Historia
FENICIOS

La lengua fenicia pertenecía a esa familia de lenguas que se llama semítica. Bajo este nombre se incluyen lenguas como la árabe, la aramea, lengua de Judea en la época de Cristo, en la que hay algunas palabras originales de Cristo que se han conservado (Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: ELI, ELI, ¿LEMA SABACTANI? Esto es: DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUE ME HAS ABANDONADO?[…]Mateo 27:46; Y tomando a la niña por la mano, le dijo*: Talita cumi (que traducido significa: Niña, a ti te digo, ¡levántate!).[…]Marcos 5:41; especialmente Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.[…]Mateo 16:18, que no es completamente entendible ni en griego ni en hebreo). El arameo, usado en la literatura cristiana, se llama siríaco, y tal como se usa en los escritos de los judíos, generalmente se le ha llamado caldeo. El hebreo es la lengua, en la que se compuso, en su mayor parte, el Antiguo Testamento. Ahora bien, uno de los puntos más interesantes para el estudiante de la Biblia, relacionado con el fenicio, es que está tan estrechamente relacionado con el hebreo, que el fenicio y el hebreo prácticamente pueden ser considerados como la misma lengua. Se puede demostrar por pasajes que han sido citados con frecuencia (ver especialmente Monumentu Scripturae Linguaeque Phoeniciae de Gesenius, p. 231), por el testimonio del parentesco de las dos lenguas por Agustín y Jerónimo, en cuyo tiempo el fenicio o cartaginés era todavía una lengua viva. Jerónimo, que era un buen conocedor del hebreo, después de mencionar, en sus Comentarios sobre Jeremías, lib. v. 2.5, que Cartago era una colonia fenicia, procede a afirmar: "Unde et Poeni sermone corrupto quasi Phoeni appellantur, quorum lingua Hebraeae linguae magnâ ex parte confinis est". Y Agustín, que era nativo de África, y obispo de Hipona, una colonia de Tiro, ha dejado constancia de una declaración similar varias veces. En un pasaje dice de las dos lenguas: "Istae linguae non multum inter se differunt" (Quaestiones in Heptateuchum, vii. 16). En otro pasaje dice: "Cognatae sunt istae linguae et vicinae, Hebraea, et Punica, et Syra" (In Joann. Tract. 15). Nuevamente, sobre pero la paloma no encontró lugar donde posarse, de modo que volvió a él, al arca, porque las aguas estaban sobre la superficie de toda la tierra. Entonces extendió su mano, la tomó y la metió consigo en el arca.[…]Génesis 8:9, dice de cierto modo de hablar: "Locutio est, quam propterea Hebraeam puto, quia et Punicae linguae familiarissima est, in quâ multa invenimus Hebraeis verbis consonantia" (lib. i. locut. 24). Y en otra ocasión, comentando la palabra Mesías, dice: "quod verbum Punicae linguae consonum est, sicut alia Hebraea multa et poene omnia" (Contra literas Petiliani, ii. c. 104). Estas declaraciones están plenamente confirmadas por un pasaje del cartaginés conservado en Poenulus de Plauto, acto v. escena 1, y acompañado por una traducción latina como parte de la obra. No hay duda de que los cartagineses y los fenicios eran el mismo pueblo; y el extracto cartaginés es innegablemente inteligible a través del hebreo a los eruditos hebreos (ver Canaan de Bochart; y especialmente Monumenta Phoeniciae de Gesenius, pp. 357-382, donde el pasaje se traduce con notas, y se hace plena justicia a la traducción previa de Bochart). El estrecho parentesco de las dos lenguas está, además, sorprendentemente confirmado por muchos nombres fenicios y cartagineses de lugares y personas, que, desprovistos de significado en griego y latín, a través de los cuales se han hecho ampliamente conocidos, y habiendo ocasionado a veces etimologías falsas en esos idiomas, se vuelven realmente significativos en hebreo. Así por el hebreo se sabe que Tiro, como Tzôr, significa "roca", refiriéndose sin duda a la isla rocosa en la que estaba situada la ciudad; que Sidón, como Tzidôn, significa "pescar" o "pesquería", que probablemente fue la ocupación de sus primeros pobladores; que Cartago, o, como se llamaba originalmente, "Cartada" significa "Ciudad Nueva"; y que Byrsa, que, como nombre griego, sugería el etimológico mito de la Piel de Toro (Eneida, i. 300-67), era simplemente la ciudadela de Cartago, Cartaginis arcem, como Virgilio la denominó con precisión; el nombre cartaginés, suavizado por los griegos en Bursa, simplemente es la palabra hebrea Bosra, "ciudadela", idéntica a la palabra en ¿Quién es éste que viene de Edom, de Bosra con vestiduras de colores brillantes; éste, majestuoso en su ropaje, que marcha en la plenitud de su fuerza? Soy yo que hablo en justicia, poderoso para salvar.[…]Isaías 63:1. Nuevamente, a través del hebreo, los nombres de célebres cartagineses, aunque a veces desfigurados por escritores griegos y romanos, adquieren significado. De este modo, Dido pertenece a la misma raíz que David, "amado", que significa "amor" o "deleite"; es decir, el amor o el deleite de Baal, su marido; Asdrúbal es el hombre "cuya ayuda es Baal"; Amílcar el hombre a quien el dios "Milcar concedió graciosamente" (comp. Hananeel); y, con la sustitución de Baal por El o Dios, se encuentra que el nombre del famoso Aníbal es idéntico en forma y significado con el nombre de Haniel, que se menciona en De los hijos de José: de la tribu de los hijos de Manasés, un jefe: Haniel, hijo de Efod.