Historia
FARAÓN
La palabra Faraón aparece generalmente en la Biblia y siempre en el Pentateuco, sin ninguna adición, para referirse al rey de Egipto. A veces le sigue el título de "rey de Egipto", y en los casos de los dos últimos reyes nativos mencionados, se añade el nombre propio: Faraón Necao y Faraón Hofra, a veces con la adición de "rey (o el rey) de Egipto". Es notable que Sisac y Zera (si, como creemos, el segundo fue rey de Egipto), y los etíopes So y Tirhaca, nunca son llamados claramente Faraón (la mención de un Faraón durante la época de los etíopes probablemente se refiere al egipcio Setos), y que estos últimos eran extranjeros y los primeros de origen extranjero.
Como varios reyes solo son mencionados con el título de "Faraón" en la Biblia, es importante intentar distinguirlos. Por lo tanto, aquí expondremos lo que se sabe acerca de ellos en orden.

La narración bíblica no nos ofrece indicios claros para identificar al Faraón de Abraham. En la época en que el patriarca viajó a Egipto, según la cronología tanto de Hales como de Ussher, se considera generalmente que el país, o al menos el Bajo Egipto, estaba gobernado por los reyes pastores; la primera y más poderosa de sus líneas fue la dinastía XV, cuyos territorios indiscutibles habrían sido los primeros a los que llegaría alguien procedente del este. Manetón relata que Salatis, el jefe de esta dinastía, estableció en Avaris —la Zoán de la Biblia—, situada en la frontera oriental, lo que parece haber sido un gran campamento permanente donde residía durante parte de cada año. Cabe destacar que Sara parece haber sido llevada a la casa del Faraón inmediatamente después de la llegada de Abraham; y aun si no hubiera sido así, debido a sus rebaños y ganados, difícilmente habría podido el patriarca aventurarse más allá de la zona del país que estaba siempre, en mayor o menor medida, ocupada por tribus nómadas. Es también probable que el Faraón regalara camellos a Abraham, pues leemos que el Faraón "trató bien a Abram por causa de Sarai; y él tuvo ovejas, bueyes, asnos, siervos, siervas, asnas y camellos" (Y éste trató bien a Abram por causa de ella; y le dio ovejas, vacas, asnos, siervos, siervas, asnas y camellos.[…]Génesis 12:16); de ahí se desprende que tales bienes fueron un regalo del Faraón, y el hecho de que el patriarca tuviera después una sierva egipcia, Agar, confirma esta deducción. De ser así, el obsequio de camellos sugeriría que este Faraón era un rey pastor, ya que no se han hallado pruebas en las esculturas, pinturas ni inscripciones de Egipto de que, en la época faraónica, se utilizara o siquiera se conociera allí el camello; y dicha omisión se explica mejor suponiendo que el animal resultaba odioso a los egipcios por ser de gran valor para sus enemigos, los pastores.
La fecha en que Abraham visitó Egipto (según la cronología que consideramos más probable) fue alrededor del año 2081 a. C., lo cual coincidiría con la época de Salatis, jefe de la XV dinastía, según nuestros cálculos.
La historia de José contiene muchos detalles sobre el Faraón de quien llegó a ser ministro. Primero se nos presenta como el señor arbitrario que encarceló a dos de sus servidores y que, durante el banquete de su cumpleaños, restituyó en su cargo a uno y mandó ahorcar al otro. Luego leemos sobre sus sueños: cómo consultó a los magos y sabios de Egipto y, al no lograr éstos interpretarlos, hizo llamar a José de la prisión siguiendo el consejo del jefe de los coperos; tras escuchar su interpretación y sus consejos, lo eligió gobernador del país. El repentino ascenso de un extranjero menospreciado al puesto más elevado bajo el mando del rey es significativo, pues demuestra su poder absoluto y su forma de gobernar. A partir de ese momento, se habla más de José que del Faraón. No obstante, se nos dice que el Faraón acogió generosamente a los parientes de José, permitiéndoles habitar en la tierra de Gosén, donde él tenía ganado. La última mención de un Faraón en la historia de José aparece en el relato de la muerte y sepultura de Jacob. A raíz del siguiente pasaje, se ha supuesto que la posición de José había cambiado para entonces: "José habló a la casa del Faraón diciendo: Si he hallado gracia ante vuestros ojos, os ruego que habléis a oídos del Faraón diciendo: Mi padre me hizo jurar diciendo: He aquí que voy a morir; en el sepulcro que cavé para mí en la tierra de Canaán, allí me sepultarás. Ahora, pues, te ruego que me dejes ir a sepultar a mi padre, y volveré. Y el Faraón dijo: Ve y sepulta a tu padre, tal como él te hizo jurar" (4 Y cuando pasaron los días de luto por él, habló José a la casa de Faraón, diciendo: Si he hallado ahora gracia ante vuestros ojos, os ruego que habléis a Faraón, diciendo: 5 "Mi padre me hizo jurar, diciendo: 'He aquí, voy a morir; en el sepulcro q[…]Génesis 50:4-6). El relato del embalsamamiento de Jacob, en el que se nos dice que "José ordenó a sus siervos, los médicos, que embalsamaran a su padre" (Y ordenó José a sus siervos médicos que embalsamaran a su padre; y los médicos embalsamaron a Israel.[…]Génesis 50:2), muestra la posición de José, lo cual queda más claramente demostrado por el relato del viaje posterior a Canaán: "Y subió José a sepultar a su padre; y con él subieron todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa y todos los ancianos de la tierra de Egipto, así como toda la casa de José, sus hermanos y la casa de su padre; solamente dejaron en la tierra de Gosén a sus niños, sus ovejas y sus vacas. Subieron también con él carros y gente de a caballo, y fue un séquito muy grande" (7 Entonces José subió a sepultar a su padre, y con él subieron todos los siervos de Faraón, los ancianos de su casa y todos los ancianos de la tierra de Egipto, 8 y toda la casa de José, y sus hermanos, y la casa de su padre; sólo dejaron a sus peque[…]Génesis 50:7-9). Realizar una expedición de esta envergadura, que tal vez conllevaba el riesgo de un enfrentamiento hostil, requería sin duda un permiso especial; por toda la historia de José, comprendemos que él habría vacilado en pedir un favor para sí mismo, mientras que resulta muy natural que explicara que no tenía otro motivo para el viaje. El temor de sus hermanos a que, tras la muerte de su padre, él se vengara de ellos por su anterior crueldad y su declaración de que alimentaría a ellos y a sus pequeños demuestran que él aún ocupaba una posición elevada. Su mandato final no indica que la persecución hubiera comenzado entonces; de hecho, el relato al inicio del Éxodo deja bastante claro que no había sido así. Por tanto, parece que José conservó su cargo hasta la muerte de Jacob; y es probable —al no haber indicios de lo contrario— que el Faraón que nombró gobernador a José permaneciera en el trono durante todo el tiempo que éste parece haber ejercido el cargo: veintiséis años. Podemos suponer que el "nuevo rey" que "no conocía a José" (Y se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no había conocido a José;[…]Éxodo 1:8) era el jefe de una nueva dinastía. Es muy improbable que fuera el sucesor inmediato de aquel Faraón, ya que el intervalo entre el nombramiento del gobernador y el inicio de la opresión no fue inferior a ochenta años, y probablemente fue mucho mayor.
