Historia
BIBLIA
- Introducción
- Historia del desarrollo de los libros
- Ordenamiento de los libros
- División en capítulos y versículos
Introducción.
El término que los escritores del Nuevo Testamento usan para las Escrituras del Antiguo es 'la Escritura' (Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia,[…]2 Timoteo 3:16; El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste: COMO OVEJA FUE LLEVADO AL MATADERO; Y COMO CORDERO, MUDO DELANTE DEL QUE LO TRASQUILA, NO ABRE EL SU BOCA.[…]Hechos 8:32; Pero la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por fe en Jesucristo fuera dada a todos los que creen.[…]Gálatas 3:22), 'las Escrituras' (Jesús les dijo*: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: "LA PIEDRA QUE DESECHARON LOS CONSTRUCTORES, ESA, EN PIEDRA ANGULAR SE HA CONVERTIDO; ESTO FUE HECHO DE PARTE DEL SEÑOR, Y ES MARAVILLOSO A NUESTROS OJOS"?[…]Mateo 21:42; Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les explicó lo referente a El en todas las Escrituras.[…]Lucas 24:27) y 'las Sagradas Escrituras' (y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús.[…]2 Timoteo 3:15). 'Libros' se encuentra (Cuando vengas, trae la capa que dejé en Troas con Carpo, y los libros, especialmente los pergaminos.[…]2 Timoteo 4:13; y tenía en su mano un librito abierto. Y puso el pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra;[…]Apocalipsis 10:2; 5:1), pero sin significado distintivo. Las palabras empleadas por los primeros escritores cristianos se derivaron naturalmente del lenguaje del Nuevo Testamento y los antiguos términos, con epítetos como 'divina', 'santa' y semejantes, siguieron siendo utilizados por los Padres griegos como equivalentes a 'Scriptura' usada por los latinos. El uso de 'antiguo pacto' en Pero el entendimiento de ellos se endureció; porque hasta el día de hoy, en la lectura del antiguo pacto el mismo velo permanece sin alzarse, pues sólo en Cristo es quitado.[…]2 Corintios 3:14, para la ley tal como se leía en las sinagogas, y la prominencia dada en por eso, Jesús ha venido a ser fiador de un mejor pacto.[…]Hebreos 7:22; 8:6; 9:15 para contrastar lo antiguo y lo nuevo, llevó gradualmente a la extensión del primero para incluir los otros libros de las Escrituras judías, y a la aplicación del segundo, como se hizo con el primero, para un libro o colección de libros. De los equivalentes latinos que fueron adoptados por diferentes escritores (Instrumentum, Testamentum), este último halló la aceptación más general, y se perpetuó en las lenguas de la Europa moderna. Un pasaje en Tertuliano (adv. Marc. iv. 1) ilustra la creciente popularidad de la palabra que eventualmente prevaleció, 'instrumenti vel quod magis in usu est dicere, testamenti'. La palabra fue utilizada naturalmente por los escritores griegos al hablar de las partes de esas dos colecciones. Ellos enumeran (por ejemplo, Atanasio, Synop. Sac. Script.) los libros del Antiguo y Nuevo Testamento; y como estaban en contraste con los libros apócrifos que circulaban entre los herejes, hubo una tendencia natural a la apropiación de la palabra limitada por el artículo a toda la colección de las Escrituras canónicas. En Crisóstomo (Hom. x. in Gen., Hom. ix. in Col.) se aplica de una manera que muestra que este uso ya se había vuelto familiar para aquellos a quienes él escribió. El uso litúrgico de las Escrituras, según el culto de la Iglesia se fue organizando, favorecería naturalmente este uso. Los manuscritos de las que fueron leídas serían enfáticamente 'los libros' por antonomasia de cada iglesia o monasterio. Y cuando este uso de la palabra se estableció en el Este, fue natural que pasara gradualmente a la Iglesia occidental. La terminología de esta Iglesia da testimonio en todas partes (por ejemplo, episcopus, presbyter, diaconus, litania, liturgia, monachus, abbas, y otros) de su origen griego, y la historia de la palabra Biblia ha seguido la analogía de aquellas a las que se ha hecho referencia. Aquí también había menos riesgo de que se utilizara en cualquier otro sentido que no fuera el superior, porque no tomó, a pesar de la introducción incluso en la latinidad clásica de 'bibliotheca', 'biblipola', el lugar de 'libri', o 'libelli', en el lenguaje común.
Historia del desarrollo de los libros.
