Historia
ELÍAS
Pero la mención a Galaad es la nota clave de gran parte de lo más característico de la historia del profeta. Galaad era el territorio en el lado más alejado del Jordán, de caza y pastos, aldeas y montaña, habitado por un pueblo no asentado como los que formaron las comunidades de Efraín y Judá, sino de hábitos errantes e irregulares, expuesto a los ataques de las tribus nómadas del desierto, que poco a poco se fue adaptando cada vez más a los hábitos de esas tribus; haciendo la guerra a los agarenos, y tomando incontables miles de cabezas de su ganado, y luego habitando en su lugar (1 Crónicas 5:10,19-22). Uno de los héroes más famosos de los antiguos anales de Israel fue "Jefté galaadita", en quien estas características eran prominentes.
La ropa ordinaria de Elías consistía en un vestido de pelo con cinturón de cuero alrededor de sus lomos, que se ceñía para correr (Y la mano del SEÑOR estaba sobre Elías, el cual ciñó sus lomos y corrió delante de Acab hasta Jezreel.[…]1 Reyes 18:46). Pero además de esto, ocasionalmente llevaba el "manto" o capa de piel de oveja, que nos ha proporcionado una de nuestras figuras retóricas más familiares. La vida solitaria en la que había asumido estas peculiaridades externas, también había nutrido esa firmeza de celo y esa franqueza en el trato que tanto lo distinguía. Fue en la salvaje soledad de las colinas y barrancos de Galaad que el conocimiento del Dios de Israel, había quedado grabado en su mente, lo cual iba a forjar el objeto de su misión ante la corte idólatra y la nación de Israel.
El reino del norte había abandonado en ese momento casi por completo la fe en Dios. El culto a los becerros había sido un alejamiento de él, una violación de su mandato contra las semejanzas materiales; pero aún así parecería que incluso en presencia de los becerros se reconocía a Dios, y que en cualquier caso eran una institución nacional, no una institución importada de las idolatrías de ninguno de los países circundantes. Fueron declarados por Jeroboam como los preservadores de la nación durante la gran crisis de su existencia: "He aquí tus dioses, oh Israel, que te sacaron de la tierra de Egipto" (Y el rey tomó consejo, hizo dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Es mucho para vosotros subir a Jerusalén; he aquí vuestros dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto.[…]1 Reyes 12:28). Pero el caso fue muy diferente cuando Acab, no contento con el culto al becerro, como si fuera "cosa ligera andar en los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat", se casó con la hija de el rey de Sidón, e introdujo en escala más extensa (Josefo, Ant. ix. 6, § 6) la religión extranjera de la familia de su esposa, el culto al dios fenicio BaaL. Adjunto estaba el culto de Asera, que era obsceno e impuro y que en épocas anteriores habían ocasionado los juicios más severos sobre la nación (1 Mientras Israel habitaba en Sitim, el pueblo comenzó a prostituirse con las hijas de Moab. 2 Y éstas invitaron al pueblo a los sacrificios que hacían a sus dioses, y el pueblo comió y se postró ante sus dioses. 3 Así Israel se unió a Baal de Peor, […]Números 25; 1 Y el ángel del SEÑOR subió de Gilgal a Boquim y dijo: Yo os saqué de Egipto y os conduje a la tierra que había prometido a vuestros padres y dije: "Jamás quebrantaré mi pacto con vosotros, 2 y en cuanto a vosotros, no haréis pacto con los habitante[…]Jueces 2:l3,14; 3:7,8). Elías se presenta como testigo contra estos dos males.