[…]Números 34:23 como príncipe de la tribu de Manasés; Haniel significa gracia de Dios, y Aníbal gracia de Baal. La misma conclusión surge del examen de las inscripciones fenicias, conservadas hasta el día de hoy, todas las cuales pueden interpretarse, con más o menos certeza, a través del hebreo. Tales inscripciones son de tres tipos: en gemas y sellos; en monedas de los fenicios y sus colonias; en piedra. La primera clase son pocas, sin importancia y en su mayor parte de origen incierto. Las monedas más antiguas conocidas con palabras fenicias pertenecen a Tarso y otras ciudades de Cilicia, y fueron acuñadas en el período de la dominación persa. Pero existen monedas de Tiro, Sidón y otras ciudades de Fenicia; aunque todas son de fecha posterior y pertenecen al período seléucida o de los romanos. Además, se han encontrado otras monedas pertenecientes a ciudades de Sicilia, Cerdeña, África y España. Las inscripciones en piedra son de carácter público o privado. Las primeras son comparativamente pocas en número, pero se relacionan con varios temas, como, por ejemplo, la dedicación de un templo, o la conmemoración de una victoria numidia sobre los romanos. Las inscripciones privadas tenían la naturaleza de tablillas votivas erigidas como testimonios de gratitud a alguna divinidad, o eran memoriales sepulcrales grabados en lápidas. Se han encontrado inscripciones fenicias en piedra no solo en todos los países mencionados en último lugar, excepto España, sino también en la isla de Chipre cerca de Citium, en Malta, en Atenas, en Marsella y en Sidón.
Etnia.
En cuanto a la etnia original a la que pertenecieron los fenicios, nada se puede saber con certeza, porque se encuentran ya establecidos a lo largo del mar Mediterráneo en los albores más tempranos de la historia, y durante los siglos posteriores no hay registro de su origen. De acuerdo con Heródoto (vii. 89), dijeron de sí mismos en su tiempo que llegaron en días antiguos desde las orillas del Mar Rojo, en lo cual no habría nada improbable en el más mínimo grado, ya que hablaban un lengua análoga a la de los árabes, que habitaban la costa oriental de ese mar; y tanto el hebreo como el árabe, así como el arameo, se derivan de algún idioma semítico ahora perdido. Sin embargo, ni la verdad ni la falsedad de la tradición pueden ahora probarse, porque la lengua, aunque permite fuertes presunciones de estirpe, no es concluyente sobre el punto. Pero hay un argumento con respecto a su estirpe que se puede probar que es muy probable, teniendo un interés peculiar en relación con los israelitas, a saber, que los fenicios eran de la misma estirpe que los cananeos. Este hecho notable, que, tomado en relación con la lengua de los fenicios, conduce a algunos resultados interesantes, es verosímil por las siguientes circunstancias: El nombre nativo de Fenicia era Canaán, un nombre que significa "tierra baja". Fue dado a la estrecha franja de llanura entre el Líbano y el Mar Mediterráneo, en contraposición a la elevada cordillera montañosa contigua; pero habría sido inapropiado para esa parte de Canaán conquistada por los israelitas, que sin duda era una región montañosa; de modo que, cuando se sabe que los israelitas en el momento de su invasión encontraron en Canaán una tribu poderosa llamada los cananeos, y de ellos llamaron al territorio la tierra de Canaán, se sugiere obviamente que los cananeos procedían originalmente de la vecina llanura, llamada Canaán, a lo largo de la costa del mar. Esto se confirma aún más a través del nombre en África por el que los fenicios cartagineses se llamaron a sí mismos, como lo atestigua Agustín, quien afirma que los campesinos en su parte de África, si se les preguntara de qué estirpe eran, responderían, en púnico o fenicio, "cananeos". "Interrogati rustici nostri quid sint, Punicé respondentes, Canani, corruptâ scilicet sicut in talibus unâ litterâ (accurate enim dicere debebant Chanani) quid aliud respondent quam Chananaei" (Opera Omnia, iv. 1235; Exposit. Epist. ad Rom. § 13). La conclusión así sugerida está fuertemente respaldada por la tradición de que los nombres de personas y lugares en la tierra de Canaán, no sólo cuando los israelitas la invadieron, sino también anteriormente, cuando "eran pocos en número", y Abraham llegó, eran fenicios o hebreos, como, por ejemplo, Abimelec, "padre del rey" (Y Abraham dijo de Sara su mujer: Es mi hermana. Entonces Abimelec, rey de Gerar, envió y tomó a Sara.[…]Génesis 20:2); Melquisedec, "rey de justicia" (Entonces Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y vino; él era sacerdote del Dios Altísimo.[…]Génesis 14:18); Quiriat-sefer, "ciudad del libro" (De allí subió contra los habitantes de Debir (el nombre de Debir antes era Quiriat-séfer).[…]Josué 15:15).