La historia del crecimiento de las colecciones conocidas como Antiguo y Nuevo Testamento respectivamente, se encontrará completamente bajo el artículo canon. Cae dentro del alcance del presente artículo indicar por qué camino y por qué pasos los dos llegaron a ser considerados una autoridad coordinada, y por lo tanto como partes de un todo, y cómo, es decir, la idea de una Biblia completa, incluso antes de que la palabra llegara a usarse, se presenta a las mentes de los hombres. En cuanto a una gran parte de los escritos del Nuevo Testamento, no es exagerado decir que reclaman una autoridad no más baja, sino incluso más alta que el Antiguo. Lo que no había sido revelado a los 'profetas' de la antigua dispensación es revelado a los profetas de la nueva (que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora ha sido revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu;[…]Efesios 3:5). Los apóstoles escriben teniendo el Espíritu de Cristo (Pero en mi opinión, será más feliz si se queda como está; y creo que yo también tengo el Espíritu de Dios.[…]1 Corintios 7:40), enseñando y siendo enseñados 'por revelación de Jesucristo' (Pues ni lo recibí de hombre, ni me fue enseñado, sino que lo recibí por medio de una revelación de Jesucristo.[…]Gálatas 1:12). Donde no hacen afirmación tan directa, su lenguaje sigue siendo el de hombres que enseñan 'teniendo autoridad', y por tanto el antiguo espíritu profético revive en ellos, y su enseñanza difiere, al igual que la de su Maestro, de las tradiciones de los escribas. Como la revelación de Dios a través del Hijo fue reconocida como más plena y perfecta que la que se había hecho en los días pasados a los padres (Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas,[…]Hebreos 1:1), los registros de lo que Jesús había hecho y dicho, una vez reconocidos como auténticos, no podían ser considerados menos sagrados que las Escrituras de los judíos. Las indicaciones ya se encuentran incluso dentro del Nuevo Testamento mismo. 2 Pedro muestra que en vida de los apóstoles, las epístolas de Pablo estaban clasificadas entre las Escrituras de la Iglesia (Asimismo en todas sus cartas habla en ellas de esto; en las cuales hay algunas cosas difíciles de entender, que los ignorantes e inestables tuercen--como también tuercen el resto de las Escrituras--para su propia perdición.[…]2 Pedro 3:16). El lenguaje de la misma carta en relación con la enseñanza registrada de profetas y apóstoles (3:2, comp. edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular,[…]Efesios 2:20; 3:5; 4:11), muestra que todas las escrituras proféticas no pueden limitarse a los escritos del Antiguo Testamento. El mandamiento de que la carta a los Colosenses fuera leído en la iglesia de Laodicea (Cuando esta carta se haya leído entre vosotros, hacedla leer también en la iglesia de los laodicenses; y vosotros, por vuestra parte, leed la carta que viene de Laodicea.[…]Colosenses 4:16), aunque no implica que fuera considerada de igual autoridad que la Escritura inspirada por Dios, indica una práctica que conduciría naturalmente a considerarla así. Lo escrito por un hombre que hablaba inspirado, no podía dejar de ser considerado participante de la inspiración. Es parte del desarrollo del mismo sentir que los primeros registros del culto de la Iglesia cristiana indican el uso litúrgico de al menos algunos de los escritos del Nuevo, así como del Antiguo Testamento. Justino (Apol. i. 66) menciona que 'los recuerdos de los apóstoles' eran leídos en estrecha relación con, o en lugar de, los escritos de los profetas, y esta yuxtaposición corresponde a la manera en la que Ignacio había hablado previamente de los profetas, la ley de Moisés y el evangelio (Ep. ad Smyrn. c. 7 ). No se quiere decir, por supuesto, que tales frases o prácticas prueban la existencia de una colección reconocida, pero muestran con qué sentir se consideraron los escritos individuales. Se prepara el camino para la aceptación de todo el conjunto de los escritos del Nuevo Testamento, tan pronto como el canon fue completado, al mismo nivel que los del Antiguo. Un poco más adelante, el reconocimiento es completo. Teófilo de Antioquía (ad Autolyc. lib. iii.), Ireneo (adv. Haer. ii. 27, iii. 1), Clemente de Alejandría (Strom., lib. iii. c. 18, v. c. 5) y Tertuliano (adv. Prax. cc. 15, 20) hablan de los escritos del Nuevo Testamento, constituyendo con el Antiguo, un conocimiento (Clemente Alejandría, l. c.), 'totum instrumentum utriusque testamenti' (Tertuliano l. c.), 'universae scripturae'. Como esto fue en parte una consecuencia del uso litúrgico aludido, se reflejó en el mismo, e influenció a los transcriptores y traductores de los libros que se necesitaban para la instrucción de la Iglesia. La Peshito siria en el siglo III o finales del II, incluye (con la omisión de algunos de los antilegomena) el Nuevo Testamento así como el Antiguo. El Codex Alejandrino, presentando en el sentido más pleno de la palabra una Biblia completa, puede tomarse como representante de la plena madurez del sentir que hemos visto en sus desarrollos anteriores.
La existencia de una colección de libros sagrados reconocida como autorizada conduce naturalmente a un arreglo más o menos sistemático. El ordenamiento debe descansar sobre algún principio de clasificación. Los nombres dados a los varios libros indican en algunos casos la opinión adoptada sobre sus contenidos, en otros el tipo de notación aplicada tanto a las divisiones mayores como a las menores de los volúmenes sagrados.
Ordenamiento de los libros.