Lo que podemos llamar la primera etapa de su vida abarca entre tres y cuatro años; tres años y seis meses durante la duración de la sequía, según las declaraciones del Nuevo Testamento (Pero en verdad os digo: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses y cuando hubo gran hambre sobre toda la tierra;[…]Lucas 4:25; Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses.[…]Santiago 5:17), y tres o cuatro meses más para el viaje a Horeb, y el regreso a Galaad (17 1 Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive el SEÑOR, Dios de Israel, delante de quien estoy, que ciertamente no habrá rocío ni lluvia en estos años, sino por la palabra de mi boca. 2 Y vino a Elías la palabra d[…]1 Reyes 17:1-19:21). Su introducción es sorprendente, pues de repente aparece ante Acab, y proclama la venganza de Dios por la apostasía del rey, lo cual hace en la notable fórmula evidentemente característica de él mismo, y adoptada tras su partida por su seguidor Eliseo -una forma que incluye todo lo que está en disputa entre él y el rey— el nombre de Dios, que es el Dios de Israel, el Dios viviente, y siendo Elías su mensajero, y luego, la lección especial del acontecimiento, que el dios falso sería derrotado con sus propias armas. "Vive el Señor Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra". No se nos dice qué acción inmediata siguió, pero es claro que Elías tuvo que huir ante alguna amenaza de venganza, ya fuera del rey, o más probablemente de la reina (comp. Entonces Jezabel envió un mensajero a Elías, diciendo: Así me hagan los dioses y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu vida como la vida de uno de ellos.[…]1 Reyes 19:2). Quizás fue en esta coyuntura, cuando Jezabel "destruyó a los profetas de Dios" (pues sucedió que cuando Jezabel destruyó a los profetas del SEÑOR, Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en cincuenta en una cueva, y los sustentó con pan y agua.)[…]1 Reyes 18:4). Elías fue dirigido al arroyo de Querit, ya sea a uno de los torrentes que dividen las altas mesetas de sus colinas nativas, o al oeste del Jordán, más en las cercanías de Samaria. Allí permaneció en el lecho del torrente, apoyado en la milagrosa provisión, hasta que la sequía del arroyo le obligó a abandonarlo. No se sabe cuánto tiempo permaneció en Querit. La expresión hebrea es simplemente "al final de los días", y Josefo no brinda más información. Se ha dedicado una gran cantidad de ingenio a explicar los "cuervos" de Elías. La palabra hebrea ha sido interpretada como "árabes", como "comerciantes", como habitantes de algún pueblo vecino de Orbo u Orbi, según la palabra hebrea para cuervos. Otros han sostenido que Elías saqueó el nido de un cuervo, ¡y esto dos veces al día regularmente durante varios meses!. Pero no hay forma de escapar del significado claro de las palabras. Su siguiente refugio fue en Sarepta, una ciudad fenicia situada entre Tiro y Sidón, sin duda el último lugar en el que se buscaría al enemigo de Baal. Aquí Elías realizó los milagros de prolongar el aceite y la harina; y devolvió la vida al hijo de la viuda.
Aquí el profeta es denominado por vez primera con el título que, aunque ocasionalmente se usa anteriormente para otros, se aplica con tanta frecuencia a Elías que se convierte en la denominación distintiva de él y su sucesor: "varón de Dios" - "Ahora conozco que tú eres varón de Dios” (18 Y ella dijo a Elías: ¿Qué tengo que ver contigo, oh varón de Dios? Has venido para traer a memoria mis iniquidades y hacer morir a mi hijo. 24 Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres hombre de Dios, y que la palabra del SEÑOR en […]1 Reyes 17:18,24).
En éste o en algún otro retiro, transcurrió un intervalo de no más de dos años. La sequía continuó, y al mismo tiempo todas las penalidades de la hambruna, causadas por la pérdida de las cosechas, cayeron sobre Samaria. El rey y su servidor doméstico se dividieron entre ellos el triste deber de comprobar que ni alrededor de los manantiales, que son una característica tan frecuente de Israel central, ni en los rincones y recovecos de los lechos más sombreados, quedaba algo de la hierba que es una indicación tan segura de la presencia de humedad. A nadie, excepto a las dos personas principales del reino, se le podía confiar esta búsqueda de vida o muerte. "Acab fue por un camino, y Abdías separadmente por otro". Es el momento de la reaparición del profeta. Se muestra primero al sirviente. Allí, de repente en su camino, está el hombre que él y su amo han estado buscando durante más de tres años. "No ha habido nación ni reino", dice Abdías con verdadera hipérbole oriental, "adonde mi señor no haya enviado a buscarte." Ante la repentina aparición de esa figura y ese semblante severo e inquebrantable, Abdías no pudo sino caer sobre su rostro. Elías, sin embargo, pronto calma su temor: "Vive el Señor de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que hoy me mostraré a él;" y así, aliviado de su temor de que, como en una ocasión anterior, Elías desapareciera antes de poder regresar con el rey, Abdías parte para informar a Acab que el hombre que buscan está allí. Cuando llega Acab es acusado por Elías: "Has dejado a Dios y seguido a los baales". Luego ordena que todo Israel sea reunido en el Monte Carmelo con los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y los cuatrocientos de Asera, estos últimos bajo la protección especial de la reina.
