Historia

EXPIACIÓN, DÍA DE LA

Día de la expiación, יוֹ הַכִּפֻּרִים, es el gran día de humillación nacional y el único ordenado en la ley de Moisés. Se describe el modo de su observancia en 1 El SEÑOR habló a Moisés después de la muerte de los hijos de Aarón, cuando se acercaron a la presencia del SEÑOR y murieron. 2 Dijo el SEÑOR a Moisés: Di a tu hermano Aarón que no en todo tiempo entre en el lugar santo detrás del velo, delante del […]Levítico 16, donde debe notarse que en los versículos 3 al 10 se da un resumen de todo el ceremonial, mientras que en el resto del capítulo se mencionan ciertos puntos con más detalles. Las víctimas que se ofrecían, además de las estrictamente pertenecientes al culto especial del día, y a las del sacrificio diario habitual, se enumeran en 7 "El décimo día de este mes séptimo tendréis santa convocación y os humillaréis; no haréis ningún trabajo. 8 "Y ofreceréis al SEÑOR un holocausto como aroma agradable: un novillo, un carnero, siete corderos de un año, sin defecto; 9 y su ofrenda de […]Números 29:7-11; y la conducta del pueblo es enfáticamente ordenada en 26 Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo: 27 A los diez días de este séptimo mes será el día de expiación; será santa convocación para vosotros, y humillaréis vuestras almas y presentaréis una ofrenda encendida al SEÑOR. 28 Tampoco haréis ningún trabaj[…]Levítico 23:26-32.

Se observaba en el décimo día de Tisri, es decir, desde la tarde del día nueve hasta la noche del diez de ese mes, cinco días antes de la fiesta de los Tabernáculos. Algunos han deducido de El SEÑOR habló a Moisés después de la muerte de los hijos de Aarón, cuando se acercaron a la presencia del SEÑOR y murieron.[…]Levítico 16:1, que el día fue instituido a causa del pecado y el castigo de Nadab y Abiú. Maimónides (More Nevochim, xviii.) lo considera una conmemoración del día en que Moisés bajó del monte con las segundas tablas de la ley, proclamando al pueblo el perdón de su gran pecado al adorar al becerro de oro.

Las observancias del día, tal como se describen en la ley, fueron las siguientes: Era guardado por el pueblo como un día de reposo solemne, ordenándoseles dejar de lado todo trabajo y afligir sus almas, bajo pena de ser cortados del pueblo. Era únicamente en esta ocasión que al sumo sacerdote se le permitía entrar en el lugar santísimo. Habiendo lavado su cuerpo y vestido con las vestiduras de lino fino, traía un becerro para expiación y un carnero para holocausto, comprado a su propio costo, a favor de él y su casa, y dos machos cabríos para expiación y un carnero para holocausto, que eran pagados con cargo al tesoro público, a favor del pueblo. Luego presentaba los dos machos cabríos delante del Señor a la puerta del tabernáculo y echaba suertes sobre ellos. En una se escribía לַ יְהוָֹה, por Jehová, y en la otra לַ עֲזָאזֵל, por Azazel. Luego sacrificaba el becerro como expiación por él y su casa. Llevando consigo un poco de sangre del becerro, llenaba un incensario con brasas encendidas del altar de bronce, tomando un puñado de incienso y entraba en el lugar santísimo. Luego echaba el incienso sobre las brasas y una nube de humo envolvía el propiciatorio. Después, mojando su dedo en la sangre, la rociaba siete veces ante el propiciatorio, hacia el lado oriental.

El macho cabrío sobre el cual la suerte 'por Jehová' había caído era inmolado y el sumo sacerdote rociaba su sangre ante el propiciatorio, de la misma manera que lo había hecho con el becerro. Saliendo del lugar santísimo purificaba el lugar santo, rociando con sangre de ambas víctimas el altar del incienso. En este momento no se permitía que nadie más que el sumo sacerdote estuviera presente en el lugar santo.

