Historia
BABEL, BABILONIA

Topografía de Babilonia.
Las descripciones de Babilonia que nos han llegado por los escritores clásicos se derivan principalmente de dos fuentes, las obras de Heródoto y de Ctesias. Estos autores fueron ambos testigos presenciales de las glorias de Babilonia, aunque no en su punto más alto sino antes de que se produjera su declive, dejando relatos de la ciudad y sus principales edificios, que los historiadores y geógrafos de épocas posteriores se contentaron, en su mayor parte, con copiar. Según la descripción de Heródoto, la ciudad, que fue construida a ambos lados del Éufrates, formaba un vasto cuadrado, encerrado dentro de una doble línea de altas murallas, con una extensión del circuito exterior de 480 estadios, o aproximadamente 90 kilómetros. Por tanto, toda el área incluida habría sido de unos 320 kilómetros cuadrados. Heródoto parece implicar que todo este espacio estaba cubierto de casas, que, observa, eran frecuentemente de tres o cuatro pisos de altura. Estaban dispuestas en calles rectas, cruzándose entre sí en ángulos rectos, estando las calles transversales que llevaban al Éufrates cerradas con puertas de bronce, que permitían o impedían el acceso a los muelles a las orillas del Éufrates. En cada división de la ciudad, dice Heródoto, había una fortaleza o baluarte, consistente del palacio real en un caso y en el otro del gran templo de Belus. Este último era una especie de pirámide, compuesta por ocho torres cuadradas colocadas una encima de la otra, siendo las dimensiones de la base de la torre un estadio, o más de 180 metros, en cada sentido. Heródoto no menciona la altura del templo. Un sinuoso ascenso, que pasaba alrededor de todas las torres, conducía a la cima, en la que estaba colocada un espacioso santuario, que no contenía estatua, aunque era considerado por los nativos la morada del dios. El templo se encontraba en un recinto sagrado de dos estadios (o 360 metros) cuadrados, que contenía dos altares para holocaustos y un santuario, donde estaba la imagen dorada de Bel. Las dos porciones de la ciudad estaban unidas por un puente compuesto por una serie de pilares de piedra con plataformas movibles de madera, que se extendía desde un muelle al otro. Tales son las principales características de la descripción dejada por Heródoto (i. 178-186).
Según Ctesias (ap. Diod. Sic. ii. 7, ss.) el circuito de la ciudad no era de 480 sino de 360 estadios, que es un poco menos de 67 kilómetros. Estaba, dice, a ambos lados del Éufrates y las dos partes estaban unidas por un puente de piedra de cinco estadios (más de 900 metros) de largo y 9 metros de ancho, del tipo descrito por Heródoto. En ambos extremos del puente había un palacio real, que en el lado oriental de la ciudad era el más magnífico de los dos. Estaba defendido por una triple muralla, siendo de once kilómetros la exterior; la segunda, que era circular, de siete kilómetros; y la tercera de cuatro. La altura de la segunda muralla era de 90 metros y sus torres eran de 130 metros. La elevación del circuito más interno era incluso mayor. Los muros tanto del segundo como del tercer cerramiento estaban hechos de ladrillos de colores y representaban escenas de caza, como la persecución del leopardo y el león, con figuras, masculinas y femeninas, consideradas por Ctesias como las de Nino y Semíramis. El otro palacio era inferior tanto en tamaño como en magnificencia. Estaba cercado por un recinto defensivo simple, de unos seis kilómetros de circunferencia y contenía representaciones de caza y escenas de batalla, así como estatuas en bronce, que eran las de Nino, Semíramis y Júpiter Belus. Los dos palacios estaban unidos, no solo por el puente, sino por un túnel debajo del río. La descripción de Ctesias del templo de Belus no se ha conservado. Sin embargo, podemos deducir que describía su carácter general de la misma manera que Heródoto, pero menciona que tenía como colofón tres estatuas, una de Bel, de doce metros de altura, otra de Rea, y una tercera de Juno o Beltis. Parece además haber descrito elaboradamente los famosos 'jardines colgantes' de Nabucodonosor (Diod. Sic. ii. 10), pero la descripción, según relata Diodoro, no es muy inteligible. Parece que había un cuadrado de 120 metros de lado, que se elevaba en terrazas, estando la terraza superior plantada con árboles de todas clases, que crecían a gran tamaño.
