
Una de las características que tiene el libro de Proverbios es que presenta una serie de retratos morales genéricos, en los que están descritos determinadas personalidades. A medida que se va recorriendo el texto, van apareciendo las cualidades que resaltan en cada uno de ellos, habiendo retratos edificantes y alentadores, pero también indignos y viles. Tanto unos como otros están puestos ahí para nuestra instrucción y beneficio, si tomamos nota de los primeros para imitarlos y de los segundos para evitarlos.
Pero en ambos grupos hay un emparejamiento entre el corazón y la cabeza, no existiendo la posibilidad de que la cabeza vaya por un lado y el corazón por otro. Si el corazón está mal, la cabeza también lo estará, y viceversa; del mismo modo, si el corazón está bien, también lo estará la cabeza, y viceversa. Estos dos órganos, corazón y cabeza, son el asiento de dos esferas morales que están unidas entre sí de manera indisoluble. Por eso, si del estado del corazón dependen nociones como bondad y rectitud, por un lado, y maldad e iniquidad, por otro, del estado de la cabeza dependen nociones como sabiduría y prudencia, por un lado, e insensatez y necedad, por otro. De ahí que en Proverbios siempre vayan de la mano la sabiduría (la cabeza) y la justicia (el corazón), así como van de la mano la insensatez (la cabeza) y la maldad (el corazón). Nunca hay consonancia en Proverbios entre sabiduría y maldad, ni entre justicia y necedad. Se trata de una de las grandes lecciones imperecederas de este libro, para que no imaginemos que es posible ser sabio y malvado o ser justo y necio, al mismo tiempo.
Entre los personajes que están descritos para que los evitemos, y cuyo problema es su cabeza, hay toda una variedad englobada bajo diversos calificativos, algunos de ellos muy parecidos, aunque no exactamente iguales. De ese modo es como se encuentran los términos simple, falto de entendimiento, insensato y necio. Las palabras empleadas en hebreo, lo mismo que español, describen un matiz especial que caracteriza a los individuos portadores de tales calificativos, aunque todas quedan englobadas bajo uno solo, que se podría llamar locura. La diferencia entre los términos mencionados radica en que dicha locura tiene diversos grados, de ahí que no tenga la misma profundidad la locura del simple que la del falto de entendimiento, ni tampoco la del insensato que la del necio.
Precisamente necio es un término que aparece 50 veces en Proverbios, lo cual da una idea de cuán abundante es este trastorno de la cabeza. Concretamente hay un tweet de Dios que dice lo siguiente: ‘Mejor es encontrarse con una osa a la cual han robado sus cachorros, que con un fatuo en su necedad.’ (Mejor es encontrarse con una osa privada de sus cachorros, que con un necio en su necedad.[…]Proverbios 17:12).
Una osa a la que le han robado sus cachorros es un animal temible. Ya es temible de por sí y es mejor no toparse con un ejemplar en condiciones normales; pero si además se une la circunstancia de que su instinto maternal ha sido profundamente herido, por el robo de sus crías, entonces un encuentro con esa madre puede ser espantoso, porque no atenderá, en su furia, a ningún señuelo que la intente aplacar. En su furor, destruirá al primero que se le ponga por delante, independientemente de que sea o no el autor del daño. No es el único texto en la Biblia que habla de una osa en el apogeo de su ensañamiento por causa de sus cachorros, pues Como osa privada de sus cachorros, me enfrentaré a ellos y les desgarraré el pecho, y allí los devoraré como leona, como los desgarraría una bestia salvaje.[…]Oseas 13:8 dice lo siguiente: ‘Como osa que ha perdido los hijos los encontraré y desgarraré las fibras de su corazón.’ Algo parecido dice Aristóteles en su obra Historia de los animales: ‘Las osas son salvajes en la defensa de sus cachorros.’ Por tanto, el caso de este animal es bien ilustrativo del grave riesgo que corre quien se lo encuentra.
Pues bien, este tweet de Dios dice que es mejor esa eventualidad, que encontrarse con un necio en su locura. Después de todo, lo de la osa agraviada es comprensible y hasta perdonable, pues se trata de un animal que se mueve por instinto y encima por un instinto maltratado; pero lo del necio no tiene eximente, porque su locura no es una cuestión de imperfección sino de elección. No se trata de una desgracia que le ha acontecido y que le hace excusable y justificable, sino de una condición que, a fuerza de ser repetida, se ha convertido en parte de su personalidad. Él mismo es el artífice de su carácter. No es una deficiencia neuronal sino una decisión moral.
Cuando el necio está en su estado natural de locura, se torna un peligro para todos los que están cerca de él, mucho peor que la osa dañada, porque la osa es previsible, pero el necio es imprevisible y no se sabe por dónde saldrá, aunque es seguro que no lo hará de forma inocua. Además, el ejemplo citado de la osa es en un caso muy específico e inusual, el robo de sus crías; pero en el caso del necio no hace falta que algo extraordinario le haya pasado, para que actúe de manera perturbadora, dado que en su estado normal lo hace.
Cuando el hombre pierde su cabeza, desciende a un nivel inferior al de las bestias. ¡Qué vital es cuidar la cabeza! Y la única manera de hacerlo es tener por Cabeza a Aquel en quien no tiene cabida la necedad, porque es la sabiduría personificada.
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