Habiendo sido completada la purificación del lugar santísimo y del lugar santo, el sumo sacerdote ponía sus manos sobre la cabeza del macho cabrío en el que la suerte había caído por Azazel, y confesaba todos los pecados del pueblo. El animal luego era conducido, por un hombre elegido para el propósito, al desierto, en 'tierra inhabitada', y allí quedaba suelto.

El sumo sacerdote después regresaba al lugar santo, se bañaba de nuevo, se ponía sus ropas habituales y ofrecía los dos carneros como holocausto, uno por él y otro por el pueblo. También quemaba sobre el altar la grosura de las dos ofrendas por el pecado, mientras que su carne era llevada y quemada fuera del campamento. Los que llevaron la carne y el que había llevado el macho cabrío tenían que bañarse y lavar su ropa, tan pronto como realizaban su servicio.

Las ofrendas accesorias mencionadas en 7 "El décimo día de este mes séptimo tendréis santa convocación y os humillaréis; no haréis ningún trabajo. 8 "Y ofreceréis al SEÑOR un holocausto como aroma agradable: un novillo, un carnero, siete corderos de un año, sin defecto; 9 y su ofrenda de […]Números 29:7-11, eran un becerro, un carnero, siete corderos y un macho cabrío. Parece que (al menos en el tiempo del segundo templo) fueron ofrecidos por el sumo sacerdote junto con el sacrificio vespertino.

En el breve relato del ritual que proporciona Josefo (Ant. iii. 10, § 3) hay algunos detalles que son dignos de tener en cuenta. Sus palabras, por supuesto, se aplican a la práctica en el segundo templo, cuando el arca del pacto había desaparecido. Afirma que el sumo sacerdote rociaba la sangre con su dedo siete veces sobre el techo y siete veces sobre el suelo de la mayor parte del lugar santísimo, y siete veces hacia el mismo (lo cual haría fuera del velo), y alrededor del altar de oro. Al salir al atrio, rociaba o derramaba la sangre alrededor del altar de bronce. También afirma que junto con la grosura, los riñones, la parte superior del hígado y las extremidades de las víctimas eran quemadas.

El tratado de la Mishná, titulado Yoma, profesa dar un relato completo de las observancias del día según el uso en el segundo templo. Los siguientes detalles parecen ser interesantes en sí mismos o para ilustrar el lenguaje del Pentateuco.