La existencia de una clasificación análoga a la adoptada por los judíos posteriores y aún retenida en las Biblias hebreas impresas, se indica incluso antes de la finalización del canon del Antiguo Testamento (Y endurecieron sus corazones como el diamante para no oír la ley ni las palabras que el SEÑOR de los ejércitos había enviado por su Espíritu, por medio de los antiguos profetas; vino, pues, gran enojo de parte del SEÑOR de los ejércitos.[…]Zacarías 7:12). Cuando el canon se consideró resuelto, en el período cubierto por los libros de los apócrifos, tomó una forma más definida. El prólogo del Eclesiástico menciona 'la Ley y los profetas y los otros libros'. En el Nuevo Testamento hay la misma clase de reconocimiento. 'La ley y los profetas' es la más corta (Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan.[…]Mateo 11:13; 22:40; Después de la lectura de la ley y los profetas, los oficiales de la sinagoga les mandaron a decir: Hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad.[…]Hechos 13:15, etc.); 'la ley, los profetas y los salmos' (Y les dijo: Esto es lo que yo os decía cuando todavía estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que sobre mí está escrito en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.[…]Lucas 24:44), es la declaración más completa de la división reconocida popularmente. La disposición de los libros del texto hebreo bajo estos tres encabezados, requiere, sin embargo, una consideración más extensa.
La Torá, תּוֹרָה, νόμος, continuó naturalmente ocupando el puesto que tuvo desde el principio como la parte más antigua. Cualesquiera que sean las preguntas que se planteen en cuanto a la antigüedad de todo el Pentateuco en su forma actual, la existencia de un libro que lleva este título se remonta a un período muy temprano en la historia de los israelitas (Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él día y noche, para que cuides de hacer todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y tendrás éxito.[…]Josué 1:8; 8:34; 24;26). El nombre que al principio debe haber unido a esas porciones de todo el libro se aplicó a la historia anterior y contemporánea relacionada con la entrega de la Ley, y atribuida al mismo escritor. La marcada distinción de las cinco porciones que componen la Torá muestra que deben haber sido escritas como libros separados y cuando el canon fue completado y los libros en su forma actual se convirtieron en objeto de estudio, se buscaron nombres para cada libro. En la clasificación hebrea los títulos se tomaron de las palabras iniciales, o palabras prominentes en el versículo inicial; en la Septuaginta se pretendía que fueran significativos del tema de cada libro, de ahí los títulos:
1. בְּרֵשִׁית, Γένεσις.
2. שְׁמוֹת, Ἔξοδος.
3. וַיִּקְרָה, Λευιτικόν.
4. בְּמִדבַּר, Ἀριθμοί.
5. דְּבָרִים, Δευτερονόμιον.
Los títulos griegos fueron adoptados sin cambios, excepto el 4º, en las versiones latinas, y de ahí han descendido a las Biblias de la cristiandad moderna.
El siguiente grupo de libros presenta una combinación más singular, siendo el arreglo como sigue:
| Profetas |
anteriores |
Josué Jueces 1 y 2 Samuel 1 y 2 Reyes |
|
| posteriores |
mayores |
Isaías Jeremías Ezequiel |
|
| menores |
Oseas Joel Amós Abdías Jonías Miqueas Nahúm Habacuc Sofonías Hageo Zacarías Malaquías |
Los títulos hebreos de estos libros se corresponden a los de las Biblias en español.
El fundamento sobre el cual los libros simplemente históricos fueron clasificados bajo el mismo nombre que los que contenían la enseñanza de los profetas, en el sentido más estricto de la palabra, no es evidente a primera vista, pero el Antiguo Testamento presenta algunos hechos que pueden sugerir una explicación. Los 'hijos de los profetas' (Después llegarás a la colina de Dios donde está la guarnición de los filisteos; y sucederá que cuando llegues a la ciudad, allá encontrarás a un grupo de profetas que descienden del lugar alto con arpa, pandero, flauta y lira delante de ellos, y esta[…]1 Samuel 10:5; Y él dijo: Todo está bien. Mi señor me ha enviado, diciendo: "He aquí, en este momento dos jóvenes de los hijos de los profetas han venido a mí de la región montañosa de Efraín. Te ruego que les des un talento de plata y dos mudas de ropa."[…]2 Reyes 5:22; 6:1) que vivían juntos como una comunidad, casi como una casta (Entonces respondió Amós y dijo a Amasías: Yo no soy profeta, ni hijo de profeta, sino que soy boyero y cultivador de sicómoros.[…]Amós 7:14), instruidos para una vida religiosa, debieron ocupar una posición de instructores del pueblo, aun en ausencia del llamamiento especial que los enviaba como mensajeros de Dios al pueblo. Un conjunto de hombres así situados se convierte naturalmente, a menos que la actividad se absorba en el ascetismo, en historiadores y cronistas. Las referencias en los libros históricos del Antiguo Testamento muestran que así lo fueron en realidad. Natán el profeta, Gad el vidente de David (Los hechos del rey David, desde el primero hasta el último, están escritos en las crónicas del vidente Samuel, en las crónicas del profeta Natán y en las crónicas del vidente Gad,[…]1 Crónicas 29:29), Ahías e Iddo (Los demás hechos de Salomón, los primeros y los postreros, ¿no están escritos en las palabras del profeta Natán y en la profecía de Ahías silonita, en las visiones del vidente Iddo acerca de Jeroboam, hijo de Nabat?