Al examinar la verdad de estas descripciones, es más conveniente comenzar desde el circuito exterior de la ciudad. Todos los escritores antiguos parecen estar de acuerdo en el hecho de un distrito de vasto tamaño, más o menos habitado, que estaba cercado por altas murallas, e incluido bajo el nombre de Babilonia. Con respecto a la extensión exacta del circuito, los autores varían. La estimación de Heródoto y de Plinio (H. N. vi. 26) es de 480 estadios (96 kilómetros), Estrabón (xvi. i. § 5) de 385, Q. Curto (v. 1 § 26) de 368, Clitarco (ap. Diod. Sic. ii. 7) de 365, y Ctesias (ap. eund.) de 360 estadios. Es evidente que aquí tenemos simplemente las variaciones moderadas esperadas de mediciones independientes, excepto en la primera de las cifras. Dejando esto a un lado, la diferencia entre la mayor y la menor de las estimaciones es poco más de 0,5 por ciento. Con este acuerdo casi total por parte de tantos autores, es muy sorprendente que en el caso restante hay la gran diferencia de más de un tercio o 33,3 por ciento. Quizás la verdadera explicación es que Heródoto habló de la muralla exterior, que podía ser trazada en su tiempo, al igual que los escritores posteriores, que nunca hablan de una interior y una exterior, dan la medida de la muralla interior de Heródoto, que puede haber sino la única que quedaba en pie. Esta es la opinión de M. Oppert, quien incluso cree que se han encontrado rastros de otros encerramientos, que muestran tener realmente el tamaño que se les atribuye. Esta conclusión ha sido disputada, siendo la creencia general de quienes han examinado las ruinas con atención que no hay vestigios de las murallas antiguas, o al menos, que ninguna ha sido descubierta. No obstante, es imposible dudar que existió originalmente una muralla que circundaba un área enorme. El testimonio al efecto es demasiado fuerte para ser dejado de lado, y la desaparición de la muralla se explica fácilmente, ya sea por las constantes excavaciones, que naturalmente habrían comenzado con ella (Rich, First Mem. pág. 44), o por el hundimiento del baluarte en el foso desde el que fue levantada. Tomando la estimación más baja de la extensión del circuito, se obtiene para el espacio dentro de la muralla un área de más de 160 kilómetros cuadrados. Es evidente que este vasto espacio no pudo estar completamente cubierto de casas. Diodoro confiesa (ii. 9, ad fin.) que solo una pequeña parte del recinto estaba habitada en su propia época y Q. Curtio (v. i. § 27) dice que hasta nueve décimas partes consistían, incluso en las épocas más florecientes, de jardines, parques, campos y huertas.
Con respecto a la altura y anchura de las murallas, hay casi tanta diferencia como con respecto a su extensión. Heródoto mide 200 codos reales de altura, o 100 metros; Ctesias 50 brazas o 90 metros; Plinio y Solino 60 metros; Estrabón 50 codos o 22 metros. Aquí hay menos apariencia de medidas independientes que en las estimaciones de la longitud. Las dos declaraciones originales parecen ser las de Heródoto y Ctesias, que sólo difieren de manera accidental, aunque el segundo ha omitido advertir que utilizó la escala real. Los escritores posteriores no poseen datos nuevos; simplemente suavizan lo que les parece una exageración. Plinio y Solino cambian los codos de Heródoto en pies, y Estrabón las brazas de Ctesias en codos. Nos vemos entonces obligados a recurrir a las autoridades anteriores, que son también los únicos testigos oculares y sorprendentemente tal vez debamos creer en la afirmación de que el vasto espacio cerrado estaba rodeado por murallas que han sido bien denominadas 'montañas artificiales', cercanas a la altura de la cúpula de la catedral de San Pablo en Londres (Ver Grote, Greece, vol. iii. p. 397, y, por otro lado, Mure, Lit. of Greece; vol. iv. p. 546). La muralla en ruinas de Nínive tenía en tiempos de Jenofonte 45 metros de altura (Anab. iii. 4, § 10) y otra muralla que vio en Mesopotamia tenía 30 (ibid. ii. 4, § 12).
Las estimaciones para el espesor de la muralla son las siguientes: Heródoto, 50 codos reales, o casi 25 metros, Plinio y Solino 18 metros y Estrabón 10 metros. Aquí de nuevo Plinio y Solino simplemente han suavizado a Heródoto, pero Estrabón proporciona una nueva cifra. Esto puede referirse propiamente a la muralla interior, que, como observa Heródoto (i. 181), era más ancha que la exterior.
