Historia

LENGUA DEL NUEVO TESTAMENTO

Lengua del Nuevo Testamento, tal como se entiende aquí, no es el idioma utilizado por los autores del Nuevo Testamento, sino el idioma de sus hablantes, el idioma común de los discursos y conversaciones que se encuentran registrados en el griego del Nuevo Testamento.

Sobre la cuestión de cuál era el idioma predominante en Tierra Santa en la época de Jesús ha habido una gran diversidad de opiniones y mucha controversia. Algunos han afirmado que la mayoría de la gente hablaba solo arameo; otros que solo hablaba griego; y otros que estaban familiarizados con las dos lenguas y podían usar una u otra a su antojo. Para comprender el caso, la forma más sencilla será analizar cada una de las dos lenguas en cuestión y rastrear los indicios de su uso entre los judíos en Tierra Santa del siglo I.

Comenzamos, pues, con el arameo (el arameo-judío o caldeo, a diferencia del arameo-cristiano o siríaco). No es improbable que el largo intercambio, tanto amistoso como hostil, entre el reino de Israel y sus vecinos arameos del norte, especialmente los sirios de Damasco, haya producido cierta influencia en la lengua de los israelitas del norte, aunque la influencia debió ser mucho mayor cuando el reino de Israel fue derrocado por los asirios, las clases altas llevadas a otras tierras, y sus lugares ocupados por trasladados de tribus de habla aramea. En el asedio de Jerusalén por los asirios, unos años más tarde, parece por la proposición de los jefes judíos al Rabsaces (Entonces Eliaquim, hijo de Hilcías, Sebna y Joa dijeron al Rabsaces: Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos, y no nos hables en la lengua de Judá a oídos del pueblo que está sobre la muralla.[…]2 Reyes 18:26) que la lengua aramea era comprendida por los gobernantes de la ciudad, aunque ininteligible para el pueblo en general. El curso de los acontecimientos durante el siglo siguiente contribuyó a la presencia del arameo en Israel, hasta que finalmente la conquista de Nabucodonosor y el cautiverio babilónico le otorgaron una clara preponderancia. Rodeados durante dos generaciones por hablantes de arameo, los deportados de Judá no pudieron dejar de adquirir esa lengua. Cabe suponer que muchos, quizás la mayoría, siguieron utilizando el hebreo en sus relaciones entre sí, aunque algunos, sin duda, lo olvidaron por completo. Tras su regreso a su tierra, el arameo seguía siendo necesario para comunicarse con muchos hermanos fuera de Judá o dentro de ella, y con los funcionarios o agentes del gobierno persa, que parece haberla convertido en la lengua oficial de las provincias entre el Tigris y el Mediterráneo (comp. 7 Y en los días de Artajerjes, Bislam, Mitrídates, Tabeel y sus demás compañeros escribieron a Artajerjes, rey de Persia, y el texto de la carta estaba en escritura aramea y traducido al arameo. 8 Rehum, el gobernador, y Simsai, el escriba, escribier[…]Esdras 4:7,8). El progreso del cambio que convirtió al hebreo en una lengua muerta, y puso al arameo en su lugar como una lengua viva, no puede determinarse con claridad por falta de documentos literarios. Pero el resultado es que se completó en la era cristiana, y puede que lo haya sido dos o tres siglos antes. Es cierto que el Nuevo Testamento, en varios pasajes, habla del hebreo como si aún estuviera en uso, pero en algunos de ellos (Y hay en Jerusalén, junto a la puerta de las ovejas, un estanque que en hebreo se llama Betesda y que tiene cinco pórticos.[…]Juan 5:2; 19:13,17) es evidente, por la forma de una palabra descrita como hebreo (Betesda, Gabata, Gólgota), que se refiere al arameo. En muchos otros casos, donde se mencionan expresiones populares en el Nuevo Testamento, pero sin ser llamadas hebreas, las explican desde el arameo (raká, Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga: "Raca" a su hermano, será culpable delante de la corte suprema; y cualquiera que diga: "Idiota", será reo del infierno de fuego.[…]Mateo 5:22; 6:24; bar jonas, Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.[…]Mateo 16:17; mamonas, 9 Y yo os digo: Haceos amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando falten, os reciban en las moradas eternas. 13 Ningún siervo puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al o[…]Lucas 16:9,13; talita cumi, Y tomando a la niña por la mano, le dijo*: Talita cumi (que traducido significa: Niña, a ti te digo, ¡levántate!).[…]Marcos 5:41; efata, y levantando los ojos al cielo, suspiró profundamente y le dijo*: ¡Effatá!, esto es: ¡Abrete![…]Marcos 7:34; abba, Y decía: ¡Abba, Padre! Para ti todas las cosas son posibles; aparta de mí esta copa, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que tú quieras .[…]Marcos 14:36; cefas, Al día siguiente Jesús se propuso salir para Galilea, y encontró* a Felipe, y le dijo*: Sígueme.[…]Juan 1:43; acéldama, Y esto llegó al conocimiento de todos los que habitaban en Jerusalén, de manera que aquel terreno se llamó en su propia lengua Acéldama, es decir, campo de sangre.)[…]Hechos 1:19; maran ata, Si alguno no ama al Señor, que sea anatema. ¡Maranata![…]1 Corintios 16:22, a las que se añaden las palabras rabí, raboní, mesías, pascua y nombre propios que comienzan con Bar (hijo). Josefo además, usa el nombre hebreo a menudo para denotar el "arameo popular"; así, edoma, "rojo" (Ant. ii. 1, § 1), canaías, "sacerdotes" (iii. 7, § 1), asarta, "pentecostés" (iii. 10, § 6), emian, "faja sacerdotal" (iii. 7, § 2), todas las cuales él designa como hebreas, siendo evidentemente arameas.