Los puntos clave para identificar la dinastía a la que pertenecía este Faraón son los siguientes: era un monarca despótico que gobernaba todo Egipto; seguía las costumbres egipcias, pero no dudaba en dejarlas de lado cuando lo consideraba oportuno; parecía desear obtener un poder absoluto sobre los egipcios; y favorecía a los extranjeros. Estos detalles parecen respaldar la idea de que se trataba de un extranjero "egipcianizado" más que de un egipcio nativo; además, los descubrimientos de Mariette en Zoán (o Avaris) resolvieron definitivamente el gran obstáculo que esta teoría planteaba a la mayoría de los estudiosos, pues se ha comprobado que los hicsos —o "reyes pastores"— de al menos una dinastía estaban tan profundamente egipcianizados que erigían monumentos de carácter egipcio, diferenciándose únicamente por una peculiaridad estilística. No obstante, antes de exponer los argumentos principales a favor de la tesis de que el Faraón de la época de José era un rey pastor, conviene mencionar los fundamentos de las teorías que lo consideran egipcio. El barón Bunsen supuso que se trataba de Sesostris I, el primer monarca de la XII dinastía, debido a la mención —en una inscripción jeroglífica— de una hambruna ocurrida durante el reinado de dicho soberano. Esta identificación —aunque respaldada en parte por el relato de Heródoto, según el cual Sesostris (nombre que razonablemente puede vincularse a Sesostris I) dividió las tierras y obtenía sus principales ingresos de las rentas pagadas por los ocupantes— debe descartarse, ya que la calamidad registrada no se asemeja en su naturaleza a la hambruna de José, y porque la época es, casi con toda seguridad, demasiado remota. Según nuestros cálculos, este rey comenzó a reinar hacia el año 2080 a. C., mientras que el barón Bunsen lo sitúa mucho antes; por tanto, la hipótesis es insostenible, a menos que aceptemos la cronología larga del periodo de los Jueces y consideremos que la estancia en Egipto duró 430 años. Si adoptamos la fecha rabínica para el Éxodo, el Faraón de la época de José habría pertenecido a la XVIII dinastía, a menos que —siguiendo a Bunsen— ampliemos la cronología hebrea anterior al Éxodo de manera tan arbitraria como, al adoptar dicha fecha, la acortamos tras el Éxodo. Contra la idea de que este rey pertenecía a la XVIII dinastía existe una objeción que consideramos definitiva: los monumentos de esa dinastía —que a menudo registran los acontecimientos de casi todos los años— no muestran rastro alguno de las notables circunstancias del gobierno de José. Ya sea que adoptemos la fecha de Ussher o la de Hales para el Éxodo, el gobierno de José se situaría antes de la XVIII dinastía y durante el período de los pastores. (Por período de los pastores se entiende generalmente la época posterior a la XII dinastía y anterior a la XVIII, durante la cual los extranjeros dominaron Egipto, aunque es posible que ya controlaran parte del país en un momento anterior). Si descartamos la idea de que el Faraón de José fuera egipcio y nos inclinamos por la antigua opinión de que era uno de los reyes pastores —una conclusión casi inevitable si inferimos que gobernó durante dicho período—, nos llama la atención la coherencia de todas las circunstancias que presenta el relato bíblico. Estos gobernantes extranjeros, o al menos algunos de ellos, se habían egipcianizado; sin embargo, el relato de Manetón —si atenuamos un tanto el sesgo que cabe atribuir al odio nacional— resulta ser correcto al señalar que ignoraban las leyes y la religión del país que habían sometido. Eran, evidentemente, poderosos déspotas militares. Al gobernar como extranjeros un territorio tratado como país conquistado —si es que no había sido ganado realmente por la fuerza de las armas—, habrían fomentado el asentamiento de otros extranjeros, especialmente en su propia región, situada al este del Bajo Egipto, donde el Faraón de José parece haber tenido ganado (5 Y Faraón dijo a José: Tu padre y tus hermanos han venido a ti; 6 la tierra de Egipto está a tu disposición. En lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; que habiten en la tierra de Gosén, y si sabes que hay hombres capaces entr[…]Génesis 47:5-6). Resulta muy improbable —a menos que supongamos una intervención especial de la Providencia— que un Faraón egipcio, con la anuencia de sus consejeros, hubiera elegido a un esclavo hebreo como su principal funcionario estatal. Eusebio afirma que el Faraón ante quien se presentó Jacob era el rey pastor Apofis; y aunque podría objetarse que tal identificación fue simplemente el resultado de ajustar las dinastías a su propia concepción de la cronología hebrea, cabe señalar que él parece haber alterado la propia dinastía de Apofis, tanto en su número (asignándole el XVII en lugar del XV) como en su duración, como si estuviera convencido de que este rey era realmente el Faraón de José y debía, por tanto, situarse en su época. Apofis pertenecía a la XV dinastía, que ciertamente era de los "pastores" y la más poderosa de las líneas extranjeras, pues parece claro que hubo al menos una, si no dos más. Esta dinastía, según nuestra interpretación de la cronología egipcia, gobernó durante 284 años (Julio Africano) o 259 años y 10 meses (Josefo), a partir de aproximadamente el año 2080 a. C. Si la cronología de Hales —que nosotros modificaríamos ligeramente— fuera correcta, el gobierno de José habría coincidido con esta dinastía, [y,] comenzando hacia el año 1876 a. C., lo cual correspondería al reinado del penúltimo o quizás del último rey de la dinastía, posiblemente en la época de Apofis, quien puso fin al linaje, según Africano. Cabe señalar que se dice que esta dinastía era de origen fenicio y, de ser así, probablemente pertenecía a una estirpe predominantemente semita, una circunstancia que concuerda perfectamente con lo que sabemos sobre el gobierno y el carácter del Faraón de José, cuya decisión de nombrar a José como su ministro principal encuentra paralelismos en la historia semita y en la de aquellas naciones que derivaron sus costumbres de los semitas. Difícilmente un rey egipcio habría otorgado un cargo tan elevado a alguien que no fuera nativo, y además perteneciente a la clase militar o sacerdotal; pero, como ya se ha señalado, esto pudo deberse a una intervención divina.