Así se llega a la conclusión de que los hebreos adaptaron el fenicio como su propio idioma, o, en otras palabras, que lo que se llama el idioma hebreo era de hecho 'la lengua de Canaán', como lo llamó un profeta (Aquel día cinco ciudades en la tierra de Egipto hablarán la lengua de Canaán y jurarán lealtad al SEÑOR de los ejércitos; una de ellas será llamada Ciudad de Destrucción.[…]Isaías 19:18), no sólo poéticamente, sino literalmente y en términos filológicos; y como esto es repugnante para algunas nociones preconcebidas con respecto al pueblo peculiar, surge la pregunta de si los israelitas no habrían podido traducir los nombres cananeos al hebreo. Según esta hipótesis, los nombres que ahora existen en la Biblia para personas y lugares en la tierra de Canaán no serían los nombres originales, sino simplemente las traducciones de esos nombres. La respuesta a esta cuestión es que no hay la más mínima mención directa, ni ningún rastro indirecto, en la Biblia, de tal traducción, y que es contrario a la analogía de la práctica hebrea ordinaria en otros casos; como, por ejemplo, en referencia a los nombres de los monarcas asirios (quizás de una dinastía extranjera) Pul, Tiglat-Pileser, Senaquerib o de los monarcas persas Darío, Asuero, Artajerjes, que permanecen ininteligibles en hebreo, y sólo puede entenderse a través de otras lenguas orientales; que hay un silencio absoluto en la Biblia en cuanto a que haya habido alguna diferencia en el lenguaje entre los israelitas y los cananeos, aunque en otros casos donde existía una diferencia, se alude en algún lugar, como en el caso de los egipcios (El lo estableció por testimonio en José, cuando salió sobre la tierra de Egipto. Un lenguaje que yo no conocía, oí:[…]Salmo 81:5; 114:1), los asirios (Entonces Eliaquim, Sebna y Joa dijeron al Rabsaces: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo porque nosotros lo entendemos, y no nos hables en la lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre la muralla.[…]Isaías 36:11) y los caldeos (He aquí, voy a traer de lejos una nación contra vosotros, oh casa de Israel--declara el SEÑOR. Es una nación fuerte, es una nación antigua, una nación cuya lengua no conoces, y no podrás entender lo que hable.[…]Jeremías 5:15). Sin embargo, en el caso de los cananeos había una razón más poderosa para aludir a ello; y sin alguna alusión a ella, si hubiera existido, la narración de la conquista de Canaán bajo el liderazgo de Josué habría singularmente imperfecta.
Queda por agregar sobre este punto, que aunque el idioma anterior de los hebreos debe ser principalmente un asunto de conjeturas solamente, está más de acuerdo con el Pentateuco suponer que originalmente hablaban arameo. Procedían a través de Abraham de Ur de los caldeos en Mesopotamia, donde se sabe que se hablaba arameo en un período posterior; en Deuteronomio se les instruye a que digan que su padre era un arameo (sirio) a punto de perecer (Y responderás y dirás delante del SEÑOR tu Dios: "Mi padre fue un arameo errante y descendió a Egipto y residió allí, siendo pocos en número; pero allí llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa.[…]Deuteronomio 26:5); las dos primeras palabras en arameo contenidas en la Biblia, Jegar sahaduta, están, en el libro de Génesis, puestas en boca de Labán, hijo del hermano de Abraham, y primo hermano de Isaac (Labán lo llamó Jegar Sahaduta, pero Jacob lo llamó Galaad.[…]Génesis 31:47).

