Historia

DANIEL, ADICIONES APÓCRIFAS A

Adiciones apócrifas a Daniel son un conjunto de tres escritos: El cántico de los tres jóvenes, La historia de Susana, y La historia de Bel y el dragón.

El primero se refiere a los tres amigos de Daniel echados en el horno de fuego (Pero estos tres hombres, Sadrac, Mesac y Abed-nego cayeron, atados, en medio del horno de fuego ardiente.[…]Daniel 3:23), pidiendo Azarías a Dios que los libere (cántico de los tres jóvenes iii.-xxii.); y en respuesta el ángel de Dios los protege del fuego que consume a sus enemigos (xxiii.-xxvii.), donde "los tres a una voz" levantan un triunfante canto (xxix.-lxviii.), del cual una parte principal (xxxv.-lxvi.) se ha usado como himno (Benedicite) en la Iglesia desde el siglo IV (Rufin. Apol. ii. 35; comp. Concil. Tolet. iv. Can. 14). Como varios fragmentos similares, las partes principales de esta composición se dan al final del Salterio en el manuscrito alejandrino como salmos separados, bajo los títulos "La oración de Azarías" y "El himno de nuestros Padres"; con un arreglo similar en otros salterios griegos y latinos.

Los otros dos escritos aparecen más claramente como apéndices, y no tienen apariencia de formar parte del texto original. La historia de Susana (o el juicio de Daniel) se encuentra generalmente en el comienzo del libro, aunque también ocurre después del capítulo 12 (Vulgata, ed. Compl.). La Historia de Bel y el Dragón se pone al final del libro; y en la Septuaginta lleva un encabezamiento especial como "parte de la profecía de Habacuc".

Las adiciones se encuentran tanto en los textos griegos — la Septuaginta y Teodoción, como en la antigua versión latina y la Vulgata, y en las versiones siríaca y árabe. Por otra parte no hay evidencia de que alguna vez formaran parte del texto hebreo y originalmente faltaban en el siríaco (Policronio, ap. Mai, Script. Vett. Nov. Coll. i.). De la Septuaginta y la Vulgata los fragmentos pasaron ​​a uso común, y se citan comúnmente por los Padres griegos y latinos como partes de Daniel (Clemente de Alejandría, Ecl. proph. i.; Oríegenes, Ep. Afric.; Tertuliano, de Pudic. 17, &c.), pero fueron rechazados por aquellos que se adherían al canon hebreo. Jerónimo en particular llamó la atención sobre su ausencia en la Biblia hebrea (Proph. in Dan.), y en lugar de cualquier comentario propio añade brevemente las observaciones de Orígenes "sobre las fábulas de Bel y Susana" (Com. in Dan. xiii. 1). De manera similar cita brevemente el cántico de los tres jóvenes, "para que no parezca que lo ha pasado por alto" (Comm. in Dan. iii. 23).

Se han hecho varias conjeturas en cuanto al origen de las adiciones. Se ha supuesto que se derivaron de los originales arameos (WeIte, Herbst, Einl. ii. 3, cap. 8, da los argumentos extensamente), pero la intrincada evidencia es totalmente insuficiente para aclarar la cuestión. El carácter de las adiciones mismas indica más bien la mano de un escritor alejandrino; y no es raro que el traductor de Daniel incorporara tradiciones que ya estaban vigentes, y las anexara a su obra (comp. Fritzsche, Exeg. Handb. zu den Apok. i. 121). La brusquedad de la narración en Daniel brindó ocasión para la introducción de la oración y el himno; y la historia del Dragón parece una extraña exageración del registro de la liberación de Daniel (1 Le pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento veinte sátrapas que gobernaran en todo el reino, 2 y sobre ellos, tres funcionarios (uno de los cuales era Daniel) a quienes estos sátrapas rindieran cuenta, para que el rey no fuera perjudic[…]Daniel 6), que puede naturalmente haber sevido de base de diferentes leyendas. Tampoco es difícil de ver en la Historia de Susana una alusión al nombre del profeta, aunque la narración puede no ser totalmente ficticia.

La Septuaginta parece ser la fuente original de donde proceden todas las recensiones existentes de los fragmentos (cf. Hody, de Bibl. text. p. 583). Teodoción parece haber hecho poco más que transcribir el texto de la Septuaginta con mejoras en estilo y lenguaje, que son considerablemente mayores en las narraciones adjuntas que en el Canto incorporado al texto. De este modo mientras que la historia de Susana y Bel y el Dragón contienen grandes adiciones que relacionan y embellecen la historia (por ejemplo, Hist. Sus. vv. 15-18; 20,21; 24-27; 46,47; 49,50; Bel y el Dragón, vv. 1,9-13; Eichh. pag. 431 sig.), el texto del cántico es poco más que una repetición del de la Septuaginta (compe. De Magistris, Daniel, etc., p. 234 y sig.; Eichh. Einl. in D. Apok. Schrift. pág. 422 y sig.). La políglota-siríaca, árabe y latina se derivan de Teodoción; y la Hexaplar-Siríaca de la Septuaginta (Eichh. p. 430, etc.).

Las historias de Bel y Susana recibieron varios embellecimientos en épocas posteriores, que arrojan algo de luz sobre la manera en que fueron originalmente compuestas (comp. Orígenes, Ep. ad Afric. §§ 7,8; Bochart, Hieroz. iii. 3; Eichhorn, pág. 446, etc.); también el cambio que introdujo Teodoción en la narrativa de Bel, para darle algo de consistencia a los hechos, ilustra el proceso de racionalización por donde pasaron las leyendas (comp. Delitzsch, De, Habacuci vitâ et aetate, 1844).


Bibliografía:
Brooke Foss Westcott, Dr. William Smith's Dictionary of the Bible.