Según Ctesias la muralla estaba reforzada con 250 torres, irregularmente dispuestas, para proteger las partes más débiles (Diod. Sic. ii. 7); y, según Heródoto, estaba salpicada por cien puertas que eran de bronce, con dinteles de bronce y postes laterales (i. 179). Las puertas y las murallas se mencionan por igual en las Escrituras, destacando especialmente la altura de una y la anchura de la otra (Así dice el SEÑOR de los ejércitos: La ancha muralla de Babilonia será totalmente arrasada, y sus altas puertas quemadas; los pueblos habrán trabajado en vano, y las naciones sólo para el fuego se habrán fatigado.[…]Jeremías 51:58; comp. Alzad grito de guerra contra ella en derredor. Se ha rendido, caen sus columnas, son derribadas sus murallas. Porque esta es la venganza del SEÑOR: tomad venganza de ella; como ella ha hecho, así haced con ella.[…]Jeremías 50:15; 51:53).
Tanto Heródoto como Ctesias relatan que las orillas del río, al atravesar la ciudad, estaban adornadas a cada lado con muelles. La corriente probablemente ha cambiado a menudo su curso desde la época de la grandeza babilónica, pero todavía existen algunos restos de un muelle o terraplén en el lado oriental, en cuyos ladrillos se lee el nombre del último rey. Los dos escritores también están de acuerdo en la existencia de un puente y lo hacen de manera similar. Quizás un notable montículo que interrumpe la larga llanura, evidentemente el antiguo curso del río, cerrándose en las principales ruinas al oeste, pueda ser un rastro de esta estructura.
El hecho más notable relacionado con la magnificencia de Babilonia, es la pobreza del material con la que se produjeron tan maravillosos resultados. Todo el país, siendo aluvial, estaba enteramente desprovisto de piedra, e incluso la madera era escasa y de mala calidad, produciendo solo palmerales que bordeaban los cursos de los canales y ríos. A falta de nada mejor, se recurrió al suelo del país, en muchas partes con una excelente arcilla, y con ladrillos hechos de ella, bien secados al sol o cocidos, para levantar vastas estructuras, que, cuando estaban en su integridad, provocaron la comparación con las pirámides de Egipto y que incluso en su decadencia excitan el asombro de los viajeros. Un escritor anotó que el verdadero secreto de los extraordinarios resultados obtenidos estaba en 'la combinación ilimitada de fuerza humana desnuda', que los monarcas de Babilonia tuvieron a su disposición (Grote, Hist. of Greece, vol. iii. p. 401); pero esto por sí solo no explica el fenómeno y hay que reconocer a los babilonios un genio y una grandeza de concepción raramente superada, que les llevó a emplear la labor de la cual tuvieron el dominio en obras de carácter tan imponente. Con 'ladrillo en lugar de piedra' y al principio 'asfalto en lugar de mezcla' (Y se dijeron unos a otros: Vamos, fabriquemos ladrillos y cozámos los bien. Y usaron ladrillo en lugar de piedra, y asfalto en lugar de mezcla.[…]Génesis 11:3), construyeron edificios de un tamaño tan grande que todavía permanecen en la actualidad entre las más enormes ruinas del mundo, impresionando al espectador con asombro y admiración.