Que este arameo judío no se limitara a una fracción de la población, sino que fuera de uso general y familiar entre los judíos de Tierra Santa en el siglo I, es probado por diversas evidencias tanto dentro como fuera del Nuevo Testamento. Josefo se refiere a él repetidamente (B. J. pr. § 1, v. 6, § 3, v. 9, § 2) como la lengua de los padres y la patria, o, como diríamos, la lengua materna, el idioma nativo y vernáculo. Como tal, lo contrasta con el griego, que describe (Ant. pr. § 2) como "un modo (de expresión) ajeno a nosotros y perteneciente a una lengua extranjera." Por Josefo sabemos (B. J. v. 6, § 3) que durante el asedio de Jerusalén, cuando el vigía en las torres vio una pesada piedra lanzada desde las catapultas romanas, gritó en la lengua nativa: "¡Viene el proyectil!"; por supuesto, daría la advertencia en el idioma que mejor entenderían los ciudadanos en general. El propio Josefo, cuando Tito lo envió a comunicarse con los judíos y persuadirlos a que se rindieran, se dirigió a ellos en hebreo (B. J. v. 9, § 2), lo cual no habría podido hacer si el lenguaje no hubiera sido generalmente inteligible y aceptable. Para más información, podríamos remitirnos a los Tárgumes o paráfrasis caldeas de partes del Antiguo Testamento, de las cuales la más antigua, la del Pentateuco de Onquelos, probablemente fue escrita no muy lejos de la época de Cristo; pero es posible que estos Tárgumes no se hayan compuesto para los judíos de Tierra Santa, sino para los de Babilonia y los países vecinos. Como afirma Josefo (B. J. pr. § 1), la primera edición de su propia Historia fue compuesta en la lengua nativa para los bárbaros del interior. De mayor peso como testimonio de un arameo vernáculo en Tierra Santa es la temprana existencia de un evangelio hebreo (es decir, arameo, o, como lo llama Jerónimo, evangelio siro-caldeo, "Chaldaico Syroque sermone conscriptum"), comúnmente atribuido al apóstol Mateo. Papías, obispo de Hierápolis, que vivió en la primera mitad del siglo II, habla de tal libro y lo considera composición del apóstol. Puede que se haya equivocado en cuanto a la autoría; pero en cuanto a la existencia de un evangelio arameo en un período muy temprano, no hay suficiente evidencia para desacreditar su testimonio. Parece entonces que existía un grupo de personas en Tierra Santa durante el primer siglo para quienes era deseable tener el evangelio en arameo, quizás no solo por ser más inteligible, sino también por motivos religiosos o sectarios.

