Historia

ACAB

Acab, אַחְאָב, 'hermano del padre', hijo de Omri, séptimo rey del separado reino de Israel y segundo de su dinastía. La gran lección que aprendemos de su vida es la profundidad de maldad en la que puede caer un hombre débil, aunque no carezca de buenos sentimientos y amables impulsos, cuando se abandona a la guía de otra persona, resuelta, sin escrúpulos y depravada. La causa de su ruina fue su matrimonio con Jezabel, hija de Et-baal, rey de Sidón, que había sido sacerdote de Asera, pero usurpó el trono de su hermano Falles (compárese Josefo, Ant. viii. 13, 2, con Apion. i. 18). Hay un relato comparativamente completo del reinado de Acab, que coincidió con el ministerio del gran profeta Elías, quien entró en colisión directa con Jezabel, cuando ella introdujo en Israel la mala hierba de Baal y la diosa de su padre, Asera. En obediencia a sus deseos, Acab construyó un templo a Baal en la misma Samaria y un árbol consagrado a Asera. Con una fija determinación de extirpar la verdadera religión, Jezabel persiguió y dio muerte a los profetas de Dios, algunos de los cuales fueron escondidos en cuevas por Abdías, gobernador de la casa de Acab, mientras los ritos fenicios se llevaban a cabo con tal esplendor que había 450 profetas de Baal y 400 de Asera (Ahora pues, envía a reunir conmigo a todo Israel en el monte Carmelo, junto con cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y cuatrocientos profetas de la Asera que comen a la mesa de Jezabel.[…]1 Reyes 18:19). Pero el paganismo y la persecución no fueron los únicos crímenes a los que Jezabel condujo a su dócil marido. Uno de sus principales gustos era la arquitectura espléndida, que mostró construyendo una casa de marfil y varias ciudades, y también ordenando la restauración y fortificación de Jericó. Pero el lugar en el que se entregó principalmente a esa pasión fue la hermosa ciudad de Jezreel, en la llanura de Esdraelón, que adornó con un palacio y parque para su propia residencia, aunque Samaria permaneció siendo la capital de su reino, siendo Jezreel algo parecido al Versalles de la antigua monarquía francesa en París (Stanley, S. and P. pág. 244). Deseando agregar a sus motivos de placer la viña de su vecino Nabot, le propuso comprarla o cambiarla por un terreno (Y Acab habló a Nabot, diciendo: Dame tu viña para que me sirva de huerta para hortaliza porque está cerca, al lado de mi casa, y yo te daré en su lugar una viña mejor; si prefieres, te daré su precio en dinero.[…]1 Reyes 21:2); cuando Nabot lo rechazó, de acuerdo con la ley de Moisés, porque la viña era 'la heredad de sus padres' ("Además, la tierra no se venderá en forma permanente, pues la tierra es mía; porque vosotros sois sólo forasteros y peregrinos para conmigo.[…]Levítico 25:23), fue acusado de blasfemia, no sólo siendo él apedreado hasta morir, sino sus hijos también ("Ayer ciertamente he visto la sangre de Nabot y la sangre de sus hijos," declaró el SEÑOR, "y te recompensaré en este campo," declaró el SEÑOR. Ahora pues, tómalo y tíralo en el campo, conforme a la palabra del SEÑOR.[…]2 Reyes 9:26). Elías le declaró la aniquilación completa de la casa Acab como castigo designado por su larga trayectoria de maldad, coronada por este atroz crimen. Sin embargo, la ejecución de esta sentencia fue retrasada como consecuencia del profundo arrepentimiento de Acab (¿Ves como Acab se ha humillado delante de mí? Porque se ha humillado delante de mí, no traeré el mal en sus días; pero en los días de su hijo traeré el mal sobre su casa.[…]1 Reyes 21:29).