La historia de Babilonia retrocede hasta un tiempo poco antes del Diluvio. El historiador nacional parece haber poseído registros auténticos de su país ya 2000 años antes de la conquista por Alejandro (Beroso, Fr. 11); y la Escritura la representa como el 'comienzo de su reino' perteneciente al tiempo de Nimrod, nieto de Cam y bisnieto de Noé (6 Los hijos de Cam: Cus, Mizraim, Fut y Canaán. 7 Los hijos de Cus: Seba, Havila, Sabta, Raama y Sabteca, y los hijos de Raama: Seba y Dedán. 8 Y Cus engendró a Nimrod, que llegó a ser poderoso en la tierra. 9 El fue un poderoso cazador delante del S[…]Génesis 10:6-10). De Nimrod no se ha encontrado rastro en los restos babilónicos, a menos que sea idéntico al dios Bel del panteón babilonio, como ocurre con el griego Belus, el héroe-fundador de la ciudad. Esta identidad es posible y en todo caso las inscripciones más antiguas parecen mostrar que los habitantes primitivos del país eran realmente cusitas, es decir, idénticos en estirpe con los primeros habitantes del sur de Arabia y de Etiopía. La sede del gobierno en este temprano tiempo estuvo en la Baja Babilonia, siendo Erec (Warka) y Ur (Mugheir) las capitales, y Babilonia (si estaba construida) un lugar sin importancia. El país se llamaba Sinar y el pueblo acadio (comp. Acad de Y el comienzo de su reino fue Babel, Erec, Acab y Calne, en la tierra de Sinar.[…]Génesis 10:10). Del arte de este período hay especímenes en las ruinas de Mugheir y Warka, cuyos restos datan de al menos el siglo XX antes de nuestra era. Ya hay uso de ladrillos horneados y secados al sol; ya existe la escritura, pues los ladrillos son inscritos con los nombres y títulos de los reyes; hay contrafuertes empleados para sostener los edificios y hay probables indicaciones del sistema de erigir altos edificios por plantas. Por otro lado, se desconoce la argamasa y los ladrillos se colocan ya sea en barro o en asfalto (comp. Y se dijeron unos a otros: Vamos, fabriquemos ladrillos y cozámos los bien. Y usaron ladrillo en lugar de piedra, y asfalto en lugar de mezcla.[…]Génesis 11:3), estando moldeados toscamente y de diversas formas y tamaños; predominan los ladrillos secados al sol, y algunas grandes construcciones están compuestas enteramente de ellos; hay juncos a intervalos, aparentemente utilizados para proteger la masa de la desintegración. No hay rastros ornamentales en las construcciones de esta fecha, que eran imponentes simplemente por su tamaño y solidez.

La línea de los reyes de Babilonia nos es conocida exactamente desde el año 747 a C. Una obra astronómica del geógrafo Ptolomeo ha conservado un documento, cuya importancia para la cronología comparativa es imposible exagerar. El Canon de Ptolomeo, como es llamado, nos da la sucesión de los monarcas babilonios, con la duración exacta del reinado de cada uno, desde el año 747 a. C., cuando Nabonasar subió al trono, hasta el año 331 a. C., cuando el último rey persa fue destronado por Alejandro. Este documento, que por su estrecha conformidad con las declaraciones de la Escritura siempre tuvo alta autoridad a los ojos de los cronólogos cristianos, ha sido confirmado en tantos puntos por las inscripciones, que se establece su carácter auténtico más allá de toda posibilidad de duda o disputa.
De Nabonasar, el primer rey en la lista de Ptolomeo, no se puede decir nada excepto el hecho, relatado por Beroso, de que destruyó todos los anales de sus predecesores con el propósito de obligar a los babilonios a que fijaran las fechas a partir de él mismo (Fr. 11 a). Se ha conjeturado que él fue el marido, o hijo, de Semíramis, y que le debía su posesión del trono. Pero de esta teoría no hay ninguna prueba. Se basa principalmente en un sincronismo obtenido de Heródoto, quien convierte a Semíramis en reina de Babilonia y coloca sus cinco generaciones (167 años) antes de Nitocris, madre del último rey. Los descubrimientos asirios han demostrado que hubo una Semíramis en esta época, pero no proporcionan ninguna evidencia de su relación con Babilonia, que aún sigue siendo incierta. Los sucesores inmediatos de Nabonasar son aún más oscuros que él. Absolutamente nada más allá de la breve anotación del Canon nos ha llegado con respecto a Nadius (o Nabius), Chinzinus (o Chinzirus) y Porus, o Elulaeus, que ciertamente no puede ser el rey tirio de ese nombre mencionado por Menandro (ap. Josefo, Ant. Jud. ix. 14, § 2). Mardocempalus, por