1. El propio sumo sacerdote, vestido con sus vestimentas oficiales, solía, en el día de la expiación, realizar todos los deberes del culto diario ordinario, como encender las lámparas, presentar los sacrificios diarios y ofrecer el incienso. Después se bañaba, se vestía con las vestiduras de lino fino y comenzaba los ritos especiales del día. No hay nada en el Antiguo Testamento que haga improbable que ésta fuera la práctica original.
2. El sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo cuatro veces en el transcurso del día; primero, con el incensario y el incienso, mientras un sacerdote continuaba agitando la sangre del becerro para que no se coagulara; en segundo lugar, con la sangre del becerro; en tercer lugar, con sangre del carnero; en cuarto lugar, después de haber ofrecido el sacrificio vespertino, para sacar el incensario y el plato que había contenido el incienso. Estas cuatro entradas, formando parte del gran rito anual, no se oponen a una idea razonable de la afirmación en pero en el segundo, sólo entra el sumo sacerdote una vez al año, no sin llevar sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados del pueblo cometidos en ignorancia.[…]Hebreos 9:7 y en Josefo, B. J. v. 5, § 7. Tres de las entradas parecen estar claramente implícitas en 12 Y tomará un incensario lleno de brasas de fuego de sobre el altar que está delante del SEÑOR, y dos puñados de incienso aromático molido, y lo llevará detrás del velo. 14 Tomará además de la sangre del novillo y la rociará con su dedo en el lado o[…]Levítico 16:12,14,15.
3. Se dice que la sangre del becerro y la del carnero eran rociadas ocho veces cada una, una vez hacia el techo, y siete sobre el suelo, lo que no concuerda con las palabras de Josefo.
4. Después de que había entrado al lugar santísimo la tercera vez, y había regresado al lugar santo, el sumo sacerdote rociaba la sangre del becerro ocho veces hacia el velo, y hacía lo mismo con la sangre del carnero. Tras mezclar la sangre de las dos víctimas y rociar el altar del incienso con la mezcla, salía al atrio y derramaba lo que quedaba al pie del altar del holocausto.
5. Unas instrucciones muy cuidadosas se dan para la preparación del sumo sacerdote para el culto del día. Durante siete días previos se mantenía alejado de su propia casa, morando en una cámara designada para su uso, para evitar causas accidentales de contaminación que podrían suceder en su vida doméstica. Para impedir la posibilidad de que incurriera en alguna mancha a pesar de esta precaución, se elegía un sustituto que podría actuar en representación suya cuando llegara el día. En el tratado de la Mishná titulado Pirké Avot, se afirma que tal desgracia nunca le sucedió a ningún sumo sacerdote. Pero Josefo (Ant. xvii. 6, § 4) relata un ejemplo del sumo sacerdote Matías, en tiempos de Herodes el Grande, cuando su pariente José tomó su lugar en el oficio sagrado. Durante la totalidad de los siete días, el sumo sacerdote tenía que realizar los deberes sacerdotales ordinarios del propio culto diario, así como los del día de la expiación. En el tercer y séptimo día era rociado con las cenizas de la novilla roja con el fin de limpiarlo, en caso de haber tocado un cadáver sin saberlo. En el séptimo día también se le requería prestar solemne juramento, ante los ancianos, de que no alteraría nada en absoluto los ritos acostumbrados del Día de la Expiación.
6. Se mencionan varios particulares curiosos con respecto a los machos cabríos. Los dos machos cabríos para expiación eran de similar apariencia, tamaño y valor. Las suertes fueron originalmente de boj, pero en épocas posteriores fueron de oro. Se ponían en una cajita o urna, en la que el sumo sacerdote ponía ambas manos y sacaba una suerte en cada mano, mientras los dos machos cabríos estaban ante él, uno en el lado derecho y el otro en el izquierdo. La suerte en cada mano pertenecía al macho cabrío en la posición correspondiente y cuando la suerte 'por Azazel' estaba en la mano derecha, se consideraba un buen presagio. El sumo sacerdote luego ataba un trozo de tela escarlata en la cabeza del macho cabrío, llamado 'la lengua escarlata', por la forma en que era cortada. Maimónides dice que era solo para distinguirlo, a fin de que pudiera ser reconocido cuando llegara el momento de buscarlo para sacarlo del campamento. Pero en la Guemará se afirma que la tela escarlata debía volverse blanca, como una muestra de la aceptación de Dios de la expiación del día, refiriéndose a Venid ahora, y razonemos --dice el SEÑOR-- aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, como blanca lana quedarán.[…]Isaías 1:18. Un caso particular de tal cambio, cuando también la suerte 'por Azazel' estaba en la mano derecha del sacerdote, se relata que sucedió en tiempos de Simón el Justo. Se afirma además que no se produjo tal cambio durante cuarenta años, antes de la destrucción de Jerusalén. La oración que el sumo sacerdote pronunciaba sobre la cabeza del macho cabrío era la siguiente: 'Oh Señor, la casa de Israel, tu pueblo, ha transgredido, ha sido rebelde y pecado ante ti. Te suplico, oh Señor, perdona ahora sus transgresiones, rebeliones y pecados que ha cometido tu pueblo, como está escrito en la ley de Moisés, tu siervo, diciendo que en este día habrá una expiación para limpieza, para que seáis limpios de todos vuestros pecados delante del Señor' (Guemará sobre Yoma, citado por Frischmuth). Entonces el macho cabrío era aguijoneado y rudamente tratado por el pueblo hasta que se lo llevaba el hombre designado. Tan pronto como llegaba a cierto lugar que parece haber sido considerado como el comienzo del desierto, se hacía una señal convenida al sumo sacerdote, tal vez por medio de humo, que la esperaba. El hombre que llevaba el macho cabrío se dice que lo subía a la cima de un alto precipicio y lo despeñaba. Si no es un error del escritor de Yoma, debe haber sido, como Spencer afirma, una innovación posterior. No hay duda de que el macho cabrío fue originalmente puesto en libertad. Incluso si hay alguna incertidumbre en las palabras del hebreo, la traducción de la Septuaginta es mejor autoridad que el Talmud.
7. El sumo sacerdote, tan pronto como recibía la señal de que el macho cabrío había llegado al desierto, leía algunas porciones de la ley y ofrecía algunas oraciones. Luego se bañaba, se ponía sus ropas y ofrecía toda o una gran parte de la ofrenda accesoria (mencionada en 7 "El décimo día de este mes séptimo tendréis santa convocación y os humillaréis; no haréis ningún trabajo. 8 "Y ofreceréis al SEÑOR un holocausto como aroma agradable: un novillo, un carnero, siete corderos de un año, sin defecto; 9 y su ofrenda de […]Números 29:7-11) con el sacrificio regular vespertino. Después se lavaba de nuevo, se ponía las vestiduras blancas y entraba en el lugar santísimo por quinta vez, para sacar el incensario y el plato de incienso, con lo cual se ponía fin a los ritos especiales del día.
8. La Mishná da reglas muy estrictas para el ayuno del pueblo. En la propia ley no se hace mención expresa de la abstinencia de alimentos. Pero es muy probable que esté implícito en el mandato de que el pueblo debía 'afligir sus almas'. De acuerdo con Yoma, todos los judíos (excepto los impedidos y los niños menores de trece años) tenían prohibido comer cualquier cosa tan grande como un dátil, beber o lavarse desde el atardecer al atardecer.