[…]2 Crónicas 9:29) e Isaías (Los demás hechos de Uzías, los primeros y los postreros, fueron escritos por el profeta Isaías, hijo de Amoz.[…]2 Crónicas 26:22; 32:32), son citados como cronistas. La mayor antigüedad de los primeros libros históricos y tal vez la creencia tradicional de que se habían originado de esta manera, probablemente contribuyó a elevarlos a un alto lugar de honor en el ordenamiento del canon judío, siendo considerados con el carácter profético que no tuvieron los libros históricos de los hagiógrafos. La mayor extensión de las profecías de Isaías, Jeremías, Ezequiel, no menos que el lugar destacado que ocuparon en la historia de Israel, llevó naturalmente a que fueran reconocidos como los profetas mayores. La exclusión de Daniel de esta subdivisión es una cuestión más notable, que se ha interpretado de maneras diferentes; la escuela racionalista de la crítica posterior (Eichhorn, De Wette, Bertholdt) vieron una indicación de una fecha posterior, y por lo tanto de dudosa autenticidad; pero la escuela ortodoxa, representada por Hengstenberg (Dissert. on Dan., ii. § iv. y v.), mantuvo que la diferencia se basó únicamente en el hecho de que, aunque anunciador de predicciones, no había ejercido, como los demás habían hecho, el oficio de profeta entre el pueblo. Cualquiera que haya sido su origen, la posición de este libro en los hagiógrafos llevó a algunos judíos posteriores a pensar y hablar con menosprecio del libro de Daniel, y los cristianos que siguieron esa línea hicieron comentarios despectivos sobre su autoridad (Hengstenberg, l. c.). La disposición de los profetas menores no requiere atención especial, excepto en la medida en que fueron contados, a fin de componer la lista completa de libros canónicos dentro de un número memorial que responde al de las letras en el alfabeto hebreo, como un solo volumen, descrito como los doce profetas.
El último en orden fue el grupo conocido como escritos, כְּתוּבִים, que incluía los libros restantes del canon hebreo, dispuestos en el siguiente orden y con divisiones subordinadas:
Salmos, Proverbios, Job.
Cantar de los cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés, Ester.
Daniel, Esdras, Nehemías, 1 y 2 Crónicas.
De ellos, los tres primeros se distinguían por la palabra mnemotécnica אֶמֶת, verdad, formada a partir de la letra inicial de los tres libros; los cinco segundos, los cinco rollos, eran de uso en las sinagogas en festividades especiales en cinco rollos separados.
De los títulos hebreos de estos libros, los que son descriptivos de su contenido son תְּהִלִּים Salmos, מִשְׁלֵי Proverbios, אֵיכָה Lamentaciones (de la palabra inicial en 1:1), הַשִּׁירִים שִׁיר Cantar de los cantares, Eclesiastés (קֹהֶלֶת el Predicador) y 1 y 2 Crónicas דִּבְרֵי הַיָּמִים (palabras de días = registros).
La traducción de la Septuaginta presenta los siguientes títulos: Ψαλμοί, Παροιμίαι, Θρηνοι, Ἆσμα ἀσμάτον, Ἐκκλησιαστής, Παραλειπόμενα (es decir, cosas omitidas, siendo un complemento de los libros de los Reyes). La versión latina asume algunos de los títulos y traduce otros, Psalmi, Proverbia, Threni, Canticum Canticorum, Ecclesiastes, Paralipomenon; y estos en su forma traducida han determinado los títulos recibidos de los libros en nuestras Biblias en español; Eclesiastés, en el que se conserva el título griego, y Crónicas, en el que se traduce el título hebreo y no el griego, son excepciones.
La Septuaginta presenta, sin embargo, algunas variaciones llamativas en cuanto al arreglo, así como en relación al nombre de los libros. Tanto en esto como en la inserción de los antilegomena, entre los otros libros, y que ahora conocemos como apócrifos, se rastrea la ausencia de esa fuerte reverencia por el canon y su orden tradicional que distinguió a los judíos de Tierra Santa. La Ley, ciertamente, está en primer lugar, pero la distinción entre profetas mayores y menores, entre profetas y hagiógrafos ya no se reconocía. Daniel, con las adiciones apócrifas, sigue a Ezequiel; el libro apócrifo 1 o 3 de Esdras sigue como el 2 al canónico Esdras. Tobías y Judit van tras Nehemías y Sabiduría y Eclesiástico después de Cantares, Baruc antes de Lamentaciones y la epístola de Jeremías después, los doce profetas menores antes de los cuatro mayores, y los dos [tres o cuatro] libros de los Macabeos son el cierre de todos. La versión latina sigue casi el mismo orden, invirtiendo la posición relativa de los profetas mayores y menores. La separación de los libros dudosos bajo el título de apócrifos en las versiones protestantes de las Escrituras, dejó a los otros en el orden en que ahora los tenemos.