Al pasar al Nuevo Testamento, encontramos que se afirma (Y esto llegó al conocimiento de todos los que habitaban en Jerusalén, de manera que aquel terreno se llamó en su propia lengua Acéldama, es decir, campo de sangre.)[…]Hechos 1:19) que cuando el suicidio de Judas fue conocido por los habitantes de Jerusalén, el lugar donde ocurrió fue llamdo Acéldama, "campo de sangre", nombre claramente arameo, y fue llamdo así "en su propia lengua". Esto no implica que el arameo perteneciera exclusivamente a los habitantes de Jerusalén, de modo que no podía ser hablado por otros; ni que les perteneciera como su único idioma, de modo que ninguna otra lengua se hablara en la ciudad; sino que les pertenecía más propiamente que cualquier otra lengua que pudiera hablarse allí, lo cual solo podía ser cierto del idioma vernáculo nativo. Una luz importante la arroja sobre todo este asunto el relato del discurso de Pablo a la gente de la ciudad (Cuando estaban para cumplirse los siete días, los judíos de Asia, al verlo en el templo, comenzaron a incitar a todo el pueblo, y le echaron mano,[…]Hechos 21:27 y sig.). El apóstol, habiendo sido rescatado por el tribuno de una turba que quería matarlo, estaba a punto de ser llevado a la fortaleza, pero se le permitió, a petición propia, dirigirse a la multitud. "Y hecho gran silencio, les habló en lengua hebrea. Y al oir que les hablaba en lengua hebrea, guardaron más silencio" (21 40 Cuando le concedió el permiso, Pablo, de pie sobre las gradas, hizo señal al pueblo con su mano, y cuando hubo gran silencio, les habló en el idioma hebreo, diciendo: 22 1 Hermanos y padres, escuchad mi defensa que ahora presento ante vosotros.[…]Hechos 21:40-22:2) Es evidente que los tomó por sorpresa. Si no lo conocían como natural de la ciudad griega de Tarso, habían oído que lo acusaban de introducir griegos en el templo; y esperaban que hablara en griego. Al oírlo hablar arameo, demostraron con mayor atención que no solo estaban sorprendidos, sino también complacidos, no porque un discurso en griego hubiera sido ininteligible, y quizás no por ningún prejuicio contra el idioma, sino porque el orador, al adoptar el habla propia de ellos, demostró respeto por su nacionalidad, simpatía por sus sentimientos y, por así decirlo, se convirtió en uno de ellos.

De Jesús mismo se afirma expresamente que en tres ocasiones utilizó el arameo, cuando con las palabras "talita cumi" levantó a la hija de Jairo (Y tomando a la niña por la mano, le dijo*: Talita cumi (que traducido significa: Niña, a ti te digo, ¡levántate!).[…]Marcos 5:41); cuando con efata abrió los oídos del sordo (3 (Porque los fariseos y todos los judíos no comen a menos de que se laven las manos cuidadosamente, observando así la tradición de los ancianos; 4 y cuando vuelven de la plaza, no comen a menos de que se laven; y hay muchas otras cosas que han recib[…]Marcos 7:3-4) y cuando estaba en la cruz, parafraseando las primeras palabras del 1 Para el director del coro; sobre ajelet-hasahar. Salmo de David. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿ Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor? 2 Dios mío, de día clamo y no respondes; y de noche, pero no […]Salmo 22, exclamó: "Eloi, eloi, ¿lama sabactani?" (Y a la hora novena Jesús exclamó con fuerte voz: ELOI, ELOI, ¿LEMA SABACTANI?, que traducido significa, DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUE ME HAS ABANDONADO?[…]Marcos 15:34; "eli, eli..." en Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: ELI, ELI, ¿LEMA SABACTANI? Esto es: DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUE ME HAS ABANDONADO?[…]Mateo 27:46). Es difícil de suponer que entre todas sus declaraciones recogidas en los evangelios, sólo usara tres en la lengua nativa del país. En el segundo caso, parece probable que las palabras arameas pronunciadas por Jesús las registró el escritor para explicar por qué algunos de los presentes pensaron que llamaba a Elías. En cuanto a los otros dos, es notable que aparezcan solo en uno de los evangelistas. El milagro obrado con la palabra efata se encuentra solo en Marcos; el milagro obrado con talita cumi se encuentra en Lucas, pero las palabras de Jesús (Pero El, tomándola de la mano, clamó, diciendo: ¡Niña, levántate![…]Lucas 8:54) son griegas, muchacha levántate, — lo que demuestra lo improbable que es en otros casos concluir que hablaba griego porque no se dice que hablara arameo. No es una suposición improbable que en estos dos casos, la narración de Marcos reflejara las impresiones de un individuo, cuya mente quedó particularmente impactada por el asombroso efecto que siguió instantáneamente a la pronunciación de una o dos palabras, y que aparentemente fue producido por ellas, de tal manera que el sonido mismo de las palabras quedó grabado indeleblemente en su memoria. Que la misma impresión subjetiva no se produjera en otros casos similares, o que, habiéndose producido, no se reflejara de forma uniforme en la narración, es fácilmente concebible. Sin embargo, existe otro caso en el que se afirma expresamente que Jesús habló hebreo (arameo): en su aparición a Pablo durante su viaje a Damasco. De este suceso existen tres narraciones (1 Saulo, respirando todavía amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, fue al sumo sacerdote, 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, para que si encontraba algunos que pertenecieran al Camino, tanto hombres como mujeres, los pudie[…]Hechos 9; 22; 26). Y aquí nuevamente vale la pena observar que entre los relatos paralelos solo uno (Y después de que todos caímos al suelo, oí una voz que me decía en el idioma hebreo: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón."[…]Hechos 26:14) alude al hecho de que el idioma utilizado fue el hebreo. Un autor hábil, que sostiene que Cristo rara vez hablaba hebreo, sugiere que lo usó en esta ocasión para evitar que sus palabras fueran entendidas por los compañeros de Pablo. Pero si estos compañeros no oyeron o no entendieron la voz (Los hombres que iban con él se detuvieron atónitos, oyendo la voz, pero sin ver a nadie.[…]Hechos 9:7; 22:9), no es prudente, en un suceso de esta naturaleza, deducir que ellos desconocieran el idioma. Y es bastante probable que el uso del hebreo aquí perteneciera a la verosimilitud de la manifestación, ya que Jesús se apareció a este nuevo apóstol no solo con la forma en que era conocido por los doce, sino con el idioma con el que estaba acostumbrado a conversar con ellos.