Ha habido mucha discusión sobre el significado de la palabra Azazel. Las opiniones que parecen más dignas de mención son las siguientes:

1. Se ha considerado como una designación del propio macho cabrío. Esta idea ha sido la más favorecida por los antiguos intérpretes. En general supusieron que significaba macho cabrío enviado o soltado.
2. Algunos han tomado Azazel por el nombre del lugar al que se enviaba al macho cabrío. Abenezra cita las palabras de un escritor anónimo refiriéndose a una colina cerca del monte Sinaí. Vatablus adopta esta opinión (Critici Sacri, sobre 1 El SEÑOR habló a Moisés después de la muerte de los hijos de Aarón, cuando se acercaron a la presencia del SEÑOR y murieron. 2 Dijo el SEÑOR a Moisés: Di a tu hermano Aarón que no en todo tiempo entre en el lugar santo detrás del velo, delante del […]Levítico 16). Algunos de los escritores judíos, con Le Clerc, consideran que denota el acantilado al que era llevado el macho cabrío para ser despeñado, según Yoma. Bochart consideró la palabra como un pluralis fractus que significa lugares desérticos, y lo entendió como un nombre de cualquier lugar adecuado al que el macho cabrío podía se llevado. Pero Gesenius comenta que los pluralis fractus que existen en árabe, no se encuentran en hebreo.
3. Muchos de los que han estudiado el asunto se inclinan a que Azazel es un ser personal a quien era enviado el macho cabrío. Gesenius supone que es una divinidad falsa que sería apaciguada por un sacrificio como el del macho cabrío. Él deriva la palabra de una raíz no usada en hebreo, pero encontrada en árabe. Ewald está de acuerdo con Gesenius, y se refiere a Azazel como a un demonio perteneciente a la religión pre-mosaica. Pero otros, en aras de una fe más simple, lo han considerado como un espíritu maligno o el mismo diablo. En el libro de Enoc el nombre Azalzel se le da a uno de los ángeles caídos; y asumiendo, con Spencer, que es una corrupción de Azazel, si el libro fue escrito, como generalmente se supone, por un judío, hacia el año 40 a. C., representa una vieja opinión judía sobre el tema. Orígenes, adoptando la palabra de la Septuaginta, lo identifica con el diablo (c. Cels. vi. 305). De los escritores posteriores, Spencer y Hengstenberg han defendido más elaboradamente la misma opinión. Spencer afirma que Azazel es un nombre muy adecuado para el espíritu maligno. Supone que el macho cabrío era entregado al diablo, y puesto a su disposición. Hengstenberg afirma con gran confianza que Azazel puede posiblemente no ser otra cosa que otro nombre para Satanás y repudia la conclusión de que el macho cabrío era en cualquier sentido un sacrificio a Satanás, no habiendo duda de que fue enviado cargado con el pecado del pueblo de Dios, ahora perdonado, para burlarse de su enemigo espiritual en el desierto, su propia morada, y para simbolizar con sus brincos su exultante triunfo. Considera que el origen del rito era egipcio, y que los judíos sustituyeron a Satanás por Typhon, cuyo morada estaba en el desierto. La objeción obvia al punto de vista de Spencer es que el macho cabrío formaba parte de una expiación para Dios, y que con su compañero había sido formalmente presentado ante el Señor a la puerta del tabernáculo. Pocos, quizás, estarán satisfechos con el modo de Hengstenberg de resolver esta dificultad.
4. Una explicación de la palabra que parece menos objetable, si no es del todo satisfactoria, sería traducir la designación de la suerte לַ עֲזָאזֵל, por 'enviado completamente'. Así entendida, la palabra vendría de עזל (raíz adoptada por Gesenius), siendo la forma verbal que indica intensidad, opinión que es sostenida por Tholuck (citado y apoyado por Thomson), por Bähr y por Winer.

