Historia
JAREB
Jareb, יָרֵב, 'adversario, hostil', nombre propio de un país o persona. Si Jareb hubiera sido el nombre propio del rey de Asiria, la palabra que precede ("rey") habría requerido el artículo. R. D. Kimchi percibió esta dificultad y, por lo tanto, explicó Jareb como el nombre de alguna ciudad de Asiria o como otro nombre del propio país. El siríaco da Yôrôb, como el nombre de un país, que Efrén Sirio aplica a Egipto, haciendo referencia al rey Oseas de Israel, que había enviado a So, rey de Egipto, para pedirle ayuda en su conspiración contra Salmanasar (Pero el rey de Asiria descubrió una conspiración de Oseas, quien había enviado mensajeros a So, rey de Egipto, y no había pagado tributo al rey de Asiria como había hecho año tras año; por tanto el rey de Asiria lo detuvo y lo encadenó en la cárcel.[…]2 Reyes 17:4). Así también el Iareib o Iareim de Teodoreto es Egipto. Muchos suponen que la cláusula en la que aparece se refiere a Judá, para completar el paralelismo; y con esto en mente, Jarchi lo interpreta como Acaz, que envió a Tiglat-Pileser (Y Acaz tomó la plata y el oro que se hallaba en la casa del SEÑOR y en los tesoros de la casa del rey, y envió un presente al rey de Asiria.[…]2 Reyes 16:8) para que lo ayudara contra las fuerzas combinadas de Siria e Israel. Pero no hay razón para suponer que ambas cláusulas no se refieran a Efraín, y la alusión sería entonces, como explica Jerónimo, a Pul, que fue subvencionado por Menahem (Pul, rey de Asiria, vino contra el país, y Manahem dio a Pul mil talentos de plata para que su mano estuviera con él para fortalecer el reino bajo su mando.[…]2 Reyes 15:19), y Judá estaría indirectamente incluido. La traducción de la Vulgata, "vengador" ("ad regem ultorem"), que sigue a Símaco, así como las de Aquila y Teodoción, "juzgar", mediante una referencia a Jerobaal, nombre de Gedeón, que traduce como "ulciscatur se Baal" o "judicet eum Baal" ("que Baal se vengue" o "que Baal lo juzgue"). El Tárgum lo interpretó como un verbo, el futuro hiphil de rûb, y tradujo la cláusula como "y envió al rey para que viniera a vengarlos". Si se trata de una palabra hebrea, lo más probable es que sea un sustantivo formado a partir de la raíz mencionada anteriormente, como yârib (Ciertamente así dice el SEÑOR: Aun los cautivos del poderoso serán recobrados, y rescatada será la presa del tirano; con el que contienda contigo yo contenderé, y salvaré a tus hijos.[…]Isaías 49:25; Salmo de David. Combate, oh SEÑOR, a los que me combaten; ataca a los que me atacan.[…]Salmo 35:1), y se aplica a la tierra de Asiria, o a su rey, no en el sentido en que se entiende en el Tárgum, sino como indicativo de su decidida hostilidad hacia Israel y su carácter generalmente agresivo. Cocceius tenía esta idea en mente cuando tradujo "rex adversarius". Michaelis (Supl. ad Lex. Heb.), insatisfecho con las explicaciones habituales, buscó el verdadero significado de Jareb en la raíz siríaca îreb, "ser grande", y sustituyó "rey Jareb" por "gran rey", un título frecuentemente aplicado a los reyes de Asiria. Si fuera el nombre propio de un lugar, dice que denotaría el de una fortaleza o palacio donde residían los reyes de Asiria. Pero de esto no hay prueba, el nombre no ha llegado hasta nosotros, y es mejor interpretarlo en un sentido simbólico que indique el carácter hostil de Asiria. Que se aplique más al país que al rey puede deducirse de su paralelismo con Asur. Tal es la opinión de Fürst (Handw. s. v.), quien ilustra el uso simbólico comparándolo con Rahab aplicado a Egipto. Al mismo tiempo, conjetura que podría haber sido una antigua palabra asiria, adoptada en la lengua hebrea y modificada para expresar una idea inteligible, conservando algo de su forma original. Hitzig (die 12 kl. Proph.) va más allá y encuentra en un dialecto mixto, emparentado con el asirio, un verbo, jarbam, que significa "luchar o pelear", y jarbech, en etíope, "héroe o guerrero valiente"; pero sería deseable contar con más evidencia al respecto.
Dos interpretaciones místicas, a las que Jerónimo aludió como comunes entre los comentaristas de su época, destacan por las conclusiones singularmente opuestas a las que llegaron; una atribuye la palabra al diablo, la otra a Cristo. Rivetus (citado por Glassius, Philol. Sacr. iv. tr. 3) opinaba que el título de Jareb o "vengador" fue asumido por el poderoso rey de Asiria.
Bibliografía:
William Aldis Wright, Dr. William Smith's Dictionary of the Bible.