Con respecto al comercio fenicio, en relación con los israelitas, los siguientes puntos son dignos de atención. Hasta el tiempo de David, ninguna de las doce tribus parece haber poseído un solo puerto en la costa del mar; por lo tanto, era imposible que pudieran convertirse en un pueblo comercial. Es cierto que según Aser no expulsó a los habitantes de Aco, ni a los habitantes de Sidón, ni de Ahalb, ni de Aczib, ni de Helba, ni de Afec, ni de Rehob.[…]Jueces 1:31, combinado con Alamelec, Amad y Miseal; y al occidente llegaba hasta Carmelo y hasta Sihor-libnat.[…]Josué 19:26, Aco o Acre, con su excelente puerto, había sido asignado a la tribu de Aser; pero del mismo pasaje en Jueces parece seguro que la tribu de Aser realmente no obtuvo la posesión de Acre, que continuó siendo de los cananeos. Por lo tanto, por mucho que los israelitas vieran con nostalgia las riquezas de sus vecinos fenicios, no podían competir con ellos. Pero desde que David hubo conquistado Edom, a los israelitas se les concedió la apertura para el comercio. El control de Ezión-geber cerca de Elat, en la tierra de Edom, les permitió participar en la navegación del Mar Rojo. Pero como eran noveles en la navegación, y la navegación del Mar Rojo, debido a sus corrientes, vientos y rocas, es peligrosa incluso para los marineros avezados, y como a los fenicios, durante el período de la independencia de Edom, probablemente se les permitió comerciar desde Ezión-geber, fue política de Salomón permitir que los fenicios de Tiro tuvieran muelles y construyeran barcos en Ezión-geber, a condición de que sus marineros y barcos pudieran beneficiarse de su experiencia. Los resultados parecen haber sido sorprendentemente fructíferos. Los israelitas y los fenicios hicieron provechosos viajes a Ofir en Arabia, de donde se importó oro en grandes cantidades; y una vez cada tres años se hicieron viajes más largos por barcos a Tarsis, aunque sus ganancias no solo fueron oro, sino también plata, marfil, monos y pavos reales (porque el rey tenía en el mar las naves de Tarsis con las naves de Hiram, y cada tres años las naves de Tarsis venían trayendo oro, plata, marfil, monos y pavos reales.[…]1 Reyes 10:22). Al mismo tiempo, parece haber habido un gran comercio directo con los fenicios por madera de cedro (El rey hizo la plata tan común en Jerusalén como las piedras, e hizo los cedros tan abundantes como los sicómoros que están en el llano.[…]1 Reyes 10:27), y en general la riqueza del reino alcanzó un punto sin precedentes. Si se hubiera mantenido la unión de las tribus, toda la costa marítima de Israel habría proporcionado fuentes adicionales de ingresos a través del comercio; y tal vez incluso en última instancia, la "gran llanura de Sidón" misma podría haber formado parte del imperio unido. Pero si alguna vez existieron posibilidades de este tipo, fueron destruidas por la desastrosa secesión de las diez tribus.
Después de la división en dos reinos, cae el telón sobre cualquier relación comercial entre israelitas y fenicios hasta que se establece una relación, en modo alguno fraternal, como en las flotas que navegaban por el Mar Rojo, ni amistosa, como entre compradores y vendedores, sino humillante y exasperante, como entre compradores y comprados. Se entiende la relación que existió entre las dos naciones cuando los fenicios vendieron a los israelitas como esclavos. Era costumbre en la antigüedad, cuando una nación iba a la guerra contra otra, que los mercaderes estuvieran presentes en uno u otro de los campamentos hostiles, para comprar prisioneros de guerra como esclavos. Así, en la época de los Macabeos, cuando Lisias envió un gran ejército para invadir y someter la tierra de Judea, se relata que "los mercaderes del país, al oír su fama, tomaron mucha plata y oro con sirvientes, y entraron en el campamento para comprar a los hijos de Israel como esclavos" (1 Macabeos iii. 41), y cuando se relata que, en la captura de Jerusalén por Antíoco Epífanes, la enorme cantidad de 40.000 hombres fueron asesinados en la batalla, se agrega que hubo "no menos vendidos que muertos" (2 Macabeos v. 14; Credner, Joel, p. 240). Ahora bien, esta práctica, que se ilustra con detalles en un periodo muy posterior, indudablemente prevaleció en épocas anteriores (Odisea, xv. 427; Heródoto, i. 1), y se alude de manera amenazante contra los fenicios por los profetas (Además, ¿qué tenéis que ver conmigo, Tiro, Sidón y todas las regiones de Filistea? ¿Os queréis vengar de mí? Si de esta manera os vengáis de mí, bien pronto haré volver vuestra venganza sobre vuestra cabeza.[…]Joel 3:4; 9 Así dice el SEÑOR: por tres transgresiones de Tiro, y por cuatro, no revocaré su castigo, por haber entregado todo un pueblo cautivo a Edom sin acordarse del pacto de hermanos. 10 Enviaré, pues, fuego sobre la muralla de Tiro, y consumirá sus palac[…]Amós 1:9,10), unos 800 años antes de Cristo. Las circunstancias que llevaron a este estado de cosas pueden explicarse así. Después de la división de los dos reinos, no hay rastro de ninguna relación amistosa entre el reino de Judá y los fenicios; el interés de éstos les llevó más bien a cultivar la amistad del reino de Israel; y el rey israelita, Acab, tenía por mujer a una princesa sidonia (Y como si fuera poco el andar en los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal, rey de los sidonios, y fue a servir a Baal y lo adoró.[…]1 Reyes 16:31). Ahora bien, no es improbable que como consecuencia de estas relaciones, cuando Josafat, rey de Judá, procuró restaurar el comercio de los judíos en el Mar Rojo, y para este propósito construyó grandes barcos en Ezión-geber para ir a Ofir a por oro, no admitiera a los fenicios en ninguna participación en la aventura, y cuando el rey Ocozías, hijo de Acab, pidió tener parte en ella, su solicitud fue claramente rechazada (48 Josafat se construyó naves de Tarsis para ir a Ofir por oro, pero no fueron porque las naves se rompieron en Ezión-geber. 49 Y Ocozías, hijo de Acab, dijo a Josafat: Permite que mis siervos vayan con tus siervos en las naves. Pero Josafat no quiso[…]1 Reyes 22:48,49). Ese intento de renovar el comercio de los judíos en el Mar Rojo fracasó, y en el reinado de Joram, hijo de Josafat, Edom se rebeló contra Judá y estableció su independencia; de modo que si los fenicios deseaban enviar barcos mercantes desde Ezión-geber, Edom era la potencia que principalmente les interesaba conciliar, y no Judá. En estas circunstancias, parece que los fenicios no sólo compraron y vendieron de nuevo como esclavos, y probablemente en algunos casos secuestraron a habitantes de Judá, sino que incluso los vendieron a sus enemigos los edomitas. Esto se consideró con razón como una desviación del antiguo pacto fraternal, cuando Hiram era un gran amigo de David, y posteriormente tuvo la más amistosa relación comercial con el hijo de David, lo que puede considerarse como el fundamento original de la hostilidad de los profetas hebreos hacia la fenicia Tiro (1 Profecía sobre Tiro. Gemid, naves de Tarsis, porque Tiro ha sido destruida, sin casas y sin puerto; desde la tierra de Chipre les ha sido revelado. 2 Callad, moradores de la costa, mercaderes de Sidón; tus mensajeros cruzaron el mar, 3 y estuvieron[…]Isaías 23; 1 Y vino a mí la palabra del SEÑOR, diciendo: 2 Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: "Así dice el Señor DIOS: 'Aun cuando tu corazón se ha enaltecido y has dicho: "Un dios soy, sentado estoy en el trono de los dioses, en el corazón de los mares", […]Ezequiel 28).