el contrario, es un monarca al que le da un gran interés. Es indudablemente el Merodac-baladán de la Escritura y fue una persona de gran trascendencia, reinando dos veces, la primera durante 12 años, contemporáneamente con el rey asirio Sargón, y la segunda durante seis meses, solo, durante el primer año de Senaquerib y dejando una especie de derecho hereditario a sus hijos y nietos, que se vieron involucrados en hostilidades con Esar-hadón y su sucesor. Sus tratos con Ezequías indican suficientemente la posición independiente de Babilonia en este período, mientras que el interés que siente en un fenómeno astronómico (Aun en el asunto de los enviados de los gobernantes de Babilonia, que mandaron a él para investigar la maravilla que había acontecido en la tierra, Dios lo dejó solo para probarle, a fin de saber El todo lo que había en su corazón.[…]2 Crónicas 32:31) armoniza con el carácter de un rey caldeo nativo. Las inscripciones Asirias muestran que después de reinar doce años, Merodac-baladán fue privado de su corona y expulsado por Sargón, quien parece haber puesto a Arcano (¿su hijo) en el trono como virrey, posición que mantuvo durante cinco años. Siguió entonces una época de turbulencias, estimada en el Canon en dos años, durante la cual varios pretendientes asumieron la corona, entre ellos un cierto Hagisa, o Acises, que reinó durante un mes, y Merodac-baladán, que ocupó el trono durante medio año (Polyhist. ap. Euseb.). Senaquerib, empeñado en restablecer la influencia de Asiria sobre Babilonia, procedió contra Merodac-baladán en su primer año, y habiéndolo destronado, colocó a un asirio llamado Belib, o Belibus, sobre el trono, quien gobernó como virrey durante tres años. Al final de este tiempo, la facción de Merodac-baladán todavía provocaba perturbaciones, por lo que Senaquerib marchó nuevamente contra Babilonia, invadiéndola una vez más, eliminó a Belib y puso a su hijo mayor, que aparece en el Canon como Aparanadius, en el trono. Aparanadius reinó durante seis años, cuando le sucedió un tal Regibelus, que reinó durante un año; después de lo cual Mesesimordacus ocupó el trono durante cuatro años. No se sabe nada más de estos reyes, y no se sabe si fueron virreyes o monarcas nativos independientes. Fueron contemporáneos de Senaquerib, a cuyo reinado pertenece también el segundo interregno, que se extiende a ocho años, que el Canon interpone entre los reinados de Mesesimordacus y Asaridanus. En Asaridanus se ha detectado a Esar-hadón, hijo y sucesor de Senaquerib, y puede considerarse cierto por las inscripciones que este rey gobernó en persona sobre Babilonia y Asiria, teniendo su corte alternativamente en sus respectivas capitales. Por lo tanto, podemos entender cómo Manasés, su contemporáneo, llegó a ser llevado por los generales del rey de Asiria a Babilonia (Por eso el SEÑOR hizo venir contra ellos a los jefes del ejército del rey de Asiria, que capturaron a Manasés con garfios, lo ataron con cadenas de bronce y lo llevaron a Babilonia.[…]2 Crónicas 33:11), en lugar de a Nínive, como se habría hecho en cualquier otro reinado. Saosduchinus y Ciniladanus (o Cinneladanus), su hermano (Polyhist.), sucesores de Asaridanus, son reyes de cuya historia no sabemos nada. Probablemente fueron virreyes bajo los últimos monarcas asirios, quienes son representados por Abydenus (ap. Euseb.) reteniendo su autoridad sobre Babilonia hasta el momento del último asedio de Nínive.
Con Nabopolasar, sucesor de Cinneladanus y padre de Nabucodonosor, comienza una nueva era en la historia de Babilonia. Según Abydenus, quien probablemente extrajo su información de Beroso, fue nombrado gobernador de Babilonia por el último rey asirio, en el momento en que los medos estaban a punto de realizar su ataque final; tras lo cual, traicionando la confianza depositada en él, se acercó al enemigo, dispuso un matrimonio entre su hijo Nabucodonosor y la hija del dirigente medo, y se unió al último asedio de la ciudad. Ante el éxito de los confederados (625 a. C.) Babilonia se convirtió no sólo en un reino independiente, sino en un imperio; las porciones sur y oeste del territorio asirio fueron asignadas a Nabopolasar en la partición de los despojos que siguieron a la conquista, y con ello el dominio babilonio se extendió sobre todo el valle del Éufrates hasta la cordillera del Tauro, sobre Siria, Fenicia, Israel, Idumea, y (quizás) una porción de