La historia de la disposición de los libros del Nuevo Testamento presenta algunas variaciones, no sin interés, que indican diferencias de sentir o modos de pensamiento. Los cuatro evangelios y los Hechos de los Apóstoles ocupan el primer lugar uniformemente. Son para el Nuevo Testamento lo que el Pentateuco fue para el Antiguo. Pero no presentan, como lo hicieron los libros de Moisés, ningún orden de sucesión. El orden actual no depende del rango o función de los escritores a quienes están asignados. Los dos no escritos por apóstoles son precedidos y seguidos por los que lo son, y parece como si la verdadera explicación se encontrara en una creencia tradicional en cuanto a las fechas de los diversos evangelios, según la cual Mateo, ya sea en su forma griega o hebrea, fue el más antiguo, y Juan el último. El arreglo una vez adoptado confirmaría naturalmente la creencia, y así se halla asumido por el Canon Muratoriano, Ireneo, Orígenes y Agustín. Por otro lado, el Codex Bezae y el mejor manuscrito de la antigua versión latina tienen el siguiente orden: Mateo, Juan, Lucas y Marcos. La posición de los Hechos como libro intermedio, a continuación de los evangelios, preludio de las cartas, era obviamente natural. Después encontramos algunas diferencias llamativas. El orden en los manuscritos Alejandrino, Vaticano y Efraimita (A B C) dando prioridad a las epístolas católicas, lo que también es reconocido por el concilio de Laodicea (Canon 60), Cirilo de Jerusalén (Catech. iv. pág. 35) y Atanasio (Epist. Fest.), parecería haber sido característico de las iglesias orientales. Lachmann, quien basa su recensión del texto principalmente en esta familia de manuscritos, ha reproducido el arreglo en sus ediciones. Lo mismo ha hecho Tischendorf, siendo el arreglo que se encuentra en la gran mayoría de los manuscritos. En el Codex Sinaítico y en otros cuatro manuscritos, las cartas de Pablo preceden a Hechos. La Iglesia occidental por otro lado, representada por Jerónimo, Agustín y sus sucesores, dio prioridad de posición a las cartas de Pablo, y en cuanto al orden en que fueron dadas presenta (1) aquellas dirigidas a iglesias dispuestas según su importancia relativa, (2) aquellas dirigidas a particulares, siendo el lugar más destacado el ocupado por la cartas a los Romanos. La tendencia de la Iglesia occidental a reconocer a Roma como su centro de autoridad puede tal vez en parte explicar esta diferencia con la costumbre del este. El orden de las cartas de Pablo, sin embargo, es generalmente el mismo, y el único arreglo notablemente diferente fue el de Marción, que indicaba un orden cronológico. En los tres manuscritos mencionados anteriormente (y en el Codex Sinaítico), la carta a los Hebreos viene después de 2 Tesalonicenses. En el manuscrito del que el Vaticano (B) fue copiado, estaba entre Gálatas y Efesios, lo que se muestra en la numeración de las secciones en el Vaticano. En los seguidos por Jerónimo, está, como en las Biblias españolas y el Textus Receptus, después de Filemón. Queda por conjeturar los fundamentos de esta diferencia. Posiblemente la ausencia del nombre de Pablo, posiblemente las dudas que existían en cuanto a su autor, posiblemente su aproximación al carácter de las epístolas católicas puede haber determinado el arreglo. El Apocalipsis, como cabría esperar del peculiar carácter de su contenido, ocupaba un lugar por sí mismo. Su reconocimiento relativamente tardío puede haber determinado el puesto que ha ocupado uniformemente como último de los libros sagrados, aunque su temática es, seguramente, el factor determinante.
Tan pronto como cualquier pausa se hace en la escritura continua que ha caracterizado en casi todos los países las primeras etapas del arte, obtenemos los gérmenes de un sistema de división. Pero estas divisiones pueden usarse para dos propósitos distintos. En la medida en que se utilizan para mostrar las relaciones lógicas de palabras, cláusulas y oraciones entre sí, tienden a una reconocida puntuación. En la medida en que se utilizan para mayor conveniencia de referencia, o como ayuda a la memoria, responden a los capítulos y versículos de nuestras Biblias modernas. La pregunta ahora por responder es qué sistemas de notación se han empleado en tiempos diferentes por los transcriptores del Antiguo y Nuevo Testamento, y a quién le debemos el sistema ahora en uso.
División en capítulos y versículos.