La influencia del griego en Judá comenzó con la conquista de Alejandro. El país cayó bajo el dominio de los gobernantes macedonios, los Ptolomeos de Egipto y, posteriormente, los Seléucidas de Siria, con quienes el griego fue la lengua de la corte y del gobierno. Se utilizaba para la correspondencia oficial del Estado; para leyes y proclamas; para peticiones dirigidas al soberano, y para fueros, derechos o patentes otorgados por él. La administración de justicia se llevaba a cabo en griego, al menos en lo que respecta a los tribunales superiores. Al mismo tiempo, el comercio entre los países bajo dominio macedonio pasó a manos de hombres que hablaban griego como lengua materna o que lo adoptaron como el medio de comunicación más fácil y amplio. En parte con fines comerciales y en parte como apoyo a la dominación macedonia, se fundaron ciudades coloniales en estas regiones, pobladas por personas que, si bien no todas eran de origen helénico, conocían la lengua y la civilización griegas y se llamaban griegos. Tales influencias eran comunes a los países del Mediterráneo oriental; y su efecto en todos ellos fue establecer el griego como la lengua general de la vida pública, del derecho, del comercio, de la literatura y de la comunicación entre hombres de diferentes tierras y razas. En general, no suplantó las lenguas nativas, como el latín suplantó posteriormente las de la Galia y España, sino que coexistió con ellas, reduciendo su ámbito de uso, pero sin llegar a absorberlas por completo. El dominio del griego se extendió a tierras jamás conquistadas por Alejandro Magno. Ante una lengua tan capaz, tan culta, tan ampliamente difundida y tan rica en literatura y ciencia, los romanos no pudieron permanecer indiferentes, especialmente cuando las regiones donde predominaba pasaron a formar parte de su imperio. Mucho antes de la era cristiana, el conocimiento del griego era un elemento indispensable en la formación de un romano culto. Durante el reinado del emperador Tiberio, bajo cuyo mandato padeció Jesús, se nos dice (Val. Max. ii. 2, 3) que las sesiones del Senado romano se realizaban a menudo en griego. El propio emperador, actuando como juez, frecuentemente escuchaba alegatos y realizaba interrogatorios en griego (Dion Casio lvii. 1.5). Del emperador Claudio, unos años después, se dice (Suetonio, Claud. 42) que se presentó ante embajadores griegos hablando en su propia lengua y respondió en el mismo idioma.

El pueblo de Judá estuvo sometido a influencias helenizantes de carácter especial. Sus gobernantes seléucidas, no contentos con el curso natural de las circunstancias, hicieron grandes esfuerzos para inculcarles la cultura y la religión griegas. La reacción nacional bajo los Macabeos, provocada por estos esfuerzos, no duró mucho. Los romanos se convirtieron en dueños del país y debieron de haber dado nueva fuerza a las influencias griegas a las que ellos mismos se habían sometido. No cabe duda de que la administración helenística del Estado y la justicia en Tierra Santa se llevó a cabo en la lengua griega, no en la latina. El primer Herodes, que reinó durante muchos años bajo la supremacía romana, era manifiestamente parcial hacia los griegos. Cesarea, que fundó y convirtió, después de Jerusalén, en la ciudad más grande del país, estaba ocupada principalmente por habitantes griegos. De muchas otras ciudades en o cerca de Tierra Santa, sabemos, principalmente por notas incidentales, que la población era total o parcialmente griega. Así, Gaza, Ascalón, Jope, Ptolemaida, Dora, así como Cesarea, en la costa occidental; Tiberias y Sebaste en el interior; y al este y noreste, Hippos, Gadara, Escitópolis (o Betsán), Pella, Gerasa, Filadelfia y, quizás, las ciudades restantes de la Decápolis. Es evidente que los judíos debieron verse profundamente influenciados por tantas comunidades griegas establecidas cerca de ellos y conectadas con ellos por múltiples relaciones políticas, —y especialmente los judíos de Galilea, rodeados y presionados como estaban por dichas comunidades.