La parte restante del primer libro de Reyes está ocupada por el relato de las guerras sirias. Hay tres campañas que Acab emprendió contra el sirio Ben-adad II rey de Damasco, dos defensivas y una ofensiva. En la primera, Ben-adad sitió Samaria, y Acab, animado por los consejos patrióticos de los profetas de Dios, quienes, junto a la verdadera religión, valoraban muy profundamente la independencia de su pueblo elegido, le atacó repentinamente mientras estaba en arrogante confianza banqueteando en su tienda con sus 32 reyes vasallos. Los sirios fueron totalmente derrotados (Y mató cada uno a su hombre; los arameos huyeron e Israel los persiguió, y Ben-adad, rey de Aram, escapó a caballo con algunos jinetes.[…]1 Reyes 20:20). El siguiente año, creyendo Ben-adad que su fracaso era por algún peculiar poder del Dios de Israel sobre las colinas, invadió Israel camino de Afec, en el este del Jordán (Acamparon unos frente a otros por siete días. Y sucedió que al séptimo día comenzó la batalla, y los hijos de Israel mataron de los arameos a cien mil hombres de a pie en un solo día.[…]1 Reyes 20:29). Sin embargo, la victoria de Acab fue tan completa que el propio Ben-adad cayó en sus manos; pero lo liberó (contrariamente a la voluntad de Dios anunciada por un profeta) a condición de restaurar todas las ciudades de Israel que ocupaba, y haciendo 'plazas' para Acab en Damasco; es decir, admitiendo en su capital a enviados hebreos permanentes, en una posición independiente, con moradas especiales para ellos y sus séquitos, a fin de vigilar los intereses comerciales y políticos de Acab y sus súbditos. Se trataba de una represalia por un privilegio similar por parte de Ben-adad al predecesor de Omri respecto a Samaria. Después de este gran éxito, Acab disfrutó tres años de paz, hasta el tercer estallido de hostilidades, que en Reyes es atribuido brevemente a un ataque hecho por Acab en Ramot de Galaad al este del Jordán, en conjunción con Josafat rey de Judá, localidad que reclamaba para Israel. Pero si Ramot era una de las ciudades que Ben-adad había acordado restaurar, ¿por qué Acab esperó tres años para hacer cumplir el tratado? De esta dificultad y el odio extremo mostrado por Ben-adad contra Acab personalmente (Pero el rey de Aram había ordenado a los treinta y dos capitanes de sus carros, diciendo: No peleéis contra chico ni contra grande, sino sólo contra el rey de Israel.[…]1 Reyes 22:31) parece probable que ése no fuera el caso (o que los sirios no cumplieran el tratado), pero Acab, ahora fortalecido por Josafat, debe haber sentido profundamente la suprema importancia de anular el poder de Siria, originándose la guerra atacando a Ramot. En cualquier caso, la bendición de Dios no estaba con la expedición y el profeta Micaías le dijo a Acab que fracasaría, mientras que los falsos profetas le anunciaban una victoria (11 Y Sedequías, hijo de Quenaana, se había hecho unos cuernos de hierro y decía: Así dice el SEÑOR: "Con éstos acornearás a los arameos hasta acabarlos." 12 Y todos los profetas profetizaban así, diciendo: Sube a Ramot de Galaad y tendrás éxito, pues[…]1 Reyes 22:11-23). Por dar este mensaje, Micaías fue encarcelado; pero aunque Acab tomó la precaución de disfrazarse para la batalla, para no ser blanco de los arqueros de Ben-adad, cayó herido mortalmente porque un 'hombre disparó su arco a la ventura', muriendo al anochecer y dispersándose su ejército. Cuando fue llevado para ser enterrado en Samaria, los perros lamieron su sangre mientras un criado lavaba su carro, en cumplimiento parcial de la predicción de Elías (Le hablarás, diciendo: "Así dice el SEÑOR: '¿Has asesinado, y además has tomado posesión de la viña ?'" También le hablarás, diciendo: "Así dice el SEÑOR: 'En el lugar donde los perros lamieron la sangre de Nabot, los perros lamerán tu sangre, tu mis[…]1 Reyes 21:19), que fue literalmente cumplida en el caso de su hijo ("Ayer ciertamente he visto la sangre de Nabot y la sangre de sus hijos," declaró el SEÑOR, "y te recompensaré en este campo," declaró el SEÑOR. Ahora pues, tómalo y tíralo en el campo, conforme a la palabra del SEÑOR.[…]2 Reyes 9:26). La fecha del ascenso al trono de Acab fue el año 919 a. C. y su muerte el 897 a. C.


Bibliografía:
George Edward Lynch Cotton, Dr. William Smith's Dictionary of the Bible.