Apenas es posible concebir el uso litúrgico de los libros del Antiguo Testamento, sin algún tipo de división reconocida. En la medida en que los libros fueron estudiados y comentados en las escuelas de los rabinos, la división se convertía en más técnica y completa, y por lo tanto la notación existente, que se reconoce en el Talmud, probablemente se originó en los primeras estapas del crecimiento del ritual de la sinagoga. Las citas del Nuevo Testamento del Antiguo, se citan en su mayor parte sin alguna referencia más específica que al libro del que proceden. Las referencias sin embargo en Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el pasaje sobre la zarza ardiendo, cómo Dios le habló, diciendo: "YO SOY EL DIOS DE ABRAHAM, Y EL DIOS DE ISAAC, Y EL DIOS DE JACOB"?[…]Marcos 12:26 y Pero que los muertos resucitan, aun Moisés lo enseñó, en aquel pasaje sobre la zarza ardiendo, donde llama al Señor, EL DIOS DE ABRAHAM, Y DIOS DE ISAAC, Y DIOS DE JACOB.[…]Lucas 20:37, Dios no ha desechado a su pueblo, al cual conoció con anterioridad. ¿O no sabéis lo que dice la Escritura en el pasaje sobre Elías, cómo suplica a Dios contra Israel:[…]Romanos 11:2 y El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste: COMO OVEJA FUE LLEVADO AL MATADERO; Y COMO CORDERO, MUDO DELANTE DEL QUE LO TRASQUILA, NO ABRE EL SU BOCA.[…]Hechos 8:32, indican una división que se había convertido en familiar, y muestran que al menos algunas de las secciones eran conocidas popularmente por títulos tomados de sus temas. De la misma manera la existencia de un ciclo de lecturas se indica en Le dieron el libro del profeta Isaías, y abriendo el libro, halló el lugar donde estaba escrito:[…]Lucas 4:17; Después de la lectura de la ley y los profetas, los oficiales de la sinagoga les mandaron a decir: Hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad.[…]Hechos 13:15; 15:21; Pero el entendimiento de ellos se endureció; porque hasta el día de hoy, en la lectura del antiguo pacto el mismo velo permanece sin alzarse, pues sólo en Cristo es quitado.[…]2 Corintios 3:14, el cual, ya sea idéntico o no con el ciclo rabínico posterior, debe haber implicado un arreglo análogo al adoptado posteriormente.
La división Talmúdica es de acuerdo al siguiente plan:
La Ley se dividió en primera instancia en cincuenta y cuatro secciones, פַּרְשִֹיּוֹת, a fin de proporcionar una lectura para cada sábado en el año interpolado judío, haciéndose provisión para el año más corto por la combinación de dos de las secciones más cortas. Coexistiendo con este arreglo había una subdivisión en secciones menores, que servían para determinar las porciones de las secciones tomadas por los diversos lectores en las sinagogas. Las secciones menores fueron clasificados bajo dos encabezamientos: el abierto, que servía para indicar un cambio de tema análogo al existente entre dos párrafos en la escritura moderna, y en consecuencia comenzaba una nueva línea en el manuscrito, y el cerrado, que correspondía a las divisiones menores, y estaba marcado sólo por un espacio dentro de la línea. Las letras iniciales פ y ס servían como noción, en el margen o en el texto mismo, para los dos tipos de secciones. La triple inicial פפפ o ססס, se usó cuando el comienzo de una de las secciones coincidía con la de una lectura de sábado (comp. Keil, Einleitung in das A. T. §§ 170, 171).
Una terminología diferente se empleó para los profetas primeros y postreros, siendo la división menos uniforme. La tradición judía de que los profetas fueron leídos primero en el culto de la sinagoga, y por lo tanto divididos en secciones, porque la lectura de la Ley habia sido prohibida por Antíoco Epífanes, descansa sobre un muy débil fundamento, pero su existencia es en cualquier caso una prueba de que se creía que la Ley había sido sistemáticamente dividida antes de que el mismo proceso fuera aplicado a los otros libros. El nombre de las secciones en este caso fue הַפְטָרוֹת (de dimittere). Si el nombre fue aplicable de esta manera porque las lecturas de los profetas venían al final del culto de la sinagoga, siendo seguidas por la despedida del pueblo (Vitringa de Sinag. iii. 2, 20), su historia presentaría una singular analogía con el significado de 'Misa', sobre la suposición de que también se derivó de 'Ite, missa est', por la que la congregación entendía la conclusión de la parte anterior del culto de la iglesia. El peculiar uso de misa poco después de su aparición en el latín de escritores eclesiásticos en un sentido equivalente al de הַפְטָרוֹת ('sex Missas de Prophetâ Esaiâ facite', Cesáreo de Arlés y Aureliano en Bingham, Ant. xiii. 1) presenta al menos una singular coincidencia. Los mismos הַפְטָרוֹת estaban destinados para corresponderse con las פַּרְשִֹיּוֹת más extensas de la Ley, para que pudiera haber una lectura distinta para cada sábado en el año interpolado como antes; pero las tradiciones de los judíos alemanes y españoles, ambas de gran antigüedad, presentan una considerable diversidad en la longitud de las divisiones, y muestran que nunca fueron determinadas por la misma autoridad que la que había establecido las פַּרְשִֹיּוֹת de la Ley (Van der Hooght, Praefat in Bib. § 35). De las divisiones tradicionales de la Biblia hebrea, sin embargo, la que ha ejercido mayor influencia en la recepción de arreglos del texto, fue la subdivisión de las secciones más grandes en versículos, que no parece haber sido utilizada hasta la recensión post-talmúdica del texto de los masoretas del siglo IX. Luego se aplicó, primero a la prosa y después a los libros poéticos de las Escrituras hebreas, sustituyendo en este último el arreglo de líneas y grupos de líneas, que se había basado en consideraciones métricas. Los versículos de las divisiones masoréticas se conservaron con variaciones comparativamente leves a través de la Edad Media, llegando al conocimiento de traductores y editores cuando la atención de los eruditos europeos se centró en el estudio del hebreo. En los manuscritos hebreos la notación había sido simplemente marcada por el ׃ al final de cada versículo; y en las primeras Biblias hebreas impresas (la de Sabionetta, 1557, y de Plantin, 1566) los numerales hebreos que guían al lector en la referencia, se adjuntan a cada quinto versículo solamente. La concordancia del rabino Nathan, 1450, sin embargo, se había apoyado en la aplicación de un numeral a cada versículo, lo que fue adoptado por el dominico Pagnino en su versión latina, 1528, siendo seguida a lo largo de todo el Antiguo y Nuevo Testamento, coincidiendo sustancialmente, en cuanto al primero, con el masorético, y por lo tanto con la división moderna, pero difiriendo materialmente en cuanto al Nuevo Testamento del que fue adoptado por Robert Stephens y a través de sus ediciones de amplia circulación pasó a ser general. Los principales hechos que quedan por ser declarados en cuanto a las divisiones de versículos del Antiguo Testamento son, (1) que fue adoptado por Stephens en su edición de la Vulgata, 1555, y por Frellon en la de 1560; (2) que apareció, por primera vez en una traducción al inglés, en la Biblia de Ginebra de 1560, y de ella fue transferida a la Biblia de los Obispos de 1568 y a la Versión Autorizada de 1611. En la Biblia de Coverdale está la notación más antigua, que fue de uso familiar para otros libros, y retenida en algunos casos (por ejemplo, en las referencias a Platón), hasta nuestros días. Las letras A B C D se colocan a distancias iguales en el margen de cada página y la referencia se hace a la página (o, en el caso de la Escritura, al capítulo) y la letra respectivamente.