Mientras muchos griegos se asentaban en Tierra Santa, un número aún mayor de judíos la abandonaba para establecerse en todos los lugares adyacentes del mundo griego. Sin perder su nacionalidad ni su religión, abandonaron su lengua materna aramea por la lengua general del pueblo de la región. Si los judíos de Egipto hubieran retenido el idioma nativo, la primera traducción de las Escrituras probablemente se habría hecho en arameo, y no en griego. Incluso Filón de Alejandría, un contemporáneo mayor de Jesús, no da ninguna evidencia en sus voluminosos y eruditos escritos de conocimiento alguno del hebreo o el arameo. Pero estos judíos de la diáspora regresaban con frecuencia a su patria, se reunían en multitudes para las grandes fiestas nacionales y en comunicación personal con sus parientes, hicieron mucho por extender el uso de su lengua adoptada. Así, oímos (Pero se levantaron algunos de la sinagoga llamada de los Libertos, incluyendo tanto cireneos como alejandrinos, y algunos de Cilicia y de Asia, y discutían con Esteban.[…]Hechos 6:9) de una o más sinagogas de libertos (judíos liberados de Italia), cireneos, alejandrinos, cilicios y pueblos del oeste de Asia Menor. Que muchos se contentaban con su lengua familiar griega, como suficiente para los propósitos ordinarios de comunicación, sin la molestia de aprender arameo, es un hecho que difícilmente puede dudarse. Se cree generalmente que los griegos, mencionados en También hablaba y discutía con los judíos helenistas; mas éstos intentaban matarlo.[…]Hechos 9:29 y (como convertidos al cristianismo) en Por aquellos días, al multiplicarse el número de los discípulos, surgió una queja de parte de los judíos helenistas en contra de los judíos nativos, porque sus viudas eran desatendidas en la distribución diaria de los alimentos .[…]Hechos 6:1, eran personas de este tipo, —separados de los demás a su alrededor, no solo por hablar griego (pues la mayoría de los demás podían hacerlo), sino por hablar sólo griego. La satisfacción que Pablo proporcionó al utilizar el arameo (Cuando oyeron que se dirigía a ellos en el idioma hebreo, observaron aún más silencio; y él dijo*:[…]Hechos 22:2) permite comprender fácilmente cómo esas personas, que, al estar establecidas en Tierra santa, desdeñaban aprender la lengua autóctona, podían ser vistas con frialdad o desagrado como un grupo aparte, especialmente si mostraban, como seguramente ocurría a menudo, un escaso apego a otros aspectos de la vida nacional.

La versión griega de la Septuaginta hizo mucho para dar a conocer y familiarizar el griego a los judíos de Tierra Santa. El hebreo original era objeto de estudio académico, el conocimiento profundo del mismo era muy valorado en la opinión popular (Josefo, Ant. xx. 11, § 2) y el número de escribas, abogados, etc., que poseían tal conocimiento era probablemente no insignificante; pero para la mayoría de la gente, las Escrituras hebreas eran un libro sellado. Tampoco existía, hasta donde sabemos, antes de la era cristiana, ninguna versión aramea. Para el hombre común —el hombre de educación básica— si tenía algún conocimiento del griego, la forma más natural y sencilla de adquirir conocimiento de las Escrituras era leyendo la traducción griega. Que gran parte de la gente hiciera uso de ella no cabe duda. De las citas del Antiguo Testamento hechas por los autores del Nuevo, la mayor parte están en palabras de la Septuaginta. Comparativamente, pocas ofrecen evidencia clara de que el autor tuviera en mente el original hebreo. Esta familiaridad con la versión griega hace probable que se utilizara no solo para la lectura privada, sino también en los servicios religiosos de la sinagoga. En muchos lugares, puede que no hubiera nadie con suficiente conocimiento del hebreo antiguo para leerlo y traducirlo para la congregación; pero en cada comunidad, podemos presumir, había personas que podían leer el griego y añadir cualquier paráfrasis o traducción. Es posible que se necesitara una explicación en arameo. Es evidente, en el caso de Josefo, que incluso los intelectuales que habían estudiado hebreo estaban familiarizados con la versión de la Septuaginta; en sus Antigüedades judías, Josefo utiliza más esta última que la primera. A la influencia de la Septuaginta hay que añadir la de una considerable literatura judeo-griega, surgida principalmente en los dos últimos siglos antes de Cristo, los llamados apócrifos del Antiguo Testamento. Es cierto que uno de estos libros, la Sabiduría de Jesús, hijo de Sirac, se declara en su introducción como la traducción de una obra compuesta en hebreo (es decir, probablemente en arameo) por el abuelo del traductor. Hay muchas razones para creer también que el primer libro de los Macabeos fue escrito en hebreo; y lo mismo puede ser cierto para algunos otros libros apócrifos. El hecho, sin embargo, de que ninguno de ellos se conserve en ese idioma parece demostrar que en uso general (excepto quizás en los países al este del desierto sirio), el original en hebreo (o arameo) fue pronto reemplazado por la versión griega. Un caso casi paralelo es el de la obra de Josefo, Las guerras de los judíos. Fue compuesta (según la declaración del prefacio) en la lengua nativa para los bárbaros del interior, es decir, más allá del desierto sirio, el límite del poder romano. Pero para aquellos bajo el gobierno de Roma la tradujo al griego. Y esta traducción ha reemplazado completamente la obra original, de modo que, de no ser por la declaración de su autor, no habríamos conocido, ni quizás siquiera sospechado, su existencia.