Este rey parece, como ya se ha indicado, haber reinado desde el nombramiento de José (o, quizás, desde un poco antes, dado que ya ocupaba el trono cuando encarceló a sus servidores) hasta la muerte de Jacob, un periodo de al menos veintiséis años —aproximadamente desde el 1876 hasta el 1850 a. C.—, y haber sido el quinto o sexto rey de la XV dinastía.

Al primer perseguidor de los israelitas se le puede distinguir como el Faraón de la opresión, diferenciándolo del segundo, el Faraón del Éxodo, especialmente porque fue él quien inició —y probablemente mantuvo durante mucho tiempo— la persecución. Aquí, al igual que en el caso del Faraón de José, han existido diferencias de opinión respecto a la dinastía a la que pertenecía el opresor. La opinión generalizada es que se trataba de un egipcio; a primera vista, esta es una inferencia probable a partir del relato, si se asume que la dinastía bajo la cual los israelitas estuvieron protegidos era una dinastía de pastores. La historia bíblica parece justificar aquí deducciones más claras que anteriormente. Leemos que José, sus hermanos y aquella generación murieron, y que los israelitas se multiplicaron, llegaron a ser muy poderosos y llenaron la tierra. De los acontecimientos del periodo transcurrido entre la muerte de Jacob y la opresión no sabemos casi nada; sin embargo, la calamidad sufrida por la casa de Efraín —la matanza de sus hijos a manos de los hombres de Gat— sugiere que los israelitas se habían convertido en un pueblo tributario asentado en Gosén y que empezaban a mostrar ese vigor guerrero tan característico de Abraham y presente también en Jacob, cualidad que preparó a su descendencia para la conquista de Canaán. El inicio de la opresión se relata así: "Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José" (Y se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no había conocido a José;[…]Éxodo 1:8). La expresión "un nuevo rey" (compárese con "otro rey" en hasta que SURGIO OTRO REY EN EGIPTO QUE NO SABIA NADA DE JOSE.[…]Hechos 7:18) no implica necesariamente un cambio de dinastía, aunque sí lo sugiere. Los dos versículos siguientes son de suma importancia: "Y dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y fuerte que nosotros; ahora, pues, procedamos sabiamente con ellos, no sea que se multipliquen y, en caso de guerra, se unan a nuestros enemigos, luchen contra nosotros y se vayan de la tierra" (Procedamos, pues, astutamente con él no sea que se multiplique, y en caso de guerra, se una también con los que nos odian y pelee contra nosotros y se vaya de la tierra.[…]Éxodo 1:10). Aquí se indica que el Faraón gobernaba a un pueblo menos numeroso y fuerte que los israelitas, a quienes temía por la posibilidad de que se aliaran con enemigos en una eventual guerra en Egipto y abandonaran el país. Para debilitar a los israelitas, adoptó una política sutil que se describe a continuación: "Por eso pusieron sobre ellos capataces para oprimirlos con trabajos forzados. Y edificaron para el Faraón ciudades de almacenaje: Pitón y Ramesés" (Entonces pusieron sobre ellos capataces para oprimirlos con duros trabajos. Y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramsés.[…]Éxodo 1:11). El nombre de la segunda de estas ciudades se ha considerado una prueba de gran importancia. A pesar de ello, se multiplicaron y la persecución aparentemente se intensificó. Se dedicaban a la fabricación de ladrillos y a otras labores relacionadas con la construcción.


El reinado de este rey probablemente comenzó poco antes del nacimiento de Moisés, que situamos hacia el año 1732 a. C., y parece haberse prolongado más de cuarenta años, tal vez mucho más.

Lo que se sabe del Faraón del Éxodo es más bien biográfico. No aporta mucho a nuestras posibilidades de identificar la línea de los opresores, salvo por los indicios raciales que ofrece su carácter. Sus actos nos muestran a un hombre a la vez impío y supersticioso, que alternativamente se rebelaba y se sometía. Al principio, parece haber creído que sus magos podían realizar los mismos prodigios que Moisés y Aarón; sin embargo, incluso entonces suplicó que se retiraran las ranas y, hasta el final, rogó que se eliminara la plaga, prometiendo hacer concesiones a los israelitas, aunque, tan pronto como obtuvo un respiro, incumplió su palabra. Esto no es extraño en un personaje movido principalmente por el miedo, y la historia abunda en paralelismos con el Faraón. Sus vacilaciones solo cesaron cuando perdió a su ejército en el Mar Rojo y los israelitas fueron finalmente liberados de su poder. La cuestión de si él mismo pereció ahogado se considera incierta, ya que no se afirma explícitamente en el relato del Éxodo. Otro pasaje, no obstante, parece confirmarlo (mas a Faraón y a su ejército destruyó en el mar Rojo, porque para siempre es su misericordia.[…]Salmo 136:15). Resulta excesivamente especulativo argumentar que la expresión de este pasaje indica la derrota pero no la muerte del rey —especialmente dado que la expresión hebrea que significa "sacudir" o "arrojar" es muy literal— o bien que se trata simplemente de una expresión semítica enfática. Además, a lo largo de la historia precedente se presagia su final, el cual tal vez se predice explícitamente en 'Porque si yo hubiera extendido mi mano y te hubiera herido a ti y a tu pueblo con pestilencia, ya habrías sido cortado de la tierra.[…]Éxodo 9:15; aunque este pasaje puede traducirse como: "Pues ahora habría podido extender mi mano y herirte a ti y a tu pueblo con pestilencia; y habrías sido exterminado de la tierra", tal como lo hace Kalisch (Commentary in loc.).