Egipto. Así, como otros, los judíos pasaron silenciosamente y casi sin novedad, de una cabeza feudal a otra, intercambiando la dependencia de Asiria por su dependencia de Babilonia, y continuando pagando a Nabopolasar el mismo tributo y servicio que previamente habían rendido a los asirios. Las relaciones amistosas parece que se mantuvieron con los medos durante todo el reinado de Nabopolasar, quien dirigió o envió un contingente a ayudar a Cyaxares en su guerra de Lidia, y actuó como mediador en las negociaciones por las que esa guerra concluyó (Herod. i. 74). En una fecha posterior estallaron las hostilidades con Egipto. Necao, hijo de Psamético I, hacia el 608 a. C., invadió los dominios de Babilonia en el suroeste, y se hizo dueño de todo el territorio entre su propio país y el Éufrates (En sus días subió Faraón Necao, rey de Egipto, contra el rey de Asiria junto al río Eufrates. Y el rey Josías fue a su encuentro, pero Faraón Necao lo mató en Meguido en cuanto lo vio.[…]2 Reyes 23:29; 24:7). Nabopolasar ya era viejo y no pudo salir a la batalla en persona (Beroso, Fr.). Entonces envió a su hijo Nabucodonosor, a la cabeza de un gran ejército, contra los egipcios, quien en la batalla de Carquemis, que siguió, restauró a Babilonia los límites anteriores de su territorio (comp. Y el rey de Egipto no salió más de su tierra, porque el rey de Babilonia había tomado todo lo que pertenecía al rey de Egipto desde el torrente de Egipto hasta el río Eufrates.[…]2 Reyes 24:7 con 2 A Egipto, acerca del ejército de Faraón Necao, rey de Egipto, que estaba junto al río Eufrates en Carquemis, al cual derrotó Nabucodonosor, rey de Babilonia, en el año cuarto de Joacim, hijo de Josías, rey de Judá: 3 Preparad escudo y broquel, y av[…]Jeremías 46:2-12). Nabucodonosor avanzó y llegó a Egipto, cuando la noticia de la muerte de su padre lo detuvo y regresando apresuradamente a Babilonia fue reconocido rey (604 a. C.).
Tal es el resumen general del asedio y captura de Babilonia por Ciro, derivado de los fragmentos de Beroso, ilustrado por el relato en Daniel y armonizado con la ayuda del importante hecho, obtenido de los monumentos, de la relación entre Belsasar y Nabonido. Apenas es necesario señalar que difiere en muchos puntos de los relatos de Heródoto y Jenofonte; pero el segundo de estos dos escritores es en su Cyropredia un mero romancero, y el primero está muy poco familiarizado con la historia de los babilonios. El escritor nativo, cuya información extrajo de documentos contemporáneos, es una autoridad mucho mejor que el primero de los autores griegos, los primeros de los cuales visitaron Babilonia casi un siglo después de su captura por Ciro, cuando la tradición sin duda había corrompido muchos aspectos.
"Cuando todo estuvo preparado, Ciro resolvió esperar la llegada de un cierto festival, durante el que toda la población solía emborracharse y divertirse, y luego silenciosamente en la oscuridad de la noche desviar el agua del río y efectuar su ataque. Todo sucedió como él esperaba y deseaba. La fiesta se celebró incluso con mayor pompa y esplendor que de costumbre; porque Belsasar, con la insolencia natural de la juventud, para señalar su desprecio por el ejército sitiador, se abandonó por completo a los placeres de la ocasión y agasajó a mil cortesanos en su palacio. En otros lugares, el resto de la población estaba ocupada en fiestas y bailes. Los disturbios de los borrachos y la loca excitación se apoderaron de la ciudad, siendo el asedio olvidado. Se descuidaron las precauciones ordinarias. Siguiendo el ejemplo de su rey, los babilonios se entregaron por la noche a orgías en las que el frenesí religioso y la excitación del vino formaban una mezcla extraña y repugnante.
Mientras tanto, fuera de la ciudad, en silencio y oscuridad, los persas vigilaban los dos puntos por donde el Éufrates entraba y salía de las murallas. Con preocupación observaron el hundimiento gradual del agua en el lecho del río; aún con más preocupación observaron para ver si los que estaban dentro de las murallas se darían cuenta de las circunstancias sospechosas y harían sonar la alarma en toda la ciudad. Si sonaba tal alarma, todos sus esfuerzos se perderían... Pero mientras observaban no les llegó ningún sonido de alarma, sólo un ruido confuso de juerga y alboroto, que demostraba que los infelices habitantes de la ciudad no eran conscientes de la proximidad del peligro.
