
Uno de los pensadores cristianos más importantes del siglo IV fue Gregorio de Nisa (c. 335 - c. 394), hermano de Basilio el Grande y amigo de Gregorio de Nacianzo. Los tres forman esa terna que se ha denominado ‘Padres Capadocios’, por ser Capadocia su lugar de origen. Pues bien, en una de sus obras Gregorio razona de esta manera:
‘Dios es la causa de nuestra vida, tanto en cuerpo como en alma. Pero, ¿cuándo y cómo el alma vienen a la existencia? El cómo nunca podremos saberlo... El cuándo se puede determinar. Las objeciones a la existencia del alma antes del cuerpo ya se han dado antes. Pero el alma es necesaria para la vida y el embrión vive. Por lo tanto, el alma no nace después del cuerpo, sino que ambos nacen juntos.’ 1
Es notoria la mención que Gregorio hace del embrión humano asociándolo, indisolublemente, a un alma humana. Aunque confiesa no saber cómo el alma viene a la existencia, una duda que el mismo Agustín de Hipona también tuvo al vacilar entre creacionismo y traducianismo, sin embargo, no le queda la menor duda de cuándo hace su aparición, siendo simultánea con la concepción. Por lo tanto, según Gregorio, es inconcebible un embrión humano sin alma humana. La consecuencia que se puede desprender de esa premisa es clara: quitarle la vida al embrión es lo mismo que quitársela a un nacido.
Hay un texto en el que Gregorio parece contradecirse a sí mismo, cuando dice:
‘Del mismo modo que no es posible denominar al informe embrión ser humano sino solo potencial, asumiendo que está completo al nacer y que al estar en estado informe es algo distinto a un ser humano, así nuestra razón no puede reconocer como cristiano a quien no ha recibido, con respecto al misterio completo, la forma genuina de nuestra religión.’2
La primera impresión que se recibe al considerar este texto es que Gregorio niega la humanidad del embrión. Pero antes de llegar a conclusiones apresuradas hay que tener en cuenta dos cosas: (1) que está poniendo una ilustración, para la cual parte de la hipótesis de que el ser humano está completo al nacer, lo cual supone que la humanidad del embrión está incompleta, en cuanto a su forma. De manera que la frase ‘…al estar en estado informe es algo distinto a un ser humano…’ habría que entenderla así: ‘…al estar en estado informe es algo distinto a un ser humano (completo)…’; (2) que usa esa ilustración para comparar el estado rudimentario de aquellos que reconocen al mismo Dios que los cristianos, como son los judíos, pero que sin embargo al no creer en Jesús les falta la plenitud cristiana.
El concilio de Ancira, celebrado en el año 314, es decir, poco después del cese de las persecuciones, reguló ciertas normas disciplinarias, especialmente las que tenían que ver con aquellos cristianos que habían apostatado de la fe durante la persecución, pero que tras el cese de la misma querían ser readmitidos de nuevo en la Iglesia. Una de esas normas de disciplina iba dirigida hacia quienes practicaran el aborto:
‘Sobre las mujeres que cometen fornicación y destruyen lo que han concebido, o quienes se dedican a fabricar drogas para abortar, un antiguo decreto las excluía hasta la hora de la muerte, habiendo asentido algunos a eso. Sin embargo, deseosos de ejercer mayor clemencia, hemos ordenado que cumplan diez años, según los grados prescritos.’3
Aquí tenemos una referencia a la excomunión eclesiástica a quienes hubieran abortado, rebajándose la pena más antigua, que era vitalicia, a la de diez años. Ignoro a qué antiguo decreto se refiere el canon (¿tal vez sínodos anteriores en Roma, Antioquía o Alejandría? Sea como sea, lo cierto es que la gravedad de tal acto no fue pasada por alto por los responsables eclesiásticos de aquel tiempo, siendo la rebaja de la pena una demostración de consideración pastoral hacia los culpables de abortar. De nuevo es esclarecedora la relación causa-efecto entre desorden sexual y aborto, que el mencionado canon revela. Por cierto, este mismo concilio condena a los hombres que hayan adulterado a una pena de excomunión eclesiástica de siete años4, lo cual es importante reseñarlo, porque hay quien piensa que detrás de todos estos pronunciamientos contra las mujeres que abortan solo hay machismo puro y duro …
1Gregorio de Nisa, Sobre el alma y la resurrección
2 Gregorio de Nisa, Sobre el Espíritu Santo contra Macedonio
3 Concilio de Ancira, canon XXI
4 Concilio de Ancira, canon XX
Otros artículos de esta serie:
(18) Crímenes, locuras y desgracias(17) Embarazos no deseados
(16) La tragedia del aborto
(15) La madre de mi Señor
(14) La criatura saltó en su vientre
(13) En pecado me concibió mi madre
(12) Desde el vientre
(11) Mi embrión vieron tus ojos
(10) El famoso texto de Éxodo sobre el aborto
(9) Textos del Antiguo Testamento sobre los no nacidos
(8) La simiente de la mujer y el aborto
(7) El aborto y la defensa de los débiles
(6) Antiguo Testamento y aborto
(5) Razones seminales y aborto
(3) La enseñanza cristiana sobre el aborto en el siglo IV
(2) El aborto y los cristianos del siglo III
(1) Falacias sobre el aborto