Hay pocas historias más sublimes en la historia que ésta. Por un lado, el siervo solitario de Dios, acompañado de su único asistente; con su escasa vestimenta y su manto de piel de oveja, pero con tranquila dignidad de comportamiento y reparando el arruinado altar de Dios con doce piedras, según el número de los doce fundadores de las tribus, y recordando en su oración los nombres de Abraham, Isaac e Israel; por otro lado, los 850 profetas de Baal y Asera, sin duda en todo el esplendor de sus vestiduras (Y dijo al que estaba encargado del vestuario: Saca vestiduras para todos los adoradores de Baal. Y él les sacó vestiduras.[…]2 Reyes 10:22), con el estrépito de sus vanas repeticiones y la furia enloquecida de sus esperanzas frustradas, y el pueblo silencioso que los rodea, forman una imagen que todos conocemos, pero que cada vez se ilumina con una fresca claridad. Sólo es necesario echar un vistazo a la conclusión del largo día. El fuego de Dios consumiendo tanto el sacrificio como el altar —los profetas de Baal muertos, al parecer por la propia mano de Elías (Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, que no se escape ninguno de ellos. Los prendieron, y Elías los hizo bajar al torrente Cisón y allí los degolló.[…]1 Reyes 18:40)— el rey, con una apatía casi ininteligible, comiendo y bebiendo en medio de la carnicería de sus propios seguidores, la tormenta creciente, el viaje a través de la llanura hasta Jezreel, una distancia de al menos 25 kilómetros; el profeta, con verdadera resistencia, corriendo delante del carruaje de Acab.
Hasta este momento el triunfo había sido completo; pero el espíritu de Jezabel no iba a ser vencido tan fácilmente, y su primer acto es un voto de venganza contra el autor de esta destrucción. "Así me hagan los dioses y aun me añadan", así decía en su exclamación, "si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos". El peligro era grande y el refugio debía estar lejano. La primera etapa del viaje fue Beerseba: "Beerseba, que está en Judá", dice la narración. Aquí, en el antiguo refugio de aquellos padres de su nación cuya memoria era tan querida para él, y en los mismos confines del cultivado territorio, Elías se detuvo. A su siervo, según la tradición judía, el muchacho de Sarepta, lo dejó en la ciudad; mientras él mismo partió solo hacia el desierto, la región desolada e inhabitada que rodea el sur de Israel. Los esfuerzos, ansiedades y tensión de los últimos días habían sido demasiado, incluso para aquel hombre de hierro y firme resolución. Su espíritu estaba roto, y deambula por las solitarias extensiones de esas colinas rocosas deseando la muerte. "Basta ya, oh Señor, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres." Es factible concluir que estaba completamente sin provisiones para este o cualquier viaje. Pero Dios, que había metido a su siervo en esta dificultad, le proporcionó los medios para escapar de ella, siendo el profeta despertado de su sueño de abatimiento, debajo del arbusto solitario del desierto, y alimentado con el pan y el agua, que hasta el día de hoy son todos los requerimientos de un beduino, caminando, "con aquella comida", un viaje de cuarenta días "hasta Horeb, el monte de Dios."