Aunque ya hemos expuesto las razones para descartar la teoría que sitúa el Éxodo bajo la dinastía XIX, conviene señalar un argumento adicional y concluyente para rechazar, por carecer de base histórica, el relato conservado por Manetón, según el cual Menptah —hijo de Ramsés II— fue el Faraón bajo cuyo reinado los israelitas abandonaron Egipto. Este relato circulaba ampliamente en Egipto, pero cabe observar que el historiador lo presenta basándose únicamente en la tradición. Los descubrimientos de M. Mariette ampliaron las pruebas que ya disponíamos sobre el asunto. Según este relato, el secreto del éxito de los rebeldes residía en que Amenofis —o Menptah— les había asignado la ciudad de Avaris, antiguamente ocupada por los "pastores", pero que por entonces se hallaba en ruinas. El hecho de que el pueblo al que se entregó este lugar trabajara en las canteras situadas al este del Nilo basta por sí solo para poner en duda la narración, pues al parecer no existían canteras al norte de las situadas frente a Menfis —de la cual Avaris distaba casi toda la longitud del delta—; pero al descubrirse que este mismo rey, así como su padre, embelleció el gran templo de Avaris, se hace evidente que la historia es esencialmente falsa. No obstante, no es improbable que por aquella época ocurriera alguna calamidad con la que los egipcios —ya fuera deliberada o ignorantemente— confundieran el Éxodo; si lo hicieron por ignorancia, cabría argumentar que tal suceso tuvo lugar durante el periodo de los pastores, una etapa que, con el tiempo, se tornó oscura en los anales de Egipto.
La personalidad de este Faraón encuentra su paralelismo más bien entre los asirios que entre los egipcios. La impiedad del opresor y la de Senaquerib son notablemente similares, si bien Senaquerib parece haber mostrado mayor firmeza en su resistencia que el Faraón. No debe pasarse por alto esta semejanza, sobre todo porque parece para señalar una idiosincrasia de los asirios y naciones afines, pues el carácter nacional estaba más marcado en la antigüedad que hoy en día en la mayoría de los pueblos, sin duda porque el aislamiento era entonces general y ahora es excepcional. Así, los monumentos egipcios nos muestran un pueblo que veneraba profundamente a sus dioses e incluso a los de otras naciones; los reyes más poderosos aparecen como suplicantes en las representaciones de los templos y tumbas; en las esculturas asirias, por el contrario, se ve a los reyes más bien como protegidos por los dioses que como adoradores de ellos, de modo que comprendemos cómo en tal país pudo promulgarse el famoso decreto de Darío que Daniel desobedeció. Asimismo, los egipcios no parecen haber supuesto que sus enemigos estuvieran respaldados por dioses hostiles a los de Egipto, mientras que los asirios consideraban a sus dioses más poderosos que los de las naciones que sometían. Esto es importante en relación con la idea de que al menos uno de los Faraones de la opresión era asirio.
Respecto a la época de este rey, solo podemos decir que reinó durante aproximadamente un año o más antes del Éxodo, que situamos en el 1652 a. C.
Antes de hablar de los Faraones posteriores, podemos mencionar un punto de peso en referencia a la identificación de estos primeros. No se ha encontrado que los relatos de las campañas de los faraones de las dinastías XVIII, XIX y XX contengan referencia alguna a los israelitas. De ahí que pudiera suponerse que en sus días, o al menos durante la mayor parte de su tiempo, los israelitas aún no estaban en la Tierra Prometida. Existe, sin embargo, un silencio casi igual respecto a las naciones cananeas. La tierra misma, KANANA o KANAAN, se menciona efectivamente como invadida, así como las de KHETA y AMAR, en referencia a los heteos y amorreos; pero estas dos últimas debieron ser ramas de aquellas naciones asentadas en el valle del Orontes. Un registro de Tutmosis III publicado por M. de Rougé en Revue Archéologique (nov. de 1861, p. 344 y sig.), contiene muchos nombres de ciudades cananeas conquistadas por ese rey, pero ni una sola reconocida como israelita. Estos nombres cananeos se encuentran, además, en las fronteras de Israel, no en el corazón del país. Resulta interesante que se muestre que este rey ganó una gran batalla en Meguido. Parece probable que los egipcios se abstuvieran de atacar a los israelitas recordando las calamidades del Éxodo, o bien que mantuvieran relaciones amistosas. Es muy notable que se concedieran privilegios a los egipcios en la ley (No aborrecerás al edomita, porque es tu hermano; no aborrecerás al egipcio, porque fuiste extranjero en su tierra.[…]Deuteronomio 23:7), y que Sisac, el primer rey de Egipto tras el Éxodo del que sabemos que invadió los territorios hebreos, fuera de origen extranjero, si no un extranjero en sentido estricto.
(5) El Faraón, suegro de Mered.
En las genealogías de la tribu de Judá se menciona a la hija del Faraón, casada con un israelita: "Bitia, hija de Faraón, con quien se casó Mered" (Y su mujer Jehudaía dio a luz a Jered, padre de Gedor, a Heber, padre de Soco, y a Jecutiel, padre de Zanoa.[…]1 Crónicas 4:18). Ya hemos señalado que el nombre Faraón designa aquí probablemente a un rey egipcio, y hemos observado que la época de Mered es incierta, aunque es probable que viviera antes del Éxodo, o poco después. Cabe añadir que el nombre Miriam, perteneciente a la familia de Mered ((Los hijos de Esdras fueron Jeter, Mered, Efer y Jalón. (Estos son los hijos de Bitia, hija de Faraón, que Mered tomó por mujer.) Bitia concibió y dio a luz a Miriam, a Samai y a Isba, padre de Estemoa.[…]1 Crónicas 4:17) —aparentemente su hermana, o tal vez una hija habida con Bitia—, sugiere que esta parte de las genealogías podría referirse a la época del Éxodo. Este matrimonio podría ayudarnos a determinar la duración de la estancia en Egipto. Quizás sea menos probable que un Faraón egipcio hubiera dado a su hija en matrimonio a un israelita, que el hecho de que un rey pastor lo hubiera hecho antes de la opresión. Pero es posible que Bitia hubiera sido capturada en la guerra después del Éxodo, mediante el ataque sorpresa a una caravana o en una incursión.
(6) El Faraón, suegro de Hadad el edomita.
