Sexo

S.O.S. PORN - La perversión de la pornografía

Entre los aspectos de la existencia humana que el pecado ha pervertido, uno de ellos es la sexualidad. De ser el medio de bendición para los cónyuges que Dios estableció en el principio, el pecado lo ha trastocado hasta convertirlo en un medio de depravación, con múltiples expresiones a cual más aberrante. Una de esas aberrantes expresiones es la pornografía. La pornografía es el palacio del placer con innumerables estancias, pero en cuyos sótanos están las mazmorras del tormento, que son las antesalas del infierno.

Regeneración, por Jean Delville
Ilustración de Jean Delville

Aunque sus defensores intentan por todos los medios presentarla como una conquista y un avance, lo cierto es que la pornografía es letal, por los desastrosos resultados que produce. Muchos de los amargos frutos que en nuestro entorno social se están produciendo, en cuanto a trastornos personales y matrimoniales se refiere, tienen su origen en la pornografía. No hace falta tener principios cristianos para comprobar que nos encontramos ante una de las peores pestes que han asolado este mundo, a tenor de sus fatales efectos. Pero se trata de una peste que el hombre mismo ha creado, potenciado y justificado, lo cual es señal de cuán perverso es el corazón humano, por un lado, que es capaz de diseñar algo tan maligno, y de cuán insensato, por otro, que labra lo que le lleva a la ruina.

La pornografía destruye, porque la fibra de la que está compuesta es la codicia y la codicia, en cualquiera de sus expresiones, conduce a la destrucción. No importa si sus defensores apelan a la libertad de expresión para justificarla, pues el engaño reside en la palabra libertad, dado que la libertad es lo primero que la pornografía se encarga de aniquilar. Pornografía y libertad son irreconciliables. La pornografía es esclavitud, no libertad. La pornografía usa la libertad, para matar la libertad. Si los pornógrafos apelan a la libertad de expresión para defender la pornografía, siendo manifiestos los daños que produce, por la misma regla de tres los delincuentes podrían apelar también a esa misma libertad, a pesar de los daños que sus acciones producen. La pornografía es delictiva porque es destructiva, aunque no esté tipificada en el código penal.

El poder de absorción que tiene la pornografía es tan grande que se apodera de todas las facultades del individuo, su voluntad, entendimiento, memoria, imaginación, conciencia y emociones, no quedando el cuerpo fuera de su dominio. La voluntad queda encadenada por un implacable poder, quedando sometida totalmente como un títere en manos de quien maneja los hilos. El entendimiento es corrompido hasta aprobar como bueno lo que es malo, produciéndose una subversión de las nociones morales. La memoria resulta fijada a las imágenes que han quedado impresas en su retentiva, que vuelven a ella una y otra vez. La imaginación queda cautiva, en un mundo imaginario de perversas fantasías irreales. La conciencia es primero perturbada, para finalmente ser narcotizada a fin de que no atormente. Las emociones se ven sacudidas, en una especie de montaña rusa de sube y baja, porque las pasiones se ha hecho dueñas de ellas. El cuerpo queda a disposición del nuevo amo, siendo el instrumento exterior de la agitación interior.

Ese poder de absorción que la pornografía tiene, mediante el cual engulle a todo aquel que entra en su terreno, está bien descrito en el pasaje de 29 ¿De quién son los ayes? ¿De quién las tristezas? ¿De quién las contiendas? ¿De quién las quejas? ¿De quién las heridas sin causa? ¿De quién los ojos enrojecidos? 30 De los que se demoran mucho con el vino, de los que van en busca de vinos mezclado[…]Proverbios 23:29-35, aunque en ese texto se está hablando del alcohol, pero hay similitudes que pueden aplicarse a la pornografía:

'¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos?
Para los que se detienen mucho en el vino, para los que van buscando la mistura.
No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en la copa; se entra suavemente,
Mas al fin como serpiente morderá, y como áspid dará dolor.
Tus ojos mirarán cosas extrañas, y tu corazón hablará perversidades.
Serás como el que yace en medio del mar, o como el que está en la punta de un mastelero.
Y dirás: me hirieron, mas no me dolió; me azotaron, mas no lo sentí. Cuando despertare, aún lo volveré a buscar.'