Aquí, "en una cueva", una de las numerosas cavernas de aquellas horribles montañas, permaneció ciertamente durante una noche. En la mañana vino la "palabra de Dios", mediante la pregunta: "¿Qué haces aquí, Elías?" En respuesta a esta pregunta, el profeta abre su corazón. Ha sido muy celoso de Dios, pero el esfuerzo ha sido en vano; ninguno le sigue, y ha quedado solo, huyendo para salvar su vida de la espada que ha matado a los otros profetas. La respuesta viene en esa forma vaga e indirecta en la que parece necesario que las comunicaciones más profundas con el ser humano se expresen para que sean efectivas. Se le ordena que abandone la cueva y esté de pie en la montaña al aire libre, delante de Dios. Luego, como antes con Moisés (Entonces pasó el SEÑOR por delante de él y proclamó: El SEÑOR, el SEÑOR, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad;[…]Éxodo 34:6), "el Señor que pasaba"; pasó en todo el terror de sus manifestaciones más espantosas. El viento huracanado desgarró las sólidas montañas e hizo temblar los acantilados de granito del Sinaí; el terremoto reverberó a través de los desfiladeros de aquellos valles desnudos; el fuego ardía con el incesante resplandor de los relámpagos del este. Como éstos, en su grado, habían sido los propios modos de proceder de Elías, pero ahora se le impone la convicción de que en ninguno de ellos se puede conocer a Dios. Luego, penetrando el silencio sepulcral que siguió a estas manifestaciones, apareció el cuarto símbolo misterioso, el "silbo apacible". Qué sonido era, si voz articulada o no, ni siquiera podemos conjeturarlo; pero bajo y silencioso como era, habló con acentos más fuertes al corazón herido de Elías que el rugido y el fuego que lo habían precedido. A él se le proclamó de manera no menos inequívoca que a Moisés, siglos antes, que Dios era "misericordioso y piadoso, tardo para la ira y grande en misericordia y verdad". Elías conoció el llamamiento, e inmediatamente, dando un paso adelante y ocultando su rostro en su manto, se quedó esperando la comunicación divina. Está en las mismas palabras que antes, y también su respuesta; ¡pero con qué distinta fuerza debió caer la pregunta en sus oídos y la respuesta salir de sus labios! 'Antes de su entrada a la cueva, él era comparativamente un novato; cuando la dejó era un hombre iniciado. Había pensado que el terremoto, el fuego o el viento debían ser los grandes testigos del Señor. Pero él no estaba en ellos, sino en la pequeña y apacible voz, que obligó al profeta a cubrirse el rostro con su manto. ¡Qué conclusión de toda la historia del pasado! ¡Qué interpretación de su significado!' (Maurice, Prophets and Kings, p. 136). No en las persecuciones de Acab y Jezabel, ni en la matanza de los profetas de Baal, sino en los siete mil adoradores desconocidos que no habían doblado la rodilla ante Baal, estaba la seguridad de que Elías no estaba solo como parecía estar.
Se le dieron tres órdenes: se debían hacer tres cambios. En lugar de Ben-adad, Hazael sería rey de Siria; en lugar de Acab, Jehú hijo de Nimsi habría de ser rey de Israel; y Eliseo hijo de Safat sería su propio sucesor. De estas tres órdenes, las dos primeras estaban reservadas para que las cumpliera Eliseo, la última sólo fue ejecutada por el propio Elías. Casi parecería como si sus últimas pruebas hubieran despertado en él un anhelo por esa afección y compañerismo que hasta entonces le habían sido negados. Su primera búsqueda fue de Eliseo. Al parecer pronto lo encontró; debemos concluir que su lugar natal, Abel-mehola, que probablemente era algún lugar del centro del valle del Jordán. Eliseo estaba arando en ese momento, y Elías "pasó por delante él" y le echó su manto, el conocido manto de piel de oveja, como si, por esa acción familiar, lo reclamara por hijo. Hubo un momento de vacilación, pero el llamado fue rápidamente aceptado, y luego comenzó ese largo período de servicio y relación que continuó hasta la partida de Elías, y que después de ese tiempo le proporcionó a Eliseo uno de sus mejores títulos de estima y reverencia. "Eliseo hijo de Safat, el que servía a Elías."