Entre los enemigos que se levantaron contra Salomón estaba Hadad, un edomita de sangre real, que había escapado cuando era niño de la matanza de su pueblo a manos de Joab. Leemos sobre él y sus siervos: "Y se levantaron de Madián y llegaron a Parán; y tomaron consigo hombres de Parán y llegaron a Egipto, ante Faraón, rey de Egipto; quien le dio casa, le asignó provisiones y le dio tierras. Y Hadad halló gran favor ante los ojos de Faraón, de modo que este le dio por esposa a la hermana de su propia esposa, la hermana de la reina Tahpenes. Y la hermana de Tahpenes le dio a luz a su hijo Genubat, a quien Tahpenes destetó en la casa de Faraón; y Genubat vivía en la casa de Faraón entre los hijos de Faraón" (18 Salieron de Madián y fueron a Parán; tomaron consigo hombres de Parán y fueron a Egipto, a Faraón, rey de Egipto, que dio a Hadad una casa, le asignó alimentos y le dio tierra. 19 Y halló Hadad gran favor ante los ojos de Faraón, que le dio por mu[…]1 Reyes 11:18-20). Sin embargo, cuando Hadad supo que tanto David como Joab habían muerto, pidió a Faraón que le permitiera regresar a su país, quien se lo permitió (21 Pero cuando Hadad oyó en Egipto que David había dormido con sus padres, y que Joab, jefe del ejército, había muerto, Hadad dijo a Faraón: Despídeme para que vaya a mi tierra. 22 Entonces Faraón le dijo: ¿Qué te ha faltado junto a mí, que ahora pro[…]1 Reyes 11:21,22). Probablemente los fugitivos se refugiaron en un asentamiento minero egipcio en la península del Sinaí, y así consiguieron guías que los condujeran a Egipto. Allí fueron recibidos conforme a la política egipcia, pero con el favor especial que parece haberse mostrado hacia los vecinos orientales de los Faraones, lo que razonablemente cabe suponer que condujo al establecimiento de la XXII dinastía, de origen extranjero. Para la identificación de este Faraón disponemos de indicios cronológicos y del nombre de su esposa. Sin embargo, lamentablemente, la historia de Egipto en esta época es sumamente oscura, pues ni los monumentos ni Manetón nos ofrecen información clara sobre los reyes. Parece que, hacia la última etapa de la XX dinastía, los sumos sacerdotes de Amón, el dios de Tebas, adquirieron gran poder y finalmente desplazaron a la familia de Ramsés, al menos en el Alto Egipto. Al mismo tiempo, una línea de reyes tanitas —la XXI dinastía según Manetón— parece haber gobernado en el Bajo Egipto. Desde la última parte de la XX dinastía, parece que tres casas reinaron simultáneamente. La débil XX dinastía probablemente se extinguió pronto, pero los gobernantes sacerdotes y los tanitas parecen haber reinado de forma contemporánea, hasta que ambos fueron sucedidos por los bubastitas de la XXII dinastía, cuyo primer representante fue Sheshonk I, el Sisac de la Biblia. Los monumentos han conservado los nombres de varios de los sumos sacerdotes —quizás de todos— y probablemente de algunos de los tanitas; pero cabe preguntarse si la línea tanita de Manetón no incluye a algunos de los anteriores, y no disponemos de medios para verificar la exactitud de sus cifras. Cabe suponer razonablemente que el Faraón o los Faraones mencionados en la Biblia como gobernantes en tiempos de David y Salomón eran tanitas, dado que Tanis era la ciudad más cercana al territorio israelita. Por tanto, debemos comparar los datos cronológicos de las Escrituras con la lista de esta dinastía. Sisac, como hemos señalado en otra parte, debió de comenzar a reinar hacia el año 24 o 25 del reinado de Salomón (hacia el 990-989 a. C.). La conquista de Edom probablemente tuvo lugar unos cincuenta años antes. Cabe deducir, por tanto, que Hadad huyó ante un rey de Egipto cuyo reinado pudo durar al menos veinticinco años, y que probablemente dejó de gobernar antes de que Salomón se casara con la hija de un Faraón al principio de su reinado; pues parece improbable que el protector del enemigo de David hubiera entregado a su hija a Salomón, a menos que fuera un rey sin poder, lo cual no parece haber sido el caso del suegro de Salomón. Esto supondría un reinado de veinticinco años, o de más de veinticinco, separado del final de la dinastía por un periodo de veinticuatro o veinticinco años. Según Africano, la lista de la dinastía XXI es la siguiente: Smendes, 26 años; Psusenes, 46; Nefelkeres, 4; Amenotis, 9; Osocor, 6; Psinakes, 9; Psusenes, 14; pero Eusebio atribuye al segundo rey 41 años y al último 35, y sus cifras suman un total de 130 años, cantidad que tanto él como Africano coinciden en asignar a la dinastía. Si tomamos las cifras de Eusebio, Osocor sería probablemente el Faraón ante quien huyó Hadad, y Psusenes II el suegro de Salomón; pero según las cifras de Africano, los candidatos serían Psusenes I y, probablemente, Psinakes. No obstante, no podemos tener la certeza de que los reinados no se solaparan o estuvieran separados por intervalos, y las cifras no deben considerarse fiables hasta que se contrasten con los monumentos. Se han buscado en vano, entre los nombres reales de la época, alguno que se asemeje a Tahpenes. Si se conociera el equivalente egipcio del nombre geográfico similar Tahpenes, etc., podríamos tener alguna pista sobre el nombre de esta reina.
(7) El Faraón, suegro de Salomón.
En la narración del comienzo del reinado de Salomón, tras el relato de las muertes de Adonías, Joab y Simei, y la destitución de Abiatar, leemos: "Y el reino fue confirmado en manos de Salomón. Salomón emparentó con Faraón, rey de Egipto, y tomó a la hija de Faraón, y la llevó a la ciudad de David, hasta que hubo terminado de edificar su propia casa, la casa del Señor y el muro de Jerusalén alrededor" (Entonces el rey mandó a Benaía, hijo de Joiada, y éste salió y arremetió contra Simei y lo mató. Así fue confirmado el reino en las manos de Salomón.[…]1 Reyes 2:46; 3:1). Los sucesos mencionados antes del matrimonio pertenecen en su totalidad al inicio mismo del reinado de Salomón, a excepción del asunto de Simei, que se prolongó durante tres años hasta su resolución definitiva. El hecho de que la reina fuera llevada a la ciudad de David mientras se construían la casa de Salomón, el templo y la muralla de la ciudad, indica que el matrimonio tuvo lugar a más tardar en el undécimo año del rey —cuando se terminó el templo, habiendo comenzado su construcción en el cuarto año (1 Y sucedió que en el año cuatrocientos ochenta después que los hijos de Israel salieron de la tierra de Egipto, en el cuarto año del reinado de Salomón sobre Israel, en el mes de Zif, que es el segundo mes, comenzó él a edificar la casa del SEÑOR. 3[…]1 Reyes 6:1,37,38)—. También es evidente que esta alianza fue anterior a la caída de Salomón en la idolatría (Salomón amaba al SEÑOR, andando en los estatutos de su padre David, aunque sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.[…]1 Reyes 3:3), de la cual la reina egipcia no parece haber sido una de las causas. A partir de este dato cronológico, se deduce que el matrimonio debió celebrarse entre unos veinticuatro y once años antes del ascenso de Sisac al trono. Cabe recordar que parece seguro que el suegro de Salomón no era el Faraón que reinaba cuando Hadad abandonó Egipto. Ambos Faraones, como ya se ha señalado, aún no pueden identificarse en la lista de Manetón.
