Historia
GALLO
Gallo, ἀλέκτωρ, ave doméstica que en el Nuevo Testamento se menciona en referencia a la negación que hizo Pedro de Jesús (Jesús le dijo: En verdad te digo que esta misma noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.[…]Mateo 26:34; Y Jesús le dijo*: En verdad te digo que tú, hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces.[…]Marcos 14:30; 13:35, etc.). El origen de las numerosas variedades de nuestras aves de corral domésticas es, sin duda, asiático, pero existe una duda considerable en cuanto a la estirpe precisa de donde surgieron, así como a la localidad donde fueron encontradas. Temminck es de la opinión de que estamos principalmente en deuda con el malayo Gallus Gigantens y el indio G. Bankiva para nuestras aves domésticas. Sabemos que el gallo y la gallina domésticos fueron conocidos en la antigüedad por los griegos y romanos. Pistetarus (Aristof., Aves, 483) llama al gallo el pájaro persa, no siendo en absoluto improbable que los griegos obtuvieran aves domésticas de Persia. Como no se hace mención en el Antiguo Testamento de estas aves, y como no aparecen figuras de ellas en los monumentos egipcios (Wilkinson, Anc. Egypt. i. 234), nos inclinamos a pensar que llegaron a Judá con los romanos, quienes, como es bien sabido, apreciaban las aves tanto como artículos de comida como para peleas de gallos. La Mishná (Baba Kama, vii. 7) dice: "No se crían gallos en Jerusalén a causa de las cosas sagradas" y esta afirmación ha sido citada por algunos como una objeción a la historia evangélica. Sobre este tema, un escritor en Harris (Dict. of Nat. Hist. of Bib. p. 72, ed. 1833), muy prolijamente comenta: "Si hubo cualquier restricción en el uso o domesticación de esta ave, debe haber sido una práctica arbitraria de los judíos, pero no pudo haber sido obligatoria para los extranjeros, de los cuales muchos residían en Jerusalén como oficiales o comerciantes."
Bibliografía:
William Houghton, Dr. William Smith's Dictionary of the Bible.