Acab y Jezabel probablemente ahora creían que sus amenazas habían sido efectivas y que habían visto lo último de su atormentador. En cualquier caso, esto puede inferirse de los acontecimientos de 1 Y sucedió que después de estas cosas, Nabot de Jezreel tenía una viña que estaba en Jezreel, junto al palacio de Acab, rey de Samaria. 2 Y Acab habló a Nabot, diciendo: Dame tu viña para que me sirva de huerta para hortaliza porque está cerca, al l[…]1 Reyes 21. Frustrado en su deseo de adquirir la parcela ancestral de Nabot por la negativa de aquel robusto campesino a dejar enajenar la herencia de sus padres, Acab y Jezabel procedieron a apoderarse de ella por la fuerza y por un grado de injusticia monstruosa, que muestra claramente hasta qué punto los ancianos de Jezreel habían olvidado las leyes de Dios, siendo Nabot falsamente acusado de blasfemar contra Dios y contra el rey, apedreado y asesinado con sus hijos, y luego su viña, como si hubiera pertenecido a un criminal, se convierte inmediatamente en propiedad del rey. Acab no perdió tiempo en apoderarse de su nueva adquisición. Al día siguiente de la ejecución, va en su carro a tomar posesión de la codiciada viña. Detrás de él, probablemente en la parte trasera del carro, van sus dos sirviente Jehú y Bidcar (Entonces Jehú dijo a su oficial Bidcar: Tóma lo y tíralo en la porción del campo de Nabot de Jezreel, pues recuerdo cuando tú y yo íbamos juntos montados detrás de su padre Acab, que el SEÑOR pronunció esta sentencia contra él:[…]2 Reyes 9:25). Pero el triunfo fue breve. Elías había recibido una indicación de Dios de lo que estaba sucediendo, y rápidamente, tras la acusación y muerte de Nabot, se encontró con su antiguo enemigo y como tal lo enfrenta, igual que David salió al encuentro de Goliat, en la misma escena de su crimen; de repente, cuando menos lo esperaba y menos lo deseaba, se enfrenta al miserable rey. Y luego sigue la maldición, en términos temibles para cualquier oriental (particularmente terrible para un judío) y, sobre todo, significativa para un sucesor de los príncipes apóstatas del reino del norte: "Barreré tu posteridad y destruiré hasta el último varón de la casa de Acab... y pondré tu casa como la casa de Jeroboam y Baasa... De Jezabel también ha hablado el Señor, diciendo: Los perros comerán a Jezabel en el muro de Jezreel. El que de Acab fuer muerto en la ciudad, los perros lo comerán, y el que fuere muerto en el campo, lo comerán las aves del cielo", los grandes buitres que en los climas orientales siempre están dando vueltas bajo el cielo azul claro. Tan tremenda fue esta escena que podemos deducir del hecho, que después del lapso de al menos veinte años, Jehú pudo recordar las mismas palabras del profeta, que él mismo y su compañero habían escuchado cuando estaban detrás de su amo en el carruaje. Es posible recuperar toda la denuncia de Elías reuniendo las palabras recordadas por Jehú, 26 "Ayer ciertamente he visto la sangre de Nabot y la sangre de sus hijos," declaró el SEÑOR, "y te recompensaré en este campo," declaró el SEÑOR. Ahora pues, tómalo y tíralo en el campo, conforme a la palabra del SEÑOR. 36 Entonces, volvieron y se l[…]2 Reyes 9:26,36,37 y las dadas en 19 Y partió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando con doce yuntas de bueyes delante de él, y él estaba con la última. Elías pasó adonde él estaba y le echó su manto encima. 20 Dejando él los bueyes, corrió tras Elías, y dijo: […]1 Reyes 19:19-25.
