Historia
JOSÉ DE ARIMATEA
En vino José de Arimatea, miembro prominente del concilio, que también esperaba el reino de Dios; y llenándose de valor, entró adonde estaba Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.[…]Marcos 15:43 se le denomina miembro noble del consejo, lo que probablemente significa que era miembro del Sanedrín. Además, se le describe como "varón bueno y justo" (Y había un hombre llamado José, miembro del concilio, varón bueno y justo[…]Lucas 23:50), uno de aquellos que, llevando en sus corazones las palabras de los profetas, esperaban el reino de Dios (25 Y había en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón; y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. 38 Y llegando ella en ese preciso momento, daba gracias a Dios, y hablaba de El a todos l[…]Lucas 2:25,38; 23:51). Se dice expresamente que no "consintió en el acuerdo y los hechos" de sus colegas en la conspiración para matar a Jesús; pero parece que le faltó el valor para protestar contra su juicio. En cualquier caso, sabemos que, por temor a sus compatriotas, se resistió a confesarse abiertamente discípulo de Jesús.
El terrible suceso, la crucifixión, que aplastó las esperanzas y avivó los temores de los discípulos, tuvo el efecto de inspirarle una audacia y confianza que antes le eran ajenas. La crucifixión parece haberle infundido la misma convicción que al centurión que estuvo junto a la cruz, pues en la misma tarde de aquel día, cuando el triunfo de los sumos sacerdotes y gobernantes parecía completo, José "entró valientemente ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús". Este hecho es mencionado por los cuatro evangelistas. Pilato, habiéndose asegurado de que Jesús había muerto, accedió a la petición de José, quien fue recompensado así por su fe y valentía con el bendito privilegio de poner en su propia nueva tumba el cuerpo de su Señor crucificado. En este menester, fue ayudado por Nicodemo, quien, al igual que él, hasta entonces había temido profesar abiertamente su fe, pero ahora, superando sus temores, trajo abundante mirra y áloe para embalsamar el cuerpo según la costumbre judía.
Estos dos maestros de Israel, tras envolver el sagrado cuerpo en lienzos que José había comprado, lo depositaron en una tumba excavada en la roca, una tumba donde jamás se había depositado un cadáver humano (38 Después de estas cosas, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió permiso a Pilato para llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato concedió el permiso. Entonces él vino, y se llevó el cuerpo de Jesús.[…]Juan 19:38-41).
Se registra específicamente que la tumba se encontraba en un huerto perteneciente a José, cerca del lugar de la crucifixión.
La minuciosidad de la narración parece tener como propósito eliminar cualquier fundamento o pretexto para cualquier rumor que pudiera difundirse, después de la resurrección, de que fue otro, y no Jesús mismo, quien resucitó de entre los muertos. El entierro de Jesús en el nuevo sepulcro privado del hombre rico de Arimatea, debe considerarse también como el cumplimiento de la profecía de Se dispuso con los impíos su sepultura, pero con el rico fue en su muerte, aunque no había hecho violencia, ni había engaño en su boca.[…]Isaías 53:9.
No se registra nada de José, salvo lo meramente legendario, más allá de lo que leemos en las Escrituras.
Bibliografía:
Ernest Hawkins, Dr. William Smith's Dictionary of the Bible.