El pasaje muestra la seducción engañosa y atrayente al principio, describiendo a continuación sus efectos demoledores, para acabar subrayando la adicción irreprimible que provoca, a pesar del daño que produce.

La promesa que inicialmente presenta la pornografía, consistente en la posesión de lo codiciado, que la pasión desatada se ha encargado de magnificar hasta niveles abrumadores, resulta ser, finalmente, decepcionante, dejando al codicioso con un profundo sentido de vacío y frustración. Por esa razón, la pornografía nunca puede proporcionar lo que promete, porque está basada en la irrealidad, que es la puerta del engaño.

En muchos hombres cristianos la pornografía está produciendo el mismo tipo de codicia que fue la antesala de la destrucción del mundo antiguo por el diluvio, cuando en los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron para sí mujeres de entre todas las que les gustaban.[…]Génesis 6:2 dice que 'los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas, y tomaron para sí mujeres de entre todas las que les gustaban.' La corrupción de los hijos de Dios, generada por la pornografía, se efectúa al fijarse en la hermosura codiciable de las mujeres que se presentan en la pantalla, como el sueño alcanzable que cumple sus fantasías. Cuando los hijos de Dios, que son la luz y sal de este mundo, se entregan a esa codicia, es señal de que los niveles de perversión han alcanzado cotas alarmantes, porque la corrupción ha llegado a apoderarse de quienes debieran ser freno de la crecida de maldad generalizada.

Que la perversión sexual fue un pecado reiterativo en el pueblo de Dios en determinadas épocas se aprecia en que adoptaron las mismas divinidades que los pueblos paganos, algunas de las cuales estaban asociadas con el desorden y la codicia sexual. La adoración y el culto que se llevaba a cabo en los lugares altos incluía la prostitución ritual, donde sacerdotisas estaban al servicio de los adoradores. Las estatuillas de los ídolos femeninos halladas en los yacimientos arqueológicos no dejan lugar a dudas en cuanto al carácter moral fomentado por esa adoración. Se trataba de un camino fácil y cómodo para la carne, dado que lo permitía todo, en contraposición al camino estrecho y difícil de la santidad. Pero lo que parecía un camino fácil en realidad era un camino muy difícil, porque así es siempre el camino de la trasgresión, que está repleto de tropiezos y trampas; mientras que el camino difícil en realidad es un camino fácil, porque así son las sendas de la justicia, que son de paz y descanso.

El intento de hacer compatible el servicio a Dios con la codicia sexual es imposible, como se desprende del caso de Sansón. Él fue un hombre nacido y ungido por Dios para una tarea importante, a condición de que mantuviera su consagración. Sin embargo, su constante desorden acabó costándole muy caro. Pensó que podría jugar con el pecado de la codicia sexual y, al mismo tiempo, retener su unción, para terminar descubriendo fatalmente que ambos son irreconciliables y que jugar con el pecado entraña la destrucción.

Fue el desorden sexual lo que perdió a Salomón, cuando amó a tantas mujeres que desviaron su corazón hacia la idolatría. Lo que comenzó siendo una perversión de la conducta terminó siendo también una perversión de la creencia, al adorar lo que fomentaba su codicia. El hombre que en su juventud fue un ejemplo de fidelidad a Dios, se degeneró en su vejez, constituyéndose en un claro caso de decadencia, por causa de su codicia sexual.