Luego transcurre un espacio de tres o cuatro años (comp. 1 Pasaron tres años sin que hubiera guerra entre Aram e Israel. 51 Ocozías, hijo de Acab, comenzó a reinar sobre Israel en Samaria en el año diecisiete de Josafat, rey de Judá, y reinó dos años sobre Israel. […]1 Reyes 22:1,51; Ocozías murió conforme a la palabra del SEÑOR que Elías había hablado. Y Joram reinó en su lugar en el año segundo de Joram, hijo de Josafat, rey de Judá, porque Ocozías no tenía ningún hijo.[…]2 Reyes 1:17), antes de que nuevamente vislumbremos a Elías. Las denuncias pronunciadas en la viña de Nabot se han cumplido en parte. Acab ha muerto, y su hijo y sucesor, Ocozías, ha sufrido un accidente fatal y se encuentra en su lecho de muerte, después de un reinado corto y turbulento de menos de dos años (1 Moab se rebeló contra Israel después de la muerte de Acab. 2 Y Ocozías se cayó por la celosía del aposento alto que tenía en Samaria, y se enfermó. Y envió mensajeros, a los que dijo: Id, consultad a Baal-zebub, dios de Ecrón, si he de sanar de est[…]2 Reyes 1:1,2; Ocozías, hijo de Acab, comenzó a reinar sobre Israel en Samaria en el año diecisiete de Josafat, rey de Judá, y reinó dos años sobre Israel.[…]1 Reyes 22:51). En su apuro, envía a consultar un oráculo en un santuario de Baal, en la ciudad filistea de Ecrón, para determinar el origen de su enfermedad. Pero el oráculo está más cerca que el lejano Ecrón. El profeta, que probablemente en ese momento habitaba uno de los recovecos del Carmelo y, como en ocasiones anteriores, aparece de repente en el camino de los mensajeros, sin prefacio ni pregunta, pronuncia su mensaje de muerte y desaparece con la misma rapidez. El tono de sus palabras es tan enfático en ésta como en cualquier ocasión anterior y, como antes, están autenticadas por el nombre de Dios: "Así dice el Señor: ¿No hay Dios en Israel que tú envías a consultar a Baal-zebub dios de Ecrón?" Los mensajeros regresaron al rey demasiado pronto para haber cumplido su misión. Posiblemente eran extranjeros; en cualquier caso, ignoraban el nombre del hombre que así había interrumpido su viaje. Pero su apariencia se había fijado en sus mentes, y su descripción le hizo ver de inmediato a Ocozías, que debían haber visto al profeta, quien había revertido el oráculo favorable que él esperaba de Ecrón. El hombre con cinturón de cuero alrededor de sus lomos, que pronunció sus palabras en el nombre del Dios de Israel, no podía ser otro que el viejo enemigo de su padre y de su madre, Elías tisbita. Pero por muy enfermo que estuviera, este enfrentamiento sólo despertó la ira de Ocozías, y, con el espíritu de su madre, aprovechó de inmediato la oportunidad de apoderarse del hombre que había sido durante tanto tiempo el enemigo de su casa. Envió un capitán, con un grupo de cincuenta personas, para tomar prisionero a Elías, quien estaba en la cima del "monte", probablemente del Carmelo. El oficial se acercó y se dirigió al profeta con el título que, como antes se notó, se aplica con más frecuencia a él y a Eliseo: "Varón de Dios, el rey ha dicho que desciendas". "Y Elías respondió y dijo: Si soy varón de Dios, que descienda fuego del cielo y te consuma a ti y a tus cincuenta. Y descendió fuego del cielo y lo consumió a él y a sus cincuenta". Se envió un segundo grupo, pero corrió la misma suerte. El tono temeroso del líder de un tercero y la seguridad de Dios de que su siervo no debía temer, hicieron que Elías descendiera. Pero el rey no obtuvo nada. El mensaje fue entregado en su cara con las mismas palabras que a los mensajeros. Fue el último encuentro de Elías con la casa de Acab. También fue su última aparición registrada en persona contra los adoradores de Baal.
Siguiendo el anterior proceder de Elías, este acontecimiento debe haber sido un duro golpe para los enemigos de Dios. Pero por impresionante que sin duda fuera para los contemporáneos del profeta, la historia posee un significado mucho más profundo para nosotros del que podría haber tenido para ellos. Aunque es muy característica de los terrores de la dispensación bajo la cual vivieron los hombres entonces, es notable por haber servido para obtener de la boca de alguien mayor que Elías una exposición, no menos característica, de la distinción entre esa regla severa y la nueva dispensación que él vino a presentar. Fue cuando Jesús y sus discípulos iban en su viaje a través de este mismo distrito, desde Galilea a Jerusalén, y cuando habían recibido la grosera falta de hospitalidad de algunos samaritanos, que, impulsados por la lejana vista de las alturas del Carmelo, o, tal vez, por algún nombre tradicional en el camino, que el celo impetuoso de los dos "hijos del trueno" estalló: "Señor, ¿quieres que ordenemos que descienda fuego del cielo y los consuma, como hizo Elías?" Pero poco conocían al Maestro al que se dirigían. "Se volvió y los reprendió, y dijo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois. Porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas" (51 Y sucedió que cuando se cumplían los días de su ascensión, El, con determinación, afirmó su rostro para ir a Jerusalén. 52 Y envió mensajeros delante de El; y ellos fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos. 53 Pe[…]Lucas 9:51-56).