Por fin empezaron a surgir formas difusas de la oscuridad del profundo lecho del río, y en los lugares de desembarco frente a las puertas del río, grupos dispersos de hombres crecieron hasta convertirse en sólidas columnas, las indefensas puertas fueron tomadas, - se elevó un grito de guerra, se sonó la alarma y veloces rumores partieron para mostrar al rey de Babilonia que su ciudad había sido tomada finalmente. En la oscuridad y confusión de la noche se produjo una terrible masacre. Los borrachos juerguistas no pudieron oponer resistencia. El rey, paralizado por el miedo ante la terrible escritura en la pared, que demasiado tarde le había advertido de su peligro, no pudo hacer nada ni siquiera para detener el avance de los asaltantes, que se llevaban todo por delante. Irrumpiendo en el palacio, un grupo de persas llegaron ante el monarca y lo mataron en el escenario de su impía juerga. Otros llevaron el fuego y la espada por la ciudad. Cuando llegó la mañana, Ciro era el amo indiscutible de la ciudad."
Según el libro de Daniel, Babilonia fue tomada, no por Ciro, rey de Persia, sino por un rey medo, llamado Darío (Y Darío el medo recibió el reino cuando tenía sesenta y dos años.[…]Daniel 5:31). Pero las Escrituras no entran realmente en conflicto en este punto con las autoridades profanas; ya que hay una indicación suficiente, a partir de los términos utilizados por el escritor sagrado, de que 'Darío de Media', quienquiera que pudo haber sido, no fue el verdadero conquistador ni un rey que gobernara en su propio derecho, sino un monarca confiado por otro con cierta autoridad delegada (ver Y Darío el medo recibió el reino cuando tenía sesenta y dos años.[…]Daniel 5:31; 9:1).
Con la conquista de Ciro comenzó la decadencia y ruina de Babilonia. El 'muro ancho' fue en cierta medida, 'derribado' (Beroso, Fr. 14) y las 'altas puertas' probablemente 'quemadas a fuego' (Así dice el SEÑOR de los ejércitos: La ancha muralla de Babilonia será totalmente arrasada, y sus altas puertas quemadas; los pueblos habrán trabajado en vano, y las naciones sólo para el fuego se habrán fatigado.[…]Jeremías 51:58). Las defensas quedaron arruinadas; aunque no se supone que la laboriosa e inútil tarea de demoler por completo las gigantescas fortificaciones del lugar fuera intentada, ni siquiera contemplada, por el conquistador. Babilonia se debilitó, pero continuó siendo residencia real, no solo durante la vida de Darío el Medo, sino durante todo el período del imperio persa. Los reyes persas hicieron su corte en Babilonia durante la mayor parte del año; y en el momento de las conquistas de Alejandro seguía siendo la segunda, si no la primera, ciudad del imperio. Sin embargo, había sufrido considerablemente en más de una ocasión posterior al tiempo de Ciro. Dos veces en el reinado de Darío (Insc. Behist.) y una vez en el de Jerjes (Ctes. Pers. § 22), se había levantado contra los persas e hizo un esfuerzo para recobrar su independencia. Después de cada rebelión sus defensas se debilitaron y durante el período de profunda paz de la que gozó el imperio persa desde el reinado de Jerjes hasta el de Darío Codomano, quedaron completamente devastadas. Los edificios públicos también sufrieron gravemente por negligencia. Alejandro encontró el gran templo de Belus en una condición tan arruinada que habría requerido el trabajo de 10.000 hombres durante dos meses solo para quitar la basura con la que estaba cubierto (Estrabón, xvi. 1, § 5). Sus planes para la restauración del templo y el embellecimiento general de la ciudad fueron impedidos por su inoportuna muerte, y la remoción de la sede del imperio a Antioquía bajo los seléucidas acabó con la prosperidad del lugar. La gran ciudad de Seleucia, que poco después surgió en sus inmediaciones, no solo atrajo a su población, sino que en realidad fue construida con materiales extraídos de sus edificios (Plinio, H. N. vi. 30). Desde entonces, Babilonia fue una cantera de la que todas las tribus vecinas extrajeron los ladrillos con los que construyeron sus ciudades, y (además de Seleucia) Ctesifote, Al Modain, Bagdad, Kufa, Kerbala, Hillah y muchas otras ciudades, surgieron de sus ruinas. La 'gran ciudad', 'la belleza de la excelencia de los caldeos', se convirtió en 'montones de ruinas' (Y Babilonia se convertirá en escombros, en guarida de chacales, en objeto de horror y de burla, sin habitantes.