Este Faraón dirigió una expedición hacia Israel, lugar que se menciona así de pasada, y donde se registra la construcción de Gezer por parte de Salomón: "El Faraón, rey de Egipto, había subido, tomado Gezer, incendiado la ciudad, matado a los cananeos que la habitaban y se la había dado [como] regalo a su hija, esposa de Salomón" (Pues Faraón, rey de Egipto, había subido y capturado Gezer, le había prendido fuego, había matado a los cananeos que habitaban en la ciudad, y la había dado en dote a su hija, la mujer de Salomón.[…]1 Reyes 9:16). Esta es una circunstancia histórica muy curiosa, pues muestra que, durante el reinado de David o de Salomón —más probablemente el de este último—, un rey egipcio, al parecer en términos amistosos con el monarca israelita, llevó a cabo una expedición a Israel, y sitió y conquistó una ciudad cananea. Este suceso nos previene contra la suposición de que expediciones similares no hubieran podido ocurrir en épocas anteriores sin que mediara una guerra con los israelitas. Su mención incidental también pone de manifiesto el peligro de inferir, a partir del silencio de las Escrituras sobre tales expediciones previas, que nada de eso llegó a ocurrir.
Esta alianza con Egipto constituye el primer indicio, tras los días de Moisés, de esa inclinación hacia Egipto que estaba expresamente prohibida en la ley y que acarreó consecuencias desastrosas en épocas posteriores. Los reyes nativos de Egipto y los etíopes apoyaron de buen grado a los hebreos y no quisieron hacerles la guerra, pero los convirtieron en meros tributarios y los expusieron a la enemistad de los reyes de Asiria. Si bien los hebreos no sufrieron un castigo directo por su inclinación hacia Egipto, tal actitud debió de debilitar su confianza en el favor divino y paralizar sus esfuerzos por defender el país frente a los asirios y sus aliados.
Los siguientes reyes de Egipto mencionados en la Biblia son Sisac, probablemente Zera, y So. El primero y el segundo pertenecían a la dinastía XXII —si se acepta la identificación de Zerah con Userken—, y el tercero era, sin duda, uno de los dos Shebeks de la dinastía XXV, de origen etíope. La dinastía XXII fue una línea de reyes de origen extranjero que conservaron nombres foráneos, y cabe destacar que Zera es llamado cusita en la Biblia (Y salió contra ellos Zera el etíope con un ejército de un millón de hombres y trescientos carros, y vino hasta Maresa.[…]2 Crónicas 14:9; comp. ¿No eran los etíopes y los libios un ejército numeroso con muchísimos carros y hombres de a caballo? Sin embargo, porque te apoyaste en el SEÑOR, El los entregó en tu mano.[…]2 Crónicas 16:8). Shebek era probablemente también un nombre extranjero. El título "Faraón" probablemente no se aplica ni una sola vez a estos reyes en la Biblia, porque no eran egipcios y no llevaban nombres egipcios. Cabe señalar que los reyes pastores adoptaron nombres egipcios y, por tanto, se puede conjeturar que algunos de los soberanos anteriores, llamados Faraones en la Biblia, fueron pastores a pesar de llevar este título.
(8) El Faraón, adversario de Senaquerib.
En el relato de la guerra de Senaquerib contra Ezequías, se menciona no solo a "Tirhaca, rey de Cus", sino también al "Faraón, rey de Egipto". El Rabsaces se burló así del rey de Judá por haber buscado la ayuda del Faraón: "He aquí que confías en el báculo de esta caña rota, en Egipto; en el cual, si un hombre se apoya, entrará en su mano y la atravesará: así [es] Faraón, rey de Egipto, para todos los que confían en él" ('He aquí, tú confías en el báculo de esta caña quebrada, es decir, en Egipto, en el cual, si un hombre se apoya, penetrará en su mano y la traspasará. Así es Faraón, rey de Egipto, para todos los que confían en él.[…]Isaías 36:6). La comparación del Faraón con una caña rota es notable, ya que los jeroglíficos comunes para "rey" —restringidos a los soberanos egipcios—, SU-TEN (estrictamente un título del gobernante del Alto Egipto), comienzan con una caña doblada, que es un signo ideográfico simbólico propio de esta palabra y a veces se usa solo, sin ningún complemento fonético. Este Faraón solo puede ser el Sethos que Heródoto menciona como el adversario de Senaquerib, y quien razonablemente puede suponerse que es el Zet de Manetón, el último rey de su dinastía XXIII. Tirhaca, como etíope —estuviera entonces gobernando en Egipto o no—, al igual que So, aparentemente no recibe el título de Faraón.
(9) El Faraón Necao.