No mucho después después de la muerte de Ocozías, hay una referencia de Elías con el reino del sur. Es la única registrada, y su mención es la primera y última vez que el nombre del profeta aparece en los libros de Crónicas. La alianza entre su enemigo Acab y Josafat no puede haber sido desconocida para el profeta, y debe haberle hecho considerar los procedimientos de los reyes de Judá con más interés que el ordinario. Cuando Joram, el hijo de Josafat, que se había casado con la hija de Acab, comenzó a andar en los caminos de los reyes de Israel, como la casa de Acab, y a hacer lo malo ante los ojos de Dios, Elías le envió un carta, denunciando sus malas acciones y prediciendo su muerte (12 Y le llegó una carta del profeta Elías, que decía: Así dice el SEÑOR, Dios de tu padre David: "Por cuanto no has andado en los caminos de Josafat tu padre, ni en los caminos de Asa, rey de Judá, 13 sino que has andado en el camino de los reyes de […]2 Crónicas 21:12-15). Esta carta ha sido considerada una gran dificultad, sobre la base de que el traslado de Elías debe haber tenido lugar antes de la muerte de Josafat (por los términos de la mención de Eliseo en Pero Josafat dijo: ¿No hay aquí un profeta del SEÑOR para que consultemos al SEÑOR por medio de él? Y uno de los siervos del rey de Israel respondió, y dijo: Aquí está Eliseo, hijo de Safat, el que vertía agua en las manos de Elías.[…]2 Reyes 3:11), y por lo tanto antes del ascenso de Joram al trono de Judá. Pero admitiendo que Elías había sido arrebatado antes de la expedición de Josafat contra Moab, no se sigue que Joram no fuera en ese momento, y antes de la muerte de su padre, rey de Judá, ocupándose Josafat durante los últimos seis o siete años de su vida en recorrer el reino (4 Y habitó Josafat en Jerusalén, y volvió a salir por entre el pueblo, desde Beerseba hasta la región montañosa de Efraín, y los hizo volver al SEÑOR, Dios de sus padres. 5 Puso jueces en el país en todas las ciudades fortificadas de Judá, ciudad por[…]2 Crónicas 19:4-11), y dirigiendo algunas guerras importantes, entre otras contra Moab, mientras que Joram estaba ocupado en los asuntos más centrales del gobierno (Entonces fue y envió palabra a Josafat, rey de Judá, diciendo: El rey de Moab se ha rebelado contra mí. ¿Irás conmigo a pelear contra Moab? Y él respondió: Subiré; yo soy como tú, mi pueblo como tu pueblo, mis caballos como tus caballos.[…]2 Reyes 3:7, etc.). Que Joram comenzó su reinado durante la vida de su padre Josafat se afirma en En el año quinto de Joram, hijo de Acab, rey de Israel, siendo Josafat rey de Judá, comenzó a reinar Joram, hijo de Josafat, rey de Judá.[…]2 Reyes 8:16. Según un relato (Ocozías murió conforme a la palabra del SEÑOR que Elías había hablado. Y Joram reinó en su lugar en el año segundo de Joram, hijo de Josafat, rey de Judá, porque Ocozías no tenía ningún hijo.[…]2 Reyes 1:17), que precede inmediatamente al relato de los últimos actos de Elías en la tierra, Joram estaba en realidad en el trono de Judá en el momento del encuentro de Elías con Ocozías; y aunque esto es modificado por las declaraciones de otros lugares (Joram, hijo de Acab, comenzó a reinar sobre Israel en Samaria en el año dieciocho de Josafat, rey de Judá; y reinó doce años.[…]2 Reyes 3:1; 8:16), no queda invalidado, y la conclusión es casi inevitable, como se indicó anteriormente, que Joram ascendió al trono algunos años antes de la muerte de su padre. En su contenido, la carta tiene un gran parecido con los mensajes de Elías, mientras que en los detalles de estilo es muy peculiar y bastante diferente de la narrativa en la que está incrustada.
