "no con la fe vital debida a la gracia de Dios" recibían el cuerpo para juicio. Tras prolongadas discusiones en las que Lutero subrayó la realidad del don de la gracia, independiente de la fe y en dependencia a la institución de Cristo, la sesión se aplazó a causa de la debilidad de Lutero. Al siguiente día, en presencia de todos los representantes, incluyendo por vez primera a Melanchthon, Bucero informó de los progresos, recordando lo que previamente se enseñó y revisó su antigua profesión, pero rechazó que los impíos participaran del cuerpo, aunque concedió lo mismo para los indignos y la petición de Lutero de que la presencia del cuerpo dependía, independientemente de creer o no creer, simplemente de la palabra de Dios y la ordenanza. Después de mucho progreso y una vez que Lutero hubo inquirido a los asociados de Bucero y quedado satisfecho de su completo acuerdo y de que en sus iglesias no habían tolerado la doctrina del mero pan y vino y que incluso habían castigado la misma en algunos lugares como blasfemia, parece que quedó satisfecho. Se reunió en una conferencia privada con sus colegas que pensaban lo mismo; sólo que a la otra facción debería exigirse que firmara una vez más que el cuerpo estaba presente también para el indigno. Pero Lutero estimó esto innecesario y, volviendo, declaró que la conciliación fraternal se había cumplido. A Melanchthon se le asignó que elaborara una fórmula. Los acuerdos en los demás puntos de diferencia vinieron rápidamente. Bucero presentó los escrúpulos de los alemanes meridionales contra la fe actual de los niños sostenida por Lutero, pero él, no dispuesto también a discutir tal fe, quedó contento con una afirmación de que el bautismo es esencial para la salvación y el medio de la regeneración y sobre la solución y confesión privada prevaleció el argumento de Lutero. Melanchthon, todavía dudando del resultado, presentó su fórmula el 26 de mayo y una vez que Lutero aclaró de que no sería vinculante hasta que fuera sometida a más amplios círculos así como a los soberanos para confirmación, fue leída por K. Cruciger, enseñando, en sustancia, que había una unión sacramental del pan y el cuerpo; que el verdadero cuerpo se presentaba mediante el pan y que los indignos, aunque abusaban del sacramento disponible en la Iglesia, cuando lo usaban sin penitencia y fe, lo recibían para juicio. Se exigió también el asentimiento de la Confesión de Augsburgo y la Apología. Bucero entregó la confesión de los suizos a Lutero quien prometió leerla. Como sello del pacto Bucero fue uno de los predicadores al domingo siguiente y él y Capito participaron en la comunión. El lunes tuvo lugar la suscripción y los delegados partieron con el mayor optimismo.

Resultados de la conferencia.
En la mayoría de las ciudades el pueblo se quedó atónito ante los nuevos artículos. En Ulm hablaron abiertamente de una nueva doctrina. Rápidamente percibieron que Lutero no había hecho la más mínima concesión. En Constanza, donde el acuerdo sobre el bautismo y la confesión auricular era ofensivo, se planeó una nueva fórmula sobre la Cena, el bautismo y la disciplina eclesiástica. Estrasburgo, siempre la locomotora del movimiento, donde todos suscribieron menos el antiguo abad P. Volzius, mantuvo una posición cauta, si bien el 22 de julio Francfort, Worms, Landau, Weissenburg, Esslingen, Augsburgo, Memmingen y Kempten habían asentido, siguiendo Reutlingen el 13 de septiembre de 1536. En cuanto a los suizos Lutero había expresado, antes de la partida de Bucero, su desagrado sobre la confesión que le habían entregado y envió una amigable misiva al burgomaestre de Basilea, quien a su vez le respondió con gratitud. Basilea y Mühlhausen parecían estar de acuerdo, pero tras varios movimientos un concilio en Basilea (14 de noviembre de 1536), incapaz de decidir entre las doctrinas católicas y luterana, rechazó la presencia en sustancia. En la dieta de Esmalcalda (febrero de 1537) Bucero iba a conferenciar con Lutero en vista de la declaración (12 de enero de 1537) de siete ciudades suizas, incluyendo Zurich, Berna y Basilea; pero la enfermedad de Lutero lo impidió y sólo el hecho de que la aprobación oficial de los artículos de Lutero en la dieta no fuera exigida evitó una más que probable ruptura con los alemanes meridionales. Mientras tanto, una carta de Bucero a Lutero (19 de enero de 1537) despreciando la declaración suiza, posibilitó a los enemigos del primero hacer que sus esfuerzos fueran impopulares. Johann Zwick de Constanza, quien parecía haber recibido indicios de la enseñanza de Lutero en los Artículos de Esmalcalda sobre el comer del impío, apeló entonces a oponerse a la unión, siendo secundado por Bullinger contra el impulso de Bucero. En el sínodo de Berna, a mediados de 1537, en presencia de Calvino y P. Viret, Bucero hizo una brillante vindicación, pero se encontró con el retraso de la respuesta de Lutero. Finalmente Lutero, en respuesta a Bucero quien le había exhortado a una réplica oficial (3 de diciembre de 1539), expresó que la fórmula suiza no era satisfactoria; pero en su réplica a los suizos (1 de diciembre), sin tocar la discusión dogmática salvo la ventilación de un malentendido sobre algún punto en la Cena del Señor, de nuevo profesó su adhesión a la idea de la concordia, expresando su gozo por sus honestos esfuerzos y el progreso hecho, presumiendo que los pasos hacia la concordia no habían sido completados sino sólo abiertos y recomendaba perseverancia y buena voluntad hasta progresos mayores. Esta respuesta produjo gran satisfacción en Suiza. Bullinger era de la idea de suspender posteriores procedimientos salvo el de promover la paz por escrito, oralmente y en la predicación. Pero las esperanzas quedaron frustradas. En un sínodo en Zurich (4 de mayo de 1538), en el que se proclamó públicamente que el acuerdo debería ser sólo asumido como válido una vez que Lutero hubiera formalmente retirado sus ataques escritos contra Zwinglio, se decidió una réplica a Lutero en la que los suizos afirmaron la participación del cuerpo por el creyente; se presumía que no había más diferencias y suplicaban el privilegio, bajo las presentes circunstancias, de presentar tal instrucción al pueblo para que fuera más inteligible. Pero antes de su recepción, Lutero, en una respuesta a Bullinger, asumió que la armonía era una cosa asegurada, y en la misiva de los suizos reconocía brevemente al referirse a ellos, sobre sus escrúpulos, a Bucero como mediador. De este modo, el movimiento se decidió durante años por una correspondencia cortés; sobre una concordia final, mediante la acción de una conferencia general, no hubo más mención y Bucero, quien hizo otro intento en Wittenberg (1538), pareció perder su antiguo interés. El único fruto fue una tregua temporal de amistad con las ciudades de la alta Alemania. La comparación que Lutero hizo de Zwinglio con Nestorio (Concilien und Kirchen, 1539) causó un profundo resentimiento en Suiza. Sus reservas sobre los suizos y su ortodoxia se hicieron aún más severas por una carta (31 de agosto de 1543) en la que rompía todas las relaciones con ellos, ofreciéndose a orar y enseñar contra ellos hasta el final.