Historia
ABEJA
Maundrell (Trav. pág. 66) dice que al pasar por Samaria percibió un fuerte olor a miel y cera; y que cuando estaba a una milla del Mar Muerto vio abejas libando entre flores de algún tipo de planta salina. Mariti (Trav. iii. 139) asegura que las abejas se encuentran en grandes multitudes entre las colinas de Israel, y que recogen su miel en los huecos de los árboles y en hendiduras de las rocas; (comp. Land and Book, pág. 566).
No cabe duda de que los ataques de las abejas en los países orientales son más temibles que en los climas más templados. Los enjambres en el oriente son mucho más grandes que en otras partes y, por causa del calor, sus picaduras dan lugar a síntomas muy peligrosos. Sería fácil citar a Aristóteles, Elio y Plinio.
El pasaje sobre el enjambre de abejas y miel en el cadáver del león (Cuando regresó más tarde para tomarla, se apartó del camino para ver el cadáver del león; y he aquí que había un enjambre de abejas y miel en el cuerpo del león.[…]Jueces 14:8) admite fácil explicación. El león que mató Sansón estaba muerto poco antes de que las abejas hicieran su morada en el cadáver, pues expresamente se dice que 'después de algunos días', Sansón regresó y vio las abejas y la miel en el cadáver del león, de modo que, como bien ha observado Oedmann, 'es bien sabido que en estos países, en ciertas estaciones del año, el calor en el curso de veinticuatro horas puede secar completamente a camellos muertos, y que sin estar sujetos a descomposición, sus cuerpos permanezcan mucho tiempo como momias, inalterados y completamente libres de olor desagradable.' A la cita anterior, se puede agregar que muy probablemente las hormigas ayudarían a consumir el cadáver, dejándolo en poco tiempo en poco más que un esqueleto. Heródoto (v. 114) habla de cierto Onésilo que había sido hecho prisionero por los amatusianos y decapitado, y cuya cabeza habiendo sido colgada sobre las puertas, había sido ocupada por un enjambre de abejas; compárese también Aldrovandus (De Insect, i. 110). El pasaje de Y sucederá en aquel día que el SEÑOR silbará a la mosca que está en lo más remoto de los ríos de Egipto, y a la abeja que está en la tierra de Asiria;[…]Isaías 7:18: 'Y acontecerá que aquel día silbará Jehová a la mosca que está en el fin de los ríos de Egipto y a la abeja que está en la tierra de Asiria', lo han entendido algunos refiriéndose a la práctica de 'llamar a las abejas de sus colmenas por silbidos a su labor en los campos, y convocarlas nuevamente para regresar' en la noche (Harris, Nat. H. of the Bibe, art. Bee). Bochart (Hieroz. iii. 358) cita de Cyril, quien así explica este pasaje y el de Alzará estandarte a la nación lejana, y le silbará desde los confines de la tierra, y he aquí, vendrá muy pronto, con rapidez.[…]Isaías 5:26. Columela, Plinio, Elio y Virgilio son todos citados por Bochart como ilustración de esta práctica; ver numerosas citas en Hierozoicon. Mr. Denham (en Kitto, Cyc. Bib. Lit. art. Bee) hace el siguiente comentario sobre este tema: 'Nadie ha presentado alguna prueba de la existencia de tal costumbre, y la idea en sí misma parecerá suficientemente extraña a todos los que están familiarizados con los hábitos de las abejas.' Pero que la costumbre existía entre los antiguos de llamar a los enjambres a sus colmenas, debe ser familiar para todo lector de Virgilio:
'Tinnitusque cie, et Martis quate cymbala circum'.
Sin embargo, con toda probabilidad, la expresión en Isaías hace referencia, como dice el Sr. Denham, 'a la costumbre de la gente en el oriente de llamar la atención de cualquiera por un silbido significativo.'
Sobre este tema de las abejas en Israel, el Sr. Tristram proporciona un testimonio importante (Land of Israel, págs. 86, 87). Después de hablar de la apicultura en ese país, practicada hasta el punto de que casi 'cada casa posee un montón de colmenas en su terreno', agrega respecto el número de abejas silvestres: 'Las innumerables fisuras y hendiduras de las rocas calizas, que flanquean por todas partes los valles, proporcionan en sus recovecos un refugio seguro para cualquier número de enjambres, y muchos de los beduinos, particularmente en el desierto de Judea, obtienen su subsistencia de las abejas, trayendo a Jerusalén jarras de esa miel silvestre, con la que Juan el Bautista se alimentó en el desierto y Jonatán probó mucho antes, cuando el panal se había caído al suelo desde el hueco del árbol en el que estaba suspendido. El visitante del wady Kurn, cuando ve la laboriosa multitud de abejas sobre sus hendiduras, no puede dejar de recordar la promesa: 'Y con miel de la peña los saciaría.' No hay epíteto de la tierra prometida más fiel a la letra, incluso en la actualidad, de ser 'tierra que fluye leche y miel.'
Bibliografía:
William Houghton, Horatio Balch Hackett, Dr. William Smith's Dictionary of the Bible.