La etapa final de la vida de Elías nos introduce en una localidad hasta entonces desconectada de él. Hasta ahora lo hemos encontrado en las cercanías de Samaria, Jezreel y Carmelo, dejando solo estos lugares del norte en caso de emergencia, pero ahora lo encontramos en la frontera de los dos reinos, en la ciudad de Betel, con los hijos de los profetas en Jericó y en el valle del Jordán (Y sucedió que cuando el SEÑOR iba a llevarse a Elías al cielo en un torbellino, Elías venía de Gilgal con Eliseo.[…]2 Reyes 2:1, etc.).
Fue en Gilgal, tal vez no el antiguo lugar de Josué y Samuel, sino otro del mismo nombre que aún sobrevive en el borde occidental de las colinas de Efraín, que el profeta recibió la indicación divina de que su traslado estaba cerca. Estaba en ese momento con Eliseo, quien ahora parece haberse convertido en su compañero constante. Pero tal vez su antiguo amor por la soledad volvió a él, o tal vez deseaba ahorrarle a su amigo el dolor de una despedida repentina; en cualquier caso, se esfuerza por persuadir a Eliseo de que se quede atrás mientras él cumple la misión de Dios. "Te ruego que te quedes aquí, porque Dios me ha enviado a Betel". Pero Eliseo no abandonará tan fácilmente a su amo: "Vive Dios, y vive tu alma, que no te dejaré". Fueron juntos a Betel. El acontecimiento que estaba a punto de suceder aparentemente había sido comunicado a los hijos de los profetas en Betel, y preguntaron si Eliseo sabía de su pérdida pendiente. Su respuesta muestra cuán plenamente consciente era de ello. "Sí", dice él, con todo el énfasis posible, "lo sé, callad". Pero aunque era inminente, no iba a suceder ese día. Nuevamente Elías intenta ir a Jericó, y nuevamente Eliseo protesta que no se separará de él. Nuevamente, también, los hijos de los profetas en Jericó hacen las mismas preguntas innecesarias, y nuevamente él responde tan enfáticamente como antes. Elías hace un último esfuerzo para evitar lo que ambos temen tanto. "Te ruego que te quedes aquí, porque Dios me ha enviado al Jordán". Pero Eliseo no iba a ser vencido, y los dos partieron a través de la llanura ondulante de arena ardiente, hacia el río distante, Elías con su manto o capa de piel de oveja, Eliseo con ropas comunes. Cincuenta hombres de los hijos de los profetas ascienden a las abruptas alturas detrás de la ciudad, las mismas a las que una tradición tardía uniría el escenario de la tentación de Jesús, y que dominan la llanura de abajo, observando con claridad lo que sucede en la distancia. Hablando mientras avanzan, los dos llegan al río y se paran en la orilla junto a su rápida corriente. Pero no deben detenerse ni siquiera aquí. Es como si el anciano galaadita no pudiera descansar, hasta que vuelve a poner un pie en su propio lado del río. Enrolla su manto como si fuera un bastón y con su vieja energía golpea las aguas como lo había hecho Moisés antes de él; las golpea como si fueran un enemigo, dividiéndose en dos, y pasando ambos a tierra seca. Lo que sigue se cuenta mejor con las simples palabras de la narración. "Y aconteció que cuando habían pasado, que Elías dijo a Eliseo: Pide lo que quieras que haga por ti, antes de que yo sea quitado de ti. Y Eliseo dijo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu esté sobre mí. Y él dijo: Cosa difícil has pedido: si me ves cuando sea quitado de ti, así será; mas si no, no. Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos, y Elías subió a los cielos en un torbellino". Bien podía Eliseo clamar: "¡Padre, padre mío!". Se había ido quien, ante los ojos atentos y el corazón amoroso de su discípulo, había sido "el carro de Israel y su gente de a caballo" y ello durante tantos años; Eliseo finalmente quedó solo para llevar a cabo una tarea que a menudo debió haber esperado con ansias, pero que en este momento bien pudo haberse sentido incapaz para ella. No lo vio más; pero su manto había caído, y lo tomó, como símbolo de la doble porción del espíritu de Elías con el que iba a ser revestido.
Bibliografía:
George Grove, Dr. William Smith's Dictionary of the Bible.