La primera mención en la Biblia de un nombre propio acompañado del título de Faraón aparece en el caso del Faraón Necao, a quien también se le llama simplemente Necao. Su nombre se escribe en jeroglíficos, NEKU. Este rey pertenecía a la dinastía XXVI; Manetón lo sitúa como el quinto gobernante (según Africano) o como el sexto (según Eusebio). Heródoto lo llama Nekos y le atribuye un reinado de dieciséis años, dato confirmado por los monumentos. Parece haber sido un rey emprendedor, pues se cuenta que intentó completar el canal que conectaba el Mar Rojo con el Nilo y que envió una expedición de fenicios para circunnavegar África, empresa que se llevó a cabo con éxito. Al comienzo de su reinado (610 a. C.) emprendió la guerra contra el rey de Asiria y, al salirle al paso Josías, derrotó y dio muerte al rey de Judá en Meguido. El imperio asirio se acercaba entonces a su fin, y no es improbable que la expedición de Necao contribuyera a acelerar su caída. Marchó contra Carquemis por el Éufrates, un lugar que ya revestía importancia en los anales de las guerras egipcias de la dinastía XIX (Sel. Pap. Saltier, 2). Al pasar por la costa de Israel, Josías le cerró el paso, probablemente en virtud de un tratado con Asiria. El rey de Egipto le avisó, enviando embajadores para asegurarle que no le declaraba la guerra y que Dios estaba de su parte. "Sin embargo, Josías no se apartó de él, sino que se disfrazó para luchar contra él, y no escuchó las palabras de Necao que venían de Dios, y acudió a luchar en el valle de Meguido". Allí fue herido por los arqueros del rey de Egipto y murió (comp. 20 Después de todo esto, cuando Josías había reparado el templo, Necao, rey de Egipto, subió para combatir en Carquemis junto al Eufrates, y Josías salió para enfrentarse a él. 21 Pero él le envió mensajeros, diciendo: ¿Qué tenemos que ver el uno con[…]2 Crónicas 35:20-24; 29 En sus días subió Faraón Necao, rey de Egipto, contra el rey de Asiria junto al río Eufrates. Y el rey Josías fue a su encuentro, pero Faraón Necao lo mató en Meguido en cuanto lo vio. 30 Sus siervos llevaron su cuerpo en carro desde Meguido, lo t[…]2 Reyes 23:29-30). La afirmación de Necao de que obedecía un mandato divino al guerrear contra los asirios parece confirmarse aquí. No obstante, difícilmente puede entenderse como algo más que la convicción de que la guerra estaba predestinada, pues terminó con la destrucción del ejército de Necao y el recorte de su imperio. Según el relato, parece que Josías sabía que se equivocaba al oponerse al rey de Egipto; de lo contrario, un acto tan contrario a la política de inclinación hacia Egipto de su casa difícilmente habría conducido a su destrucción ni habría sido condenado en la historia. Heródoto menciona esta batalla, relatando que Necao hizo la guerra contra los sirios y los derrotó en Magdolus, tras lo cual tomó Cadytis, "una gran ciudad de Siria" (ii. 159). No puede haber duda razonable de que Magdolus es Meguido, y no la localidad egipcia de ese nombre, pero la identificación de Cadytis resulta difícil. Se ha conjeturado que se trata de Jerusalén, y se ha supuesto que su nombre corresponde al antiguo título "la Santa", pero Heródoto la menciona en otro lugar como una gran ciudad costera de Israel cercana a Egipto (iii. 5), por lo que se ha supuesto que se trata de Gaza. La dificultad de que Gaza no se encuentre más allá de Meguido tal vez se resolvería si se considerara que Heródoto confundió Meguido con la Magdolus egipcia, pero esto no es seguro. Parece posible que Cadytis sea la ciudad hetea de Ketesh, en el río Orontes, que fue la principal fortaleza en Siria de entre las conquistadas por los reyes de las dinastías XVIII y XIX. El historiador griego añade que Necao consagró las vestiduras que llevó en estas ocasiones a Apolo en el templo de Bránquidas (loc. cit.). A la muerte de Josías, su hijo Joacaz fue proclamado por el pueblo, pero depuesto tres meses después por el Faraón, quien impuso a la tierra el moderado tributo de cien talentos de plata y un talento de oro, y puso en su lugar a otro hijo de Josías, Eliaquim —cuyo nombre cambió a Joacim—, trasladando a Joacaz a Egipto, donde murió (30 Sus siervos llevaron su cuerpo en carro desde Meguido, lo trajeron a Jerusalén y lo sepultaron en su sepulcro. Entonces el pueblo de aquella tierra tomó a Joacaz, hijo de Josías, y lo ungieron y lo hicieron rey en lugar de su padre. 31 Joacaz tení[…]2 Reyes 23:30-34; 1 Entonces el pueblo de la tierra tomó a Joacaz, hijo de Josías, y lo proclamó rey en Jerusalén en lugar de su padre. 2 Joacaz tenía veintitrés años cuando comenzó a reinar, y reinó tres meses en Jerusalén. 3 Entonces el rey de Egipto lo destituyó en[…]2 Crónicas 36:1-4). Joacim parece haber sido el hijo mayor, por lo que la deposición de su hermano tal vez no se debió simplemente a que éste hubiera sido proclamado rey sin el permiso del conquistador. Necao parece haber regresado pronto a Egipto; quizá se dirigía allí cuando depuso a Joacaz. El ejército estaba probablemente apostado en Carquemis, y allí fue derrotado por Nabucodonosor en el cuarto año de Necao (c. 607 a. C.); al parecer, dicho rey no se encontraba entonces al mando de las tropas (1 Palabra del SEÑOR que vino al profeta Jeremías acerca de las naciones. 2 A Egipto, acerca del ejército de Faraón Necao, rey de Egipto, que estaba junto al río Eufrates en Carquemis, al cual derrotó Nabucodonosor, rey de Babilonia, en el año cuarto […]Jeremías 46:1,2,10). Esta batalla condujo a la pérdida de todos los dominios asiáticos de Egipto; y se relata, tras mencionar la muerte de Joacim, que "el rey de Egipto no volvió a salir más de su tierra, porque el rey de Babilonia había tomado todo lo que pertenecía al rey de Egipto, desde el río de Egipto hasta el río Éufrates" (Y el rey de Egipto no salió más de su tierra, porque el rey de Babilonia había tomado todo lo que pertenecía al rey de Egipto desde el torrente de Egipto hasta el río Eufrates.[…]2 Reyes 24:7). A la profecía de Jeremías sobre esta gran derrota junto al Éufrates le sigue otra acerca de su consecuencia: la invasión del propio Egipto; pero esta última calamidad no ocurrió durante el reinado de Necao, ni en el de su sucesor inmediato, Psamético II, sino en el de Hofra, y aún estaba por suceder durante el reinado de este último monarca cuando Jeremías fue llevado a Egipto tras la destrucción de Jerusalén.
(10) El Faraón Hofra.
