Historia

ALGARROBAS

Algarrobas, κεράτια, fruto de un tipo particular de árbol, a saber, el algarrobo o Ceratonia siliqua de los botánicos. Este árbol se encuentra muy comúnmente en Siria y Egipto; produce vainas, con forma de cuerno (de ahí el nombre griego), que varían en longitud de seis a veinticinco centrímetros, y un dedo de ancho, o un poco más. Estas vainas, que contienen una sustancia fibrosa espesa, muy dulce al gusto, se comían y proporcionaban alimento no solo para el ganado (Misná, Shabb. 24. § 2) y particularmente para los cerdos, sino también para las clases más pobres de la población (Horacio, Ep. ii. 1, 123; Juvenal xi. 58). Los mismos usos prevalecen en la actualidad; como el árbol desprende fácilmente su fruto, constituye un método común para alimentar a los cerdos. El árbol también se conoce como Pan de San Juan, por una tradición que cuenta que Juan el Bautista se alimentaba de su fruto en el desierto.

El algarrobo es muy común también en las islas griegas, y su fruto sigue siendo muy solicitado allí como alimento nutritivo para engordar cerdos. Se puede ver expuesto para la venta en los mercados de Esmirna y Atenas. Contiene una pulpa ligeramente dulce cuando está tierna, pero pronto se seca y se endurece, con pequeñas semillas que suenan al agitarla. Al recogerla, emite un ligero olor, bastante desagradable para quienes no están acostumbrados.

El uso ocasional de este producto como alimento no contradice la parábola (Y deseaba llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.[…]Lucas 15:16). Allí no se dice que el hijo pródigo recurriera a comida que solo comían los cerdos, sino que, en su miseria, sin ningún amigo que le diera algo mejor, se alegró de compartir las algarrobas que comían los cerdos, los cuales fue enviado a vigilar en el campo. Sin embargo, la expresión aquí algunos la entienden de manera diferente, a saber, que nadie le daba al hijo pródigo ni siquiera una de las algarrobas, y si las obtuvo, fue sin permiso y a escondidas. Esta es la opinión de Meyer (Lukas, p. 450), y parece ser la de Lutero. El griego no requiere esta interpretación, pues la cláusula citada anteriormente puede asignar una razón por la cual (al no haber otra alternativa) el hijo pródigo debió comer las algarrobas para salvarse de la inanición.


Bibliografía:
William Latham Bevan, Horatio Balch Hackett, Dr. William Smith's Dictionary of the Bible.