Historia

CALDEOS

Caldeos, כַּשְׂדִּים, término que aparece en las Escrituras en el tiempo del cautiverio, como pueblo del territorio que tenía a Babilonia por su capital, que a su vez se denomina a sí mismo Sinar.

Atavío de los caldeos
Rawlinson - Ancient Monuments
En el libro de Daniel, mientras que se encuentra ese significado (Aquella misma noche fue asesinado Belsasar, rey de los caldeos.[…]Daniel 5:30; 9:1), también se muestra un nuevo sentido. Los caldeos se clasifican con los magos y astrónomos; evidentemente forman una especie de clase sacerdotal, que tienen una peculiar 'lengua' y 'saber' (Y hablaron los caldeos al rey en arameo: ¡Oh rey, vive para siempre! Cuenta el sueño a tus siervos, y nosotros te declararemos la interpretación.[…]Daniel 2:4), y son consultados por el rey en asuntos religiosos. La misma variedad aparece en los escritores profanos. Beroso, el historiador nativo, él mismo caldeo en el sentido más estricto (Taciano, Or. adv. Gr. 58), usa el término solo en el sentido más amplio; mientras que Heródoto, Diodoro, Estrabón y los escritores posteriores lo emplean casi universalmente para significar un grupo o parte del pueblo a quienes consideran sacerdotes o filósofos. Con esta idea, sin embargo, se une otra, pero que armoniza con ella, a saber, que los caldeos son los habitantes de una parte particular de Babilonia, a saber, el territorio limítrofe con el Golfo Pérsico (Estrabón, xvi. 1, §; Ptolomeo, v. 20). Con ayuda de las inscripciones descubiertas en el territorio, estas discrepancias y aparentes contradicciones son explicables.

Parece que los caldeos (kaldai o kaldi) fueron en tiempos más antiguos simplemente una de las muchas tribus que habitaban en la gran llanura aluvial conocida después como Caldea o Babilonia. Su porción especial era esa parte meridional del territorio que hasta tarde retuvo el nombre de Caldea. Aquí estaba Ur 'de los caldeos', la actual Mugheir, al sur del Éufrates, cerca de su unión con Shat-el-Hie. Por lo tanto, fácilmente vendrían 'tres grupos de caldeos' que fueron instrumentos, simultáneamente con los sabeos, en la aflicción de Job (15 y los sabeos atacaron y se los llevaron. También mataron a los criados a filo de espada; sólo yo escapé para contárte lo. 16 Mientras estaba éste hablando, vino otro y dijo: Fuego de Dios cayó del cielo y quemó las ovejas y a los criados y los con[…]Job 1:15-17). Con el tiempo, a medida que los kaldi crecieron en poder, su nombre prevaleció gradualmente sobre el de las otras tribus que habitaban el territorio; y en la época del cautiverio judío había comenzado a ser usado generalmente para todos los habitantes de Babilonia. Podemos sospechar que cuando el nombre es aplicado por Beroso a las dinastías que precedieron a la asiria, es a modo de prolepsis. La dinastía de Nabopolasar, sin embargo, fue probablemente caldea, lo que ayudará a establecer el uso más amplio del apelativo. Había llegado entonces a tener dos sentidos, ambos étnicos; uno era el apelativo especial de un pueblo particular al que había pertenecido desde los tiempos más remotos, otro designaba a la nación en general, en la que este pueblo era predominante.

Se ha observado que los kaldi propiamente dichos eran cusitas. Esto lo prueban los restos de su idioma, que se parece mucho al galla o antiguo idioma de Etiopía. Parece por las inscripciones que mientras tanto en Asiria como en Babilonia posterior, el tipo semítico de habla prevaleció para propósitos civiles, se retuvo el antiguo idioma cusita, como lengua del saber, para la literatura científica y religiosa. Se trata sin duda del 'saber' y 'lengua' a la que se hace referencia en jóvenes en quienes no hubiera defecto alguno, de buen parecer, inteligentes en toda rama del saber, dotados de entendimiento y habilidad para discernir y que tuvieran la capacidad para servir en el palacio del rey; y le mandó que les enseñara la escr[…]Daniel 1:4. Gradualmente se volvió inaccesible para la gran masa del pueblo, que fueron semitizados, principalmente por medio de la influencia asiria. Pero el saber caldeo, en el antiguo idioma caldeo o cusita, hizo que todos los que lo estudiaron, cualquiera que fuera el origen de su etnia, fueran, a causa de su conocimiento, llamados caldeos. En este sentido, el mismo Daniel, 'jefe de los caldeos' (Hay un hombre en tu reino en quien está el espíritu de los dioses santos; y en los días de tu padre se halló en él luz, inteligencia y sabiduría como la sabiduría de los dioses. Y tu padre, el rey Nabucodonosor, tu padre el rey, lo nombró jefe de los[…]Daniel 5:11), sin duda habría sido contado entre ellos; y así encontramos a Seleuco, un griego, llamado caldeo por Estrabón (xvi. 1, § 6). Puede ser dudoso si los caldeos en todo tiempo fueron todos sacerdotes, aunque sin duda, se recomendaba que los sacerdotes fueran caldeos. Eran realmente la clase erudita, que por su familiaridad con la lengua de la ciencia se habían convertido en sus depositarios. Eran sacerdotes, magos o astrónomos, según les inclinase su preferencia por una u otra de aquellas ocupaciones; y en la última de las tres capacidades probablemente efectuaron descubrimientos de gran importancia.

Según Estrabón, que distingue bien (xvi. 1, § 6) entre los eruditos caldeos y el mero pueblo descendiente de los antiguos kaldi, que continuó predominando en el territorio que limita con Arabia y el Golfo, había dos sedes principales del saber caldeo, Borsippa y Ur u Orchoë. A esto podemos agregar por Plinio (H. N. vi. 20) otras dos, Babilonia y Sippara o Sefarvaim. Los caldeos (al parecer) se congregaron en organizaciones, formando lo que quizás podamos llamar universidades, para proseguir sus estudios. Probablemente mezclaron hasta cierto punto la astrología con su astronomía, incluso en los primeros tiempos, pero ciertamente hicieron grandes avances en la ciencia astronómica, a la que su cielo sereno, atmósfera transparente y su horizonte regular los invitaba especialmente. Las observaciones, que cubren un espacio de 1903 años, que Callistenes envió a Aristóteles desde Babilonia (Simplic. ad Arist. De Cael. ii. 123), indican a la vez la antigüedad de tal conocimiento en el país y el cuidado con el que había sido conservado por la clase ilustrada. En épocas posteriores parecen ciertamente haber degenerado en meros adivinos (Cicerón, de Div. i. 1; Aul. Gell. i. 9; Juvenal, vi. 552, x. 94, etc.); reproche que es justamente merecido en el reinado de Augusto (Estrabón, xvi. 1, § 6).


Bibliografía:
George Rawlinson, Dr. William Smith's Dictionary of the Bible.