Que el griego era generalmente comprendido por la gente de Jerusalén, es evidente por las circunstancias del discurso de Pablo en 1 Hermanos y padres, escuchad mi defensa que ahora presento ante vosotros. 2 Cuando oyeron que se dirigía a ellos en el idioma hebreo, observaron aún más silencio; y él dijo*: 3 Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, ed[…]Hechos 22. La multitud, que escuchó con atención en silencio cuando les habló en arameo, ya estaba atenta mientras esperaba oírle hablar en griego. No se deduce de ello que todos le entendieran en el primer idioma, ni que todos lo hubieran entendido en el segundo. Para captar la atención, bastaba con que una gran mayoría pudiera entender el idioma del hablante; quienes no lo entendieran, aún podrían captar alguna idea del discurso, su sentido y sustancia, mediante traducciones ocasionales de sus compañeros.

El Nuevo Testamento griego es en sí mismo la prueba más contundente del grado de naturalización de su idioma entre los judíos de Tierra Santa. La mayoría de sus autores, aunque no pertenecían a la clase más baja, ni a los muy pobres ni a los completamente analfabetos, eran hombres de vida humilde, en quienes difícilmente se podía esperar encontrar algún conocimiento o logro más allá de lo común a la gran mayoría de sus compatriotas. No hablamos de Saulo, ni de Lucas, ni del autor desconocido de la epístola a los Hebreos, sino de Pedro, Judas, Santiago, Juan y Mateo, si (como es muy probable) tenemos su evangelio en su idioma original. Sin embargo, los encontramos no solo escribiendo en griego, sino escribiendo de una manera que demuestra que lo conocían bien y se sentían cómodos en él. No lo escriben con elegancia ni con una estricta corrección gramatical; pero muestran una facilidad, una seguridad, una abundancia de expresiones acertadas y contundentes, que rara vez se alcanzan en un idioma que no se adquiere en la infancia. Algunos han encontrado en los modismos hebreos que tiñen su estilo una indicación de que pensaban en hebreo (o arameo) y tenían que traducir sus pensamientos al expresarlos en griego. Pero modismos similares aparecen en las composiciones de Pablo, quien, como nativo de una ciudad griega, debió haber estado familiarizado con el idioma griego durante toda su vida. Cuando los hebreos comenzaron a hablar griego, aprendiéndolo en la edad adulta, tuvieron que pasar por un proceso de traducción mental; y el resultado natural fue la formación de un dialecto helenístico, en gran medida mezclado con modismos semíticos, que transmitieron a sus descendientes. Estos últimos, como no dejaron de hablar un idioma arameo, difícilmente corregirían las peculiaridades arameas en el griego recibido de sus antepasados. Josefo habla con énfasis de la dificultad que incluso un judío culto encontraba al escribir griego con precisión idiomática. El estilo griego de un judío, especialmente al escribir sobre temas religiosos, se veía naturalmente influenciado por su familiaridad con la Septuaginta, que copió del original muchas formas de expresión hebreas y las mantuvo vivas en la memoria y el uso del pueblo.

En vista de estas pruebas, la conclusión parece inevitable de que, en general, los judíos de Tierra Santa del siglo I conocían ambos idiomas, griego y arameo. Es probable, de hecho, como ya se ha dicho, que algunos no conocieran el arameo. Y no es en absoluto improbable, aunque la prueba sea menos clara, que algunos no conocieran el griego. De ambas clases, el número absoluto pudo haber sido considerable. Pero, al parecer, eran la excepción, pues la mayoría de la población tenía un conocimiento más o menos extenso de ambos idiomas. No faltan otros ejemplos de comunidades bilingües, de poblaciones capaces, en su mayoría, de expresarse en dos lenguas diferentes. Uno de los ejemplos más notables en la actualidad se encuentra en un pueblo de origen arameo con una lengua vernácula aramea bien arraigada: los sirios nestorianos o cristianos caldeos. En Persia, la mayoría de los nestorianos hablan con fluidez el idioma tártaro (turco) que hablan los musulmanes de esta provincia, y los de las montañas conocen igualmente bien la lengua de los kurdos. Sin embargo, tienen una fuerte preferencia por su propia lengua y la utilizan como medio constante y único de comunicación entre ellos (Stoddard, prefacio a Modern Syriac Grammar in Journal of Amer. Oriental Soc. vol. x.).