El siguiente rey de Egipto mencionado en la Biblia es el Faraón Hofra, segundo sucesor de Necao, de quien le separaba el reinado de seis años de Psamético II. El nombre Hofra aparece en jeroglíficos como WAH-(P)RAHAT; la última sílaba es omitida tanto por Heródoto, que escribe Apries, como por Manetón, que escribe Uaphris. Accedió al trono hacia el año 588 a. C. y reinó diecinueve años. Heródoto lo presenta como hijo de Psamético II —a quien llama Psammis— y bisnieto de Psamético I. El historiador relata su gran prosperidad, cómo atacó Sidón y libró una batalla naval contra el rey de Tiro, hasta que, finalmente, un ejército que había enviado a conquistar Cirene fue derrotado, y los egipcios, creyendo que él había provocado su derrocamiento para hacerse con el poder absoluto —sin duda al sustituir a las tropas nativas por mercenarios—, se rebeló y proclamó rey a Amasis. Apries, apoyado únicamente por mercenarios carios y jonios, fue derrotado en una batalla campal. Al relatar esto, Heródoto comenta: "Se dice que Apries creía que no había dios capaz de derribarlo de su posición elevada, tan firmemente convencido estaba de haberse consolidado en su reino". Fue hecho prisionero y Amasis lo trató con amabilidad durante un tiempo; sin embargo, cuando los egipcios le reprocharon tal actitud, "entregó a Apries en manos de sus antiguos súbditos para que hicieran con él lo que quisieran. Entonces los egipcios lo tomaron y lo estrangularon" (ii. 101-109). La Biblia relata que Sedequías, el último rey de Judá, recibió ayuda de un Faraón contra Nabucodonosor en cumplimiento de un tratado, y que un ejército salió de Egipto, obligando así a los caldeos a levantar el sitio de Jerusalén. La ciudad fue sitiada por primera vez en el noveno año del reinado de Sedequías (590 a. C.) y tomada en su undécimo año (588 a. C.). Evidentemente, estuvo bajo asedio continuo durante un tiempo antes de caer, por lo que es muy probable que la expedición del Faraón tuviera lugar en el año 590 o 589. Cabe, pues, dudar si el rey al que se hace referencia no sería en realidad Psamético II; no obstante, hay que tener en cuenta que el asedio pudo haberse prolongado cierto tiempo antes de que los egipcios tuvieran noticia de él y marcharan a socorrer la ciudad, así como que es posible que Hofra hubiera accedido al trono ya en el año 590. El ejército egipcio regresó sin haber logrado su objetivo (5 Entretanto, el ejército de Faraón había salido de Egipto, y cuando los caldeos que tenían sitiada a Jerusalén oyeron la noticia acerca de ellos, levantaron el sitio de Jerusalén. 6 Entonces vino la palabra del SEÑOR al profeta Jeremías, diciendo: 7[…]Jeremías 37:5-8; 11 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo: 12 Di ahora a la casa rebelde: "¿No sabéis lo que significan estas cosas?" Di: "He aquí, el rey de Babilonia vino a Jerusalén, tomó a su rey y a sus príncipes y los llevó consigo a Babilonia. 13 "Y tomó […]Ezequiel 17:11-18; comp. 1 Y aconteció que en el noveno año de su reinado, en el décimo mes, el día diez del mes, vino Nabucodonosor, rey de Babilonia, él y todo su ejército contra Jerusalén, acampó contra ella y construyó un muro de asedio alrededor de ella. 2 Y la ciudad e[…]2 Reyes 25:1-4). Más tarde, un remanente de los judíos huyó a Egipto y, al parecer, fue bien recibido. A través de las profecías contra Egipto y contra estos fugitivos conocemos más detalles sobre la historia de Hofra; y aquí el relato de Heródoto —del cual hemos expuesto los puntos principales— constituye un valioso comentario. Ezequiel habla de la arrogancia de este rey con palabras que recuerdan sorprendentemente a las del historiador griego. El profeta lo describe como un gran cocodrilo que yace en sus ríos y dice: "Mío es el Nilo, pues yo lo hice" (Habla y di: "Así dice el Señor DIOS: 'He aquí, estoy contra ti, Faraón, rey de Egipto, el gran monstruo que yace en medio de sus ríos, que ha dicho: "Mío es el Nilo, yo mismo me lo hice."[…]Ezequiel 29:3). El Faraón había de ser derrocado y su país invadido por Nabucodonosor (1 En el décimo año, el décimo mes, a los doce días del mes, vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo: 2 Hijo de hombre, pon tu rostro contra Faraón, rey de Egipto, y profetiza contra él y contra todo Egipto. 3 Habla y di: "Así dice el Señor DIOS: 'He[…]Ezequiel 29, 30, 31, 32). Esta profecía aún no se había cumplido en el año 572 a. C. (17 En el año veintisiete, el primer mes, el día primero del mes, vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo: 18 Hijo de hombre, Nabucodonosor, rey de Babilonia, hizo que su ejército realizara una gran campaña contra Tiro; toda cabeza ha quedado calva y[…]Ezequiel 29:17-20). Jeremías, ya en Egipto, profetizó el fin del Faraón, advirtiendo a los judíos: "Así dice el Señor: He aquí que entregaré a Faraón Hofra, rey de Egipto, en manos de sus enemigos y en manos de aquellos que buscan su vida; tal como entregué a Sedequías, rey de Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo, que buscaba su vida" (Así dice el SEÑOR: "He aquí, entregaré a Faraón Hofra, rey de Egipto, en manos de sus enemigos, en manos de los que buscan su vida, así como entregué a Sedequías, rey de Judá, en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, su enemigo, que buscaba su vi[…]Jeremías 44:30). En otro pasaje, al predecir la derrota del ejército de Necao, el mismo profeta dice: "He aquí que yo castigaré a Amón en No, y al Faraón, y a Egipto, con sus dioses y sus reyes; incluso al Faraón, y a [todos] los que en él confían; y los entregaré en manos de los que buscan su vida, y en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y en manos de sus siervos" (25 Dice el SEÑOR de los ejércitos, el Dios de Israel: He aquí, castigaré a Amón de Tebas, a Faraón y a Egipto junto con sus dioses y sus reyes; a Faraón y a los que en él confían. 26 Y los entregaré en manos de los que buscan su vida, en manos de Nab[…]Jeremías 46:25,26). Estos pasajes, que concuerdan plenamente con el relato que ofrece Heródoto sobre la muerte de Apries, hacen probable que la invasión de Nabucodonosor fuera la causa del descontento de sus súbditos, el cual culminó en el derrocamiento y la muerte de este Faraón. Ningún historiador profano fiable menciona dicha invasión, a excepción de Beroso (Cory, Anc. Frag., 2.ª ed., p. 37, 38); sin embargo, el silencio de Heródoto y de otros ya no resulta sorprendente, pues ahora conocemos, gracias a los registros asirios en escritura cuneiforme, conquistas de Egipto que o bien no se documentaron en otras fuentes o solo fueron mencionadas por cronistas de menor relevancia. Las Escrituras no mencionan a ningún Faraón posterior, pero existen profecías que sin duda se refieren a las desgracias de gobernantes posteriores hasta la segunda conquista persa, momento en que se cumplió la profecía: "No habrá más príncipe en la tierra de Egipto" ("Así dice el Señor DIOS: 'Destruiré también los ídolos y haré cesar las imágenes de Menfis. Ya no habrá príncipe en la tierra de Egipto, y pondré temor en la tierra de Egipto.[…]Ezequiel 30:13).
Bibliografía:
Reginald Stuart Poole, Dr. William Smith's Dictionary of the Bible.