La única otra información en el Antiguo Testamento sobre el comercio entre los fenicios y los israelitas está en el relato del comercio de Tiro dado en 'Judá y la tierra de Israel comerciaban contigo; con trigo de Minit, tortas, miel, aceite y bálsamo pagaban tus productos.[…]Ezequiel 27:17. Si bien este relato proporciona información valiosa con respecto a los diversos tratos comerciales de las más ilustres de las ciudades fenicias, también hace mención directa de las exportaciones a ella desde Israel, que eran trigo, miel, aceite y bálsamo. La exportación de trigo merece atención, porque muestra cuán importante debe haber sido para los fenicios mantener relaciones amistosas con sus vecinos hebreos, y especialmente con el vecino reino de Israel. El trigo se llama trigo de Minit, que era un pueblo de los amonitas, al otro lado del Jordán, mencionado sólo una vez en otra parte de la Biblia, y no es seguro si Minit fue un gran emporio interior, donde se hacían grandes compras de grano, o si el trigo en sus inmediaciones era peculiarmente bueno, y dio su nombre a todo el trigo de cierta calidad. Sin embargo, cualquiera que sea la explicación correcta con respecto a Minit, los únicos países especificados para exportar trigo son Judá e Israel, y fue a través del territorio de Israel que el trigo sería llevado a Fenicia. Heeren sugiere en su Historical Researches, ii. 117, que el hecho de que Israel fuera, por así decirlo, el granero de Fenicia, explica de la manera más clara la paz duradera que prevaleció entre los dos países. Él observa que con muchas de las otras naciones vecinas, los israelitas vivían en un estado de guerra casi continua; pero que ni una sola vez se enzarzaron en hostilidades con sus vecinos más cercanos, los fenicios. El hecho en sí es ciertamente digno de atención especial y es más notable porque no faltaban ocasiones tentadoras para la injerencia de Fenicia en Israel, si lo hubieran deseado. Cuando Elías en el arroyo de Cisón, a una distancia de no más de 48 kilómetros en línea recta de Tiro, dio muerte a 450 profetas de Baal (Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, que no se escape ninguno de ellos. Los prendieron, y Elías los hizo bajar al torrente Cisón y allí los degolló.[…]1 Reyes 18:40), es fácil imaginar la agitación y la ira que tal hecho debe haber producido en Tiro. Y en Sidón, más especialmente, que estaba sólo a treinta kilóemtros más allá de la escena de la matanza, el primer impulso de los habitantes debe haber sido el de marchar de inmediato en batalla para fortalecer las manos de Jezabel, su propia princesa, en nombre de Baal, su dios fenicio. Cuando más tarde, por medio de la falsedad y la traición, Jehú pudo masacrar a los adoradores de Baal en la tierra de Israel, no cabe la menor duda de que la noticia fue recibida en Tiro, Sidón y las otras ciudades de Fenicia con un estallido de horror e indignación y debe haber habido un intenso deseo en los fenicios, si tenían el poder, de invadir los territorios de Israel sin demora e infligir un castigo sobre Jehú (18 Entonces Jehú reunió a todo el pueblo, y les dijo: Acab sirvió a Baal un poco, Jehú lo servirá mucho. 19 Llamad ahora a todos los profetas de Baal, a todos sus adoradores y a todos sus sacerdotes; que no falte ninguno, porque tengo un gran sacrifi[…]2 Reyes 10:18-28). El hecho de que Israel fuera su granero, sin duda, habría sido un elemento en la contención de los fenicios, incluso en ocasiones como éstas; pero probablemente había motivos nás profundos. Parece haber sido parte de la política establecida de las ciudades fenicias evitar intentos de conquista en el continente asiático. Para esto había excelentes razones en la posición de su pequeño territorio, que con la cordillera del Líbano a un lado como barrera, y el mar por el otro, era fácilmente defendible por una potencia rica que dominaba el mar, contra potencias de segunda o tercera categoría, pero por la misma razón no estaba bien situada para la guerra ofensiva en el lado terrestre. Puede agregarse que una política pacífica era su interés manifiesto como nación comercial, a menos que por medio de la guerra estuvieran seguros de obtener una importante añadidura de territorio, o a menos que una política bélica fuera una necesidad absoluta para evitar la formidable preponderancia de cualquier gran vecino. Por último, de hecho, incluso llevaron demasiado lejos su sistema de no intervención en las guerras continentales, si les hubiera sido posible mediante alianzas con Siria y Coele-siria impedir el establecimiento al otro lado del Líbano de un gran imperio. Porque desde ese momento su destino final era seguro, y era meramente una cuestión de tiempo la llegada de la hora fatal cuando perderían su independencia. Pero se sabe muy poco de los detalles de su historia para justificar una opinión en cuanto a si en cualquier momento podrían haber levantado una barrera contra el imperio de los asirios o caldeos.