La Septuaginta, junto con las versiones latinas basadas sobre ella, han contribuido poco o nada a la división recibida de la Biblia. Hechas en un momento en que las subdivisiones rabínicas no se hacían cumplir, apenas tal vez existentes, y no usadas en el culto de la sinagoga, no había razón para el escrupuloso cuidado que se mostró en relación con el texto hebreo. El lenguaje de Tertuliano (Scorp. ii.) y Jerónimo (in La voz del SEÑOR clamará a la ciudad (prudente es temer tu nombre): Oíd, oh tribu, ¿quién ha señalado su tiempo?[…]Miqueas 6:9; Y éste habló, y dijo a los que estaban delante de él: Quitadle las ropas sucias. Y a él le dijo: Mira, he quitado de ti tu iniquidad y te vestiré de ropas de gala.[…]Zacarías 3:4) implica la existencia de 'capitula' de algún tipo; pero la palabra no parece haber sido usada en ninguna forma definida más que 'locus' o 'pasaje'. El uso litúrgico de porciones del Antiguo Testamento conduciría al empleo de alguna notación para distinguir las 'lecturas', y los estudiantes individuales o transcriptores podían adoptar un sistema de referencia propio; pero no hay nada que se corresponda a la completamente organizada notación que se originó con los talmudistas o masoretas. Es posible de hecho que el uso general de leccionarios, en los que las porciones leídas en los cultos de la Iglesia fueron escritos por separado, pueda haber obstaculizado el desarrollo de tal sistema. Cualquier rastro que se encuentre es, en consecuencia, escaso y fluctuante. La esticometría, es decir, la división del texto en líneas cortas, generalmente con muy poca consideración al sentido, adoptado en los siglos IV o V (ver Prolegom. a Septuagint de Breitinger, i. § 6), aunque puede haber facilitado la referencia, o sido útil como una guía para el lector en el canto medio comúnmente utilizado en los servicios litúrgicos, era demasiado arbitraria (excepto donde correspondía a las frases paralelas de los libros poéticos hebreos) e inconveniente para adoptarse en general. El manuscrito alejandrino presenta una notación parcial de encabezados, pero en cuanto al Antiguo Testamento se encuentra sólo en porciones de Deuteronomio y Josué. Existen huellas (Coteler. Monum. Eccles. Graec., Breitinger, Proleg. ut sup.) de una división similar en Números, Éxodo y Levítico y en los manuscritos latinos presentando con frecuencia un sistema de división en 'tituli' o 'capitula', pero sin normas reconocidas. Pero en el siglo XIII el desarrollo de la teología como ciencia, y el uso más frecuente de las Escrituras como libro de texto para las clases, condujo a la adopción general de una división más sistemática, tradicionalmente atribuida [por algunos] al arzobispo Stephen Langton, de Canterbury (Triveti Annal. p. 182, ed. Oxon.), [por otros a Hugo de San Cher [Hugo de S. Caro] (Gilbert Genebrard, Chronol. l. iv. 644), y pasando por su comentario (Postilia in Universa Biblia y Concordancia, circ. 1240) a uso general. Ninguna otra subdivisión de los capítulos se unió con ésta, más allá de lo indicado por las letras marginales A B C D como se describe arriba.
En cuanto al Antiguo Testamento el presente arreglo surge de la unión de la división capitular del cardenal Hugo y los versículos masoréticos. Los libros apócrifos, a los que por supuesto ninguna división masorética era aplicable, no recibieron una división en versículos hasta la edición latina de Pagnino en 1528, ni la división ahora en uso hasta la edición de Stephens de la Vulgata en 1555.