No parece, según la historia posterior, que los apóstoles, en su enseñanza, utilizaran otros idiomas que no fueran el griego y el arameo. No es necesario suponer que Pablo hablara latín en Roma, ni licaonio en Listra (1 Aconteció que en Iconio entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud, tanto de judíos como de griegos. 2 Pero los judíos que no creyeron, excitaron y llenaron de odio los ánimos de los gentiles […]Hechos 14). En los sucesos de Listra se da a entender claramente que Pablo y Bernabé no entendían el idioma de Licaonia, y por lo tanto no percibieron ni se opusieron a las intenciones idólatras del pueblo hasta que éstas se manifestaron abiertamente. Al elegir entre los dos idiomas que sin duda dominaban, los apóstoles se guiaron, por supuesto, por las circunstancias. Fuera de Tierra Santa, generalmente, si no siempre, utilizaban el griego. En Siria, de hecho, una parte considerable de la población —la misma para la que se realizó la versión Peshitta en el siglo siguiente— probablemente habría entendido un discurso en arameo palestino; pero en Antioquía, la capital, donde los discípulos fueron llamados cristianos por primera vez, el griego debió ser el idioma predominante. Incluso en Tierra Santa, los discursos de Pablo a los gobernadores romanos, Félix y Festo, los pronunciaría, naturalmente, en griego. Esto no es tan claro en el caso del discurso a Agripa, quien había recibido una educación judía. En la reunión de los apóstoles y ancianos en Jerusalén (1 Y algunos descendieron de Judea y enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. 2 Como Pablo y Bernabé tuvieran gran disensión y debate con ellos, los hermanos determinaron que Pablo y Bernabé, y […]Hechos 15), motivada por los acontecimientos en Antioquía y a la que asistieron delegados de esa ciudad, las actas probablemente se elaboraron en griego, al igual que la carta circular que anunciaba su respuesta a "los judíos gentiles de Antioquía, Siria y Cilicia". Cuando Pedro, el día de Pentecostés, se dirigió a la multitud de judíos reunidos de diversos países, naturalmente utilizó el idioma que era más comprendido. Es cierto que los partos, los medos, los elamitas y los árabes, entre otros, habrían sido más accesibles al griego. Así lo deducimos del hecho de que Josefo, escribiendo para lectores de esas mismas tierras, compuso su historia en la lengua nativa. Sin embargo, cuando consideramos a los "habitantes de Capadocia, Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, en Egipto y en las partes de Libia cerca de Cirene, y extranejros de Roma", es probable que más habrían entendido griego que arameo, por lo que si solo hubo un discurso en un idioma (lo cual quizás los términos de la narración no nos obligan a suponer), probablemente fue en griego.