Religión.
La religión de los fenicios es un tema de gran extensión y considerable perplejidad en los detalles, pero no puede haber duda de sus rasgos generales en relación con la fe de los hebreos. A diferencia del monoteísmo, era una personificación panteísta de las fuerzas de la naturaleza, y en su sombra más filosófica de los poderes supremos, pudiendo decirse que representaba los principios masculino y femenino de la producción. En su forma popular, era especialmente un culto al sol, la luna y los cinco planetas o, como podría haberse expresado según las nociones antiguas, a los siete planetas. Estos planetas, sin embargo, no se consideraban como masas de materia sin vida, obedientes a las leyes físicas, sino como poderes animados inteligentes, que influían en la voluntad humana y controlaban los destinos humanos.
El culto fenicio era una constante incitación al politeísmo y a la idolatría. Es la tendencia general del comercio, al hacer que los comerciantes se familiaricen con diferentes países y varios modos de pensamiento, para fortalecer la mente, promover el aumento del conocimiento y, además, por la riqueza que difunde, brindar oportunidades en varios caminos para la cultura intelectual. Difícilmente se puede dudar de que, debido a estas circunstancias, los fenicios, como un gran pueblo comercial, en general era, como diríamos ahora, más civilizado, que la población agrícola del interior de Israel. Por tanto, cuando los israelitas entraron en contacto con un pueblo más versátil y, en apariencia, más ilustrado que ellos, pero que, sin embargo, ya sea en forma filosófica o popular, admitía un sistema de politeísmo, su influencia se haría sentir sobre las mentes israelitas, tendiendo a hacer que consideraran su devoción exclusiva a su propio Dios, Jehová, por muy trascendentes que fueran sus atributos, como poco sociable y desagradable. Es como se puede explicar el asombroso hecho de que el mismo Salomón, el más sabio de los hebreos, de quien se dice expresamente que Dios se le apareció dos veces, una, no mucho después de su matrimonio con una princesa egipcia, la noche después de sacrificar 1.000 víctimas en el lugar alto de Gabaón, y la segunda vez, después de la consagración del templo, llegara tan lejos como para ser engañado por sus esposas en su vejez y se convirtiera en un politeísta, adorando, entre otras divinidades, a la diosa fenicia o sidonia Astarot (1 Salomón se emparentó con Faraón, rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón y la trajo a la ciudad de David mientras acababa de edificar su casa, la casa del SEÑOR y la muralla alrededor de Jerusalén. 2 Sólo que el pueblo sacrificaba en los lugares[…]1 Reyes 3:1-5; 9:2; 11:1-5). Es posible que no dejara de adorar a Jehová, a quien había erigido el magnífico templo, que en la historia está tan generalmente relacionado con el nombre de Salomón. Probablemente, según sus propias concepciones erróneas, nunca dejó de considerarse un fiel adorador de Jehová, pero al mismo tiempo consideró que no era incompatible con sacrificar en los altares de otros dioses igualmente. No obstante, permanece el hecho de que Salomón, quien por su templo hizo tanto para establecer la doctrina de un solo Dios, murió él mismo como un politeísta práctico. Y si este fue el caso con él, el politeísmo en otros soberanos de inferior excelencia no puede suscitar ninguna sorpresa. Teniendo tal ejemplo ante sí, no es de extrañar que Acab, un hombre esencialmente malo, después de su matrimonio con una princesa sidonia no sólo tolerara abiertamente, sino que alentara, la adoración de Baal; aunque debe recordarse que incluso él, cuando fue reprendido por su gran antagonista Elías, rasgó sus vestidos, y se puso cilicio sobre su carne, y mostró otras señales de contrición evidentemente consideradas sinceras (Y como si fuera poco el andar en los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal, rey de los sidonios, y fue a servir a Baal y lo adoró.[…]1 Reyes 16:31; 21:27-29). Y debe observarse en general que, aunque antes de la reforma de Josías (1 Entonces el rey mandó reunir con él a todos los ancianos de Judá y Jerusalén. 2 Y subió el rey a la casa del SEÑOR, y con él todos los hombres de Judá, todos los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, desde el menor[…]2 Reyes 23), el politeísmo prevalecía tanto en Judá como en Israel, parece haber sido más intenso y universal en Israel, como podría haberse esperado de su mayor proximidad con Fenicia; y a veces se habla de Israel como si hubiera dado mal ejemplo a Judá (Tampoco Judá guardó los mandamientos del SEÑOR su Dios, sino que anduvieron en las costumbres que Israel había introducido.[…]2 Reyes 17:19; Y vio que a causa de todos los adulterios de la infiel Israel, yo la había despedido, dándole carta de divorcio; con todo, su pérfida hermana Judá no tuvo temor, sino que ella también fue y se hizo ramera.[…]Jeremías 3:8).