De los cuatro grandes manuscritos unciales, A [y también el Sinaítico, pero no, según Tischendorf, a prima manu] presenta la numeración y cánones de Ammonio o Eusebio, C y D los numerales sin los cánones. B no tiene numerales ni cánones, sino una notación propia, siendo la principal peculiaridad que las epístolas de Pablo son tratadas como un solo libro, y sometidas a una continua capitulación. Después de caer en desuso y en un olvido comparativo, las divisiones de Eusebio y Eutalio (desde 1827) volvieron a ser familiares para el estudiante inglés por la edición del obispo Lloyd del Testamento griego. Las secciones y cánones de Eusebio también aparecen en las ediciones de Tischendorf, Wordsworth, y Tregelles.
Con el Nuevo Testamento, sin embargo, como con el Antiguo, la división en capítulos adoptada por Hugo de San Cher reemplazó a las que habían estado en uso anteriormente, apareciendo en las primeras ediciones de la Vulgata, siendo transferida a la Biblia inglesa por Coverdale, y así se volvió universal. La notación de los versículos en cada capítulo siguió naturalmente en el uso a los versículos masoréticos para el Antiguo Testamento. La superioridad de tal división sobre la notación marginal A B C D en la Biblia del cardenal Hugo de San Cher llevó a adoptar un sistema análogo para el Nuevo. En la versión latina de Pagnino en consecuencia, hay una división en versículos, aunque diferente de la usada en la mayor extensión de sus versículos. La ausencia de una norma autoritativa como la de los masoretas, dejó mucho espacio al criterio individual de editores o impresores, y la actividad de los dos Stephens hizo que la adoptada en sus numerosas ediciones del Testamento griego y la Vulgata fuera generalmente recibida. En el prefacio a la Concordancia, publicada por Henry Stephens, 1594, da el siguiente relato del origen de esta división. Su padre, dice, viendo que los libros del Nuevo Testamento ya estaban divididos en capítulos (tmemata, o secciones), procedió a una subdivisión adicional en versículos. El nombre versiculi no le convencía. Hubiera preferido tmematia o sectiunculae, pero la preferencia de los demás por el primero lo indujo a adoptarlo. Todo el trabajo se llevó a cabo 'inter equitandum' en su viaje de París a Lyón. Mientras lo estaba elaborando, se dudó de su éxito. Tan pronto como fue conocido, halló aceptación universal. La edición en la que esta división fue adoptada por primera vez se publicó en 1551, otra vino de la misma imprenta en 1555. Fue usada para la Vulgata en la edición de Amberes de Hentenius en 1559, para la versión inglesa publicada en Ginebra en 1560, y desde entonces, con ligeras variaciones en los detalles, ha sido reconocida universalmente. La conveniencia de tal sistema para la referencia es obvia; pero se puede cuestionar si no ha sido obtenida con menoscabo de la percepción, por parte de lectores ordinarios, del verdadero orden y relación de los libros de la Biblia. En algunos casos, la división de capítulos separa porciones que están muy unidas (por ejemplo, Por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.[…]Mateo 9:38 y 10:1; 19:30 y 20:1; 23 Y aconteció que un día de reposo Jesús pasaba por los sembrados, y sus discípulos, mientras se abrían paso, comenzaron a arrancar espigas. 24 Entonces los fariseos le decían: Mira, ¿por qué hacen lo que no es lícito en el día de reposo? 25 Y El le[…]Marcos 2:23-28 y 3:1-5; 8:38 y 9:1; 45 Mientras todo el pueblo escuchaba, dijo a los discípulos: 46 Cuidaos de los escribas, a quienes les gusta andar con vestiduras largas, y son amantes de los saludos respetuosos en las plazas, y de ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los[…]Lucas 20:45-47 y 21:1-4; Y cayendo de rodillas, clamó en alta voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Habiendo dicho esto, durmió.[…]Hechos 7:60 y 8:1; así como también yo procuro agradar a todos en todo, no buscando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos.[…]1 Corintios 10:33 y 11:1; al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.[…]2 Corintios 4:18 y 5:1; 6:18 y 7:1), y en todo momento da la impresión de una división formal totalmente en desacuerdo con el flujo continuado de la narrativa o pensamiento que caracteriza al libro tal como salió de la mano del escritor. Esta separación de versículos, a su vez, ha conducido en gran parte al hábito de construir sistemas doctrinales sobre textos aislados. Las ventajas del método recibido se unen con las de un arreglo que representa el original más fielmente en la estructura de las Biblias publicadas por diferentes editores, y en los Testamentos griegos de Lloyd, Lachmann y Tischendorf. El estudiante debería, sin embargo, recordar al usarlo que los párrafos pertenecen al editor, no al escritor, y están por lo tanto bajo las mismas debilidades que surgen de peculiaridades subjetivas, sesgos dogmáticos y similares, como los capítulos de nuestras Biblias comunes. Prácticamente el riesgo de tales debilidades ha sido reducido casi al mínimo por el cuidado de los editores para evitar los errores en los que sus predecesores han caído, pero la posibilidad del mal existe, y por lo tanto hay que protegerse del mismo ejerciendo un juicio independiente.
Bibliografía:
Edward Hayes Plumptre, Dr. William Smith's Dictionary of the Bible.