El padre de Salomón, David, cayó en pecado arrastrado por la codicia, cuando ésta se apoderó de su corazón, cometiendo adulterio y asesinato, para tapar su adulterio. Parece mentira que un hombre investido con las mejores disposiciones y dones pudiera llegar a una bajeza tan grande, como dar muerte a un hombre inocente. Pero hasta ese abismo arrastra la codicia, convirtiendo al mejor de los hombres en algo peor que una bestia irracional.

No es casual que el libro de Proverbios abunde en advertencias al varón sobre la tentación sexual, dada la corrupción que la acompaña (2:16-19; 5:3-14; 6:24-35; 7:5-27; 9:13-18; 23:27-28; 31:3). Tampoco es causal que cuando Dios quiere ilustrar la infidelidad que su pueblo ha cometido, la describa en términos de fornicación (20 Porque desde hace tiempo rompí tu yugo y arranqué tus coyundas; pero dijiste: "No serviré." Porque sobre toda colina alta y bajo todo árbol frondoso te echabas como ramera. 21 Pero yo te planté como vid escogida, toda ella de simiente genuina. ¿Có[…]Jeremías 2:20-25; 1 Entonces vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo: 2 Hijo de hombre, haz saber a Jerusalén sus abominaciones, 3 y di: "Así dice el Señor DIOS a Jerusalén: 'Por tu origen y tu nacimiento eres de la tierra del cananeo, tu padre era amorreo y tu madre[…]Ezequiel 16; 23; 1 1 Palabra del SEÑOR que vino a Oseas, hijo de Beeri, en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá, y en días de Jeroboam, hijo de Joás, rey de Israel. 2 Cuando por primera vez el SEÑOR habló por medio de Oseas, el SEÑOR le dijo: Anda, to[…]Oseas 1-3; 4:11-15; 5:3-4, 9:1).

La adicción a la pornografía por parte del hombre cristiano es la descripción perfecta del pecado secreto. El pecado secreto es el realizado ocultamente, sin que nadie más se entere, dado el carácter vil y vergonzoso que lo envuelve. Hay pecados compartidos y efectuados en unión con otros, siendo esa colaboración mutua un motivo que facilita su realización, como la escena que narra 11 Si dicen: Ven con nosotros, pongámonos al asecho para derramar sangre, sin causa asechemos al inocente, 12 devorémoslos vivos como el Seol, enteros, como los que descienden al abismo; 13 hallaremos toda clase de preciadas riquezas, llenaremos nues[…]Proverbios 1:11-14; pero la pornografía se mueve siempre en lo oculto y reservado, no permitiendo que nadie más intervenga. El pecado secreto está descrito en Me dijo entonces: Hijo de hombre, ¿has visto lo que hacen en la oscuridad los ancianos de la casa de Israel, cada uno en su cámara de imágenes grabadas? Porque ellos dicen: "El SEÑOR no nos ve; el SEÑOR ha abandonado la tierra."[…]Ezequiel 8:12. El secreto y las tinieblas se necesitan entre sí, de ahí el abrumador poder que la pornografía tiene sobre el hombre cristiano que se ha adentrado en su dominio. En las tinieblas se siente protegido, porque su pecado es inadvertido por otros; pero al mismo tiempo esa protección es el cerrojo que le impide escapar, porque para hacerlo no hay más remedio que exponer el pecado a la luz, con toda la vulnerabilidad y vergüenza que acarrea. Por otro lado, el hombre cristiano sabe perfectamente que mantener ese pecado secreto le está arruinando, con lo cual experimenta una agónica decadencia, imposible de soportar. Si se trata de un ministro del evangelio, entonces ese sentimiento de desgarro y bancarrota se multiplica indeciblemente. En ambos casos, la conciencia condena como juez implacable, perdiéndose la seguridad, la paz y el gozo. El cristiano vive el insoportable conflicto de una contradicción interior, al confesar un evangelio de libertad y vivir una vida de esclavitud.