La dificultad de determinar el idioma utilizado para cada discurso en particular es aún mayor en los evangelios que en los Hechos. Parece razonable suponer que las conversaciones entre parientes y amigos, y las expresiones familiares de Cristo a sus discípulos, fueron en arameo, pues el idioma nativo del país, si no se abandonaba por completo, se emplearía naturalmente en ocasiones como éstas. Sin embargo, mientras hablantes y oyentes tuvieran a su disposición otro idioma, siempre existe, a falta de declaraciones explícitas, la posibilidad de que se haya utilizado éste, y no el arameo, en cualquier conversación. Y si, por otro lado, parece razonable suponer que Jesús en sus discursos públicos hablaba griego, existe una dificultad similar para estar seguros en casos particulares de que no usara la otra lengua que le era familiar a él y a la mayoría de sus oyentes. Un autor supone que todo discurso que, según nos ha llegado, contiene citas del Antiguo Testamento en las palabras de la Septuaginta, debe haber sido pronunciado en griego, y este criterio, de ser fiable, resolvería muchos casos. Pero si un texto arameo que contiene citas bíblicas fuera transcrito en griego por un autor familiarizado con la Septuaginta, que rara vez (o nunca) lee las Escrituras en otra forma, ¿no es probable que diera las citas en griego, en su mayor parte según la Septuaginta? A veces, es probable que se apartara de ella porque no recordaba correctamente su fraseología; y a veces, porque recordaba que el hablante arameo daba al pasaje un sentido distinto al que daba la Septuaginta. Como los autores de los evangelios probablemente se encontraban en esta situación —de personas familiarizadas con la Septuaginta, que rara vez (o nunca) leían las Escrituras en otra forma—, no es seguro, a partir de la manera en que citan las Escrituras, deducir nada sobre el idioma utilizado por quienes las citaban. Hay ejemplos, sin embargo, en los que las circunstancias del caso ofrecen algunas indicaciones al respecto. Así, al comunicarse con la gente de Gadara, a la que Josefo llama ciudad griega, que Jesús utilizara el idioma griego. Entre las multitudes que lo seguían antes del Sermón del Monte, algunos de los que estaban allí, junto al monte, mientras él predicaba, eran de Decápolis (Y le siguieron grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán.[…]Mateo 4:25). Como ya se ha dicho, las diez ciudades de esa región eran (la mayoría, si no todas) griegas. Así pues, Jesús se encontraba en el entorno de sus oyentes, algunos de los cuales probablemente desconocían el arameo, por lo que hay motivos plausibles para creer que en esta importante ocasión utilizó el idioma griego. En las escenas finales de su vida, cuando fue llevado ante el gobernador romano para ser juzgado y ejecutado, es casi seguro que el griego se utilizó para hablar él mismo y por los diversos sacerdotes que lo rodeaban en su tribunal.

Se afirma en la Misná (Sota, cap. 9, n. 14), que cuando estalló la guerra de Tito, se emitió una orden en la que se prohibía a los padres que sus hijos recibieran instrucción en griego. Sea esto cierto o no, sería natural que el fervoroso patriotismo de la época llevara a los judíos a valorar más su lengua nacional. Quizás quienes hablaban griego o arameo se inclinaban ahora, en la medida de lo posible, a abandonar el uso del griego; los Tárgumes, que parecen haber aparecido por primera vez o haberse consolidado definitivamente por aquel entonces, serían de gran ayuda para lograrlo. En cualquier caso, hay razones para creer que después de este período existió una población considerable en Tierra Santa que no entendía griego. La opinión general de los Padres de la Iglesia (desde Clemente de Alejandría en adelante) de que la epístola a los Hebreos fue escrita en arameo probablemente no tenía otro fundamento que la creencia de que, de otro modo, habría sido incomprensible para los judíos de Tierra Santa, para quienes estaba destinada. Esta creencia tiene poca relevancia en cuanto al idioma original de la epístola, pero en cuanto al idioma predominante en tiempos posteriores, puede que no tenga ningún valor. Eusebio de Cesarea, nativo y residente toda la vida en Tierra Santa, declara (Dem. Evang. lib. iii.) que los apóstoles antes de la muerte de Jesús no entendían otro idioma que el sirio, lo que difícilmente habría hecho si el griego hubiera sido generalmente hablado por los galileos de su época.

La discusión sobre el idioma de Tierra Santa en tiempos de Jesús se ha relacionado generalmente con la cuestión de si Mateo escribió su evangelio en hebreo o en griego. La mayoría de los defensores del original hebreo (como Du Pin, Mill, Michaelis, Marsh, Weber, Kuinoel, etc.) han sostenido que era "el único idioma que entendía el cpmjunto del pueblo". Muchos defensores del original griego (como Cappell, Basnage, Masch, Lardner, Walaeus, etc.) han hecho una afirmación similar a favor del original griego. Isaac Vossius (De Oraculis Sibyllinis, Oxon. 1680), aunque firme defensor del original hebreo, sostenía que el griego era casi universal en las ciudades de Tierra Santa, y que el siríaco que aún se hablaba en el campo y en las aldeas se había corrompido tanto que se había convertido en una especie de griego mestizo. Encontró un oponente en Simon (Hist. Crit. du Texte du N. T., 1689), quien admitía que el griego era la lengua común del país, pero sostenía que los judíos, además del griego, habían conservado el caldeo que trajeron consigo de Babilonia, y al que llamaban la lengua nacional. Diodati de Nápoles (De Christo Graece loquente, 1767; reimpreso en Londres, 1843) fue más allá que Vossius, afirmando que el griego en tiempos de Jesús había suplantado por completo al antiguo dialecto arameo. El Dr. Alexander Roberts adoptó una postura algo más avanzada (Discussion on the Gospels, 2.ª ed., Londres, 1863), quien, si bien admite que ambas lenguas eran de uso general, sostiene que Jesús habló en su mayor parte en griego, y solo ocasionalmente en hebreo (arameo).


Bibliografía:
James Hadley, Dr. William Smith's Dictionary of the Bible.