De aquellos que toman a Azazel por el espíritu maligno, algunos han supuesto que el macho cabrío era una especie de pago al acusador de los hombres. Spencer, suponiendo que había sido entregado con su carga de pecado para que el enemigo fuera atormentado, lo hizo un símbolo del imperio de los malvados; mientras que, según la extraña noción de Hengstenberg, era enviado para burlarse del diablo, significando la libertad de los reconciliados con Dios.

Algunos de los que han tenido una opinión diferente sobre la palabra Azazel, han supuesto que el macho cabrío era llevado al desierto para sufrir allí vicariamente por los pecados del pueblo. Pero en general se considera que era soltado para significar que los pecados habían sido llevados lejos, por así decirlo, fuera de la vista de Dios.

Si tenemos en cuenta que los dos machos cabríos se refieren a partes de una misma ofrenda por el pecado y que todas las circunstancias relacionadas con ellos han sido cuidadosamente estipuladas para ponerlos en las mismas condiciones hasta el momento de echar suertes, no tendremos mucha dificultad para ver que forman juntos una expresión simbólica. Por qué había dos en lugar de uno, puede ser simplemente porque uno solo no podría, en su naturaleza, abarcar la totalidad de la verdad que había de ser expresada. Esto está implícito en el razonamiento del autor de la carta a los Hebreos sobre el oficio y sacrificio de Cristo (1 Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y el santuario terrenal. 2 Porque había un tabernáculo preparado en la parte anterior, en el cual estaban el candelabro, la mesa y los panes consagrados; éste se llama el Lugar Santo. 3 Y de[…]Hebreos 9). Por eso algunos, con respecto a cada macho cabrío como un tipo de Cristo, suponen que el que fue inmolado representa su muerte, y que el macho cabrío puesto en libertad significa su resurrección (Cyril, Bochart y otros, citados por Spencer). Pero se tendrá una idea más simple, y tal vez más verdadera, si se considera al macho cabrío inmolado significando el acto del sacrificio, al renunciar a su propia vida en favor de otros 'por Jehová', de acuerdo con los requisitos de la ley divina; y el macho cabrío que lleva su carga de pecado 'para ser completamente removido', significando la influencia limpiadora de la fe en ese sacrificio. Así, en su nivel, el devoto israelita pudo haber sentido la verdad de las palabras del Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones.[…]Salmo 103:12: 'Como está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebelios.' Pero todo este simbolismo se cumple en la vida, muerte y resurrección del que por nosotros fue hecho pecado, quien murió por nosotros y quien resucitó para nuestra justificación. El Mediador, era necesario, debería 'de alguna manera inexplicable unir muerte y vida' (Maurice on Sacrifice, p. 85).


Bibliografía:
Samuel Clark, Dr. William Smith's Dictionary of the Bible.