La religión fenicia también fue perjudicial en otros aspectos para los habitantes de Israel, siendo en algunos puntos esencialmente desmoralizadora. Por ejemplo, sancionó la terrible superstición de quemar niños como sacrificio a un dios fenicio. 'Y edificaron', dice Jeremías, en el nombre de Jehová (y han edificado los lugares altos de Baal para quemar a sus hijos en el fuego como holocaustos a Baal, cosa que nunca mandé, ni de la cual hablé, ni me pasó por la mente;[…]Jeremías 19:5), 'lugares altos de Baal, para quemar con fuego a sus hijos en holocaustos al mismo Baal, cosa que yo no les mandé, ni hablé, ni me vino al pensamiento' (comp. Y edificaron los lugares altos de Baal que están en el valle de Ben-hinom, para hacer pasar por el fuego a sus hijos y a sus hijas en honor de Moloc, lo cual no les había mandado, ni me pasó por la mente que ellos cometieran esta abominación, para ha[…]Jeremías 32:35). Esta horrible costumbre probablemente se fundaba en su origen en la idea de sacrificar a un dios lo que era mejor y más valioso a los ojos del suplicante; pero no podía existir sin tener una tendencia sofocante sobre los sentimientos naturales de afecto y endurecer el corazón. Difícilmente podría haber sido adoptada por primera vez de otra manera que en la infancia del pueblo fenicio; pero hombres adultos y naciones adultas, con sus sentimientos morales cultivados en otros aspectos, son a menudo esclavos en puntos particulares de una superstición implantada muy pronto, y es digno de notar que, más de 250 años después de la muerte de Jeremías, los cartagineses, cuando su ciudad fue asediada por Agatocles, ofrecieron como holocausto al planeta Saturno, a expensas públicas, a 200 muchachos de la más alta aristocracia; y, posteriormente, cuando hubieron obtenido una victoria, sacrificaron a los cautivos más hermosos en manera similar (Diodoro, xx. 14, 65). Si tales cosas fueron posibles entre los cartagineses en un período tan posterior, es fácilmente concebible cuán común pudo haber sido la práctica de sacrificar niños en la época de Jeremías entre los fenicios en general; y si esto fue así, habría sido cierto que prevaleciera entre los israelitas que adoraban a los mismos dioses fenicios; especialmente porque, debido a los matrimonios mixtos de sus antepasados con los cananeos, probablemente hubo pocos israelitas que no hayan tenido algo de sangre fenicia en sus venas (Y los hijos de Israel habitaron entre los cananeos, los heteos, los amorreos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos;[…]Jueces 3:5). De nuevo, partes de la religión fenicia, especialmente el culto a Astarté, tendían a fomentar la disolución en las relaciones de los sexos, e incluso a santificar las impurezas más abominables. Relacionados con sus templos e imágenes había prostitutas, hombres y mujeres, cuyas contaminadas ganancias formaban parte del fondo sagrado destinado al servicio de la diosa. Y, para completar la deificación de la inmoralidad, se les conocía incluso con el nombre de "consagrados". Nada puede mostrar más claramente cuán profundamente este ejemplo funesto había corroído los corazones y hábitos del pueblo, a pesar de las prohibiciones y las denuncias repetidas de los profetas hebreos, que el hecho casi increíble de que, antes de la reforma de Josías, a esta clase de personas se les permitía tener casas o tiendas de campaña cerca del templo de Jehová, cuyo tesoro tal vez incluso fue reabastecido por sus ganancias (También derribó las casas de los dedicados a la prostitución que estaban en la casa del SEÑOR, donde las mujeres tejían pabellones para la Asera.[…]2 Reyes 23:7; 17 Ninguna de las hijas de Israel será ramera de culto pagano; tampoco ninguno de los hijos de Israel será sodomita de culto pagano. 18 No traerás la paga de una ramera ni el sueldo de un perro a la casa del SEÑOR tu Dios para cualquier ofrenda votiv[…]Deuteronomio 23:17,18; Hubo también en la tierra sodomitas de cultos paganos. Hicieron conforme a todas las abominaciones de las naciones que el SEÑOR había echado delante de los hijos de Israel.[…]1 Reyes 14:24; 15:12; 22:46; No castigaré a vuestras hijas cuando se prostituyan ni a vuestras nueras cuando cometan adulterio, porque los hombres mismos se retiran con rameras y ofrecen sacrificios con las rameras del culto pagano; así se pierde el pueblo sin entendimiento.[…]Oseas 4:14; Mueren en su juventud, y su vida perece entre los sodomitas de cultos paganos.[…]Job 36:14).