[…]Jeremías 51:37), siendo verdaderamente 'espanto y brula, sin morador.' Sus muros desaparecieron por completo, han 'caído' (Y castigaré a Bel en Babilonia, sacaré de su boca lo que se ha tragado, y no afluirán más a él las naciones. Aun la muralla de Babilonia caerá.[…]Jeremías 51:44), han sido 'derribados' (Alzad grito de guerra contra ella en derredor. Se ha rendido, caen sus columnas, son derribadas sus murallas. Porque esta es la venganza del SEÑOR: tomad venganza de ella; como ella ha hecho, así haced con ella.[…]Jeremías 50:15), han sido 'derribados enteramente' (Así dice el SEÑOR de los ejércitos: La ancha muralla de Babilonia será totalmente arrasada, y sus altas puertas quemadas; los pueblos habrán trabajado en vano, y las naciones sólo para el fuego se habrán fatigado.[…]Jeremías 51:58). Hay 'sequedad sobre sus aguas' (Sequía sobre sus aguas, y se secarán; porque es una tierra de ídolos, y se vuelven locos por sus horribles ídolos.[…]Jeremías 50:38); pues el sistema de riego, del que la fertilidad de Babilonia dependía por completo, quedó abandonado durante mucho tiempo; 'sus ciudades' son 'asoladas' (Sus ciudades se han convertido en desolación, en sequedal y yermo; una tierra en la cual nadie habita, y por la cual ningún hijo de hombre pasa.[…]Jeremías 51:43), su tierra 'desierta'; 'fieras del desierto y chacales' y 'polluelos de avestruz' (comp. Layard, Nin. and Bab. pág. 484, con 21 sino que allí descansarán los moradores del desierto, y llenas estarán sus casas de búhos; también habitarán allí los avestruces, y allí brincarán las cabras peludas. 22 Aullarán las hienas en sus torres fortificadas y los chacales en sus lujosos […]Isaías 13:21-22 y Por tanto, allí vivirán las fieras del desierto junto con las hienas, también vivirán avestruces en ella; nunca más será habitada ni poblada por generación y generación.[…]Jeremías 50:39); los nativos consideran el sitio como embrujado y 'ni levantará allí tienda el árabe, ni pastores tendrán allí majada' (nunca más será poblada ni habitada de generación en generación; no pondrá tienda allí el árabe, ni los pastores harán descansar allí sus rebaños ;[…]Isaías 13:20).
Bibliografía:
nabu-ku-du-ur-ri-usur LUGAL KA.DINGIR.RA
Nabu-kudurri-usur sar Babili
Nabucodonosor rey de Babilonia
za-ni-in e-sag-il u e-zi-da
zanin Esgila u Ezid
protector de Esagila y Ezida
IBILA a-sa-re-du
aplu asaredu
primogénito
sa nabu-IBIL.A-URU LUGAL KA.DINGIR.RA
sa Nabu-apla-usur sar Babili
de Nabopolasar rey de Babilonia.
Nabudonosor fue el más notable de todos los quince reyes de Babilonia, destacando tanto en la paz como en la guerra, pero sobre todo en la primera. Además de recuperar la posesión de Siria e Israel y llevarse a los judíos después de repetidas rebeliones en cautiverio, redujo a Fenicia, sitió y se apoderó de Tiro y desoló, si no conquistó, a Egipto. Pero fue como embellecedor de su tierra natal, como constructor y restaurador de casi todas sus ciudades y templos, que este monarca obtuvo tan gran reputación, que transmitido su nombre tradicionalmente ha alcanzado en el este un lugar parejo a Nimrod, Salomón y Alejandro, convirtiéndolo en un término familiar en la boca de la gente. Probablemente ningún hombre dejó nunca tras sí como memorial la mitad de edificios que este rey construyó. Las antiguas ruinas y los pueblos modernos de Babilonia están igualmente construidos casi exclusivamente de sus ladrillos. Babilonia misma, la capital, fue peculiarmente el objeto de su atención. Tal es así que, además de reparar los muros y restaurar los templos, construyó ese magnífico palacio, que, con su triple muralla, sus jardines colgantes, sus pilares plateados y su ornamentación rítmica de ladrillo esmaltado, fueron considerados en la antigüedad como una de las siete maravillas del mundo (Estrabón, xvi. l, fr. 5.)

El rectángulo hace referencia a Babilonia.
George Rawlinson, Monarchies of the Ancient Eastern World, iii. 516-18.
Horatio Balch Hackett, Dr. William Smith's Dictionary of the Bible.