Un terrible resultado asociado a la pornografía es la enajenación, es decir, el acto por el que la persona que se mete en su terreno queda privada y desposeída de lo que antes era suyo. Esa enajenación de la pornografía tiene varias facetas:

  • Enajenación del honor. El honor es la dignidad, la reputación, el crédito, el testimonio, no sólo ante los ojos de los demás, sino también ante uno mismo. La pornografía produce una pérdida de la estima y autonomía personales. Y cuando ese pecado personal, que ha estado oculto, llega al conocimiento de otros, entonces se produce el descrédito y la infamia pública, echando fuera la vergüenza al honor.
  • Enajenación de los mejores años de la vida. Gastados y desperdiciados en pos de algo que a la postre es causa de ruina total.
  • Enajenación de las facultades. La pornografía obstruye las capacidades y energías mentales, al quedar engullidas en la obsesión por la obtención de un mundo imaginario.
  • Enajenación del esfuerzo y el trabajo. Son los mercaderes de cuerpos y almas los que se enriquecen a costa de sus víctimas. Éstas sirven a aquéllos.
  • Pero con todas las pérdidas y enajenaciones propias de la pornografía, la peor para el hombre cristiano es la pérdida de la comunión con Dios, dado que sabe que Dios nunca aprobará ni pasará por alto ese pecado. El muro, la barrera que se levanta entre él y Dios, es una separación que le arrebata lo más valioso que tiene en su vida: La amistad con Dios.

Hacia lo desconocido, de Alfred Kubin
Hacia lo desconocido, de Alfred Kubin

La mentira es compañera inseparable de la pornografía. Siempre que la pornografía está presente, allí está también la mentira. Una mentira que tiene diversas expresiones. La primera es en lo que promete y en lo que en realidad da. Así fue en el primer caso de pecado, donde una mentira se hizo pasar por verdad (4 Y la serpiente dijo a la mujer: Ciertamente no moriréis. 5 Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal. […]Génesis 3:4-5), prometiendo cosas que eran mentira. Pero la mentira de la pornografía va más allá, porque quien entra en su dominio necesariamente tiene que mentir a quienes son cercanos. Si es un hijo, mentirá a sus padres; si es un padre, mentirá a sus hijos; si es un marido, mentirá a su esposa; si es un miembro de iglesia, mentirá a los demás miembros; si es un pastor, mentirá a su congregación. Una vida de mentira es el resultado de andar con la pornografía. La pornografía no puede convivir con la verdad y la luz. De hecho, la pornografía mata la verdad y la luz, siendo éstos algunos de los crímenes que comete.

Con la pornografía se realiza un tipo de fornicación y adulterio que se podrían denominar fornicación virtual y adulterio virtual, en el sentido de que aunque no se trata de una fornicación o adulterio físico, sin embargo, la codicia que está presente en lo físico, está presente en lo virtual, dado que quien comete fornicación virtual o adulterio virtual en realidad lo que quisiera es que ese acto fuera físico con las imágenes en las que se recrea. Y la muerte, que es la paga del pecado, está presente tanto en lo físico como en lo virtual.

Una de las señales del carácter de los hombres en los últimos días es que serán amadores de los deleites más que de Dios (traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios;[…]2 Timoteo 3:4). Evidentemente, la pornografía resume el deleite al que tantos hombres cristianos están entregados, que les imposibilita poder amar a Dios. Son dos amores incompatibles, pues donde se da uno no puede existir el otro. Nadie puede amar a dos señores.

La marca indeleble que deja la pornografía en las nuevas generaciones es evidencia suficiente de su iniquidad, al procurar siempre llamar a la puerta de la vida cuando ésta está en ciernes, para asegurarse así el control posterior durante el resto de la existencia. La corrupción de menores es una de las grandes secuelas de la pornografía, no solamente de la que emplea a menores para mostrarlos en actos sexuales, sino de la pornografía en general, al excitar la codicia de los muchachos que quedan expuestos por primera vez a ella, iniciándolos así en una senda que durará toda la vida.

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