La invención intelectual más importante del hombre, la de las letras, fue afirmada universalmente por griegos y romanos que fue comunicada por los fenicios a los griegos. La primera declaración escrita sobre el asunto está en Heródoto, v. 57, 58, quien incidentalmente, al dar cuenta de Harmodius y Aristogeiton, dice que eran de estirpe gefiraena; y que había comprobado por la investigación que los gefiraenos eran fenicios, entre esos fenicios que llegaron con Cadmo a Beocia, e instruyeron a los griegos en muchas otras artes y ciencias, enseñándoles igualmente las letras. Fue un paso fácil de creer, como creían muchos de los antiguos, que los fenicios inventaron las letras.
"Phoenices primi, famae si creditur, ausi
Mansuram rudibus vocem signare figuris."
Lucano, Farsalia iii. 220, 221.
Esta creencia, sin embargo, no era universal; y Plinio el Viejo expresa su propia opinión de que eran de origen asirio, mientras relata la opinión de Gellius de que fueron inventadas por los egipcios, y de otros que fueron inventadas por los sirios (Nat. Hist. vii. 57). Ahora bien, como se ha demostrado que el fenicio es casi el mismo idioma que el hebreo, surge la pregunta de si el hebreo arroja alguna luz sobre el momento o el modo de la invención de las letras, sobre la cuestión de quién las inventó, o sobre la creencia universal de la antigüedad de que el conocimiento de ellas fue comunicado a los griegos por los fenicios. La literatura hebrea guarda tanto silencio como la griega respecto de la fecha precisa de la invención de las letras, y del nombre del inventor o inventores; pero los nombres de las letras en el alfabeto hebreo están de acuerdo con la creencia de que los fenicios comunicaron el conocimiento de las letras a los griegos: porque muchos de los nombres de las letras en el alfabeto griego, aunque sin significado en griego, tienen un significado en las letras correspondientes del hebreo. Por ejemplo, las cuatro primeras letras del alfabeto griego, alfa, beta, gamma, delta, no se explican a través del idioma griego; pero las primeras cuatro letras correspondientes del alfabeto hebreo, a saber, alef, bet, gimel, dalet, siendo esencialmente las mismas palabras, se explican en hebreo. Así en hebreo alef o elef significa buey; bet o bayit, casa; gimel, camello; y dalet, puerta. Y lo mismo es esencialmente, aunque no siempre tan claramente, el caso con casi todas las dieciséis primeras letras griegas, que se dice fueron traídas de Fenicia por Cadmo, y llamadas por esta razón letras fenicias o cadmeas (Heródoto, l. c.; Plinio, Hist. Nat. vii. 57; Jelf, Greek Gram. i. 2). Además, en cuanto a la escritura, las letras hebreas antiguas, sustancialmente las mismas que las fenicias, concuerdan estrechamente con las letras griegas antiguas, un hecho que, tomado por sí mismo, no probaría que los griegos las recibieran de los fenicios, como posiblemente los fenicios las hubieran recibido de los griegos; pero que, visto en conexión con las tradiciones griegas sobre el asunto, y con el significado de las letras en hebreo, parece razonablemente concluyente que las letras fueron llevadas desde Fenicia a Grecia. Es verdad que la escritura hebrea moderna y la escritura griega posterior de la antigüedad no se parecen mucho entre sí; pero esto se debe en parte a los cambios graduales en la escritura de las letras griegas, y en parte al hecho de que el carácter en el que ahora se imprimen las Biblias hebreas, llamado carácter asirio o cuadrado, no era el que se usaba originalmente entre los judíos, sino parece haber sido aprendido en el cautiverio babilónico, y luego adoptado gradualmente por ellos a su regreso a Judea (Gesenius, Geschtichte der Hebräischen Sprache und Schrift, pág. 156).
En cuanto al modo en que las letras fueron inventadas, algunos de los primeros caracteres hebreos y fenicios aportan alguna clave, que evidentemente pretendían, aunque de manera muy tosca, como el dibujo de niños muy pequeños, representar el objeto que el nombre de la letra significaba. De ese modo, la alef antigua tenía un vago parecido con la cabeza de un buey, gimel con el lomo de un camello, dalet con la puerta de una tienda, vau con un gancho o una estaca. De nuevo, las letras escritas, llamadas respectivamente lamed (un aguijón de buey), ayin (un ojo), qof (la parte posterior de la cabeza), ros (la cabeza) y tau (una cruz), son todos esfuerzos, más o menos logrados, para representar las cosas significadas por los nombres. Se dice que esto es igualmente cierto de los jeroglíficos fonéticos egipcios; pero, sea como fuere, no hay dificultad en entender así la formación de un alfabeto, cuando se concibió la idea de representar los sonidos componentes o semisonidos de una palabra por medio de figuras. Pero la idea original de representar así los sonidos, aunque peculiarmente feliz, no era en modo alguno obvia, y millones de hombres vivieron y murieron sin que se le ocurriera a ninguno de ellos.
Bibliografía:
Edward T. B. Twisleton, Dr. William Smith's Dictionary of the Bible.